Dios te salve, Reina (la Salve)

Oración

La Salve: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia”, texto completo y significado

La Salve es la oración que empieza “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra”.

Gratis para escuchar · sin registrarteOración guiada: la voz acompaña el texto completo.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura y esperanza nuestra;

Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;

a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,

vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;

y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Versículo y respuesta

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

La Salve con su versículo y respuesta como la publica Desde la Fe, revista de la Arquidiócesis de México (“Santo Rosario por los difuntos: ¿Cómo rezarlo paso a paso?”).

Es una de las cuatro antífonas marianas de la Iglesia, nacida en latín en la Edad Media, y la oración con la que se cierra el Rosario. La tradición la atribuye a Hermann de Reichenau, en el siglo XI, aunque su autor es incierto. En esta página de AngelGuard tienes el texto completo con su versículo y respuesta, como lo publica la Arquidiócesis de México, y el sentido de cada frase.

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Qué es la Salve y quién la escribió

2 min de lecturaLa Salve es una de las cuatro antífonas marianas de la Iglesia, la más conocida de todas, y nació en latín en la Edad Media: su autor es incierto, aunque la tradición la atribuye al monje Hermann de Reichenau, en el siglo XI.

La Salve es una de las cuatro antífonas marianas de la Iglesia, la más conocida de todas, y nació en latín en la Edad Media: su autor es incierto, aunque la tradición la atribuye al monje Hermann de Reichenau, en el siglo XI. En latín se llama Salve Regina, por sus dos primeras palabras. Hermann de Reichenau (1013-1054), también llamado Hermann el Contracto, fue un monje alemán; la Enciclopedia Católica de 1912 decía que la autoría se le atribuía generalmente a él, pero también se ha atribuido a Pedro, obispo de Compostela, y a Adhemar, obispo de Le Puy, y hoy la mayoría de los estudiosos de la música la consideran anónima.

Su historia es la de una oración que el pueblo hizo suya. Hacia 1135 los monjes de Cluny la cantaban en procesión en algunas fiestas; los cistercienses la adoptaron a mediados del siglo XII y desde 1218 la cantaban cada día; y en el siglo XIII los dominicos de Bolonia empezaron a cantarla en procesión cada noche, después de la oración de Completas, costumbre que se extendió por toda Europa. Fue especialmente querida por los marineros.

Hay detalles que pocos conocen. La palabra “Madre” de “Reina y Madre de misericordia” no está en los manuscritos antiguos: según la Enciclopedia Católica, el latín Mater se añadió en el siglo XVI, y la palabra “Virgen” del final, hacia el siglo XIII. Y sobre el triple “¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!” corre una leyenda: que lo añadió san Bernardo de Claraval en la catedral de Espira, en Alemania. La misma enciclopedia advierte que el relato aparece cuatro siglos después y que sus contemporáneos no dicen nada de él.

Qué significa “Dios te salve, Reina y Madre”, frase por frase

2 min de lecturaLa Salve saluda a María como Reina y Madre de misericordia, le presenta nuestra vida de “desterrados” y termina pidiéndole lo más importante: que después de esta vida nos muestre a Jesús.

La Salve saluda a María como Reina y Madre de misericordia, le presenta nuestra vida de “desterrados” y termina pidiéndole lo más importante: que después de esta vida nos muestre a Jesús. Así se lee frase por frase.

“Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.” “Dios te salve” es el saludo, como el latín Salve. María es Reina porque es la Madre del Rey, y es Madre de misericordia porque nos da a Cristo, la misericordia de Dios hecha persona.

“Vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.” Son palabras de amor, no de doctrina abstracta. Llamamos así a María porque por ella nos vino Jesús, nuestra vida y nuestra esperanza; el Catecismo recuerda que todo el influjo de la Virgen en nuestra salvación brota de los méritos de Cristo y depende totalmente de su mediación (CIC 970).

“A ti llamamos los desterrados hijos de Eva.” Somos hijos de Eva, y por el pecado vivimos lejos del paraíso (Gn 3,23-24). El Catecismo llama a María “la Mujer, la nueva Eva, la verdadera «madre de los que viven»” (CIC 2618): a la nueva madre acuden los hijos de la primera.

“A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.” La expresión “valle de lágrimas” viene del Salmo 84 (83 en la Vulgata, que dice in valle lacrimarum, Sal 84,7). Reconoce que la vida tiene dolor y que el cielo es nuestra verdadera patria. No es pesimismo: es honestidad ante una madre.

“Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.” “Ea, pues” es un “ánimo, entonces”. Abogada es quien habla en favor de otro: la Iglesia invoca a la Virgen “con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (CIC 969), y le pedimos que nos mire.

“Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.” Esta es la petición central. No se pide quedarse en la tierra, sino llegar al cielo y ver a Jesús, con las palabras con que Isabel saludó a María (Lc 1,42). El Catecismo dice que María “muestra el Camino” (CIC 2674): toda la Salve desemboca en Cristo.

“¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!” Tres palabras de cariño, como quien se despide de su madre. Y el versículo final, “Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios”, pide su oración para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Cuándo se reza la Salve: al final del Rosario y del día

2 min de lecturaSe reza sobre todo al terminar el Rosario y al cerrar el día.

Se reza sobre todo al terminar el Rosario y al cerrar el día. San Juan Pablo II escribió que, al final del Rosario, el corazón siente la necesidad de alabar a la Virgen “bien con la espléndida oración de la Salve Regina, bien con las Letanías lauretanas”, como quien corona un camino interior (Rosarium Virginis Mariae, 37). En México es lo habitual: Desde la Fe, la revista de la Arquidiócesis de México, pone la Salve y su versículo después de las Ave María finales en el rosario por los difuntos.

En la oración oficial de la Iglesia, la Salve es una de las antífonas que se cantan al terminar Completas, la última oración del día, una costumbre que viene del siglo XIII. En el Breviario tradicional le correspondía el tiempo que va desde el domingo de la Santísima Trinidad, después de Pentecostés, hasta el Adviento.

También estuvo durante ochenta años al final de la Misa: entre 1884 y 1965, las llamadas oraciones leoninas, que se rezaban de rodillas después de cada Misa rezada, incluían tres Ave María, la Salve y, desde 1886, la oración a San Miguel Arcángel.

Fuera de esos momentos, muchos fieles la rezan al final del día, para encomendar a la Virgen el descanso y las intenciones de la jornada, o en un momento de tristeza, cuando la vida se parece demasiado a ese “valle de lágrimas”. Para esas horas existe también el Acordaos, otra súplica llena de confianza en la Virgen.

“Clemente” o “clementísima”: las versiones en español y el latín

2 min de lecturaDesde la Fe, de la Arquidiócesis de México, publica “¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”, y ACI Prensa también dice “clemente”; el Compendio del Catecismo publica “¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”: es la misma oración en dos traducciones.

Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, publica “¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”, y ACI Prensa también dice “clemente”; el Compendio del Catecismo publica “¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”: es la misma oración en dos traducciones. El texto de esta página es el de Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, con su versículo y respuesta. El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica y Vatican News en español dan una versión casi idéntica que termina en “clementísima”, sin versículo.

Hay otras pequeñas diferencias que vale la pena conocer para no confundirse al rezar en grupo. ACI Prensa publica “A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva”, más cerca del latín clamamus, donde la Arquidiócesis de México y el Compendio dicen “A ti llamamos”. Algunas ediciones ponen coma después de “llorando” y otras no. Ninguna cambia el sentido.

Y este es el texto latino según el Compendio, el que cantan monasterios y coros de todo el mundo con la melodía gregoriana (corregimos dos erratas evidentes de la edición en línea, que imprime “Eva” y “Maríae”): “Salve, Regina, Mater misericórdiae, vita, dulcédo et spes nostra, salve. Ad te clamámus, éxsules fílii Evae. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrimárum valle. Eia ergo, advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Iesum benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exsílium, osténde. O clemens, o pia, o dulcis Virgo María!”

Por qué los católicos le rezamos así a María

2 min de lecturaPorque la Iglesia ve en María a la Madre que intercede por sus hijos y que siempre los lleva a Jesús, y la Salve dice eso con palabras de hijo.

Porque la Iglesia ve en María a la Madre que intercede por sus hijos y que siempre los lleva a Jesús, y la Salve dice eso con palabras de hijo. El Catecismo lo explica así: porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y madre nuestra, y “podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones” (CIC 2677). Su maternidad no se acabó en la tierra: desde el cielo “continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna” (CIC 969).

Esto no le quita nada a Cristo. La misión maternal de María “de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia” (CIC 970). Y el culto que le damos, aunque del todo singular, es esencialmente distinto de la adoración que solo se da a Dios (CIC 971). Por eso la Salve no termina en María, sino en “muéstranos a Jesús”.

Las antífonas marianas como la Salve tienen, según el Catecismo, dos movimientos: uno engrandece al Señor por las maravillas que hizo en su humilde esclava; el otro confía a la Madre de Jesús las súplicas de los hijos de Dios (CIC 2675). La Salve es casi toda del segundo tipo: es una súplica.

Y no es una devoción privada más. Junto con la Alma Redemptoris Mater, la Ave Regina caelorum y la Regina caeli, la Salve forma parte de las antífonas marianas que la Iglesia reza en su oración oficial. Durante el tiempo de Pascua, por disposición de Benedicto XIV en 1742, el Regina caeli ocupa incluso el lugar del Ángelus (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 196). En la tradición, cada una acompaña un tiempo del año, y a la Salve le corresponde el más largo.

Preguntas

¿La Salve y “Dios te salve, Reina” son la misma oración?

Sí. “Dios te salve, Reina y Madre” es la forma en español de la antífona que en latín se llama Salve Regina, y en México y en muchos países se la llama simplemente “la Salve”. Las tres expresiones designan la misma oración medieval a la Virgen.

¿Quién escribió la Salve?

No se sabe con certeza. La tradición la atribuye al monje alemán Hermann de Reichenau (1013-1054), pero también se ha atribuido a un obispo de Compostela y a uno de Le Puy, y la mayoría de los musicólogos la consideran anónima. Lo seguro es que en el siglo XII ya se cantaba en Cluny y entre los cistercienses.

¿Se reza la Salve al terminar el Rosario?

Sí. Es la costumbre más extendida: después de los cinco misterios y de las Ave María finales se reza la Salve, con su versículo y respuesta: “Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.” San Juan Pablo II la llamó “la espléndida oración de la Salve Regina” (Rosarium Virginis Mariae, 37).

¿Por qué se llama a la vida “valle de lágrimas”?

La expresión viene del Salmo 84 (83 en la Vulgata, Sal 84,7) y reconoce que la vida terrena está marcada por el sufrimiento y la lejanía del cielo, nuestra verdadera patria. No es pesimismo: la oración pide precisamente que María, después de este destierro, nos muestre a Jesús, en quien está toda la esperanza.

¿Qué significa que María es “abogada nuestra”?

Que intercede por nosotros ante Dios, como una madre que ruega por sus hijos. La Iglesia la invoca “con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (CIC 969), pero ella no sustituye a Cristo, único Mediador: su intercesión depende totalmente de la de Él y siempre nos dirige a su Hijo (CIC 970).

¿Qué se responde al final de la Salve?

Quien guía dice: “Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios”, y todos responden: “Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.” Así lo imprime ACI Prensa al final de la Salve, y la Arquidiócesis de México pone ese mismo versículo después de la Salve en su rosario.

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