Oración a San Miguel Arcángel

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Oración a San Miguel Arcángel: texto completo, origen y significado

La súplica que el papa León XIII añadió en 1886 a las oraciones después de la Misa, con su historia, el sentido de cada frase y cuándo rezarla

La oración a San Miguel Arcángel es la súplica breve que el papa León XIII añadió en 1886 a las oraciones que se rezaban al final de la Misa: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha…”. Pide a Dios su protección por intercesión del Arcángel, sin dar órdenes al demonio, y por eso cualquier fiel puede rezarla. En AngelGuard tienes el texto completo y, debajo, su historia y el sentido de cada frase.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha.

Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio.

Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica.

Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido,

arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo

para la perdición de las almas. Amén.

Oración a San Miguel Arcángel como la publican ACI Prensa y EWTN en español; Vatican News en español da las mismas palabras, con la grafía “asechanzas”. Prescrita por el papa León XIII en 1886.

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Quién escribió la oración a San Miguel Arcángel y por qué

2 min de lecturaLa oración se debe al papa León XIII, que en 1886 la añadió a las oraciones que desde 1884 se rezaban de rodillas al final de la Misa rezada.

La oración se debe al papa León XIII, que en 1886 la añadió a las oraciones que desde 1884 se rezaban de rodillas al final de la Misa rezada. El 6 de enero de 1884, en años de fuerte hostilidad contra la Iglesia en el nuevo Reino de Italia, el Papa dispuso que en todo el mundo, después de cada Misa sin canto, el sacerdote y el pueblo rezaran tres Ave María, la Salve y una oración final. Dos años después revisó ese conjunto y le sumó la invocación a San Miguel. Se les llamó “oraciones leoninas”, por el nombre del Papa, y en 1904 san Pío X permitió añadir al final una triple invocación al Sagrado Corazón de Jesús, pidiendo su misericordia.

Las intenciones cambiaron con el tiempo, pero siempre fueron por la Iglesia: primero por la libertad de la Santa Sede y, desde 1930, por decisión de Pío XI, para que el pueblo de Rusia recuperara la libertad de profesar su fe. Durante casi ochenta años, de 1886 a 1965, los fieles de todo el mundo, también en América Latina, terminaron la Misa pidiendo la defensa del Arcángel. Las primeras palabras no salieron de la nada: como recuerda ACI Prensa, retoman el verso del Aleluya de las misas de San Miguel.

Sobre su origen circula además un relato muy conocido. Vatican News lo cuenta entre las “historias y anécdotas” del Arcángel: el 13 de octubre de 1884, al terminar la Misa, León XIII se habría quedado inmóvil unos minutos ante el altar, como quien ve algo terrible, y después habría escrito la oración. ACI Prensa lo presenta como una leyenda que se fue formando, y no hay un documento de la época que lo confirme. Se puede contar como lo que es, una tradición piadosa; la historia segura es la de 1884 y 1886.

León XIII fue Papa de 1878 a 1903. Además de esta oración, se le recuerda por la encíclica Rerum novarum (1891), sobre los derechos de los trabajadores, y por su amor al Rosario, al que dedicó una larga serie de encíclicas a partir de Supremi apostolatus officio (1883).

Qué significa la oración a San Miguel, frase por frase

3 min de lecturaEs una súplica: le pide a San Miguel que nos defienda y a Dios que muestre su poder, y quien la reza no le habla al demonio ni le da órdenes.

Es una súplica: le pide a San Miguel que nos defienda y a Dios que muestre su poder, y quien la reza no le habla al demonio ni le da órdenes. Leída despacio, cada frase dice algo preciso.

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha.” La lucha es el combate espiritual de todo cristiano, del que habla san Pablo en la carta a los Efesios (Ef 6,10-18). San Juan Pablo II, al recomendar esta oración en 1994, la unió precisamente a ese pasaje. No se trata solo de casos extraordinarios: la lucha ocurre en la tentación, en el desánimo, en la mentira que uno empieza a creerse. Y se pide en plural: aunque la reces a solas, la rezas como Iglesia, por ti y por los demás.

“Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio.” Amparo es refugio. El Catecismo enseña que el mal del que pedimos ser librados “no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios” (CIC 2851). Las acechanzas son trampas: el enemigo trabaja más con el engaño que con la fuerza, y por eso pedimos sobre todo lucidez para no caer en ellas.

“Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica.” Este es el corazón de la oración. No dice “yo te venzo”: le pide a Dios que actúe. Sigue el ejemplo de la carta de san Judas, donde ni siquiera el Arcángel, al disputar con el diablo, se atreve a juzgarlo por su cuenta, sino que lo deja en manos del Señor (Jds 9). Es el modelo de la lucha espiritual cristiana: humilde y confiada en Dios, nunca en las propias fuerzas.

“Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido…” San Miguel es el jefe de los ángeles que sirven a Dios, pero su poder es recibido, no propio. El Catecismo lo dice también del adversario: “el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura” (CIC 395). Nadie, ni ángel ni demonio, compite con Dios de igual a igual.

“…arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.” La frase más fuerte también va dirigida al Arcángel, y evoca la escena del Apocalipsis en la que Miguel y sus ángeles combaten al dragón (Ap 12,7-9). La oración termina hablando de las almas, porque eso es lo que está en juego: la salvación, no el miedo.

Quién es San Miguel Arcángel según la Biblia y el Catecismo

2 min de lecturaMiguel es uno de los tres ángeles que la Escritura llama por su nombre, junto con Gabriel y Rafael, y su nombre significa “¿quién es como Dios?”.

Miguel es uno de los tres ángeles que la Escritura llama por su nombre, junto con Gabriel y Rafael, y su nombre significa “¿quién es como Dios?”. Vatican News recuerda que aparece cinco veces en la Biblia: tres en el libro de Daniel, donde se le presenta como el gran príncipe que vela por su pueblo (Dn 10,13; 10,21; 12,1), una en la carta de san Judas (Jds 9) y una en el Apocalipsis, donde guía a los ángeles contra el dragón (Ap 12,7). Por eso la Iglesia lo invoca como defensor del pueblo de Dios.

La existencia de los ángeles es una verdad de fe: “El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición” (CIC 328). Citando a san Agustín, el Catecismo explica que “ángel” es nombre de oficio, no de naturaleza: por lo que son, son espíritus; por lo que hacen, son mensajeros (CIC 329). Tienen inteligencia y voluntad, son criaturas personales e inmortales (CIC 330) y pertenecen a Cristo, centro del mundo de los ángeles (CIC 331).

En la liturgia, la Iglesia celebra de modo especial a san Miguel, san Gabriel, san Rafael y a los ángeles custodios (CIC 335). La fiesta de los tres arcángeles es el 29 de septiembre, y la de los ángeles de la guarda el 2 de octubre (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 215). A lo largo de los siglos los fieles le han dedicado santuarios famosos, como el santuario del Monte San Miguel, en Normandía, o San Miguel del Gargano, en el sur de Italia (Directorio, 216).

El mismo Directorio advierte contra una idea equivocada: imaginar el mundo como una guerra incesante entre ángeles y demonios en la que la persona queda arrollada y sin responsabilidad. La visión del Evangelio es otra: la lucha contra el Maligno pide al discípulo un compromiso moral, una opción por el Evangelio, humildad y oración (Directorio, 217). San Miguel no sustituye nada de eso; nos acompaña en ello.

¿Es un exorcismo? Lo que la Iglesia pide a cualquier fiel

2 min de lecturaNo: la oración breve a San Miguel es una súplica que cualquier fiel puede rezar, y el exorcismo es otra cosa, que la Iglesia reserva a un sacerdote con permiso del obispo.

No: la oración breve a San Miguel es una súplica que cualquier fiel puede rezar, y el exorcismo es otra cosa, que la Iglesia reserva a un sacerdote con permiso del obispo. El Catecismo llama exorcismo a la petición pública y con autoridad, en nombre de Jesucristo, para que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraído a su dominio; el exorcismo solemne “sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo” (CIC 1673).

Además de esta oración breve existe un texto mucho más largo, un exorcismo contra Satanás y los ángeles apóstatas, que se publicó en el Ritual por orden de León XIII. En 1985 la Congregación para la Doctrina de la Fe recordó a los obispos que los fieles no deben usar esa fórmula de exorcismo y pidió que nadie sin la debida autorización dirija reuniones con oraciones que interpelen directamente a los demonios. Y añadió algo importante: esas normas no deben disuadir a nadie de rezar para ser libre del Maligno, como enseñó Jesús en el Padre nuestro (Mt 6,13), e invitó a recordar el lugar de los sacramentos y de la intercesión de la Virgen María, de los ángeles y de los santos en la lucha espiritual de los cristianos.

Eso es exactamente lo que hace esta oración. Los fieles laicos piden protección; no dan órdenes a los espíritus. Se dirige a San Miguel y a Dios, nunca al demonio, y por eso puede rezarla un niño antes de dormir, una madre por sus hijos o un abuelo en el hospital. Si alguna vez una situación te parece fuera de lo común, el camino es hablar con el sacerdote de tu parroquia y vivir los sacramentos; mientras tanto, esta súplica sencilla sigue siendo tuya.

Cuándo y cómo rezar la oración a San Miguel

2 min de lecturaA cualquier hora: al despertar, antes de dormir, al final del Rosario, al empezar una tarea difícil o en un momento de tentación o de miedo.

A cualquier hora: al despertar, antes de dormir, al final del Rosario, al empezar una tarea difícil o en un momento de tentación o de miedo. Aunque ya no forma parte de la Misa, los papas han pedido que no se olvide. El 24 de abril de 1994, san Juan Pablo II invitó a todos a rezarla “para obtener ayuda en la batalla contra las fuerzas de las tinieblas y contra el espíritu de este mundo”. En octubre de 2018, el papa Francisco pidió rezar el Rosario todos los días del mes, “concluyendo con la antífona «Bajo tu protección» y la oración a San Miguel Arcángel” (Ángelus del 7 de octubre de 2018).

Muchas familias la rezan juntas por la noche, otras al salir de casa o en el camino al trabajo. En septiembre acompaña la fiesta de los arcángeles, el día 29. No necesitas un lugar especial ni una fórmula previa.

Una manera sencilla de rezarla: haz la señal de la cruz; di a Dios, en pocas palabras, por quién o por qué pides; reza la oración despacio, deteniéndote en la frase que hoy más necesites; termina con un Padre nuestro o un Gloria y quédate un momento en silencio, confiado.

Lo que no hace falta es repetirla un número exacto de veces ni temer haberla dicho “mal”. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones a su sola materialidad, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen (CIC 2111). La oración a San Miguel no es un amuleto: es una petición confiada a Dios por intercesión del Arcángel, y Dios responde como sabe que es mejor.

Las versiones en español de la oración a San Miguel

2 min de lecturaCirculan varias traducciones del mismo texto latino de León XIII, y todas son la misma oración.

Circulan varias traducciones del mismo texto latino de León XIII, y todas son la misma oración. La de esta página es la que publican ACI Prensa y EWTN en español; Vatican News en español da exactamente las mismas palabras, con la grafía “asechanzas”.

Hay otra traducción, más pegada al latín, que publica por ejemplo la página de devociones de EWTN en español: empieza “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla” y dice “Reprímale Dios, pedimos suplicantes”, donde la nuestra dice “Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica”; el latín dice Imperet illi Deus, supplices deprecamur. San Juan Pablo II, en 1994, la citó con otras palabras todavía: “defiéndenos en la batalla contra los ataques y las asechanzas del maligno; sé nuestro baluarte”.

Si en tu parroquia o en tu familia se reza otra versión, sigue rezando la que sabes de memoria: la súplica es la misma. Y si la aprendes ahora, esta es una buena para guardar, porque es la que difunden hoy los medios de la Santa Sede y de la Iglesia en español. Y para quien quiera conocerlo, este es el texto latino de 1886: “Sancte Míchael Archángele, defénde nos in prœ́lio; contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Imperet illi Deus, súpplices deprecámur, tuque, Prínceps milítiæ cæléstis, Sátanam aliósque spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte, in inférnum detrúde. Amen.” Junto a ella, muchas familias rezan también la oración al Ángel de la Guarda, la compañía que Dios da a cada uno.

Preguntas

¿Cuál es la oración a San Miguel Arcángel completa?

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.” Es la forma breve que León XIII prescribió en 1886, en la traducción de ACI Prensa y EWTN.

¿Cuál es el texto original de la oración a San Miguel?

La oración se escribió en latín: sus primeras palabras retoman el verso del Aleluya de las misas de San Miguel. En español circulan varias traducciones; la más difundida hoy empieza “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio”. Es la forma breve, la que se reza habitualmente en la Iglesia.

¿Por qué se le pide a San Miguel que nos defienda?

Porque la Escritura lo presenta como el defensor del pueblo de Dios: en el libro de Daniel es el gran príncipe que vela por los suyos (Dn 12,1) y en el Apocalipsis guía a los ángeles en la batalla contra el dragón (Ap 12,7-9). Por eso la Iglesia lo invoca como protector contra el mal y celebra su fiesta el 29 de septiembre.

¿Se puede rezar esta oración en cualquier momento?

Sí. Aunque nació unida al final de la Misa, hoy se reza libremente a cualquier hora, sola o junto a otras oraciones. Muchos la rezan al levantarse, antes de dormir, al terminar el Rosario o en un momento de dificultad, pidiendo a Dios su amparo por intercesión del Arcángel.

¿Un laico puede rezarla? ¿Es un exorcismo?

Cualquier fiel puede rezarla: es una súplica a Dios y al Arcángel, no una orden al demonio. El exorcismo es otra cosa y solo lo realiza un sacerdote con permiso del obispo (CIC 1673). La Congregación para la Doctrina de la Fe pidió en 1985 que los fieles no usen la fórmula larga de exorcismo de León XIII, pero recordó que todos pueden y deben rezar para ser librados del Maligno.

¿Quién fue el papa León XIII?

Fue Papa de 1878 a 1903. Además de esta oración, se le recuerda por la encíclica Rerum novarum (1891), sobre los derechos de los trabajadores, y por su devoción al Rosario, al que dedicó muchas encíclicas. En 1886 extendió a toda la Iglesia esta invocación a San Miguel como oración de defensa espiritual.