El arcángel Rafael camina al atardecer junto al joven Tobías, que lleva el pez en la mano, con un perrito a su lado

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Oración a San Rafael Arcángel: salud, viajes y matrimonio

La oración a San Rafael Arcángel pide su intercesión por la salud, los viajes y el matrimonio.

Glorioso Arcángel San Rafael,

gran príncipe de la corte celestial,

ilustre por tus dones de sabiduría y de gracia,

guía de los que viajan por tierra y por mar,

consuelo de los desdichados y refugio de los pecadores:

te suplico que me ayudes en todas mis necesidades

y en todas las penas de esta vida,

como un día socorriste al joven Tobías en su viaje.

Y ya que eres la medicina de Dios,

te ruego humildemente que sanes mi alma de sus muchas enfermedades

y mi cuerpo de los males que lo afligen,

si esta gracia es para mi bien.

Te pido de modo especial una pureza angélica,

para que merezca ser templo vivo del Espíritu Santo.

Amén.

Traducción AngelGuard del italiano de la oración a San Rafael Arcángel que el papa León XIII enriqueció con indulgencias el 21 de junio de 1890, según la Raccolta oficial (Roma, 1898), n. 215, p. 385.

La oración a San Rafael Arcángel pide su intercesión por la salud, los viajes y el matrimonio. Rafael, cuyo nombre significa «Dios sana», es el ángel del libro de Tobías: acompañó al joven Tobías en su viaje, liberó a Sara de su angustia y fue enviado a curar la ceguera de Tobit. La oración más conocida empieza así: «Glorioso Arcángel San Rafael, gran príncipe de la corte celestial», y el papa León XIII la enriqueció con indulgencias en 1890. En AngelGuard la tienes en una traducción nuestra del texto italiano de 1898, con oraciones por un enfermo, por un viaje y para encontrar esposo o esposa.

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La oración a San Rafael Arcángel, frase por frase

4 min de lecturaLa oración del principio de esta página es del siglo XIX.

La oración del principio de esta página es del siglo XIX. El 21 de junio de 1890 el papa León XIII le concedió una indulgencia a quien la rezara, y desde entonces se imprimió en la colección oficial de oraciones indulgenciadas que publicaba la Santa Sede, la Raccolta. Te la damos en una traducción nuestra, hecha sobre la edición de Roma de 1898. Es la misma oración que circula en español en muchas versiones, a menudo abreviadas; esta traducción está hecha directamente del texto italiano.

Tiene tres partes. Primero llama a San Rafael por sus títulos; después le pide ayuda en el camino de la vida; al final le pide la salud del alma y del cuerpo. Todo sale del libro de Tobías, el único libro de la Biblia en el que Rafael aparece con su nombre.

«Glorioso Arcángel San Rafael, gran príncipe de la corte celestial». La imagen de la corte viene de la Escritura: Rafael se presenta como uno de los siete ángeles que están delante del Señor (Tb 12,15), como los servidores que esperan de pie ante el rey. La Biblia latina que la Iglesia leía en su fiesta lo dice así: Ego enim sum Raphael angelus, unus ex septem, qui adstamus ante Dominum. «Príncipe» no quiere decir que mande por su cuenta: su grandeza es estar al servicio de Dios.

«Ilustre por tus dones de sabiduría y de gracia». En el viaje, Rafael es el que sabe: conoce el camino, sabe qué hacer con el pez del río Tigris, sabe que Sara es la esposa que Dios le tiene preparada a Tobías y sabe hablarle al muchacho cuando tiene miedo (Tb 5–6). Es una sabiduría práctica, de compañero de camino.

«Guía de los que viajan por tierra y por mar». El libro cuenta un viaje por tierra, de Nínive a Media y de regreso. El mar lo añadió la devoción, que extendió su compañía a todo viajero: al marinero, al migrante, al que sale de madrugada a trabajar.

«Consuelo de los desdichados y refugio de los pecadores». Rafael fue enviado a dos personas que ya no podían más: Tobit, ciego y humillado, y Sara, que el mismo día le pedía a Dios lo mismo que él, que se la llevara de este mundo (Tb 3,1-15). Dios escuchó las dos súplicas a la vez y mandó a Rafael a sanar a los dos (Tb 3,16-17).

«Como un día socorriste al joven Tobías en su viaje». Es el corazón de la oración: le pedimos a Rafael que haga con nosotros lo que hizo con Tobías, caminar a nuestro lado aunque no lo veamos.

«Ya que eres la medicina de Dios». En hebreo, Rafael quiere decir «Dios sana». San Gregorio Magno lo explicaba como «medicina de Dios» en una homilía que la Iglesia lee en el oficio del 29 de septiembre. La oración pide primero la salud del alma y después la del cuerpo, y pone una condición sabia: «si esta gracia es para mi bien». No exige; confía.

«Una pureza angélica, para que merezca ser templo vivo del Espíritu Santo». El final recuerda a San Pablo: el cuerpo del cristiano es templo del Espíritu Santo (1 Co 6,19). Y recuerda la noche de bodas de Tobías y Sara, que antes de todo se pusieron a rezar y le dijeron a Dios que se unían con un corazón recto (Tb 8,4-8). La pureza que se pide no es la de alguien sin cuerpo, sino un corazón limpio en la vida que cada uno tiene: soltero, casado o consagrado.

Las indulgencias de entonces y de hoy. El rescripto de 1890 concedía «cien días» de indulgencia una vez al día. Desde 1967, cuando san Pablo VI reformó las indulgencias, la Iglesia ya no las cuenta en días. La oración, en cambio, sigue siendo la misma: puedes rezarla cualquier día, sola o como parte de una novena.

Quién es San Rafael Arcángel: la historia del libro de Tobías

5 min de lecturaSan Rafael es uno de los tres ángeles que la Biblia llama por su nombre, junto con Miguel y Gabriel, y el único cuya historia se cuenta de principio a fin.

San Rafael es uno de los tres ángeles que la Biblia llama por su nombre, junto con Miguel y Gabriel, y el único cuya historia se cuenta de principio a fin. Está en el libro de Tobías, en el Antiguo Testamento. Es un relato de familia, casi una novela corta: un padre pobre y fiel, una joven sin esperanza, un viaje largo y un compañero de camino que nadie reconoce hasta el final.

Dos súplicas en el mismo día. Tobit era un israelita deportado en Nínive que enterraba a los muertos de su pueblo aunque el rey lo había prohibido (Tb 1,16-20). Un día se quedó ciego; los médicos no pudieron curarlo, y su esposa, Ana, tuvo que trabajar para mantener la casa (Tb 2,9-14). Cansado y humillado, le pidió a Dios que se lo llevara (Tb 3,1-6). Ese mismo día, lejos de allí, en Ecbatana, una joven llamada Sara le hacía la misma súplica: se había casado siete veces y los siete esposos habían muerto la noche de bodas, por obra de un demonio, Asmodeo (Tb 3,7-15). El libro dice que las dos oraciones llegaron juntas delante de Dios, y que Rafael fue enviado a sanar a los dos (Tb 3,16-17). En algunas Biblias el padre también se llama Tobías, como su hijo; aquí lo llamamos Tobit para distinguirlos.

Un compañero desconocido. Tobit mandó a su hijo, el joven Tobías, a recoger un dinero que había dejado guardado en Media, y le pidió que buscara a alguien de confianza para el camino. Tobías encontró a un joven dispuesto, sin saber que era un ángel de Dios (Tb 5,4); él se presentó como Azarías, de una familia conocida (Tb 5,13). La madre lloraba al verlo partir, y el padre la consoló: un ángel bueno lo acompañará y volverá sano (Tb 5,22). Y salieron los dos, con el perro de la casa detrás (Tb 6,1).

El pez, la boda y la curación. En el río Tigris, un pez enorme saltó sobre el pie de Tobías; el ángel le dijo que lo sacara y guardara el corazón, el hígado y la hiel, porque servirían de remedio (Tb 6,2-9). En el camino le habló de Sara, su pariente, y le dijo que estaba destinada para él desde siempre (Tb 6,11-18). Tobías tenía miedo, por los siete esposos muertos; Rafael le dijo qué hacer con el corazón y el hígado del pez y que, antes de unirse, se levantaran los dos a rezar (Tb 6,17-18). Así lo hicieron: Tobías quemó el corazón y el hígado del pez, el demonio huyó y Rafael lo ató, y después los dos rezaron juntos (Tb 8,1-8). La antigua Misa de su fiesta lo cantaba en latín: Angelus Domini Raphael apprehendit, et ligavit daemonem. Después Rafael fue por el dinero (Tb 9), y al volver a casa Tobías le puso la hiel en los ojos a su padre, y Tobit volvió a ver (Tb 11,7-14).

«Yo soy Rafael». Cuando quisieron pagarle, el compañero de viaje les dijo quién era. Les contó que, cuando ellos rezaban, él presentaba sus oraciones ante el Señor; que había sido enviado a sanar a Tobit y a Sara; y que era Rafael, uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor (Tb 12,12-15). Les dijo que no tuvieran miedo, que bendijeran a Dios y no a él, porque había venido por voluntad de Dios (Tb 12,17-20). Y no lo volvieron a ver.

Lo que la Iglesia dice, y lo que no. La Iglesia católica cuenta el libro de Tobías entre los libros de la Biblia (CIC 120); muchas Biblias protestantes no lo traen. El Directorio sobre la piedad popular recuerda que solo tres ángeles tienen nombre en la Escritura, Miguel, Gabriel y Rafael, y pide rechazar la costumbre de dar otros nombres a los ángeles (n. 217). Por eso aquí no encontrarás listas de «siete arcángeles» con nombres, ni colores, ni rituales: solo lo que cuenta la Biblia y lo que la Iglesia reza.

Estas invocaciones salen del libro de Tobías. Puedes rezarlas despacio, en voz alta o en silencio:

San Rafael, enviado por Dios a los que rezaban con lágrimas, ruega por nosotros.

San Rafael, compañero de Tobías en el camino, ruega por nosotros.

San Rafael, guía del que no conoce el camino, ruega por nosotros.

San Rafael, que presentas nuestras oraciones ante el Señor, ruega por nosotros.

San Rafael, enviado a liberar a Sara de su angustia, ruega por nosotros.

San Rafael, enviado a devolverle la luz a Tobit, ruega por nosotros.

San Rafael, que nos enseñas a bendecir a Dios en todo, ruega por nosotros.

San Rafael, uno de los siete que están ante la gloria del Señor, ruega por nosotros.

Señor Dios, que nos das a tus ángeles como compañeros,

concédenos caminar seguros bajo su cuidado

hasta llegar a ver tu rostro.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Texto AngelGuard: invocaciones escritas para esta página a partir del libro de Tobías. No es una letanía oficial de la Iglesia, sino una oración para rezar en privado, en casa o en el camino. Cada invocación remite a un pasaje: Tb 3,16-17; 5,4; 5,22; 12,12; 3,17; 11,13; 12,6 y 12,15.

Oración a San Rafael para los enfermos: pedir la salud del cuerpo y del alma

4 min de lecturaA San Rafael se le reza por los enfermos porque su nombre lo dice: «Dios sana».

A San Rafael se le reza por los enfermos porque su nombre lo dice: «Dios sana». No se le pide que haga lo que solo Dios puede hacer; se le pide que interceda, que presente nuestra súplica ante el Señor, como presentaba las oraciones de Tobit y de Sara (Tb 12,12). La curación viene de Dios.

Dos enfermedades. El libro de Tobías habla de dos males a la vez. Tobit tenía una enfermedad del cuerpo: unas manchas blancas en los ojos que lo dejaron ciego durante años y que los médicos no supieron curar (Tb 2,10). Sara cargaba una herida del alma: la vergüenza, la soledad y el miedo, tan hondos que le pidió a Dios que la sacara de este mundo; y aun así puso ese dolor en manos de Dios, y Dios la escuchó (Tb 3,10-17). Rafael fue enviado para los dos. Por eso la oración tradicional pide la salud del alma y la del cuerpo: muchas veces la enfermedad más pesada es la que no se ve.

Dios sana también por medio de remedios. En la historia, la curación de Tobit no llega por arte de magia: Rafael le enseña a Tobías a usar un remedio, y Tobías se lo pone a su padre con sus propias manos (Tb 11,10-13). La Biblia dice en otro lugar que hay que honrar al médico, que el Señor creó los remedios y que el enfermo debe rezar y también dejar actuar al médico (Si 38,1-14). Rezarle a San Rafael nunca sustituye al tratamiento: lo acompaña. Por eso hay hospitales y clínicas que llevan su nombre, en España y en América Latina, y muchos médicos, enfermeras y farmacéuticos se encomiendan a él.

La piscina de Betesda. La antigua Misa de San Rafael leía el Evangelio de la piscina de Betesda, en Jerusalén, donde un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a mover el agua, y el primer enfermo que entraba quedaba sano (Jn 5,1-4, según la Vulgata). El Evangelio no dice el nombre de ese ángel; la liturgia lo leía en su fiesta porque Rafael es el ángel de los enfermos. Y en ese mismo pasaje Jesús cura con una sola palabra a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo (Jn 5,5-9).

Cómo rezar por un enfermo con San Rafael. Di el nombre del enfermo. Pide la salud, si es la voluntad de Dios, y pide también paz, alivio y buenos médicos. Si la enfermedad es grave, llama al sacerdote para la Unción de los enfermos: es el sacramento con el que la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor, para que los alivie y los salve (CIC 1499). La oración de sanación explica este sacramento y tiene más oraciones por un enfermo.

Esta oración es para pedir por un enfermo con la intercesión de San Rafael. Di su nombre donde dice N.; si rezas por ti, cambia las palabras:

Señor Dios, tú enviaste a tu ángel Rafael

a sanar a Tobit y a consolar a Sara

el mismo día en que te pidieron ayuda.

Hoy te presento a N., que está enfermo (enferma).

Tú conoces su cuerpo y su alma,

lo que le duele y lo que teme.

Si es tu voluntad, devuélvele la salud,

y mientras tanto dale paz, alivio y paciencia.

Guía las manos de los médicos y de las enfermeras,

y a quienes lo (la) cuidamos danos fuerza y ternura.

San Rafael, medicina de Dios,

presenta esta súplica ante el Señor

y quédate junto a N. como te quedaste junto a Tobías.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Si la curación no llega, no es que te haya faltado fe: el Catecismo recuerda que ni las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades (CIC 1508). Tobit pasó años ciego, y aun en la oscuridad siguió bendiciendo a Dios.

San Rafael, patrono de los viajeros: oración para un viaje

3 min de lecturaSan Rafael es el compañero de camino por excelencia.

San Rafael es el compañero de camino por excelencia. Toda su historia es un viaje: de Nínive a Ecbatana y a Rages, en Media, y de regreso a casa. Por eso la Iglesia, en la Misa de su antigua fiesta, le pedía a Dios lo mismo que hoy le piden los que salen de viaje. Esta es esa oración, la colecta de su Misa, en una traducción nuestra del Misal Romano de 1889:

«Oh Dios, que diste al bienaventurado arcángel Rafael como compañero de camino a tu siervo Tobías: concédenos a nosotros, tus siervos, que siempre nos proteja su custodia y nos fortalezca su auxilio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.»

Lo que enseña el viaje de Tobías. Tobías no sale solo: su padre le pide que busque un compañero de confianza (Tb 5,3). Salir acompañado, avisar a la familia y no arriesgarse sin necesidad también es prudencia cristiana. Su madre llora al verlo partir y cuenta los días cuando tarda en volver (Tb 5,18-21; 10,1-7): el libro conoce bien la angustia de los que esperan en casa. Y el viaje termina en una mesa de fiesta, con la familia reunida bendiciendo a Dios (Tb 11,14-18).

Para quién es esta oración. Para el que sale de vacaciones y para el que maneja un tráiler toda la noche. Para el estudiante que se va a otra ciudad, para el que emigra a buscar trabajo y para la familia que se queda esperando una llamada. Para el que viaja a un hospital lejos de casa y para el peregrino que camina a la Basílica de Guadalupe. San Rafael no fue solo un guardián del camino: fue compañero, platicó con Tobías, le dio consejo y le quitó el miedo.

Antes de salir. Muchas familias rezan juntas en la puerta, hacen la señal de la cruz sobre el que sale y lo encomiendan a su ángel de la guarda. El Salmo 121 es el salmo del que se pone en camino: el Señor guarda tus salidas y tus entradas. Y el Salmo 91 dice que Dios manda a sus ángeles que te cuiden en tus caminos (Sal 91,11).

Esta oración es para antes de un viaje. Puedes rezarla por ti o por quien sale; si es por otra persona, di su nombre donde dice N.:

Señor Dios, tú acompañaste a Tobías en su camino

y le diste a tu ángel Rafael como compañero.

Acompáñame (acompaña a N.) en este viaje.

Guarda mis pasos en la carretera, en el aire o en el mar;

dame prudencia, buen descanso y buen regreso.

Que San Rafael camine a mi lado,

me aparte de todo peligro del cuerpo y del alma

y me ayude a llegar a donde tú quieres.

Cuida a los que se quedan en casa esperando,

y concédenos volver a encontrarnos

para darte gracias juntos, como la familia de Tobit.

San Rafael, compañero de los que viajan, ruega por nosotros.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. La oración del Misal citada arriba es la colecta de la Misa de San Rafael del 24 de octubre, que el Misal de 1889 trae entre las fiestas propias de algunos lugares; la traducción es nuestra.

Oración a San Rafael para encontrar pareja y por los matrimonios

4 min de lecturaA San Rafael se le pide por quien busca con quién casarse porque, en el libro de Tobías, él es quien une a Tobías y a Sara.

A San Rafael se le pide por quien busca con quién casarse porque, en el libro de Tobías, él es quien une a Tobías y a Sara. No lo hace con un truco, sino con un consejo: le habla a Tobías de Sara, le dice que es prudente, valiente y muy hermosa, que su padre la quiere y que es su pariente, y le dice algo más hondo: que estaba destinada para él desde siempre (Tb 6,11-18).

Sara, la mujer que había perdido la esperanza. Sara cargaba una historia muy dolorosa: siete esposos muertos la noche de bodas y, encima, las burlas de los demás (Tb 3,7-10). Muchas personas que buscan pareja hoy se reconocen en ella: una relación que terminó mal, años de soledad, el miedo a volver a intentarlo. Su historia dice que Dios no se olvida de nadie y que una herida no es el final.

Tobías, el novio con miedo. Tobías también tenía miedo: había oído lo de los siete esposos. Rafael no le quitó el miedo con una promesa fácil; le dijo que, antes de todo, se levantaran los dos a rezar y le pidieran al Señor del cielo misericordia y protección (Tb 6,18).

La primera oración de los esposos. La noche de bodas, Tobías y Sara se levantaron y rezaron juntos. Bendijeron a Dios, recordaron que Él hizo a Adán y le dio a Eva como ayuda y compañera, le dijeron que se unían no por deseo desordenado sino con un corazón recto, y le pidieron misericordia y llegar juntos a la vejez (Tb 8,4-8). Es una de las oraciones de esposos más hermosas de la Biblia, y la Iglesia la propone hasta hoy entre las lecturas de la Misa de bodas.

Qué pedirle a San Rafael si buscas pareja. Puedes rezar por la persona que quieres, pero no pidas que se fuerce su corazón: el amor es libre. Pide sobre todo encontrar a la persona que Dios tiene pensada para ti, tener ojos para reconocerla y valor para dar el paso, y pide también ser tú una buena esposa o un buen esposo. Rafael guio a Tobías, pero Tobías tuvo que decir que sí. Y desconfía de cualquier «amarre», veladora «preparada» o ritual para «atraer» a alguien: un amarre quiere atar la voluntad de otra persona, y la Iglesia enseña que la superstición y la magia contradicen la fe, aunque se hagan con la imagen de un santo (CIC 2111; 2116-2117). Si alguna vez lo hiciste, no te angusties: llévalo a la confesión y vuelve a empezar desde la oración, como Tobías y Sara.

San Antonio y San Rafael. En México, como en muchos países, a San Antonio se le pide novio o novia, y mucha gente les reza a los dos. No compiten: San Antonio es el casamentero de la devoción popular, y San Rafael es el casamentero de la Biblia. Si quieres, reza también la oración a San Antonio.

Para los que ya están casados. Rezar juntos, aunque sea un minuto antes de dormir, es lo primero que hicieron Tobías y Sara. Muchos matrimonios le rezan a San Rafael por su casa, por la salud de los hijos y por los viajes de la familia. Y San José, esposo de María, es otro gran intercesor de las familias: puedes rezar la oración a San José.

Esta oración es para quien busca esposo o esposa:

Señor Dios, tú pensaste a Tobías y a Sara el uno para el otro

y enviaste a tu ángel Rafael para que se encontraran.

Tú conoces mi historia, mis heridas y mis deseos.

Si es tu voluntad que me case,

ponme en el camino de la persona que tienes pensada para mí,

dame ojos para reconocerla

y un corazón limpio y valiente para amarla.

Mientras tanto, hazme una persona buena,

capaz de esperar sin amargura y de amar sin egoísmo.

Que nuestro amor empiece rezando, como el de Tobías y Sara,

y que lleguemos juntos a la vejez.

San Rafael, que guiaste a Tobías hasta Sara, ruega por mí.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. La última petición, llegar juntos a la vejez, está tomada de la oración de Tobías y Sara (Tb 8,7). Si ya estás casado o casada, busca en tu Biblia esa oración, Tobías 8,4-8, y léanla juntos una noche: es breve y la pueden hacer suya.

San Rafael, San Miguel, San Gabriel y el ángel de la guarda

3 min de lecturaLa Biblia nombra solo a tres ángeles, y cada nombre es un mensaje.

La Biblia nombra solo a tres ángeles, y cada nombre es un mensaje. El nombre del arcángel Miguel significa «¿Quién como Dios?»: es el que defiende al pueblo de Dios y lucha contra el mal (Dn 12,1; Ap 12,7). Gabriel significa «fuerza de Dios»: es el que anuncia, primero a Daniel y después a Zacarías y a María (Dn 9,21; Lc 1,19.26-38). Rafael significa «Dios sana»: es el que acompaña y cura. A los tres los llamamos arcángeles. Para San Miguel, la oración a San Miguel Arcángel de León XIII tiene su historia completa.

¿Cuándo es la fiesta de San Rafael? El 29 de septiembre. Desde la reforma del calendario de 1969, la Iglesia celebra ese día juntos a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael (Directorio sobre la piedad popular, 215). Antes, San Rafael tenía su propia fiesta el 24 de octubre: el Misal de 1889 la traía solo para algunos lugares, y en 1921 pasó al calendario de toda la Iglesia. Quien sigue el calendario antiguo, el del Misal de 1962, la celebra todavía el 24 de octubre. Por eso se oye hablar de las dos fechas, y las dos tienen su razón.

San Rafael y el ángel de la guarda no son el mismo. Cada persona tiene su ángel custodio, que la acompaña desde el comienzo de su vida hasta la muerte (CIC 336), y la Iglesia lo celebra el 2 de octubre. San Rafael es otro: un arcángel con nombre propio y una misión en la historia de la salvación. Pero su historia es el mejor retrato de lo que hace un ángel custodio: acompañar sin hacerse notar, aconsejar, proteger y presentar a Dios nuestras oraciones. La oración al Ángel de la Guarda explica lo que la Iglesia enseña sobre él.

No ponerles otros nombres. Como el ángel de la guarda no tiene un nombre conocido, hay quien quiere ponerle uno, o buscar el nombre de su ángel según la fecha de nacimiento. La Iglesia pide no hacerlo: aparte de Miguel, Gabriel y Rafael, la Escritura no da nombres de ángeles (Directorio, 217). Tampoco hacen falta cartas, colores ni horas especiales para hablar con ellos. Basta rezar, como rezaban Tobit y Sara.

Rafael presenta nuestras oraciones. Lo más consolador que dice San Rafael de sí mismo es que, cuando Tobit rezaba llorando, él llevaba su oración ante el Señor (Tb 12,12). La antigua Misa de su fiesta terminaba, después de la comunión, con esta oración, que te damos en una traducción nuestra del Misal Romano de 1889:

Dígnate, Señor Dios,

enviarnos en nuestra ayuda a San Rafael Arcángel,

y que él, que creemos que está siempre ante tu majestad,

te presente nuestras pobres súplicas para que las bendigas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Traducción AngelGuard del latín de la poscomunión de la Misa de San Rafael del 24 de octubre (Misal Romano, Tournai, 1889, p. 193*). Puedes terminar con ella tu oración a San Rafael, o rezarla con tu familia el 29 de septiembre o el 24 de octubre.

Preguntas

¿Para qué sirve la oración a San Rafael Arcángel?

Para pedirle a Dios, por intercesión de San Rafael, lo mismo que Rafael hizo en el libro de Tobías: la salud del cuerpo y del alma, compañía y protección en los viajes, y luz para encontrar esposo o esposa. No es un amuleto ni funciona por sus palabras: el Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de una oración solo a sus palabras (CIC 2111). Lo que sana es Dios, y Rafael presenta nuestra oración ante Él (Tb 12,12). Por eso no hay una «oración milagrosa» que obligue al cielo: su fuerza está en la confianza con que se reza.

¿Qué se le pide a San Rafael?

Se le pide por los enfermos y por los médicos que los cuidan; por los que viajan, manejan o emigran; por los jóvenes que buscan con quién casarse y por los matrimonios; y por quienes viven una tristeza muy honda, como Sara. Su nombre significa «Dios sana», y en el libro de Tobías fue enviado a curar a un ciego y a consolar a una joven sin esperanza.

¿Cuándo es el día de San Rafael Arcángel?

El 29 de septiembre, fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael en el calendario actual de la Iglesia. Hasta la reforma de 1969, su fiesta propia era el 24 de octubre, y quienes siguen el calendario del Misal de 1962 la celebran todavía ese día. Por eso se oye hablar de las dos fechas.

¿Cuál es la oración a San Rafael para los enfermos?

Puedes rezar la oración tradicional, que le pide sanar el alma de sus muchas enfermedades y el cuerpo de los males que lo afligen, si es para su bien; o una oración con el nombre del enfermo, como la que está en esta página. Si la enfermedad es grave, llama también al sacerdote para la Unción de los enfermos. Rezar no sustituye al médico: lo acompaña.

¿Cómo rezarle a San Rafael para encontrar pareja?

Pídele a Dios, por su intercesión, encontrar a la persona que Él tiene pensada para ti, reconocerla y amarla con un corazón limpio, como Tobías y Sara, que antes de todo se pusieron a rezar (Tb 8,4-8). No le pidas que fuerce el corazón de alguien en concreto, y no uses amarres ni rituales para atraer a nadie: la Iglesia enseña que la magia es contraria a la fe (CIC 2117).

¿Qué significa el nombre Rafael?

En hebreo, Rafael quiere decir «Dios sana». San Gregorio Magno lo explicaba como «medicina de Dios», y de ahí viene la frase de la oración tradicional: «ya que eres la medicina de Dios».

¿Dónde aparece San Rafael en la Biblia?

En el libro de Tobías, sobre todo en los capítulos 3 a 12. Allí acompaña al joven Tobías en su viaje y, al final, se presenta como uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor (Tb 12,15). El libro está en las Biblias católicas; muchas Biblias protestantes no lo incluyen.

¿San Rafael es un santo o un ángel?

Es un ángel, uno de los tres arcángeles que la Biblia llama por su nombre. La Iglesia le da el título de santo, como a Miguel y a Gabriel, porque está ante Dios y es santo, pero no es una persona humana canonizada. Tampoco es lo mismo que tu ángel de la guarda, aunque su historia nos enseña cómo nos acompaña un ángel.