Oración a la Sangre de Cristo

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Oración a la Sangre de Cristo: la devoción a la Preciosa Sangre

Una oración a Jesús por su Sangre preciosa, con lo que enseña la Iglesia sobre esta devoción: julio, sus letanías de 1960, la Eucaristía y san Gaspar del Búfalo

La oración a la Sangre de Cristo es una súplica a Jesús, que nos rescató del pecado con la sangre que derramó en la cruz: se le pide que nos limpie, nos guarde y nos proteja del mal, a nosotros y a los que amamos. La Iglesia vive esta devoción sobre todo en la Eucaristía, en el mes de julio y en las Letanías de la Preciosísima Sangre, aprobadas por san Juan XXIII en 1960. En AngelGuard tienes la oración completa, las letanías y lo que enseña la Iglesia sobre la Preciosa Sangre.

Señor Jesús,

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,

te adoro y te doy gracias

por la sangre preciosa que derramaste por mí.

Con ella me rescataste del pecado

y me abriste el camino hacia el Padre.

Cúbreme con tu sangre, Señor:

guarda mi cuerpo y mi alma,

mi casa, mi familia y mi trabajo,

y no permitas que el mal nos domine.

Lava mi conciencia de todo pecado,

sana lo que está herido en mí

y dame fuerza para serte fiel.

Que cada vez que comulgue

te reciba con fe, con humildad y con amor,

y que tu sangre guarde mi alma para la vida eterna.

Santa María, que estuviste al pie de la cruz,

ruega por nosotros.

Amén.

Texto AngelGuard: una oración a Jesucristo por su Sangre preciosa. Su penúltima línea recoge la oración de la Comunión del cáliz que cita san Juan XXIII en la carta Inde a primis (1960).

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¿Qué es la devoción a la Preciosa Sangre de Cristo?

2 min de lecturaLa devoción a la Preciosa Sangre es la adoración y la gratitud de los católicos por la sangre que Jesús derramó para salvarnos, desde la agonía en el huerto hasta la lanza que le abrió el costado.

La devoción a la Preciosa Sangre es la adoración y la gratitud de los católicos por la sangre que Jesús derramó para salvarnos, desde la agonía en el huerto hasta la lanza que le abrió el costado. No es una devoción de segunda: el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, que la Santa Sede aprobó en 2001, dice que “el misterio de la Sangre de Cristo ocupa un puesto central en la fe y en la salvación” (Directorio, 175).

En la Biblia, la sangre está unida a la vida, a la Pascua y a la alianza. En Egipto, la sangre del cordero pascual marcó las casas del pueblo de Dios la noche de la liberación (Ex 12,13), y en el Sinaí Moisés selló la alianza rociando al pueblo con la sangre del sacrificio (Ex 24,8). Jesús retomó esa imagen en la última Cena, cuando dio el cáliz a sus discípulos y habló de su sangre de la alianza, derramada por muchos para el perdón de los pecados (Mt 26,28).

El Nuevo Testamento vuelve una y otra vez a esa sangre. San Pedro recuerda que no fuimos rescatados con oro ni con plata, “sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero inmaculado y sin tacha” (1 Pe 1,19): de ahí viene el nombre de la devoción. Y la carta a los Hebreos pregunta: “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por [impulso del] Espíritu Santo se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas [de los pecados], para que tributemos un [verdadero] culto al Dios vivo?” (Hb 9,14). Las dos citas están en la traducción de Félix Torres Amat (Madrid, 1823); entre corchetes van las palabras que él añadió para aclarar el sentido.

El Catecismo lo resume en una línea: “La Redención nos viene ante todo por la sangre de la cruz” (CIC 517). La muerte de Cristo es el sacrificio de la Nueva Alianza, que nos devuelve a la comunión con Dios (CIC 613). Por eso honrar la Sangre de Cristo no es venerar algo aparte de Jesús: es adorarlo a Él, que nos amó hasta dar la vida.

¿Qué significa “cúbreme con tu sangre”?

2 min de lecturaPedirle a Jesús “cúbreme con tu sangre” es pedirle que nos proteja con la salvación que nos ganó en la cruz: que nos libre del pecado, que nos guarde del mal y que nada nos separe de Él.

Pedirle a Jesús “cúbreme con tu sangre” es pedirle que nos proteja con la salvación que nos ganó en la cruz: que nos libre del pecado, que nos guarde del mal y que nada nos separe de Él. Es una súplica dirigida a Cristo, y por eso es una forma legítima de rezar.

La imagen viene de la Pascua. La noche de la salida de Egipto, la sangre del cordero en las puertas fue la señal de las casas que el Señor protegió (Ex 12,13). Los cristianos ven ahí una figura de Cristo, el verdadero Cordero pascual (1 Co 5,7). Quien pide la protección de su sangre se pone, como aquellas familias, bajo la salvación que Dios ofrece, y no bajo su propia fuerza.

La misma Iglesia reza así. La oración de la antigua fiesta de la Preciosísima Sangre, que es también la que cierra sus letanías, pide a Dios que, venerando “el precio de nuestra salvación”, seamos defendidos por su fuerza de los males de la vida presente. La encuentras completa más abajo, en el capítulo de las letanías.

En América Latina circula mucho una “oración de sellamiento” que se dirige a Jesús y dice, con distintas variantes, “con el poder de tu Sangre preciosa sellamos” a personas, casas y acontecimientos. Muchas familias la rezan cada día con fe sencilla, y lo que la sostiene es lo mismo que esta página: la confianza en Jesús. Si la rezas, rézala como lo que es, una súplica a Él. La Sangre de Cristo no es un poder que nosotros manejamos, y Dios no queda obligado por una fórmula: el Catecismo recuerda que atribuir la eficacia “a la sola materialidad de las oraciones” sería superstición (CIC 2111). Lo que hace fuerte la oración es el corazón que se confía, y la protección de la Sangre de Cristo llega sobre todo por la fe, la confesión y la Eucaristía.

La Sangre de Cristo en la Misa y en la Comunión

2 min de lecturaEl lugar donde la Iglesia honra la Sangre de Cristo por encima de cualquier otro es la Misa.

El lugar donde la Iglesia honra la Sangre de Cristo por encima de cualquier otro es la Misa. El Catecismo enseña que en la Eucaristía Cristo nos da el mismo cuerpo que entregó en la cruz y la misma sangre que derramó por muchos para el perdón de los pecados (CIC 1365). El Directorio recuerda que la memoria de la Sangre de Cristo está en el centro mismo de la Misa, cuando la Iglesia eleva el “cáliz de la bendición” y lo ofrece a los fieles como “comunión con la sangre de Cristo” (Directorio, 177; 1 Co 10,16).

Ahí está también la protección más segura. “La comunión nos separa del pecado”, dice el Catecismo: la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados (CIC 1393). El Concilio de Trento la llamó “el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales” (CIC 1436). San Juan XXIII, en su carta Inde a primis (1960), citaba estas palabras de san Juan Crisóstomo: “Esta Sangre, dignamente recibida, ahuyenta los demonios, nos atrae a los ángeles y al mismo Señor de los ángeles”. La clave está en dos palabras: dignamente recibida.

En la misma carta, el Papa pedía que el mes de la Preciosa Sangre fuera un tiempo de “más frecuentes comuniones sacramentales”, y proponía a todos los fieles la oración que el sacerdote rezaba al comulgar del cáliz: “Que la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna”. La oración de esta página termina con esa misma petición. Si en tu parroquia hay hora santa, el Directorio menciona también la Hora de adoración a la preciosa Sangre, que alaba la Sangre de Cristo presente en la Eucaristía y da gracias por la redención (Directorio, 178).

¿Por qué julio es el mes de la Preciosa Sangre?

2 min de lecturaJulio es el mes de la Preciosa Sangre porque su fiesta se celebraba el 1 de julio.

Julio es el mes de la Preciosa Sangre porque su fiesta se celebraba el 1 de julio. San Juan XXIII contaba que, de niño, oía a sus mayores rezar las Letanías de la Preciosísima Sangre “en el mes de julio”, y la víspera de esa fiesta, en 1960, firmó la carta Inde a primis, en la que invitaba a los fieles a vivir “el mes consagrado al culto de la Sangre de Cristo”.

La fiesta tiene su historia. Por mandato del papa Benedicto XIV se compusieron una Misa y un Oficio en honor de la Sangre de Cristo; Pío IX la extendió a toda la Iglesia en 1849, para cumplir un voto que había hecho en Gaeta, y Pío XI la elevó de rango en el XIX centenario de la Redención (Inde a primis). Hoy la Iglesia celebra el misterio de la Sangre de Cristo sobre todo en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, aunque, como dice el Directorio, “en algunos lugares y Calendarios particulares, la fiesta de la preciosísima Sangre de Cristo se celebra todavía el 1 de Julio” (Directorio, 177). Benedicto XVI lo recordó en el Ángelus del 5 de julio de 2009: en el pasado, el primer domingo de julio se caracterizaba por esta devoción.

Para vivir el mes, además de la Misa y la Comunión, el Directorio recoge varias formas de piedad popular (Directorio, 178): la Corona de la Preciosa Sangre, que medita los siete momentos en que Jesús derramó su sangre (la circuncisión, el huerto de los olivos, la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario, la crucifixión y la lanzada); las Letanías; la Hora de adoración; y el Vía Sanguinis, nacido en África, que recorre esos momentos de lugar en lugar, como un Vía Crucis.

Letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo

4 min de lecturaLas Letanías de la Preciosísima Sangre son la oración propia de esta devoción.

Las Letanías de la Preciosísima Sangre son la oración propia de esta devoción. El texto actual fue aprobado por el papa Juan XXIII el 24 de febrero de 1960 (Directorio, 178), preparado por la Sagrada Congregación de Ritos, y el Papa recomendó que se rezaran “en todo el mundo católico ya privada ya públicamente” (Inde a primis). Recorren la historia de la salvación: la Sangre del Verbo encarnado y de la nueva Alianza, la derramada en la agonía, en la flagelación, en la corona de espinas y en la cruz; y luego lo que esa Sangre es para nosotros: precio de la salvación, bebida de las almas en la Eucaristía, fuerza de los mártires, alivio de los que sufren, prenda de la vida eterna.

Esta es nuestra traducción del texto latino aprobado en 1960. Se reza a dos coros: una persona dice cada invocación y los demás responden “sálvanos”.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Sangre de Cristo, Unigénito del Padre eterno, sálvanos.

Sangre de Cristo, Verbo de Dios encarnado, sálvanos.

Sangre de Cristo, de la nueva y eterna Alianza, sálvanos.

Sangre de Cristo, que en la agonía corriste hasta la tierra, sálvanos.

Sangre de Cristo, derramada en la flagelación, sálvanos.

Sangre de Cristo, que brotaste en la coronación de espinas, sálvanos.

Sangre de Cristo, derramada en la cruz, sálvanos.

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, sálvanos.

Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón, sálvanos.

Sangre de Cristo, bebida y baño de las almas en la Eucaristía, sálvanos.

Sangre de Cristo, río de misericordia, sálvanos.

Sangre de Cristo, vencedora de los demonios, sálvanos.

Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires, sálvanos.

Sangre de Cristo, fuerza de los confesores, sálvanos.

Sangre de Cristo, que haces brotar vírgenes, sálvanos.

Sangre de Cristo, firmeza de los que están en peligro, sálvanos.

Sangre de Cristo, alivio de los agobiados, sálvanos.

Sangre de Cristo, consuelo en el llanto, sálvanos.

Sangre de Cristo, esperanza de los penitentes, sálvanos.

Sangre de Cristo, alivio de los moribundos, sálvanos.

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones, sálvanos.

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna, sálvanos.

Sangre de Cristo, que libras a las almas del purgatorio, sálvanos.

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria, sálvanos.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

V. Nos redimiste, Señor, con tu sangre.

R. E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

Dios todopoderoso y eterno, que hiciste a tu Hijo unigénito Redentor del mundo

y quisiste ser aplacado con su sangre:

concédenos, te rogamos, venerar de tal modo el precio de nuestra salvación,

y ser defendidos por su fuerza de los males de la vida presente en la tierra,

que gocemos para siempre de su fruto en el cielo.

Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Amén.

La oración final de las letanías es la misma que la Iglesia rezaba en la Misa de la fiesta del 1 de julio. En latín dice: “Omnipotens sempiterne Deus, qui unigenitum Filium tuum mundi Redemptorem constituisti, ac eius sanguine placari voluisti: concede, quaesumus, salutis nostrae pretium ita venerari, atque a praesentis vitae malis eius virtute defendi in terris, ut fructu perpetuo laetemur in caelis.” Pide dos cosas juntas: venerar la Sangre de Cristo y ser defendidos por ella de los males de esta vida, para gozar en el cielo de su fruto. Es la petición de protección de esta devoción, con las palabras de la Iglesia.

San Gaspar del Búfalo, el apóstol de la Preciosa Sangre

2 min de lecturaSan Gaspar del Búfalo es el santo que más difundió esta devoción.

San Gaspar del Búfalo es el santo que más difundió esta devoción. San Juan XXIII lo llamó “propagador admirable” de la devoción a la Preciosísima Sangre (Inde a primis), y llegó a decir que era su verdadero y mayor apóstol en el mundo, como recordó san Juan Pablo II en 1989 a los misioneros de su congregación.

Nació en Roma el 6 de enero de 1786 y fue ordenado sacerdote en 1808. En 1810, cuando Napoleón dominaba Roma, se negó a jurarle fidelidad; por eso fue desterrado y pasó los años siguientes en el destierro y en la cárcel. Al volver, fundó la congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre, que abrió su primera casa el 15 de agosto de 1815 en San Felice de Giano, en Italia, y dedicó el resto de su vida a predicar misiones populares de pueblo en pueblo. Murió en Roma el 28 de diciembre de 1837, el año de la epidemia de cólera. San Pío X lo beatificó en 1904 y Pío XII lo canonizó el 12 de junio de 1954. Su cuerpo descansa en la iglesia romana de Santa Maria in Trivio, y su memoria se celebra el 21 de octubre.

Para san Gaspar, la Sangre de Cristo era la imagen del amor perfecto del Redentor por nosotros, y pedía una respuesta de amor fiel a Dios y a los hermanos (Juan Pablo II, 1989). Su lección vale para quien busca esta oración: la Sangre de Cristo no se usa; se adora, se recibe, se agradece, y se vuelve vida entregada.

¿Cómo se reza la oración a la Preciosa Sangre de Cristo?

1 min de lecturaLa oración a la Preciosa Sangre se reza con calma y con fe, dirigida a Jesús, en cualquier momento del día: al despertar, antes de salir de casa, antes de dormir o después de comulgar.

La oración a la Preciosa Sangre se reza con calma y con fe, dirigida a Jesús, en cualquier momento del día: al despertar, antes de salir de casa, antes de dormir o después de comulgar. No hay que repetirla un número fijo de veces ni decirla con palabras exactas; lo que cuenta es el corazón que se confía a Cristo.

Una forma sencilla: haz la señal de la cruz, reza despacio la oración del principio de esta página, nombra a las personas y las situaciones que quieres poner bajo la protección de Jesús (tus hijos, tu casa, un viaje, un enfermo) y termina con un Padre Nuestro. En julio, o cualquier viernes, día de la Pasión, puedes añadir las Letanías.

La oración se completa ofreciendo esa Sangre al Padre, como hace la Iglesia en la Misa. La Coronilla de la Divina Misericordia lo hace en cada cuenta grande, cuando ofrece al Padre eterno el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo. Y si te ronda el miedo al mal, junto a esta oración muchos rezan la oración a San Miguel Arcángel.

Preguntas

¿Cómo se reza la oración a la Sangre de Cristo para pedir protección?

Dirigiéndola a Jesús con confianza, sin fórmulas fijas: haz la señal de la cruz, pídele que te cubra con su sangre y te guarde del mal, nombra a las personas y las situaciones que le confías y termina con un Padre Nuestro. La protección más firme que da la Sangre de Cristo llega por la confesión y por la Comunión recibida con fe.

¿Por qué julio es el mes de la Preciosa Sangre?

Porque la fiesta de la Preciosísima Sangre se celebraba el 1 de julio. Pío IX la extendió a toda la Iglesia en 1849, y san Juan XXIII, en la carta Inde a primis (1960), habló del “mes consagrado al culto de la Sangre de Cristo”. Hoy la Iglesia celebra este misterio sobre todo en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor.

¿La oración de sellamiento con la Sangre de Cristo es católica?

Es una oración popular, no un texto litúrgico de la Iglesia, y muchos católicos la rezan con mucha fe. Se dirige a Jesús, y así hay que rezarla: como una súplica que confía en Él, no como una fórmula que funciona sola ni como órdenes a los espíritus. Junto a ella, la Iglesia ofrece sus propias oraciones a la Sangre de Cristo: las Letanías de la Preciosísima Sangre y, sobre todo, la Misa.

¿Qué dice la Biblia sobre la sangre de Cristo?

Que con ella fuimos rescatados (1 Pe 1,18-19), que limpia nuestra conciencia (Hb 9,14) y nos purifica de todo pecado (1 Jn 1,7), que sella la nueva alianza (Mt 26,28), que por ella Cristo hizo la paz entre el cielo y la tierra (Col 1,20) y que quien come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna (Jn 6,54).

¿Puedo pedir la protección de la Sangre de Cristo para mis hijos?

Sí. Puedes nombrarlos uno por uno en la oración de esta página y pedirle a Jesús que los guarde en cuerpo y alma, estén cerca o lejos, sean pequeños o ya grandes. Si son niños, llévalos a Misa, enséñales a rezar y reza con ellos la oración al Ángel de la Guarda. Si ya son grandes y van por su propio camino, tu oración los acompaña adonde tú no llegas, como las lágrimas de santa Mónica acompañaron durante años a su hijo Agustín, según él mismo cuenta en sus Confesiones; ofrece también por ellos tu Comunión.

¿Quién fue san Gaspar del Búfalo?

Un sacerdote romano (1786-1837) que se negó a jurar fidelidad a Napoleón, sufrió destierro y cárcel, y en 1815 fundó los Misioneros de la Preciosísima Sangre. San Juan XXIII lo llamó propagador admirable de esta devoción. Pío XII lo canonizó en 1954, y su memoria se celebra el 21 de octubre.