
Oración
Padre nuestro: la oración completa y su sentido
La oración que Jesús enseñó, como se reza en la Misa en México, con su origen en el Evangelio y el sentido de cada petición
El Padre nuestro es la oración que Jesús enseñó a sus discípulos, recogida en el Evangelio de Mateo (6,9-13) y, más breve, en el de Lucas (11,2-4); la Iglesia la reza en la forma de Mateo. En AngelGuard tienes el texto tal como lo imprime el misal de la Arquidiócesis de Guadalajara, que sigue el Misal Romano usado en México, y el sentido de cada petición según el Catecismo.
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén
Padre nuestro como lo imprime La Santa Misa. Misal Diario de la Arquidiócesis de Guadalajara (julio de 2026, Ordinario de la Misa, Rito de la Comunión), que sigue el Misal Romano de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
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El Padre nuestro como se reza en la Misa
2 min de lecturaEl texto de arriba es el Padre nuestro de la Misa en México: la Arquidiócesis de Guadalajara lo imprime así en su misal diario, en el Rito de la Comunión, y esa edición remite al Misal Romano de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
El texto de arriba es el Padre nuestro de la Misa en México: la Arquidiócesis de Guadalajara lo imprime así en su misal diario, en el Rito de la Comunión, y esa edición remite al Misal Romano de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Es también el Padre nuestro que los niños aprenden en el catecismo y el que se reza en el Rosario, en los velorios y antes de dormir. Las mismas palabras están en el Catecismo de la Iglesia Católica, que pone esta oración al comienzo de su explicación (CIC 2759), y en el Ordinario de la Misa que se preparó para el Misal de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. De una edición a otra solo cambian una coma o una mayúscula.
La oración tiene dos nombres. “Oración del Señor” u “oración dominical” dice quién nos la dio: el Señor Jesús, Maestro y modelo de nuestra oración (CIC 2765). “Padre nuestro” son sus primeras palabras y dicen a quién se dirige. Tertuliano la llamó “el resumen de todo el Evangelio” (CIC 2761), y santo Tomás de Aquino, “la más perfecta de las oraciones”, porque en ella pedimos todo lo que podemos desear con rectitud, y en el orden en que conviene desearlo (CIC 2763).
¿Se escribe “Padre nuestro” o “Padrenuestro”? Las dos formas se usan: el propio Catecismo en español escribe “Padre Nuestro” en unos números y “Padrenuestro” en otros (por ejemplo, CIC 2763 y 2855). Aquí escribimos “Padre nuestro”, como empieza la oración.
¿Dónde está el Padre nuestro en la Biblia?
2 min de lecturaEn dos Evangelios.
En dos Evangelios. San Mateo lo pone en el Sermón de la Montaña (Mt 6,9-13), justo después de que Jesús advierte contra quienes rezan para que los vean y contra quienes creen que serán escuchados por hablar mucho (Mt 6,5-8). San Lucas lo cuenta en otro momento: Jesús acababa de rezar y uno de sus discípulos le pidió «Señor, enséñanos á orar» (Lc 11,1). Lucas da un texto breve, con cinco peticiones; Mateo, uno más desarrollado, con siete; y la tradición litúrgica de la Iglesia conservó el de Mateo (CIC 2759).
Así lo tradujo de la Vulgata latina Félix Torres Amat, en la Biblia que publicó en Madrid en 1823. Lo copiamos de la página impresa, con la ortografía de entonces (“reyno”, “dia”, “asi”) y sin cambiar nada:
«Padre nuestro que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre: venga el tu reyno: hágase tu voluntad, como en el cielo, asi tambien en la tierra. El pan nuestro de cada dia dánosle hoy: y perdónanos nuestras deudas, asi como nosotros perdonamos á nuestros deudores: y no nos dejes caer en la tentacion: mas líbranos de mal. Amen.» (Mt 6,9-13; Torres Amat, La Sagrada Biblia, Nuevo Testamento, tomo I, Madrid, 1823, p. 12)
Si lo comparas con el texto de la Misa, verás que no es la misma traducción. La oración que rezamos no copia ninguna Biblia en particular: es la forma litúrgica que la Iglesia ha pulido para rezarla en común. Tres diferencias ayudan a entenderla. Donde el Evangelio dice solo «venga el tu reyno» (en latín, adveniat regnum tuum), la Misa dice “venga a nosotros tu Reino”. Donde Mateo habla de “deudas” y “deudores”, la oración dice “ofensas”, y Lucas dice “pecados”; el Catecismo recuerda las tres palabras y añade que, de hecho, siempre somos deudores (CIC 2845). Y la petición sobre la tentación, que en latín pide que Dios no nos “induzca” a ella (ne nos inducas in tentationem), en español se reza “no nos dejes caer en la tentación”, como ya la traducía Torres Amat en 1823.
Lucas, por su parte, termina en esa petición. En la misma Biblia de Torres Amat su texto empieza con un simple «Padre» y acaba en «Y no nos dejes caer en la tentacion» (Lc 11,2-4): no trae el “líbranos del mal” ni ninguna alabanza al final.
Qué significa el Padre nuestro: la invocación y las tres primeras peticiones
3 min de lecturaEl Padre nuestro tiene una invocación y siete peticiones: las tres primeras miran a Dios (su Nombre, su Reino, su voluntad) y las cuatro últimas le presentan nuestra vida (CIC 2803-2805, 2857).
El Padre nuestro tiene una invocación y siete peticiones: las tres primeras miran a Dios (su Nombre, su Reino, su voluntad) y las cuatro últimas le presentan nuestra vida (CIC 2803-2805, 2857). Estos son los números del Catecismo donde puedes leer más.
“Padre nuestro” (CIC 2779-2793). Podemos llamar Padre a Dios porque su Hijo hecho hombre nos lo reveló y, por el Bautismo, nos hizo hijos adoptivos (CIC 2798). La primera palabra de la oración es una bendición de adoración antes de ser una súplica (CIC 2781). Y la palabra es “nuestro”, no “mío”: no expresa una posesión, sino una relación totalmente nueva con Dios (CIC 2786), y nos saca del individualismo, porque quien la reza la dice con todos los bautizados y por todos los que todavía no conocen a Dios (CIC 2792-2793). El Catecismo pide además purificar el corazón de las imágenes paternas o maternas de nuestra propia historia, porque Dios Padre trasciende las categorías del mundo creado (CIC 2779). Esto importa a quien carga una herida con su propio padre: Dios no es la copia de ningún padre de la tierra.
“Que estás en el Cielo” (CIC 2794-2796). No señala un lugar lejano, sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El cielo es la Casa del Padre, la verdadera patria hacia la que caminamos y a la que ya pertenecemos (CIC 2802).
“Santificado sea tu Nombre” (CIC 2807-2815). Dios ya es santo; aquí “santificar” quiere decir reconocerlo como santo y tratarlo de una manera santa (CIC 2807). Pedimos que su Nombre sea santificado en nosotros y por nosotros, en nuestra vida y en todas las naciones (CIC 2813-2814, 2858).
“Venga a nosotros tu Reino” (CIC 2816-2821). La Iglesia pide sobre todo la venida final del Reino con el regreso de Cristo (CIC 2818), y también que el Reino crezca en el “hoy” de nuestras vidas (CIC 2859). Por la Eucaristía el Reino ya está entre nosotros (CIC 2816), y este deseo no aparta a los cristianos del mundo: los compromete a servir a la justicia y a la paz (CIC 2820).
“Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo” (CIC 2822-2827). La voluntad del Padre es que todos los hombres se salven, y su mandamiento, que nos amemos unos a otros como Cristo nos amó (CIC 2822). Jesús la abrazó por completo en su agonía (CIC 2824). Al rezar esta petición le pedimos al Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo (CIC 2825, 2860).
Las cuatro peticiones por nosotros: el pan, el perdón, la tentación y el mal
3 min de lecturaLas cuatro últimas peticiones ponen nuestra vida ante Dios: que la alimente, que la sane del pecado y que nos sostenga en el combate contra el mal (CIC 2805, 2857).
Las cuatro últimas peticiones ponen nuestra vida ante Dios: que la alimente, que la sane del pecado y que nos sostenga en el combate contra el mal (CIC 2805, 2857).
“Danos hoy nuestro pan de cada día” (CIC 2828-2837). Es la confianza de los hijos que lo esperan todo de su Padre (CIC 2828). Pedimos el alimento y todo lo necesario para vivir, y ese “nuestro” nos hace responsables de los que pasan hambre (CIC 2830-2831). Pero el pan es también la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo recibido en la Eucaristía (CIC 2835, 2861). Para la palabra griega que traducimos “de cada día”, epiousion, el Catecismo propone varios sentidos: el de hoy, lo necesario para vivir y, tomada al pie de la letra, “lo más esencial”, el Pan de Vida (CIC 2837). Esa riqueza se nota en la misma página de Torres Amat: el latín de Mateo dice panem nostrum supersubstantialem, una nota al pie recoge que el arzobispo Martini lo traducía «para el sustento», y en Lucas el latín dice quotidianum, de cada día.
“Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (CIC 2838-2845). Una sola palabra une las dos mitades: “como” (CIC 2838). La misericordia de Dios no puede entrar en un corazón que se niega a perdonar (CIC 2840), y es la única petición sobre la que Jesús vuelve en el Sermón de la Montaña (Mt 6,14-15; CIC 2841). No se nos pide dejar de sentir la ofensa, que no está en nuestra mano: el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y transforma la ofensa en intercesión (CIC 2843).
“No nos dejes caer en la tentación” (CIC 2846-2849). Dios no tienta a nadie (St 1,13); al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, y esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza (CIC 2846, 2863). El papa Francisco lo dijo con sencillez en su catequesis del 1 de mayo de 2019: “un padre no pone trampas a sus hijos”. Con ella pedimos también la perseverancia final (CIC 2849).
“Y líbranos del mal” (CIC 2850-2854). Aquí el mal no es una abstracción: designa a una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios (CIC 2851). Pedimos ser liberados de él y de todos los males, presentes, pasados y futuros, de los que él es autor o instigador (CIC 2854). Es una súplica confiada al Padre, no una fórmula contra nadie: la victoria ya la obtuvo Cristo (CIC 2853, 2864).
“Amén”. Quiere decir “así sea”: con él damos nuestro sí a las siete peticiones (CIC 2856, 2865).
¿Por qué los católicos no terminan con “tuyo es el reino”?
2 min de lecturaPorque esa frase no forma parte del Padre nuestro tal como la Iglesia lo recibió del Evangelio de Mateo: es una alabanza muy antigua que la liturgia añadió después.
Porque esa frase no forma parte del Padre nuestro tal como la Iglesia lo recibió del Evangelio de Mateo: es una alabanza muy antigua que la liturgia añadió después. Los católicos la decimos en cada Misa, pero separada de la oración.
Muy pronto, la práctica litúrgica cerró la Oración del Señor con una doxología, es decir, una frase de alabanza. La Didaché, que el Catecismo cita como testimonio de las primeras comunidades cristianas (CIC 2767), dice: “Tuyo es el poder y la gloria por siempre”; las Constituciones apostólicas añadieron al comienzo “el reino” (CIC 2760). El texto del Evangelio que la Iglesia conserva no la trae: en la Vulgata, Mateo 6,13 termina Sed libera nos à malo. Amen; en Torres Amat, «mas líbranos de mal. Amen»; y Lucas ni siquiera llega al “líbranos del mal” (Lc 11,4).
En la Misa sí se dice, pero en su lugar. Cuando todos terminan el Padre nuestro con “y líbranos del mal”, solo el sacerdote continúa con una oración llamada embolismo, que empieza “Líbranos de todos los males, Señor”, desarrolla la última petición y pide la paz “mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo” (IGMR 81; CIC 2760). Entonces el pueblo aclama: “Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.” Por eso, en la Misa, después del Padre nuestro no viene un “Amén”: el sacerdote sigue con el embolismo y el pueblo responde con esa aclamación (IGMR 153).
El Catecismo explica su sentido: la doxología retoma, en forma de adoración y de acción de gracias, las tres primeras peticiones, la glorificación del Nombre, la venida del Reino y el poder de la voluntad salvadora de Dios. Y devuelve al Padre los títulos de realeza, poder y gloria que el príncipe de este mundo se había atribuido con mentira (CIC 2855; cf. Lc 4,5-6).
¿Y por qué muchos evangélicos la rezan como parte del Padre nuestro? Porque Biblias evangélicas como la Reina-Valera de 1960 la incluyen en Mateo 6,13. El Catecismo reconoce que la fórmula de las Constituciones apostólicas es la que se usa hoy en la oración ecuménica (CIC 2760). Si rezas con hermanos evangélicos y la dicen, es una alabanza a Dios que también es nuestra. Lo honesto es saber que, para los católicos, el Padre nuestro termina en “líbranos del mal”, y que esa alabanza tiene su momento propio en la Misa.
¿Cuándo se reza el Padre nuestro?
2 min de lecturaTodos los días y en los momentos centrales de la vida cristiana: en la Misa, en la Liturgia de las Horas, en el Bautismo, en el Rosario y en la oración personal.
Todos los días y en los momentos centrales de la vida cristiana: en la Misa, en la Liturgia de las Horas, en el Bautismo, en el Rosario y en la oración personal.
Desde el principio fue la oración diaria de los cristianos: las primeras comunidades la rezaban “tres veces al día” (CIC 2767). Hoy forma parte de las principales Horas del Oficio divino (CIC 2768) y de los sacramentos de la iniciación cristiana: en el Bautismo y la Confirmación se “entrega” al nuevo cristiano como signo de su nacimiento a la vida de hijo de Dios (CIC 2769, 2776).
En la Misa ocupa un lugar propio. Entre la Plegaria eucarística y la Comunión, recoge todas las peticiones de la Plegaria y llama a la puerta del banquete del Reino que la Comunión anticipa (CIC 2770). El sacerdote invita a rezarla con una fórmula que termina “nos atrevemos a decir”, y todos los fieles la dicen con él (IGMR 81). Ese atrevimiento es lo que el Catecismo llama audacia filial: la confianza sencilla de los hijos (CIC 2777-2778). En ese momento, el “pan de cada día” indica principalmente el pan eucarístico (IGMR 81).
En el Rosario, cada misterio empieza con un Padre nuestro, seguido de diez Avemarías y un Gloria; la guía de Desde la Fe, la revista de la Arquidiócesis de México, indica terminar con un Padre nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa. San Juan Pablo II explicó que este Padre nuestro, puesto como fundamento de cada misterio, hace que la meditación sea una experiencia de Iglesia aun cuando se rece a solas (Rosarium Virginis Mariae, 32).
Y en la oración personal, a cualquier hora. Jesús no nos dejó una fórmula para repetirla de modo mecánico (CIC 2766): vale más un Padre nuestro rezado despacio, deteniéndote en la petición que hoy más necesitas, que muchos dichos de prisa. Al levantarte, antes de comer (el Catecismo une esta petición a la bendición de la mesa en la familia cristiana, CIC 2834), antes de dormir o en un momento de prueba, es la oración que Jesús puso en nuestros labios.
Preguntas
¿Cuál es la oración del Padre nuestro completa?
Así la imprime el misal de la Arquidiócesis de Guadalajara, que sigue el Misal Romano usado en México: “Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.” Fuera de la Misa se termina con “Amén”. La oración viene del Evangelio de Mateo (6,9-13).
¿Los católicos dicen “tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria”?
Sí, en cada Misa, pero no como parte del Padre nuestro. Después de “y líbranos del mal”, solo el sacerdote reza el embolismo (“Líbranos de todos los males, Señor…”) y el pueblo concluye: “Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.” Es una alabanza muy antigua que la liturgia añadió a la oración; no está en el texto de Mateo que la Iglesia conserva (CIC 2760, 2855).
¿Qué diferencia hay entre el Padre nuestro de Mateo y el de Lucas?
Lucas (11,2-4) da una forma breve, con cinco peticiones, cuando un discípulo le pide a Jesús que les enseñe a rezar. Mateo (6,9-13) da una forma más larga, con siete, dentro del Sermón de la Montaña. La tradición litúrgica de la Iglesia conservó el texto de Mateo, y es el que rezamos (CIC 2759).
¿Dios nos mete en tentación? ¿Por qué decimos “no nos dejes caer en la tentación”?
No: Dios no tienta a nadie (St 1,13). La palabra griega del Evangelio es difícil de traducir; el Catecismo explica que significa “no permitas entrar en” la tentación, “no nos dejes sucumbir” a ella (CIC 2846). Por eso el Misal que se usa en México, y también el preparado para Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, dice “no nos dejes caer en la tentación”. El papa Francisco recordó en 2019 que otra versión dice “no nos abandones a la tentación”; el sentido es el mismo.
¿Se escribe Padre nuestro o Padrenuestro?
Las dos formas se usan: el Catecismo en español escribe “Padre Nuestro” en unos números y “Padrenuestro” en otros (por ejemplo, CIC 2763 y 2855). Al rezarla, la oración empieza “Padre nuestro”.
¿Cuántos Padres nuestros se rezan en el Rosario?
Uno al comienzo de cada misterio, antes de las diez Avemarías: cinco en el Rosario de cada día. La guía de Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, añade uno más al final, con un Ave María, por las intenciones del Papa.








