Santo Rosario

Oración

Santo Rosario: cómo rezarlo paso a paso

El Rosario completo con todas sus oraciones, de la señal de la cruz a la Salve y la letanía, los misterios de cada día y cómo rezarlo con el corazón

El Santo Rosario se reza así: con el crucifijo en la mano haces la señal de la cruz y rezas el Credo; luego un Padre nuestro, tres Ave María y un Gloria; después, en cada uno de los cinco misterios del día, un Padre nuestro, diez Ave María y un Gloria, y al final la Salve. En AngelGuard tienes aquí cada oración con su fuente latinoamericana, los misterios de cada día y lo que enseña la Iglesia para rezarlo con el corazón.

Señal de la Cruz (con el crucifijo en la mano)

Por la señal de la santa Cruz,

de nuestros enemigos,

líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Credo

Creo en Dios, Padre todopoderoso,

Creador del Cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos;

al tercer día, resucitó de entre los muertos,

subió a los Cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna.

Amén.

Padre nuestro (en la primera cuenta grande)

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén.

Ave María (en las tres cuentas pequeñas: tres veces)

Dios te salve, María,

llena eres de gracia,

el Señor es contigo;

bendita tú eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María,

Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

En cada uno de los cinco misterios

Se anuncia el misterio del día. Se reza un Padre nuestro, diez Ave María y el Gloria.

Jaculatoria después del Gloria (opcional)

¡Oh Jesús mío!, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.

Al terminar los cinco misterios

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura y esperanza nuestra;

Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;

a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,

vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;

y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Versículo y respuesta

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Letanía lauretana (opcional)

Señor, ten piedad

R: Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

R: Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad.

R: Señor, ten piedad

Cristo, óyenos

R: Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

R: Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,

R: ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo

R: ten piedad de nosotros.

Dios, Espíritu Santo,

R: ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,

R: ten piedad de nosotros.

Santa María

R: Ruega por nosotros. (Se repite después de cada advocación mariana)

Santa Madre de Dios,

Santa Virgen de las Vírgenes,

Madre de Cristo,

Madre de la Iglesia,

Madre de la Misericordia,

Madre de la divina gracia,

Madre de esperanza,

Madre purísima,

Madre castísima,

Madre siempre virgen,

Madre inmaculada,

Madre amable,

Madre admirable,

Madre del buen consejo,

Madre del Creador,

Madre del Salvador,

Virgen prudentísima,

Virgen digna de veneración,

Virgen digna de alabanza,

Virgen poderosa,

Virgen clemente,

Virgen fiel,

Espejo de justicia,

Trono de la sabiduría,

Causa de nuestra alegría,

Vaso espiritual,

Vaso digno de honor,

Vaso de insigne devoción,

Rosa mística,

Torre de David,

Torre de marfil,

Casa de oro,

Arca de la Alianza,

Puerta del cielo,

Estrella de la mañana,

Salud de los enfermos,

Refugio de los pecadores,

Consuelo de los migrantes,

Consoladora de los afligidos,

Auxilio de los cristianos,

Reina de los Ángeles,

Reina de los Patriarcas,

Reina de los Profetas,

Reina de los Apóstoles,

Reina de los Mártires,

Reina de los Confesores,

Reina de las Vírgenes,

Reina de todos los Santos,

Reina concebida sin pecado original,

Reina asunta a los Cielos,

Reina del Santísimo Rosario,

Reina de la familia,

Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración

Te rogamos nos concedas,

Señor Dios nuestro,

gozar de continua salud de alma y cuerpo,

y por la gloriosa intercesión

de la bienaventurada siempre Virgen María,

vernos libres de las tristezas de la vida presente

y disfrutar de las alegrías eternas.

Por Cristo nuestro Señor.

Amén.

Por las intenciones del Papa se reza un Padre nuestro y un Ave María.

Oraciones del Rosario como las publica Desde la Fe, revista de la Arquidiócesis de México (“¿Cómo rezar el Rosario?”, “Rosario de los Lunes y Sábado”, “5 oraciones básicas”, “Letanía del Santo Rosario completa y actualizada”); el Credo de los Apóstoles como lo imprime La Santa Misa. Misal Diario de la Arquidiócesis de Guadalajara, que sigue el Misal Romano de México; traducción litúrgica oficial.

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Cómo rezar el Santo Rosario paso a paso

3 min de lectura

El Santo Rosario se reza recorriendo las cuentas: se empieza en el crucifijo con la señal de la cruz y el Credo, se sigue con un Padre nuestro, tres Ave María y un Gloria, y después se rezan cinco decenas, una por cada misterio del día. Así lo describen ACI Prensa y la guía “Un millón de niños rezan el rosario” que difunde en su sitio la Conferencia Episcopal de Colombia. San Juan Pablo II recuerda que el rosario está centrado en el crucifijo, que abre y cierra el camino de la oración (Rosarium Virginis Mariae, 36). El texto de cada oración está arriba; aquí va el camino, cuenta por cuenta.

1. En el crucifijo. Haz la señal de la cruz y reza el Credo. Empezar profesando la fe es una de las formas que la Iglesia reconoce para disponer el ánimo a la contemplación (Rosarium Virginis Mariae, 37).

2. En la primera cuenta grande. Reza un Padre nuestro.

3. En las tres cuentas pequeñas. Reza tres Ave María. Se suelen ofrecer por las tres virtudes teologales; la guía que difunde la Conferencia Episcopal de Colombia lo dice así: “Tres Avemarías por la Fe, la Esperanza y el Amor”.

4. Antes de la siguiente cuenta grande. Reza el Gloria.

5. El primer misterio. Anuncia el misterio que corresponde al día, por ejemplo: “Primer misterio gozoso: la encarnación del Hijo de Dios”. Si tienes tiempo, lee el pasaje de la Biblia y guarda un momento de silencio. En la cuenta grande reza un Padre nuestro; en las diez cuentas pequeñas, diez Ave María con el pensamiento puesto en el misterio; al final, el Gloria. Después del Gloria puedes añadir la jaculatoria “¡Oh Jesús mío!”.

6. Los otros cuatro misterios. Repite el paso 5 con el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto misterio. Al terminar la quinta decena habrás dado la vuelta completa al rosario.

7. El final. Reza la Salve con su versículo. Si hay tiempo, sigue la letanía lauretana con su oración. Se termina con un Padre nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa, como propone Desde la Fe, la revista de la Arquidiócesis de México; san Juan Pablo II explica que así la mirada de quien reza se abre a las necesidades de toda la Iglesia (Rosarium Virginis Mariae, 37).

Si rezas en grupo. En muchas familias y parroquias quien guía dice la primera parte de cada Ave María y los demás responden desde “Santa María, Madre de Dios”. Cuando el rosario se reza en público, el Manual de indulgencias pide que los misterios se anuncien según la costumbre aprobada del lugar (concesión 17).

Si estás empezando. No necesitas saberte de memoria la letanía ni todas las jaculatorias. Con la señal de la cruz, el Credo, el Padre nuestro, el Ave María, el Gloria y la Salve ya puedes rezar el rosario completo. Lo demás se aprende rezando.

¿Qué misterios se rezan hoy?

2 min de lecturaDepende del día de la semana: los misterios gozosos se rezan el lunes y el sábado; los dolorosos, el martes y el viernes; los gloriosos, el miércoles y el domingo, y los luminosos, el jueves.

Depende del día de la semana: los misterios gozosos se rezan el lunes y el sábado; los dolorosos, el martes y el viernes; los gloriosos, el miércoles y el domingo, y los luminosos, el jueves. Es el orden que propuso san Juan Pablo II en 2002, cuando añadió los misterios luminosos (Rosarium Virginis Mariae, 38). Cada día se rezan cinco misterios, uno por decena. Estos son los veinte, con los nombres que les da el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica:

Gozosos (lunes y sábado): la encarnación del Hijo de Dios; la visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel; el nacimiento del Hijo de Dios; la presentación de Jesús en el templo; el Niño Jesús perdido y hallado en el templo.

Luminosos (jueves): el bautismo de Jesús en el Jordán; la autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná; el anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; la transfiguración; la institución de la Eucaristía.

Dolorosos (martes y viernes): la oración de Jesús en el huerto; la flagelación del Señor; la coronación de espinas; Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario; la crucifixión y muerte de Nuestro Señor.

Gloriosos (miércoles y domingo): la resurrección del Hijo de Dios; la ascensión del Señor a los cielos; la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles; la asunción de Nuestra Señora a los cielos; la coronación de la Santísima Virgen como Reina de cielos y tierra.

En la página de los misterios del Rosario tienes cada uno con su cita bíblica, lo que contempla y cómo meditarlo. Si un día de fiesta pide otros misterios, puedes cambiarlos: san Juan Pablo II aclaró que su propuesta no pretende limitar la libertad de la meditación personal y comunitaria (Rosarium Virginis Mariae, 38).

Qué oraciones tiene el Rosario y de dónde vienen

2 min de lecturaEl Rosario se teje con las oraciones que casi todos aprendimos de niños, y casi todas vienen de la Biblia o de la liturgia.

El Rosario se teje con las oraciones que casi todos aprendimos de niños, y casi todas vienen de la Biblia o de la liturgia. San Pablo VI enumeró sus elementos: la contemplación de los misterios, el Padre nuestro, la serie de las Ave María y la doxología del Gloria (Marialis cultus, 49).

El Credo. Es el Símbolo de los Apóstoles, la profesión de fe del Bautismo. Aquí va como lo imprime el misal de la Arquidiócesis de Guadalajara, que sigue el Misal Romano de México, donde aparece como alternativa al Credo largo en la Misa.

El Padre nuestro. Es la oración que Jesús enseñó a sus discípulos (Mt 6,9-13). San Juan Pablo II explica que, puesto al comienzo de cada misterio, hace que la meditación sea una experiencia de Iglesia aun cuando se rece en soledad (Rosarium Virginis Mariae, 32). Su sentido, petición por petición, está en la página del Padre nuestro.

El Ave María. Une el saludo del ángel Gabriel (Lc 1,28) y la alabanza de Isabel (Lc 1,42) con la súplica de la Iglesia, “Santa María, Madre de Dios” (Marialis cultus, 49). El Catecismo comenta cada frase (CIC 2676-2677), y san Juan Pablo II señala su centro: el nombre de Jesús, que en el rezo apresurado a veces se pasa por alto (Rosarium Virginis Mariae, 33).

El Gloria. Es la alabanza a la Trinidad con la que termina cada decena. Para san Juan Pablo II es la meta de toda contemplación cristiana, y en el rezo público podría cantarse (Rosarium Virginis Mariae, 34).

La Salve y la letanía. Al final, dice el mismo documento, el corazón siente la necesidad de alabar a la Virgen “bien con la espléndida oración de la Salve Regina, bien con las Letanías lauretanas” (Rosarium Virginis Mariae, 37). La Salve, con casi mil años de historia, tiene su propia página. La letanía se llama lauretana por el santuario de Loreto, en Italia. En 1883, el papa León XIII pidió que en octubre se rezaran en las iglesias al menos cinco decenas del Rosario “añadiendo las Letanías Lauretanas” (Supremi apostolatus officio). En 2020, por deseo del papa Francisco, se añadieron tres invocaciones, Mater misericordiae, Mater spei y Solacium migrantium (carta de la Congregación para el Culto Divino, 20 de junio de 2020). La letanía de arriba ya las incluye: “Madre de la Misericordia”, “Madre de esperanza” y “Consuelo de los migrantes”.

¿Se empieza con el Credo o con el Yo confieso?

2 min de lecturaLas dos formas son correctas.

Las dos formas son correctas. San Juan Pablo II reconoce que hay varios modos de comenzar el Rosario: en algunas regiones con la invocación del Salmo 69, que pide a Dios que venga pronto en nuestro auxilio, y en otras con el Credo; todos los que disponen el ánimo para la contemplación son “usos igualmente legítimos” (Rosarium Virginis Mariae, 37).

En México es muy común otro inicio. La guía de Desde la Fe empieza con la señal de la cruz, sigue con un acto de contrición, el Yo confieso, y el Gloria, y después pasa directamente a los misterios. Esa es la forma que verás en el rosario para difuntos. En Colombia y en muchos otros lugares se empieza con el Credo y las tres Ave María, como en el orden de esta página. Si rezas con tu familia o en tu parroquia, sigue la costumbre del lugar.

Las jaculatorias también varían. Después del Gloria de cada misterio, Desde la Fe propone elegir alguna de estas: “María, Madre de gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, gran Señora”, “¡Oh Jesús mío!…”, “Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío” y “Bendito san José, aumenta nuestra fe”. San Juan Pablo II nota que la jaculatoria final “varía según las costumbres” (Rosarium Virginis Mariae, 35). La invocación latina Maria, Mater gratiae figura entre las oraciones marianas aprobadas con indulgencia parcial (Manual de indulgencias, concesión 17, § 2).

El rosario en la vida de nuestros pueblos. El padre Sergio G. Román lo describe en Desde la Fe: el rosario se regala a los niños en el Bautismo y en la Primera Comunión, a las quinceañeras y a las novias; se reza en el velorio y en los nueve días después de la muerte; se reza todos los días de mayo con el ofrecimiento de flores y de manera especial en octubre, el mes del Rosario. Hay rosarios de aurora y cadenas de rosarios. Para rezar por un ser querido que murió, puedes seguir el novenario para difuntos.

En familia. San Juan Pablo II pidió volver a rezar el rosario en familia y recordó el lema “La familia que reza unida, permanece unida” (Rosarium Virginis Mariae, 41). San Pablo VI lo llamó una de las más excelentes oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar (Marialis cultus, 54).

De dónde viene el Rosario: santo Domingo, Lepanto y octubre

3 min de lecturaEl Rosario nació en la Edad Media y se le llamó “Salterio de la Virgen” (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 197).

El Rosario nació en la Edad Media y se le llamó “Salterio de la Virgen” (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 197). El Catecismo enseña que la piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario como sustitución popular de la Oración de las Horas (CIC 2678): en lugar de los 150 salmos, el pueblo rezaba 150 Ave María. San Pablo VI explica que ese número, en su forma plena, guarda cierta analogía con el Salterio y se remonta a los orígenes de esta oración (Marialis cultus, 49).

Santo Domingo y los dominicos. La tradición une el Rosario a santo Domingo de Guzmán: según el relato que recoge Vatican News, en 1212, en Tolosa, la Virgen se lo entregó como respuesta a su oración. Lo que la historia muestra con claridad, dice san Juan Pablo II, es que los dominicos lo usaron y difundieron especialmente (Rosarium Virginis Mariae, 17). San Pío V, papa dominico, fijó su forma tradicional con la carta Consueverunt Romani Pontifices (1569), según recuerda san Pablo VI al celebrar su cuarto centenario (Marialis cultus, 42).

Lepanto y el 7 de octubre. El 7 de octubre de 1571, mientras la flota de la Liga Santa combatía en Lepanto contra la armada otomana, san Pío V pidió a todo el pueblo cristiano que se uniera rezando el rosario. Tras la victoria instituyó en 1572 la fiesta de Santa María de la Victoria, que su sucesor Gregorio XIII transformó en la de Nuestra Señora del Rosario (Vatican News). Por eso la Iglesia celebra a la Virgen del Rosario cada 7 de octubre.

Octubre, mes del Rosario. En 1883 el papa León XIII publicó la encíclica Supremi apostolatus officio y pidió que el mes de octubre de ese año se consagrara enteramente a la Reina del Rosario, con el rezo de al menos cinco decenas en las iglesias. De ahí viene la costumbre de dedicar octubre al Rosario.

Fátima y los misterios luminosos. En 1917, en Fátima, la Virgen pidió a los pastorcitos rezar el rosario todos los días por la paz, según el relato de Lucía que publica el Santuario de Fátima. El 16 de octubre de 2002, san Juan Pablo II firmó Rosarium Virginis Mariae, propuso los cinco misterios luminosos y proclamó el Año del Rosario, de octubre de 2002 a octubre de 2003 (nn. 3, 19 y 21). Así el Rosario pasó de quince a veinte misterios.

Rezar el Rosario con el corazón, no de memoria

3 min de lecturaLo que hace del Rosario una oración es la contemplación, no el número de palabras.

Lo que hace del Rosario una oración es la contemplación, no el número de palabras. San Pablo VI lo dijo con fuerza: sin contemplación, “el Rosario es un cuerpo sin alma” y corre el peligro de volverse una repetición mecánica de fórmulas (Marialis cultus, 47). Por eso pide un ritmo tranquilo, que deje espacio para meditar los misterios de la vida del Señor. El Catecismo pone el Rosario como ejemplo de meditación de los misterios de Cristo (CIC 2708) y lo llama, con san Pablo VI, “síntesis de todo el Evangelio” (CIC 971).

La repetición del Ave María no es un defecto. San Juan Pablo II la compara con el amor, que no se cansa de dirigirse a la persona amada con palabras parecidas que siempre son nuevas (Rosarium Virginis Mariae, 26). Y propone una ayuda sencilla para no perderse: anunciar el misterio, leer su pasaje de la Biblia y guardar un breve silencio antes de empezar la decena (nn. 29-31).

Oración, no amuleto. El rosario que llevas al cuello, en la bolsa o colgado en el carro es un signo de fe y una invitación a rezar; no protege por sí mismo. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones o de los signos a su sola materialidad, prescindiendo de las disposiciones interiores (CIC 2111). Y la Iglesia pide no presentar el Rosario de modo que haga sentir culpable a quien no lo reza: “el fiel debe sentirse libre, atraído a rezarlo, en serena tranquilidad, por la intrínseca belleza del mismo” (Marialis cultus, 55; Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 202).

La indulgencia del Rosario. La Iglesia concede indulgencia plenaria a quien reza piadosamente el Rosario en una iglesia u oratorio, en familia, en una comunidad religiosa o en una asociación de fieles, y en general cuando varias personas se reúnen con un fin honesto; en otras circunstancias, la indulgencia es parcial. Para la plenaria bastan cinco decenas (el Manual habla de una tercera parte del Rosario porque se escribió cuando tenía quince misterios), pero rezadas seguidas, y a la oración vocal se debe añadir la meditación de los misterios. También se concede a quien se une al Rosario que reza el Papa por televisión o por radio (Manual de indulgencias, concesión 17). Se requieren además la confesión sacramental, la comunión y una oración por las intenciones del Papa, sin apego a ningún pecado (norma 20).

Preguntas

¿Cómo se reza el Santo Rosario?

Con el crucifijo en la mano se hace la señal de la cruz y se reza el Credo; luego un Padre nuestro, tres Ave María y un Gloria. Después, en cada uno de los cinco misterios del día, se anuncia el misterio y se reza un Padre nuestro, diez Ave María y un Gloria, con la jaculatoria “¡Oh Jesús mío!” si se desea. Al final se reza la Salve, la letanía si hay tiempo, y un Padre nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa.

¿Cuántas Ave María tiene el Rosario?

Un rosario de cinco misterios tiene cincuenta Ave María en las decenas, más las tres del comienzo. En su forma antigua tenía ciento cincuenta, como los 150 salmos (Marialis cultus, 49); con los misterios luminosos, añadidos en 2002, los veinte misterios suman doscientas.

¿Qué es el rosario completo?

Se usa de dos maneras. Casi siempre significa el rosario con todas sus oraciones, del Credo a la Salve, como está en esta página. A veces significa rezar los cuatro grupos de misterios en un mismo día, los veinte; san Juan Pablo II dice que quien lo hace así actúa “de manera laudable”, pero que muchos solo podrán rezar una parte según el orden de la semana (Rosarium Virginis Mariae, 38).

¿Qué se reza después de cada misterio?

El Gloria y, si se desea, una jaculatoria. La más conocida es “¡Oh Jesús mío!, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno…”, que según el relato de Lucía la Virgen enseñó a los pastorcitos de Fátima el 13 de julio de 1917 para decirla después de cada misterio. En México también se dice “María, Madre de gracia, Madre de misericordia…”.

¿Qué se reza al final del Rosario?

La Salve con su versículo, “Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios…”. Si hay tiempo, la letanía lauretana y su oración final. Se termina con un Padre nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa (Rosarium Virginis Mariae, 37).

¿Puedo rezar solo una decena o rezar sin las cuentas?

Sí. Una decena rezada con atención ya es oración, y la Iglesia concede indulgencia parcial a quien, por una causa razonable, reza solo una parte del Rosario (Manual de indulgencias, proemio de las otras concesiones, n. 6). Las cuentas ayudan a contar y tienen su simbolismo (Rosarium Virginis Mariae, 36), pero también puedes contar con los dedos.