Una medalla de plata gastada, con su cadena fina, sobre una repisa de piedra junto a una columna, en la luz de una ventana alta; al fondo, una capilla en penumbra con un altar, velas y una cruz

Oración

Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa: los nueve días, del 18 al 26 de noviembre

Nueve días con la medalla en la mano y una intención en el corazón, junto a María

La novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa se reza del 18 al 26 de noviembre, para llegar a su fiesta del 27, y cada día, después de cada una de las tres Avemarías, se dice la jaculatoria de la medalla: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».

Cómo rezar cada día

Se empieza el 18 de noviembre y se termina el 26, víspera de la fiesta. Todos los días se reza el mismo orden; solo cambia la consideración del día, cuyo texto está al final de la página.

Señal de la Cruz

Por la señal de la santa Cruz,

de nuestros enemigos,

líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración para todos los días

Dios, Padre bueno,

que preservaste a la Virgen María de todo pecado

y la llenaste de tu gracia desde el primer instante

para que fuera la Madre de tu Hijo:

en estos nueve días queremos acercarnos a ti

con la confianza de los hijos.

Escucha lo que hoy ponemos en tus manos

y danos un corazón dispuesto

a hacer lo que Jesús nos diga.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Consideración del día

Se lee la consideración que corresponde al día y se guarda un momento de silencio. Cada quien le dice a Dios, en silencio, su intención.

Leer las consideraciones

Padre nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén.

Ave María (tres veces, cada una con la jaculatoria)

Dios te salve, María,

llena eres de gracia,

el Señor es contigo;

bendita tú eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María,

Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Oh María sin pecado concebida,

ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Petición

Señor Dios nuestro,

que al pie de la cruz de tu Hijo

nos diste a la Virgen María como madre:

por su intercesión,

mira a nuestras familias,

a los enfermos y a quienes los cuidan,

a los que buscan trabajo,

a los que se alejaron de ti

y a los que hoy no saben a quién acudir.

Concédenos lo que te pedimos en esta novena,

si es para nuestro bien,

y danos la gracia de vivir lo que rezamos.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Se termina con la señal de la cruz.

Las consideraciones de los nueve días

Día 1 · 18 de noviembre · Concebida sin pecado

La jaculatoria que rodea la imagen de la medalla le da a María un título: «sin pecado concebida». Cuando Catalina la vio, en 1830, la Iglesia todavía no había definido ese dogma; lo hizo el papa Pío IX en 1854: por una gracia singular de Dios, en atención a los méritos de Jesucristo, María fue preservada de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción (CIC 491). Todo lo que ella tiene le viene de su Hijo (CIC 492), y por eso el ángel la saludó como «llena de gracia» (cf. Lc 1,28). Empieza así la novena: escoge la intención que vas a presentarle a Dios estos nueve días y dísela hoy con palabras sencillas. Pídele también un corazón limpio, como el de María.

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Día 2 · 19 de noviembre · La serpiente bajo sus pies

En el frente de la medalla, la Virgen está de pie sobre el globo y aplasta con sus pies a una serpiente. La imagen viene de lo que Dios anunció después del primer pecado: un combate entre la serpiente y la mujer, y la victoria final de un descendiente de ella (cf. Gn 3,15). El Catecismo llama a ese pasaje «Protoevangelio», el primer anuncio del Redentor, y recuerda que muchos Padres de la Iglesia vieron en esa mujer a María, la «nueva Eva» (CIC 410-411). La victoria no es de María contra el demonio, como si fueran dos fuerzas iguales: es de Cristo, y ella fue la primera en recibirla. Por eso la medalla no espanta el mal por sí misma: recuerda quién ya lo venció. Entrégale hoy a Dios una tentación que se repite en tu vida y pídele la gracia de no tener miedo.

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Día 3 · 20 de noviembre · Los rayos de sus manos

De las manos abiertas de la Virgen salen rayos de luz. Según el relato de Catalina, una voz le explicó que esos rayos eran «el símbolo de las gracias que María consigue para los hombres». En Caná, María se dio cuenta de que faltaba vino, se lo dijo a su Hijo y les pidió a los que servían que hicieran lo que él les dijera (cf. Jn 2,1-11). Eso hace siempre: lleva a Jesús y señala hacia él. El Catecismo dice que María «muestra el Camino» (CIC 2674). Hoy pídele a Dios con confianza las gracias que necesitas, también las que te da pena pedir. Y pregúntale a Jesús qué quiere que hagas tú.

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Día 4 · 21 de noviembre · La cruz y la M

En el reverso de la medalla hay una cruz sobre la letra M, la inicial de María. Las dos van juntas: la Madre no se entiende sin la cruz de su Hijo. El Catecismo dice que María se mantuvo unida a su Hijo hasta la cruz, que allí estuvo de pie y sufrió con él, y que Jesús, agonizando, se la dio como madre al discípulo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (CIC 964; cf. Jn 19,25-27). Desde ese día, cada discípulo puede recibirla en su casa. Reza hoy por alguien que carga una cruz pesada, una enfermedad, un duelo, una injusticia, y pide la gracia de quedarte a su lado sin huir y sin juzgar.

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Día 5 · 22 de noviembre · El corazón atravesado

Debajo de la M, la medalla muestra dos corazones. Uno está atravesado por una espada: es el Corazón de María. La imagen viene de lo que el anciano Simeón le dijo a la Virgen cuando ella y José presentaron al Niño en el Templo: que una espada le atravesaría el alma (cf. Lc 2,34-35). María no se libró del dolor. Vio a su Hijo rechazado, perseguido y crucificado, y lo guardó todo en su corazón; la espada no le quitó la fe. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia dice que la medalla recuerda el amor del Corazón doloroso de María (n. 206). Entrégale hoy a Dios un dolor que cargas en silencio, de esos que nadie ve, y reza por las mamás que sufren por sus hijos.

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Día 6 · 23 de noviembre · El Corazón de Jesús

El otro corazón del reverso está coronado de espinas: es el Sagrado Corazón de Jesús. El Catecismo enseña que Jesús nos amó a todos y a cada uno con un corazón humano, y que su Corazón, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación, es el gran signo de ese amor (CIC 478). Los dos corazones están juntos, pero no son iguales: uno es la fuente y el otro es el primero que la recibió. Jesús no pide que le tengamos miedo: invita a los que están cansados y agobiados a ir a él y a aprender de él, que es manso y humilde de corazón, y les promete descanso (cf. Mt 11,28-29). Si puedes, haz hoy una visita al Santísimo, o quédate unos minutos en silencio frente a un crucifijo.

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Día 7 · 24 de noviembre · Las doce estrellas

Alrededor del reverso hay doce estrellas, como la corona de doce estrellas de la mujer que san Juan vio en el cielo (cf. Ap 12,1). La revista Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, explica que recuerdan a los apóstoles, y con ellos a toda la Iglesia reunida alrededor de la Virgen; el Directorio dice que la medalla recuerda también «el misterio de la Iglesia» (n. 206). Llevar la medalla no es algo privado entre tú y la Virgen: es recordar que perteneces a un pueblo, a tu parroquia, a la Iglesia entera, con sus santos y sus pecadores. María es Madre de la Iglesia (CIC 963). Reza hoy por el papa, por tu obispo, por los sacerdotes de tu parroquia y por los que se han alejado.

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Día 8 · 25 de noviembre · La humildad de Catalina

Después de las apariciones, Catalina pasó más de cuarenta años en un asilo de París cuidando a ancianos y enfermos, sin decirle a nadie, fuera de su confesor, que la Virgen se le había aparecido. Mientras la medalla llegaba a todo el mundo, casi nadie sabía quién era la vidente; hasta 1876, el año de su muerte, no se lo contó a su superiora. Es lo mismo que cantó María en el Magníficat: Dios se fijó en la pequeñez de su esclava (cf. Lc 1,48). Catalina no fue santa por haber visto a la Virgen, sino por su fidelidad escondida de cada día, y la Iglesia la canonizó en 1947. Haz hoy un servicio sin que nadie se entere, y reza por los ancianos que viven solos.

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Día 9 · 26 de noviembre · Fe con obras

Según el relato de Catalina, la Virgen prometió grandes gracias a quienes llevaran la medalla con confianza. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia explica lo que esa promesa pide de nosotros: «una adhesión humilde y tenaz al mensaje cristiano, una oración perseverante y confiada, una conducta coherente» (n. 206). El apóstol Santiago lo dice a su manera: la fe que no tiene obras está muerta (cf. Sant 2,17). Llegar al noveno día ya es una pequeña victoria: seguiste pidiendo aunque no veías la respuesta. Ahora la novena tiene que volverse vida: la confesión, la Misa, la paciencia en casa, la ayuda a quien la necesita. Si rezas en noviembre, mañana es la fiesta: si puedes, ve a Misa y da gracias, pase lo que pase con lo que pediste.

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Texto AngelGuard: el orden de cada día, la oración para todos los días, la petición y las consideraciones de los nueve días. La señal de la cruz, el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria, como los publica Desde la Fe, revista de la Arquidiócesis de México; la jaculatoria de la Medalla Milagrosa, como la publica en español la capilla de la calle du Bac, en París.

La Virgen de la Medalla Milagrosa es la Virgen María tal como santa Catalina Labouré la vio en París, en la capilla de la calle du Bac, el 27 de noviembre de 1830: de pie sobre el globo, con rayos de luz que salían de sus manos, signo de las gracias que ella alcanza de Dios para quienes se las piden. En esta página de AngelGuard tienes los nueve días completos, cada uno con una consideración sobre un detalle de la medalla, para rezarlos en noviembre o en cualquier época del año.

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¿Cuándo empezar la novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa? Del 18 al 26 de noviembre

2 min de lecturaLa fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa es el 27 de noviembre, el aniversario de la aparición de 1830 en la que santa Catalina Labouré recibió el modelo de la medalla.

La fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa es el 27 de noviembre, el aniversario de la aparición de 1830 en la que santa Catalina Labouré recibió el modelo de la medalla. Para que el noveno día caiga en la víspera y el 27 sea el día de dar gracias, la novena empieza el 18 de noviembre:

  • 18 de noviembre: día 1, concebida sin pecado
  • 19 de noviembre: día 2, la serpiente bajo sus pies
  • 20 de noviembre: día 3, los rayos de sus manos
  • 21 de noviembre: día 4, la cruz y la M
  • 22 de noviembre: día 5, el corazón de María
  • 23 de noviembre: día 6, el Corazón de Jesús
  • 24 de noviembre: día 7, las doce estrellas
  • 25 de noviembre: día 8, la humildad de Catalina
  • 26 de noviembre: día 9, víspera de la fiesta

Si prefieres que el último día sea la fiesta misma, empieza el 19 y termina el 27 con la Misa. Las dos formas están bien: lo que cuenta son los nueve días, no cuál es el último. Al día siguiente de la fiesta, el 28 de noviembre, la capilla de la calle du Bac recuerda a santa Catalina Labouré, y en esos mismos días empieza el Adviento.

En cualquier época del año. La fecha de noviembre es una costumbre, no una condición. Puedes empezar la novena el día que la necesites y contar nueve días desde ahí: las consideraciones sirven para cualquier mes.

Cuánto tiempo lleva. Entre diez y quince minutos al día. Todos los días siguen el mismo camino: la señal de la cruz, la oración para todos los días, la consideración del día sobre un detalle de la medalla, tu intención en silencio, un Padre nuestro, tres Ave María, cada una seguida de la jaculatoria, un Gloria y la petición.

Santa Catalina Labouré y la historia de la Medalla Milagrosa

3 min de lecturaCatalina Labouré nació en Francia el 2 de mayo de 1806 y perdió a su mamá a los nueve años.

Catalina. Catalina Labouré nació en Francia el 2 de mayo de 1806 y perdió a su mamá a los nueve años. En 1830 era novicia de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en su casa de la calle du Bac, en París.

Las apariciones. La noche del 18 al 19 de julio de 1830, víspera de la fiesta de san Vicente de Paúl, Catalina vio por primera vez a la Virgen en la capilla de la casa. El 27 de noviembre de ese año, hacia las cinco y media de la tarde, mientras las novicias hacían oración, la vio de nuevo: de pie sobre el globo, aplastando a una serpiente, con rayos de luz que salían de sus manos, dentro de un óvalo con una inscripción en letras de oro: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Oyó una voz que le pedía hacer acuñar una medalla según ese modelo, y que prometía grandes gracias a las personas que la llevaran con confianza. Después el cuadro se volteó y le mostró el reverso: una cruz sobre la letra M y dos corazones, uno coronado de espinas y otro atravesado por una espada. En diciembre volvió a ver el mismo cuadro.

La medalla. Su confesor, el padre Aladel, consiguió la autorización del arzobispo, y en junio de 1832, el año de la gran epidemia de cólera en París, las Hijas de la Caridad repartieron las primeras dos mil medallas. Al principio se llamaba medalla de la Inmaculada Concepción; fue la gente, por los muchos favores que atribuía a Dios por medio de ella, la que empezó a llamarla «milagrosa». En 1854, el papa Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción. Y en 1917, san Maximiliano Kolbe la adoptó como distintivo de la Milicia de la Inmaculada, que había fundado en Roma.

La santa. Al terminar el noviciado, Catalina fue enviada a un asilo del este de París, donde cuidó a ancianos y enfermos durante más de cuarenta años sin contar su secreto. Solo en 1876 se lo reveló a su superiora, y murió el 31 de diciembre de ese año. El papa Pío XII la canonizó en 1947. Su cuerpo descansa en la capilla de la calle du Bac, donde la Virgen se le apareció.

Las apariciones de la calle du Bac son una revelación privada. La Iglesia acoge esta devoción y canonizó a Catalina, pero las revelaciones privadas no pertenecen al depósito de la fe: ayudan a vivirla mejor en una época de la historia (CIC 67).

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Qué significa la Medalla Milagrosa: el frente y el reverso

2 min de lectura

El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia cuenta que la Medalla Milagrosa ha sido llamada «microcosmos mariano» por todo lo que dice en tan poco espacio: la Redención, el amor de los Corazones de Jesús y de María, el papel de la Virgen como mediadora que intercede por nosotros, el misterio de la Iglesia y el lazo entre la tierra y el cielo (n. 206). Cada detalle tiene su día en esta novena.

  • La Virgen de pie sobre el globo: el globo representa la tierra, el mundo entero.
  • La serpiente bajo sus pies: la victoria de Cristo sobre el mal, anunciada desde el Génesis (día 2).
  • Los rayos que salen de sus manos: las gracias que Dios concede, por intercesión de María, a quienes se las piden (día 3).
  • La inscripción «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti»: la Inmaculada Concepción, veinticuatro años antes de que se definiera el dogma (día 1).
  • La cruz sobre la M: María unida a la cruz de su Hijo (día 4).
  • El corazón atravesado por una espada: el Corazón de María (día 5).
  • El corazón coronado de espinas: el Sagrado Corazón de Jesús (día 6).
  • Las doce estrellas: los apóstoles y la Iglesia (día 7).

En el frente se lee también el año 1830, el de las apariciones.

¿La Medalla Milagrosa es un amuleto? Lo que enseña la Iglesia

2 min de lectura

Un signo, no un talismán. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia dice que a los fieles les gusta llevar medallas con la imagen de la Virgen como testimonio de fe, signo de veneración y expresión de confianza en su protección de madre, y que la Iglesia las bendice porque «sirven para rememorar el amor de Dios y para aumentar la confianza en la Virgen María». Y es muy claro: la Medalla Milagrosa, como las demás medallas de la Virgen, «no es un talismán ni debe conducir a una vana credulidad» (n. 206). El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones o de los signos a su sola materialidad, sin las disposiciones del corazón (CIC 2111), y dice que llevar amuletos es reprensible (CIC 2117).

¿Hay que bendecirla? No es una condición para llevarla ni para rezar la novena. El Directorio pide un rito propio para imponer el escapulario del Carmen (n. 205), pero de las medallas solo dice que los fieles las llevan y que la Iglesia las bendice (n. 206). Aun así, es una buena costumbre pedirle a un sacerdote o a un diácono que la bendiga (CIC 1669). Bendecida, la medalla es un sacramental: no da la gracia como un sacramento, pero por la oración de la Iglesia prepara para recibirla (CIC 1667, 1670). Sobre el escapulario, puedes leer la oración a la Virgen del Carmen.

Ni cadenas ni promesas. Ninguna novena hay que reenviarla a cierto número de personas para que funcione, y ninguna medalla garantiza un resultado. La gracia es un regalo de Dios; la medalla es un recordatorio para pedirla y para vivir de acuerdo con ella.

Cómo rezar la novena en casa o en familia

1 min de lecturaBasta una imagen de la Virgen o una cruz, una veladora y unos minutos de silencio.

Un lugar. Basta una imagen de la Virgen o una cruz, una veladora y unos minutos de silencio. Si tienes la medalla, tenla en la mano mientras rezas; si no la tienes, la novena vale igual.

Alguien que guíe. Cualquier persona puede guiar la novena: lee la oración para todos los días, la consideración y la petición, y los demás responden el Padre nuestro, las Ave María con la jaculatoria y el Gloria. Los niños pueden leer la consideración del día.

Una intención. Lo tradicional es pedir por la misma intención los nueve días: la salud de alguien, un trabajo, la paz en la casa, un hijo que se alejó de la fe, un perdón que cuesta.

Si te saltas un día. No hay que empezar de nuevo. Reza ese día junto con el siguiente o añade un día al final. Y si empezaste tarde, empieza hoy: una novena que termina después del 27 de noviembre no es una novena perdida.

Si quieres rezar más. Puedes añadir un misterio del Santo Rosario, o terminar con la oración a la Inmaculada Concepción, que acaba con la misma jaculatoria.

Preguntas

¿Quién es la Virgen de la Medalla Milagrosa?

Es la misma Virgen María, invocada con el título que recuerda sus apariciones de 1830 a santa Catalina Labouré, en París. En la imagen está de pie sobre el globo, aplastando a una serpiente, y de sus manos salen rayos de luz, signo de las gracias que alcanza de Dios para quienes se las piden. Muchos la llaman también la Virgen Milagrosa.

¿Cuándo es el día de la Virgen de la Medalla Milagrosa?

El 27 de noviembre, aniversario de la aparición de 1830 en la que santa Catalina Labouré recibió el modelo de la medalla. La novena se reza antes, del 18 al 26 de noviembre, para llegar a la fiesta con el corazón preparado.

¿Cuál es la oración de la Medalla Milagrosa?

La que santa Catalina vio escrita en letras de oro alrededor de la imagen de la Virgen: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Muchos la aprendieron con el trato de antes, «que recurrimos a Vos», como aparece en la versión española de la oración de san Juan Pablo II en esa capilla, en 1980: es la misma oración. En esta novena se dice después de cada Ave María, y cada día trae además una oración a Dios por intercesión de María.

¿Cómo se reza la novena a la Medalla Milagrosa?

Nueve días seguidos, del 18 al 26 de noviembre o cuando la necesites: la señal de la cruz, la oración para todos los días, la consideración del día, tu intención en silencio, un Padre nuestro, tres Ave María, cada una seguida de la jaculatoria, un Gloria y la petición. Lleva entre diez y quince minutos, y los nueve días están completos en esta página.

¿Dónde se apareció la Virgen de la Medalla Milagrosa?

En París, en la capilla de la casa de las Hijas de la Caridad, en el número 140 de la calle du Bac. Ahí se le apareció a santa Catalina Labouré la noche del 18 al 19 de julio de 1830 y otra vez el 27 de noviembre de ese año, cuando le mostró el modelo de la medalla. Su cuerpo descansa en esa misma capilla.

¿Qué significan las 12 estrellas de la Medalla Milagrosa?

Las doce estrellas rodean el reverso de la medalla, como la corona de doce estrellas de la mujer del Apocalipsis (cf. Ap 12,1). La revista Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, explica que recuerdan a los apóstoles, y con ellos a toda la Iglesia reunida alrededor de la Virgen. Quien lleva la medalla recuerda que pertenece a un pueblo: la Iglesia.

¿Hay que bendecir la Medalla Milagrosa?

No es una condición para llevarla ni para rezar la novena, pero es una buena costumbre. La Iglesia bendice las medallas de la Virgen porque «sirven para rememorar el amor de Dios y para aumentar la confianza en la Virgen María» (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 206). Pídele a un sacerdote o a un diácono que la bendiga, por ejemplo al terminar la Misa.

¿Para qué sirve la Medalla Milagrosa y de qué protege?

Sirve para recordar el amor de Dios y para confiar en la protección de la Virgen, pero no protege como un amuleto: la Iglesia enseña que la Medalla Milagrosa «no es un talismán ni debe conducir a una vana credulidad» (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 206). Es un signo de fe: quien la lleva con confianza se pone bajo el cuidado de María y le pide a Dios, por su intercesión, que lo guarde del mal, sobre todo del pecado. Ella siempre lleva a Jesús.

¿Qué se le pide a la Virgen de la Medalla Milagrosa?

Cualquier gracia que necesites: la salud, un trabajo, la paz en la casa, la vuelta de un hijo a la fe, un perdón. Según el relato de santa Catalina, los rayos que salen de las manos de María son el signo de las gracias que Dios concede por su intercesión a quienes se las piden. Pídele que lleve tu petición a Jesús, como en Caná, y pide también la fuerza para hacer lo que él te diga.