Salmo 91 — bajo la protección del Altísimo

Salmo

Salmo 91: el salmo de la protección de Dios

El salmo de quien se acoge al asilo del Altísimo, completo en la traducción católica de Félix Torres Amat, con su sentido verso a verso

El Salmo 91 (el 90 en la Vulgata) es la oración de quien se refugia en Dios: “El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo”. La Iglesia lo reza los domingos por la noche, en las Completas, y se reza con confianza de hijo, no como amuleto. En AngelGuard tienes aquí sus 16 versos en la traducción católica de Félix Torres Amat y el sentido de cada uno.

Alabanza y cántico de David.

1El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo.

2Él dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré.

3Porque él me ha librado del lazo de los cazadores, y de terribles adversidades.

4Con sus alas te hará sombra; y debajo de sus plumas estarás confiado.

5Su verdad te cercará como escudo: no temerás terrores nocturnos,

6ni la saeta disparada de día; no al enemigo que anda entre tinieblas, ni los asaltos del demonio en medio del día.

7Caerán a tu lado [izquierdo] mil [saetas] y diez mil a tu diestra; mas ninguna te tocará a ti.

8Tú lo estarás contemplando con tus [propios] ojos, y verás el pago que se da a los pecadores, [y exclamarás]:

9[¡Oh], y cómo eres tú, oh Señor, mi esperanza! Tú, [oh justo], has escogido al Altísimo para asilo tuyo.

10No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada.

11Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti: los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres.

12Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra.

13Andarás sobre áspides y basiliscos, y hollarás los leones y dragones:

14Ya que ha esperado en mí, yo le libraré: yo le protegeré, pues que ha conocido [o adorado] mi Nombre.

15Clamará a mí, y le oiré benigno. Con él estoy en la tribulación: pondrele en salvo, y llenarle he de gloria.

16Le saciaré con una vida muy larga; y le haré ver el Salvador que enviaré.

Traducción de Félix Torres Amat, de la Vulgata latina, donde este es el Salmo 90 (Madrid, 1825, tomo IV, págs. 118–119). Ortografía actualizada, sin cambiar las palabras; entre corchetes, lo que Torres Amat imprime en cursiva. Dominio público.

Texto original (ortografía de 1825)

Alabanza y cántico de David.

1El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la proteccion del Dios del cielo.

2Él dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mio en quien esperaré.

3Porque él me ha librado del lazo de los cazadores, y de terribles adversidades.

4Con sus alas te hará sombra; y debajo de sus plumas estarás confiado.

5Su verdad te cercará como escudo: no temerás terrores nocturnos,

6ni la saeta disparada de dia; no al enemigo que anda entre tinieblas, ni los asaltos del demonio en medio del dia.

7Caerán á tu lado [izquierdo] mil [saetas] y diez mil á tu diestra; mas ninguna te tocará á ti.

8Tú lo estarás contemplando con tus [propios] ojos, y verás el pago que se dá á los pecadores, [y esclamarás]:

9[¡Oh], y cómo eres tú, ó Señor, mi esperanza! Tú, [ó justo], has escogido al Altísimo para asilo tuyo.

10No llegará á tí el mal, ni el azote se acercará á tu morada.

11Porque él mandó á sus ángeles que cuidasen de tí: los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres.

12Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pié en alguna piedra.

13Andarás sobre áspides y basiliscos, y hollarás los leones y dragones:

14Ya que ha esperado en mí, yo le libraré: yo le protegeré, pues que ha conocido [ó adorado] mi Nombre.

15Clamará á mí, y le oiré benigno. Con él estoy en la tribulacion: pondréle en salvo, y llenarle he de gloria.

16Le saciaré con una vida muy larga; y le haré ver el Salvador que enviaré.

Entre corchetes, las palabras impresas en cursiva. En el verso 4, una nota del impreso remite a Deuteronomio 32,11.

La Sagrada Biblia nuevamente traducida de la Vulgata latina al español, por Don Félix Torres Amat. Tomo IV del Antiguo Testamento. Madrid: Imprenta de Don León Amarita, 1825, págs. 118–119 (Salmo XC).

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¿Qué significa el Salmo 91? Su sentido verso a verso

4 min de lecturaEl Salmo 91 es un diálogo de confianza a tres voces.

El Salmo 91 es un diálogo de confianza a tres voces. En los versos 1 a 3 habla un creyente que ha hecho de Dios su casa y lo dice en voz alta: “Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré”. Del verso 4 al 13 esa misma voz se vuelve hacia otro creyente, como quien anima a un hermano, y por eso el texto pasa a decir “te” y “tú”. En los versos 14 a 16 habla Dios mismo, que responde con promesas. No es una fórmula para repetir: es una conversación entre el creyente, su hermano y Dios.

Versos 1–3: vivir al amparo de Dios. Torres Amat traduce “El que se acoge al asilo del Altísimo”. Un asilo es el lugar donde nadie puede tocar al perseguido. La promesa no es para quien visita a Dios de vez en cuando, sino para quien se queda bajo su protección: “descansará siempre”. La razón de esa confianza es la experiencia: Dios ya lo libró “del lazo de los cazadores”, de las trampas que otros le tendieron, y de “terribles adversidades”.

Versos 4–6: las alas y el escudo. El salmo usa dos imágenes. Una es tierna: “Con sus alas te hará sombra”, como el ave que cubre a sus crías; en este verso una nota del propio Torres Amat remite a Dt 32,11, donde Dios cuida a su pueblo como el águila a sus polluelos. La otra es firme: “Su verdad te cercará como escudo”. El escudo es la verdad de Dios, es decir, su fidelidad a lo que promete. Después el salmo nombra los miedos uno por uno: los terrores de la noche, la saeta que vuela de día, el enemigo que anda entre tinieblas, “los asaltos del demonio en medio del día”. Es el mapa completo del miedo humano, de noche y de día, lo que viene de fuera y lo que nace dentro.

Versos 7–8: en medio del peligro. Torres Amat añade en cursiva dos palabras para que se entienda la imagen, “izquierdo” y “saetas”: mil flechas caen a un lado y diez mil al otro del que camina con Dios, y ninguna lo toca. No es una promesa de que nunca pasará nada malo; es el lenguaje poético de quien atraviesa la prueba sin perder la paz, porque sabe en quién se apoya.

Versos 9–13: la exclamación del justo y los ángeles. En esta traducción, el verso 9 es lo que exclama el justo cuando ve la fidelidad de Dios: “¡Oh, y cómo eres tú, oh Señor, mi esperanza!”. Siguen los versos más conocidos: “Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti: los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres”. Son las palabras que el demonio citó a Jesús en el desierto (Mt 4,6; Lc 4,10-11). Los áspides, basiliscos, leones y dragones del verso 13 resumen todas las fuerzas del mal; el cristiano los lee a la luz de la victoria de Cristo.

Versos 14–16: Dios responde. La última palabra es de Dios, y aclara a quién se dirige la promesa: a quien “ha esperado en mí” y ha conocido su Nombre. Dios no promete que no habrá tribulación; promete estar dentro de ella: “Con él estoy en la tribulación”. Y el salmo termina mirando más allá de esta vida: “le haré ver el Salvador que enviaré”. Así traduce Torres Amat el final, y el cristiano reconoce en ese Salvador a Jesús.

Dios altísimo, que abres tu casa a quien te busca: no quiero acudir a Ti solo cuando tengo miedo, sino vivir cada día bajo tu sombra. Cúbreme con tus alas, líbrame de las trampas y de las adversidades, y hazme reconocer que estás conmigo en toda tribulación. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Salmo 91 para protección: confianza en Dios, no amuleto

3 min de lecturaEl Salmo 91 se reza para pedir la protección de Dios, poniendo en sus manos la propia vida y la de los seres queridos con confianza de hijo.

El Salmo 91 se reza para pedir la protección de Dios, poniendo en sus manos la propia vida y la de los seres queridos con confianza de hijo. Por eso tanta gente lo busca en un momento de miedo: un viaje largo, una operación, un hijo que sale de noche, una enfermedad en la familia. Ese deseo es bueno; el salmo nació para eso. Pero conviene decir con claridad qué es y qué no es.

El Salmo 91 no es una contraseña que obliga a Dios ni un objeto que protege por sí mismo. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones a su sola materialidad, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen (CIC 2111), y enseña que llevar amuletos es reprensible (CIC 2117). Rezarlo un número fijo de veces para que “funcione”, o guardarlo en la cartera como talismán, cambia el sentido de la oración: ya no se confía en Dios, sino en la fórmula.

El Evangelio muestra el riesgo. En las tentaciones, el demonio llevó a Jesús a Jerusalén, a lo alto del templo y, citando precisamente los versos 11 y 12 de este salmo, le propuso lanzarse al vacío para que los ángeles lo sostuvieran (Lc 4,9-11). Jesús le respondió con otra palabra de la Escritura, la que prohíbe tentar a Dios (Lc 4,12; Dt 6,16). El Catecismo explica que tentar a Dios es poner a prueba su bondad y su omnipotencia para obligarlo a actuar, y que eso lesiona el respeto y la confianza que le debemos (CIC 2119). Usar el Salmo 91 como garantía contra todo mal sería repetir, sin querer, la lectura del tentador.

Hay quien deja la Biblia abierta en el Salmo 91 en la casa o en el negocio. Tener la Palabra de Dios a la vista puede ser un buen recordatorio para rezar, pero la página abierta no protege por sí sola: lo que da fruto es leerla y rezarla. Y confiar en Dios no quita la prudencia: rezar el salmo no reemplaza al médico, el cuidado al manejar ni las precauciones de cada día. Muchas veces Dios nos cuida precisamente a través de esas personas y de esos medios.

Padre del cielo, pongo en tus manos lo que me da miedo y a las personas que más quiero. No vengo a exigirte señales ni a ponerte a prueba: vengo a confiar en Ti como confió Jesús. Guárdanos de todo mal, según tu voluntad, y si llega la tribulación, quédate con nosotros dentro de ella. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¿Cuándo se reza el Salmo 91?

2 min de lecturaEl Salmo 91 se puede rezar a cualquier hora, pero su lugar propio es la noche: la Iglesia lo reza los domingos en las Completas, la oración con la que se cierra el día.

El Salmo 91 se puede rezar a cualquier hora, pero su lugar propio es la noche: la Iglesia lo reza los domingos en las Completas, la oración con la que se cierra el día. Estos son los momentos en que más ayuda.

Antes de dormir. Los “terrores nocturnos” del verso 5 toman aquí un sentido concreto: entregar a Dios la noche, la casa y a quienes duermen en ella. Durante siglos, los monjes benedictinos lo rezaron todas las noches.

Antes de una prueba. Una cirugía, un viaje por carretera, un examen, una entrevista de trabajo, una decisión difícil. No para “cerrarse” contra el mal, sino para recordar a quién perteneces.

En tiempo de desánimo. Algunos monjes antiguos llamaban “demonio del mediodía” a la acedia, ese cansancio del alma que llega a mitad del camino y quita el gusto por las cosas de Dios. Cuando rezar parece inútil, este salmo devuelve la confianza.

Por otra persona. Como buena parte del salmo habla a un “tú”, es natural rezarlo pensando en alguien: un hijo, el esposo o la esposa, un enfermo, un familiar que vive lejos. Léelo despacio y, en cada verso, pon a esa persona delante de Dios.

En Cuaresma. En el primer domingo de Cuaresma del ciclo C, la Iglesia lo canta como salmo responsorial, el día en que se lee el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto según san Lucas (Lc 4,1-13).

Señor, al terminar este día me pongo bajo tus alas. Cuida esta casa y a todos los que descansan en ella; aleja de nosotros los miedos de la noche y danos un sueño tranquilo, para que mañana te sirvamos con alegría. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Qué enseña la Iglesia sobre la protección de Dios y los ángeles

3 min de lecturaLa Iglesia enseña que la protección de Dios es real y concreta, que los ángeles nos acompañan, y que esa protección no significa que el creyente nunca vaya a sufrir.

La Iglesia enseña que la protección de Dios es real y concreta, que los ángeles nos acompañan, y que esa protección no significa que el creyente nunca vaya a sufrir.

Los salmos son oración de Cristo y de la Iglesia. El Catecismo llama a los salmos la obra maestra de la oración en el Antiguo Testamento (CIC 2585) y enseña que, rezados por Cristo y cumplidos en Él, siguen siendo esenciales en la oración de la Iglesia (CIC 2586) y se adaptan a las personas de toda condición y de todo tiempo (CIC 2597). Por eso la Iglesia lee el Salmo 91 a la luz de Jesús, el justo que vivió del todo al amparo del Padre.

La providencia es concreta. Según el Catecismo, Dios no abandona a sus criaturas después de crearlas, sino que las sostiene en el ser a cada instante (CIC 301), y la solicitud de su providencia es “concreta e inmediata”: cuida de todo, desde las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos (CIC 303). Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre (CIC 305). El Salmo 91 es la oración de ese abandono.

Los ángeles son reales. La existencia de los ángeles es una verdad de fe (CIC 328). Y cuando el Catecismo enseña que, desde la infancia hasta la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia de los ángeles, cita precisamente este salmo (CIC 336, que remite a los versos 10 a 13).

¿Y cuando el mal llega? Es la pregunta honesta de quien reza el salmo y aun así sufre. El Catecismo no da una respuesta fácil: dice que a esa pregunta solo responde el conjunto de la fe cristiana (CIC 309), y que Dios no permitiría el mal si no sacara de él un bien, por caminos que solo conoceremos del todo en la vida eterna (CIC 324). Sobre la oración que parece no ser escuchada, invita a preguntarse si buscamos a Dios como un medio o como el Padre de nuestro Señor Jesucristo (CIC 2735). El verso 15 ya lo decía: Dios no promete que no habrá tribulación, sino que estará con nosotros en ella.

Dios fiel, cuya verdad es escudo para quien espera en Ti: aumenta mi fe cuando no entiendo tus caminos. Que no te busque como un medio, sino como Padre, y que en la alegría y en el dolor nunca deje de vivir bajo tu amparo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Cómo rezar el Salmo 91: Completas y lectura orante

2 min de lecturaHay dos maneras sencillas de rezar el Salmo 91 con la Iglesia: unirse a las Completas del domingo o rezarlo despacio en lectura orante.

Hay dos maneras sencillas de rezar el Salmo 91 con la Iglesia: unirse a las Completas del domingo o rezarlo despacio en lectura orante.

En las Completas del domingo. En la Liturgia de las Horas, el Salmo 91 (que los libros litúrgicos numeran como 90) es el salmo de las Completas del domingo después de las segundas Vísperas, la última oración del día del Señor. Rezarlo el domingo en la noche es unir tu voz a la de toda la Iglesia, que en ese momento pone la semana que empieza en manos de Dios.

En lectura orante. El Catecismo recuerda que la lectio divina, en la que la Palabra de Dios se lee y se medita para convertirse en oración, tiene su raíz en la liturgia (CIC 1177). Un modo sencillo de hacerlo con este salmo:

1. Lee el salmo completo, despacio, en voz baja. 2. Medita: quédate con un verso que te haya tocado, por ejemplo “el Dios mío en quien esperaré”, y pregúntate qué te dice hoy. 3. Reza: respóndele a Dios con tus propias palabras y ponle nombre a tus miedos. 4. Contempla: guarda unos momentos de silencio, solo descansando bajo la protección del Dios del cielo.

En familia. Por su forma de diálogo, el salmo se presta para rezarlo entre varios: uno lee los versos que habla el creyente, otro los que se dirigen al “tú”, y todos juntos los tres últimos, en los que habla Dios.

Señor, que tu Palabra no se quede en mis labios. Mientras rezo este salmo, abre mi corazón para escuchar lo que hoy me dices y dame la paz de quien descansa en Ti. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

El Salmo 91 en la historia de la Iglesia y en la traducción de Torres Amat

2 min de lecturaEl Salmo 91 acompaña la oración de la noche de la Iglesia desde el siglo VI por lo menos, y el texto de esta página es el de la traducción católica de Félix Torres Amat, publicada en Madrid entre 1823 y 1825.

El Salmo 91 acompaña la oración de la noche de la Iglesia desde el siglo VI por lo menos, y el texto de esta página es el de la traducción católica de Félix Torres Amat, publicada en Madrid entre 1823 y 1825.

La oración de la noche de los monjes. En la Regla de san Benito (siglo VI), el capítulo 18 dispone que en las Completas se repitan cada día los mismos salmos: el 4, el 90 y el 133, en la numeración latina. Generaciones enteras de monjes se fueron a dormir con las palabras de este salmo.

El “demonio del mediodía”. Juan Casiano, maestro de monjes del siglo V, cuenta en sus Instituciones (libro X, capítulo 1) que algunos ancianos identificaban la acedia con el demonio del mediodía del salmo 90. El Catecismo también habla de la acedia como una tentación de la vida de oración, un desaliento que nace del descuido de la vigilancia (CIC 2733).

La traducción de esta página. El texto es el de Félix Torres Amat (1772–1847), sacerdote catalán y más tarde obispo de Astorga, que publicó en Madrid, entre 1823 y 1825, una Biblia completa traducida de la Vulgata latina. Su edición imprime al pie de cada página el texto latino. Este salmo está en el tomo IV (1825), en las páginas 118 y 119. Como sigue la numeración de la Vulgata, en ese libro este es el Salmo XC.

Las palabras entre corchetes. Torres Amat intercaló en el texto algunas palabras propias para aclarar el sentido, impresas en cursiva. Él mismo lo explica en el prólogo de ese tomo: muchas notas quedaron reducidas a “una ó dos palabras que se han intercalado en el testo, pero con letra diferente”. Aquí esas palabras van entre corchetes, para que sepas qué es del traductor.

¿Por qué suena distinto? Si conoces este salmo con otras palabras, es porque muchas Biblias actuales traducen directamente del hebreo, y Torres Amat tradujo de la Vulgata. Aquí el texto está en ortografía actual, sin cambiar ninguna palabra; debajo encontrarás también la ortografía original de 1825 (“proteccion”, “dia”, “esclamarás”, “pié”…).

Preguntas

¿Cuál es el Salmo 91 completo en la Biblia católica?

El Salmo 91 tiene 16 versos y un título, “Alabanza y cántico de David”. En la traducción católica de Félix Torres Amat empieza: “El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo”, y termina: “Le saciaré con una vida muy larga; y le haré ver el Salvador que enviaré”. El texto completo está al principio de esta página.

¿Para qué sirve el Salmo 91?

Sirve para poner la vida en manos de Dios con confianza, sobre todo de noche, ante un peligro, en la enfermedad o en tiempo de tentación. Enseña a hacer de Dios nuestra casa y recuerda que Él está con nosotros en la tribulación. No funciona por sí solo, como una fórmula: lo que protege es Dios, a quien el salmo nos lleva (CIC 2111).

¿Quien reza el Salmo 91 ya no sufre ningún mal?

No es eso lo que promete el salmo. En el verso 15 Dios dice: “Con él estoy en la tribulación”; la tribulación sigue siendo posible, pero el creyente no la atraviesa solo. Jesús, el justo por excelencia, también sufrió. La Iglesia enseña que Dios puede sacar un bien incluso del mal que permite (CIC 324) y que confiar en Él no es exigirle pruebas (CIC 2119).

¿Es malo dejar la Biblia abierta en el Salmo 91?

No es malo tener la Biblia a la vista como signo de que la Palabra de Dios tiene lugar en tu casa y como recordatorio para rezar. Lo que no se debe es tratar la página abierta como un amuleto que protege por sí mismo; el Catecismo llama a eso superstición (CIC 2111, 2117). Mejor que dejarla abierta es rezar el salmo, solo o en familia.

¿Por qué en algunas Biblias es el Salmo 90?

Hay dos numeraciones de los salmos. La hebrea, que usan la mayoría de las Biblias actuales y los buscadores, lo llama Salmo 91. La griega y latina, que siguen la Vulgata, Torres Amat y los libros litúrgicos, lo llama Salmo 90, porque en ella los salmos 9 y 10 cuentan como uno solo. Es el mismo salmo; muchas ediciones lo indican como Salmo 90 (91).

¿A qué hora se reza el Salmo 91?

Se puede rezar a cualquier hora, pero la tradición de la Iglesia lo reza de noche: es el salmo de las Completas del domingo en la Liturgia de las Horas y, según la Regla de san Benito, los monjes lo rezaban todas las noches. Rezarlo antes de dormir es una forma sencilla de entregar a Dios el día que termina.