Salmo 23: el Señor es mi pastor

Salmo

Salmo 23: el Señor es mi pastor, completo y explicado

El salmo del Buen Pastor en la traducción católica de Félix Torres Amat, verso por verso y como lo reza la Iglesia

El Salmo 23, conocido como «El Señor es mi pastor», es la oración de confianza de quien se sabe guiado por Dios en todo: los pastos, el camino, la sombra de la muerte y la mesa preparada. En la traducción católica de Félix Torres Amat, hecha de la Vulgata latina, empieza así: «El Señor me pastorea, nada me faltará». En AngelGuard tienes aquí el salmo completo, el sentido de cada verso y cómo lo reza la Iglesia.

1Salmo de David. El Señor me pastorea, nada me faltará.

2Él me ha colocado en lugar de pastos: me ha conducido junto a unas aguas que restauran [y recrean].

3Convirtió a mi alma. Me ha conducido por los senderos de la justicia, para gloria de su Nombre.

4De esta suerte, aunque caminase yo por medio de la sombra de la muerte, no temeré ningún desastre; porque tú estás conmigo. Tu vara y tu báculo han sido mi consuelo.

5Aparejaste delante de mí una mesa [abundante], a la vista de mis perseguidores. Bañaste de óleo [o perfumaste] mi cabeza. ¡Y cuán excelente es el cáliz mío que [santamente] embriaga!

6Y me seguirá tu misericordia todos los días de mi vida; a fin de que yo more en la casa del Señor por largo tiempo.

Traducción de Félix Torres Amat (1772–1847), de la Vulgata latina (Madrid, 1825, tomo IV, pp. 30–31), donde este es el Salmo XXII. Ortografía actualizada, sin cambiar ninguna palabra; entre corchetes, las palabras que Torres Amat imprimió en cursiva. Texto de dominio público.

Texto original (ortografía de 1825)

1Salmo de David. El Señor me pastoréa, nada me faltará.

2El me ha colocado en lugar de pastos: me ha conducido junto á unas aguas que restauran [y recrean].

3Convirtió á mi alma. Me ha conducido por los senderos de la justicia, para gloria de su Nombre.

4De esta suerte, aunque caminase yo por medio de la sombra de la muerte, no temeré ningun desastre; porque tú estás conmigo. Tu vara y tu báculo han sido mi consuelo.

5Aparejaste delante de mí una mesa [abundante], á la vista de mis perseguidores. Bañaste de óleo [ó perfumaste] mi cabeza. ¡Y cuán escelente es el cáliz mio que [santamente] embriaga!

6Y me seguirá tu misericordia todos los dias de mi vida; á fin de que yo more en la casa del Señor por largo tiempo.

Entre corchetes, las palabras que el impreso trae en cursiva. Sin las llamadas de nota ni los espacios antes de los signos; los hemistiquios que el impreso compone en renglón aparte van en la línea de su verso. Continúa en la página 31: https://archive.org/details/A030137/page/n38/mode/1up

La Sagrada Biblia nuevamente traducida de la Vulgata latina al español, por Don Félix Torres Amat, tomo IV, Madrid: Imprenta de Don Leon Amarita, 1825, pp. 30–31 (Salmo XXII).

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¿Qué significa el Salmo 23? Verso por verso

3 min de lecturaEl Salmo 23 dice que Dios cuida de quien confía en él como un pastor cuida de su oveja: le da pasto y agua, lo guía por el buen camino, lo acompaña en la oscuridad y al final lo sienta a su mesa.

El Salmo 23 dice que Dios cuida de quien confía en él como un pastor cuida de su oveja: le da pasto y agua, lo guía por el buen camino, lo acompaña en la oscuridad y al final lo sienta a su mesa. Torres Amat lo resume en la línea que imprimió sobre el salmo: «A quien Dios apacienta, nada le falta».

Verso 1: «El Señor me pastorea, nada me faltará». Todo el salmo cabe en esta frase. El latín de la Vulgata, impreso en la misma página, dice Dominus regit me: «el Señor me rige». Torres Amat lo tradujo con un verbo de pastor, «me pastorea», y así conservó la imagen. «Nada me faltará» no promete riqueza: dice que, con este pastor, no falta lo necesario.

Versos 2 y 3: pastos, agua y camino. El pastor «me ha colocado en lugar de pastos» y «me ha conducido junto a unas aguas que restauran»: agua que devuelve las fuerzas. Luego «convirtió a mi alma», es decir, la hizo volver cuando estaba cansada o perdida. Y la guía «por los senderos de la justicia, para gloria de su Nombre»: Dios no conduce por nuestros méritos, sino porque es fiel a sí mismo.

Verso 4: la sombra de la muerte. Es el centro del salmo, y ahí cambia la manera de hablar. Hasta ahora se hablaba del Señor («él me ha colocado»); ahora se le habla a él: «porque tú estás conmigo». En la oscuridad, Dios deja de ser un tema y se vuelve compañía. Sobre «tu vara y tu báculo», Torres Amat puso una nota al pie: «con que me has corregido y sostenido». La vara corrige y el báculo sostiene; ninguno de los dos quita la oscuridad, pero los dos consuelan dentro de ella.

Verso 5: la mesa, el óleo y el cáliz. El pastor se vuelve anfitrión. Prepara una mesa «a la vista de mis perseguidores»: el honor llega en medio de la hostilidad, no después de ella. El óleo sobre la cabeza es signo de abundancia y de alegría; el Catecismo cita precisamente este verso al explicar lo que significa la unción con aceite (CIC 1293). Y el cáliz «que embriaga» habla de una alegría que se desborda.

Verso 6: la misericordia que te sigue. «Y me seguirá tu misericordia todos los días de mi vida.» No es el creyente quien persigue la misericordia: es la misericordia la que va detrás de él. El salmo termina con un deseo: morar «en la casa del Señor por largo tiempo». Para el cristiano, esa casa no se acaba.

Señor, pastor mío, tú conoces el camino que yo no veo. Llévame a tus pastos, haz volver mi alma cuando se aleje y, cuando tenga que pasar por la sombra, recuérdame que tú estás conmigo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¿Por qué aquí no dice «El Señor es mi pastor, nada me falta»?

2 min de lecturaPorque esta página muestra la traducción católica de Félix Torres Amat, hecha de la Vulgata latina, y no una traducción moderna hecha del hebreo.

Porque esta página muestra la traducción católica de Félix Torres Amat, hecha de la Vulgata latina, y no una traducción moderna hecha del hebreo. Es el mismo salmo y dice lo mismo; cambian las palabras.

La forma que casi todos conocen, «El Señor es mi pastor, nada me falta», es la de las traducciones modernas hechas desde el hebreo. La escuchas en Misa, porque así la trae el Leccionario que se usa en México, y la usan también Biblias evangélicas recientes. La Reina-Valera, la Biblia clásica de las iglesias evangélicas, no dice «el Señor» en este verso, sino «Jehová».

¿Por qué no ponemos aquí ninguna de esas traducciones? Las modernas, católicas o no, tienen derechos de autor vigentes. La de Torres Amat, publicada en Madrid entre 1823 y 1825, es de dominio público, es católica y fue hecha por encargo del rey: la portada del tomo de los Salmos dice «De órden del Rey N. S.». Además, sigue la Vulgata, el texto latino con el que la Iglesia rezó los salmos durante siglos.

La diferencia es menor de lo que parece. El latín regit significa «rige» o «gobierna», pero Torres Amat eligió «me pastorea»: se quedó con el pastor. Y su «nada me faltará» es, palabra por palabra, la respuesta que el pueblo canta en Misa con este salmo. Si rezas con la forma que aprendiste de niño, rezas el mismo salmo.

¿23 o 22? En la Vulgata y en los libros litúrgicos este salmo lleva el número 22; en las Biblias que siguen el hebreo, el 23. Por eso en el libro de Torres Amat aparece como «Salmo XXII». Aquí usamos el 23 porque es el número con el que casi todos lo buscan.

Señor, que conoces el nombre de cada una de tus ovejas, gracias por las palabras con que aprendí a rezarte. Con unas o con otras, que mi corazón diga siempre lo mismo: contigo nada me faltará. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¿Qué tiene que ver el Salmo 23 con Jesús, el Buen Pastor?

2 min de lectura

Para un cristiano, el pastor del Salmo 23 tiene rostro: es Jesús, que se presentó como el buen pastor que da la vida por sus ovejas (Jn 10,11), que las llama a cada una por su nombre (Jn 10,3) y que va a buscar a la que se perdió (Lc 15,4-7).

El Catecismo usa la misma imagen para hablar de la Iglesia: es el rebaño cuyo pastor es el mismo Dios. Aunque la gobiernen pastores humanos, es Cristo quien sin cesar guía y alimenta a sus ovejas, él, el Buen Pastor que dio su vida por ellas (CIC 754, que cita al Concilio Vaticano II, Lumen gentium 6). Por eso, en la Iglesia, el Salmo 23 nunca es solo una oración individual: es la oración de un pueblo que camina detrás del mismo Pastor.

El papa Benedicto XVI dedicó a este salmo su catequesis del 5 de octubre de 2011. Lo presentó como un salmo impregnado de confianza, cuyas imágenes alcanzan su plenitud en Jesús, el Buen Pastor que va en busca de la oveja perdida, y vio en la mesa preparada la mesa de su cuerpo y de su sangre: la Eucaristía.

Señor Jesús, Buen Pastor, que diste la vida por tus ovejas, búscame cuando me pierda y no me dejes lejos de tu rebaño. Que reconozca tu voz y te siga todos los días de mi vida. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¿Cuándo se reza el Salmo 23?

2 min de lecturaSe reza en cualquier momento en que haga falta confiar: en el duelo, en la necesidad, en la enfermedad, antes o después de comulgar y por la noche.

Se reza en cualquier momento en que haga falta confiar: en el duelo, en la necesidad, en la enfermedad, antes o después de comulgar y por la noche. No es una fórmula que «funcione» por repetirla; es una manera de ponerse en las manos de Dios.

En el duelo. El verso 4 lo ha hecho compañero de las despedidas. El Leccionario lo propone entre los salmos de las Misas de difuntos, y es natural rezarlo en el velorio, en el novenario o junto a la cama de quien se está yendo. Decir «no temeré ningún desastre; porque tú estás conmigo» frente a la muerte es un acto de fe en la resurrección.

En la necesidad. Falta de trabajo, deudas, miedo al futuro: «nada me faltará» no es una promesa de riqueza, sino la certeza de que lo esencial no nos será quitado. El Catecismo, al explicar el pan de cada día del Padre Nuestro, cita a san Cipriano: al que posee a Dios nada le falta, si él mismo no falta a Dios (CIC 2830). Rezar el salmo no reemplaza buscar ayuda concreta: tu parroquia y tu comunidad también son el cayado con que el Pastor te sostiene.

En la enfermedad. El óleo del verso 5 recuerda la Unción de los enfermos, que, como enseña el Catecismo, expresa curación y consuelo (CIC 1294). Es un buen salmo para rezar con un enfermo o por él; y si la enfermedad es grave, llama al sacerdote de tu parroquia para que reciba ese sacramento.

Antes o después de comulgar. La mesa preparada y el cáliz lo hicieron, ya en el siglo IV, un salmo de la Eucaristía (lo verás más abajo).

Por la noche. Es tan corto que se aprende de memoria. Si no puedes dormir, repítelo despacio, verso por verso, y deja que el último te acompañe: «me seguirá tu misericordia todos los días de mi vida».

Padre, tú sabes lo que me falta y lo que de verdad necesito. Líbrame de la angustia que me quita la paz y enséñame a confiar en que, contigo, lo esencial no me faltará. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¿Cómo reza la Iglesia el Salmo 23? Misa y Liturgia de las Horas

2 min de lecturaLa Iglesia reza el Salmo 23 en la Misa, como salmo responsorial de varios domingos y fiestas, y en la Liturgia de las Horas, donde los libros litúrgicos lo numeran como Salmo 22.

La Iglesia reza el Salmo 23 en la Misa, como salmo responsorial de varios domingos y fiestas, y en la Liturgia de las Horas, donde los libros litúrgicos lo numeran como Salmo 22.

En la Misa. Es uno de los salmos responsoriales más frecuentes del Leccionario: el IV domingo de Pascua del ciclo A, día de oración por las vocaciones; el IV domingo de Cuaresma del ciclo A; el XVI domingo del Tiempo Ordinario del ciclo B; el XXVIII domingo del Tiempo Ordinario del ciclo A; la solemnidad de Cristo Rey del ciclo A, y la del Sagrado Corazón de Jesús del ciclo C. También está entre los salmos que se pueden elegir en las Misas de difuntos.

En la Liturgia de las Horas. Se reza en la Hora intermedia de los domingos de la II y de la IV semana del salterio, con el título «El buen pastor» y una frase del Apocalipsis que llama pastor al Cordero (Ap 7,17).

En lectio divina. El Catecismo recuerda que la lectio divina, en la que la Palabra de Dios se lee y se medita hasta volverse oración, nace de la misma liturgia (CIC 1177). Un modo sencillo: 1. Lee el salmo despacio, dos veces. 2. Medita: ¿en qué parte del camino estás hoy: en los pastos, en el sendero, en la sombra o en la mesa? 3. Reza: háblale a Dios desde ese lugar, con tus palabras. 4. Contempla: repite en silencio una sola frase, como «tú estás conmigo», hasta que se quede en el corazón.

En familia. Por ser corto, es ideal para rezarlo con los niños antes de dormir: cada uno dice un verso y, al final, todos juntos el primero.

Señor, que no solo repita estas palabras, sino que las viva. Dondequiera que esté hoy en el camino, hazme reconocer tu presencia y confiar en tu cuidado. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

El Salmo 23 en la historia de la Iglesia y en la Biblia de Torres Amat

2 min de lecturaYa en el siglo IV, los Padres de la Iglesia leían el Salmo 23 como el salmo de los recién bautizados: el agua, el óleo y la mesa eran para ellos el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.

Ya en el siglo IV, los Padres de la Iglesia leían el Salmo 23 como el salmo de los recién bautizados: el agua, el óleo y la mesa eran para ellos el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.

Los Padres de la Iglesia. San Ambrosio de Milán (siglo IV), en su tratado Sobre los misterios (n. 43), pone este salmo en labios de los recién bautizados que se acercan por primera vez al altar y ven la mesa preparada. San Cirilo de Jerusalén, en sus Catequesis mistagógicas (IV, 7), lee la mesa como la mesa espiritual que Dios prepara, el óleo como la unción en la frente, sello de Dios, y el cáliz como la sangre de Cristo. Lo que el salmista intuía, ellos lo habían vivido: fueron llevados al agua, ungidos y sentados a la mesa del Señor.

La traducción de esta página. El texto es el de Félix Torres Amat (1772–1847), sacerdote catalán y más tarde obispo de Astorga, que tradujo toda la Biblia de la Vulgata latina; el tomo de los Salmos se imprimió en Madrid en 1825. Aquí lo lees en ortografía actual, sin cambiar ninguna palabra, y debajo está también el texto tal como se imprimió («pastoréa», «escelente», «á»…). En el libro este es el «Salmo XXII», porque sigue la numeración latina.

Las palabras entre corchetes. En su nota «Al lector» de ese tomo, Torres Amat explica que redujo muchas notas a una o dos palabras que intercaló en el texto «con letra diferente». En el Salmo 23 son cuatro: «y recrean», «abundante», «o perfumaste» y «santamente». No están en el latín; son su aclaración. Aquí van entre corchetes para que se distingan, como él las distinguió con la cursiva.

Preguntas

¿Qué dice el Salmo 23 completo?

El Salmo 23 tiene seis versos. En la traducción católica de Félix Torres Amat empieza con «El Señor me pastorea, nada me faltará» y termina con «a fin de que yo more en la casa del Señor por largo tiempo». El texto completo está al principio de esta página, y debajo, el texto tal como se imprimió en 1825.

¿Por qué la Biblia de Torres Amat dice «me pastorea» y no «El Señor es mi pastor»?

Porque la traducción de Torres Amat se hizo de la Vulgata latina, que dice «Dominus regit me», el Señor me rige; él lo tradujo «me pastorea» para conservar la imagen del pastor. Las traducciones modernas hechas del hebreo, como el Leccionario que se escucha en Misa, dicen «El Señor es mi pastor». Es el mismo salmo.

¿Para qué sirve el Salmo 23?

Sirve para rezar la confianza en Dios en todas las etapas de la vida: en la necesidad, en la angustia, en la enfermedad, en el duelo y en la alegría. No es un amuleto ni una fórmula que actúe por sí sola: su fuerza está en Aquel a quien se le reza, el Pastor que camina con nosotros también en la sombra de la muerte.

¿Se puede rezar el Salmo 23 por un difunto?

Sí. El Leccionario lo propone entre los salmos de las Misas de difuntos, y se reza en velorios, novenarios y entierros. Rezarlo por alguien que murió es confiarlo al Buen Pastor y pedir que more en la casa del Señor para siempre.

¿Por qué en algunas Biblias es el Salmo 22?

Porque hay dos numeraciones de los Salmos. La hebrea, que siguen casi todas las Biblias modernas, lo llama 23. La latina de la Vulgata, que siguen Torres Amat y los libros litúrgicos, lo llama 22, porque cuenta como uno solo los que en hebreo son los Salmos 9 y 10. Es el mismo salmo.