Salmo 27: el Señor es mi luz y mi salvación

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Salmo 27: «El Señor es mi luz y mi salvación»

El salmo de la confianza en medio del miedo, en la traducción católica de Félix Torres Amat, y cómo lo reza la Iglesia

El Salmo 27 es la oración de quien tiene miedo y elige confiar: empieza con «El Señor es mi luz, y mi salvación: ¿a quién he de temer yo?» y termina invitando a esperar en el Señor con valor. En la Biblia católica de Félix Torres Amat, que sigue la numeración latina, es el Salmo 26. En AngelGuard tienes aquí el salmo completo, el sentido de cada parte y cómo lo reza la Iglesia, que lo reza en las Vísperas del miércoles de la primera semana del salterio.

1Salmo de David antes de ser ungido. El Señor es mi luz, y mi salvación: ¿a quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar?

2Mientras que están para echarse sobre mí los malhechores, a fin de devorar mis carnes; esos enemigos míos que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído.

3Aunque se acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazón. Aunque me embistan en batalla, entonces mismo mantendré yo firme mi esperanza.

4Una sola cosa he pedido al Señor, esta solicitaré; [y es], el que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida; para contemplar las delicias del Señor, frecuentando su templo.

5Él es quien me tuvo escondido en su Tabernáculo: en los días aciagos me puso a cubierto en lo más recóndito de su pabellón.

6Ensalzome sobre una roca: y ahora me ha hecho prevalecer contra mis enemigos. Por tanto estaré alrededor de su tabernáculo, inmolando sacrificios de júbilo [o acción de gracias]; cantando y entonando himnos al Señor.

7Escucha, oh Señor, mis voces, con que te he invocado: ten misericordia de mí, y óyeme.

8Contigo ha hablado mi corazón: en busca de ti han andado mis ojos. Oh, Señor, tu cara es la que yo busco.

9No apartes de mí tu rostro: no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda: no me desampares, ni me desprecies, oh Dios, Salvador mío.

10Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta.

11Arregla, Señor, mis pasos en tu camino, y dirígeme por la recta senda, a causa de mis enemigos.

12No me abandones a los deseos de mis perseguidores; porque han conspirado contra mí testigos inicuos: [mas] la iniquidad ha mentido [o dañado] a sí misma.

13Yo espero que veré [algún día] los bienes del Señor en la tierra de los vivientes.

14Aguarda al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu corazón, y espera con paciencia al Señor.

Traducción de Félix Torres Amat (1772–1847), de la Vulgata latina (Madrid, 1825, tomo IV, pp. 34–35), donde este es el Salmo XXVI. Ortografía actualizada, sin cambiar ninguna palabra; entre corchetes, las palabras que Torres Amat imprimió en cursiva. Texto de dominio público.

Texto original (ortografía de 1825)

1Salmo de David antes de ser ungido. El Señor es mi luz, y mi salvacion: ¿á quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar?

2Mientras que están para echarse sobre mí los malhechores, á fin de devorar mis carnes; esos enemigos mios que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caido.

3Aunque se acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazon. Aunque me embistan en batalla, entónces mismo mantendré yo firme mi esperanza.

4Una sóla cosa he pedido al Señor, ésta solicitaré; [y es], el que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los dias de mi vida; para contemplar las delicias del Señor, frecuentando su templo.

5Él es quien me tuvo escondido en su Tabernáculo: en los dias aciagos me puso á cubierto en lo mas recóndito de su pabellon.

6Ensalzóme sobre una roca: y ahora me ha hecho prevalecer contra mis enemigos. Por tanto estaré al rededor de su tabernáculo, inmolando sacrificios de júbilo [ó accion de gracias]; cantando y entonando himnos al Señor.

7Escucha, ó Señor, mis voces, con que te he invocado: ten misericordia de mí, y óyeme.

8Contigo ha hablado mi corazon: en busca de tí han andado mis ojos. O, Señor, tu cara es la que yo busco.

9No apartes de mí tu rostro: no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda: no me desampares, ni me desprecies, ó Dios, Salvador mio.

10Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta.

11Arregla, Señor, mis pasos en tu camino, y dirígeme por la recta senda, á causa de mis enemigos.

12No me abandones á los deseos de mis perseguidores; porque han conspirado contra mí testigos inícuos: [mas] la iniquidad ha mentido [ó dañado] á sí misma.

13Yo espero que veré [algun dia] los bienes del Señor en la tierra de los vivientes.

14Aguarda al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu corazon, y espera con paciencia al Señor.

Entre corchetes, las palabras que el impreso trae en cursiva. Sin las llamadas de nota ni los espacios antes de los signos; los hemistiquios que el impreso compone en renglón aparte van en la línea de su verso. Continúa en la página 35: https://archive.org/details/A030137/page/n42/mode/1up

La Sagrada Biblia nuevamente traducida de la Vulgata latina al español, por Don Félix Torres Amat, tomo IV, Madrid: Imprenta de Don Leon Amarita, 1825, pp. 34–35 (Salmo XXVI).

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¿Qué significa el Salmo 27? Un salmo en dos partes

3 min de lecturaEl Salmo 27 tiene dos partes: en la primera (versos 1 a 6) el creyente proclama su confianza en Dios frente a los enemigos; en la segunda (versos 7 a 14) esa misma confianza se vuelve súplica: «Escucha, oh Señor, mis voces».

El Salmo 27 tiene dos partes: en la primera (versos 1 a 6) el creyente proclama su confianza en Dios frente a los enemigos; en la segunda (versos 7 a 14) esa misma confianza se vuelve súplica: «Escucha, oh Señor, mis voces». San Juan Pablo II lo llamó un «díptico», y la Liturgia de las Horas lo reza así, en dos partes.

Verso 1: luz, salvación, defensa. Tres nombres para Dios en una sola respiración. La luz quita el miedo de la noche; la salvación, el miedo al peligro; la defensa, el miedo a quedar indefenso. Y dos preguntas que no esperan respuesta: «¿a quién he de temer yo?», «¿quién me hará temblar?».

Versos 2 y 3: el miedo con nombre. El salmista no finge que no tiene enemigos: los ve venir «a fin de devorar mis carnes», ve ejércitos acampados y la batalla encima. Pero dice: «entonces mismo mantendré yo firme mi esperanza». La confianza no espera a que pase el peligro; se decide en medio de él.

Versos 4 a 6: una sola cosa. En el centro del salmo hay un deseo: «Una sola cosa he pedido al Señor»: vivir en su casa todos los días de la vida, contemplar sus delicias, frecuentar su templo. Quien vive cerca de Dios encuentra refugio: «me tuvo escondido en su Tabernáculo», «Ensalzome sobre una roca». Y la respuesta es la alabanza: sacrificios de júbilo, himnos al Señor.

Versos 7 a 12: la súplica. Aquí cambia el tono. El que cantaba confianza ahora pide: que Dios lo escuche, que no aparte su rostro, que no lo abandone. Y aparece uno de los versos más conmovedores de los Salmos: «Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta» (verso 10). Pide también que Dios lo guíe por la recta senda y no lo deje a merced de testigos falsos.

Versos 13 y 14: esperar. El salmo termina mirando hacia adelante: «Yo espero que veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes». Y el creyente se habla a sí mismo: «Aguarda al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu corazón». Esperar no es quedarse quieto: es aguantar con valor.

Señor, luz mía, tú conoces mis miedos por su nombre. Cuando el peligro esté cerca, mantén firme mi esperanza, y cuando la noche se alargue, enséñame a esperarte con paciencia. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

«El Señor es mi luz y mi salvación»: ¿qué quiere decir?

2 min de lecturaQuiere decir que Dios es quien alumbra el camino cuando todo está oscuro y quien rescata cuando no hay salida.

Quiere decir que Dios es quien alumbra el camino cuando todo está oscuro y quien rescata cuando no hay salida. El latín de la Vulgata, impreso al pie de la misma página del libro de Torres Amat, dice Dominus illuminatio mea: «el Señor es mi iluminación».

Para un cristiano, esa luz tiene nombre: Jesús se presentó como la luz del mundo (Jn 8,12). Por eso este verso se reza bien al empezar el día, al entrar en una situación que da miedo o al apagar la luz por la noche. No pide que desaparezcan las sombras; afirma que, con Dios, las sombras no mandan.

El Catecismo une este salmo a la vigilancia del corazón: la luz que no debe apagarse es la de la fe, y para decirlo cita el verso 8, el de quien busca el rostro de Dios (CIC 2730). La luz del salmo no es una emoción pasajera; es la fe que se mantiene encendida mientras se espera.

Un dato curioso: Dominus illuminatio mea es el lema de la Universidad de Oxford, en uso desde la segunda mitad del siglo XVI, y está escrito sobre la puerta de su iglesia universitaria. Las primeras palabras de este salmo llevan siglos presidiendo un lugar dedicado a buscar la verdad.

Señor Jesús, luz del mundo, alumbra lo que en mí está a oscuras. Que mi fe no se apague cuando lleguen el miedo o el cansancio, y que en cada noche sepa decirte: tú eres mi luz y mi salvación. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

«Tu cara es la que yo busco»: ¿qué es buscar el rostro de Dios?

2 min de lecturaBuscar el rostro de Dios es desear conocerlo de verdad, en persona, y no solo saber cosas de él.

Buscar el rostro de Dios es desear conocerlo de verdad, en persona, y no solo saber cosas de él. El verso 8 lo dice así en Torres Amat: «Contigo ha hablado mi corazón: en busca de ti han andado mis ojos. Oh, Señor, tu cara es la que yo busco».

El Catecismo enseña que el rostro que buscaban Moisés y Elías se dio a conocer en el monte de la Transfiguración: el conocimiento de la gloria de Dios está en el rostro de Cristo crucificado y resucitado (CIC 2583). No es casualidad que la Iglesia cante este salmo el II domingo de Cuaresma del ciclo C, cuando el Evangelio cuenta que, mientras Jesús rezaba, cambió el aspecto de su rostro (Lc 9,28-36).

San Juan Pablo II, al comentar esta segunda parte del salmo en su audiencia del 28 de abril de 2004, recordó unas palabras de san Agustín: «No he buscado de ti ningún premio que esté fuera de ti, sino tu rostro». Es la mejor descripción de una oración madura: no buscar solo los regalos de Dios, sino a Dios.

Y el verso 13 apunta todavía más lejos: «veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes». La fe de la Iglesia habla de ver a Dios «cara a cara», que es la vida de los que mueren en su gracia y su amistad (CIC 1023). Lo que el salmista deseaba, Dios lo prometió.

Señor, mi corazón te busca aunque a veces no sepa decirlo. No me escondas tu rostro: muéstramelo en Jesús, en tu Palabra y en los hermanos, hasta el día en que te vea cara a cara. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

«Mi padre y mi madre me desampararon»: el salmo de quien se siente solo

2 min de lecturaEl verso 10 dice que, aunque los padres falten, Dios no falta: «pero el Señor me ha tomado por su cuenta».

El verso 10 dice que, aunque los padres falten, Dios no falta: «pero el Señor me ha tomado por su cuenta». Es un verso de consuelo para quien creció sin el cariño de sus padres, para quien está lejos de su familia, para quien migró y dejó atrás a los suyos, o para quien hoy se siente abandonado.

El Catecismo lo cita al hablar de Dios como Padre. Reconoce que los padres humanos son falibles y pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad, y enseña que Dios está por encima de ellas, aunque sea su origen y su medida: «Nadie es padre como lo es Dios» (CIC 239).

Rezar este verso no obliga a negar una herida ni a juzgar a nadie. Es poner esa herida en las manos de quien no abandona. Y si el dolor pesa mucho, no lo cargues solo: habla con un sacerdote o con alguien de confianza en tu parroquia. La comunidad cristiana existe también para eso: para que nadie se quede sin familia.

Padre, tú no me sueltas aunque otros me suelten. Sana lo que en mí quedó herido, enséñame a perdonar lo que pueda perdonar y tómame por tu cuenta, como dice tu Palabra. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¿Cuándo se reza el Salmo 27 en la Iglesia?

2 min de lecturaLa Iglesia reza el Salmo 27 cada cuatro semanas en la Liturgia de las Horas y lo canta en la Misa en varios domingos y en las Misas de difuntos.

La Iglesia reza el Salmo 27 cada cuatro semanas en la Liturgia de las Horas y lo canta en la Misa en varios domingos y en las Misas de difuntos.

En las Vísperas. En la Liturgia de las Horas, donde lleva el número 26, es la salmodia de las Vísperas del miércoles de la I semana del salterio, dividido en dos partes (versos 1 a 6 y 7 a 14), con el título «Confianza ante el peligro». San Juan Pablo II le dedicó dos catequesis en las audiencias del 21 y del 28 de abril de 2004, dentro de su ciclo sobre los salmos de las Vísperas.

En la Misa. Es salmo responsorial, entre otros días, el III domingo del Tiempo Ordinario del ciclo A y el II domingo de Cuaresma del ciclo C. También está entre los salmos de las Misas de difuntos, y es el salmo de una de las selecciones de lecturas que el Leccionario propone para la Conmemoración de todos los fieles difuntos, el 2 de noviembre: «Yo espero que veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes» se vuelve entonces la esperanza de toda la familia.

En casa. Por la noche, el verso 1 es una buena manera de entregarle a Dios los miedos del día. En un velorio o en el novenario de un difunto, los versos 13 y 14 ponen palabras a la esperanza.

En lectio divina. Haz como la liturgia: lee la primera parte un día y la segunda al día siguiente. Después de leer, quédate con una sola frase, como «Una sola cosa he pedido al Señor», y pregúntate qué es lo que tú le pides de verdad.

Señor, como tu Iglesia te reza en sus Vísperas, yo también te digo: escucha mi voz, ten misericordia de mí y respóndeme. Y por los que ya partieron, te pido que vean tus bienes en la tierra de los vivientes. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

El título del Salmo 27 y la traducción de Torres Amat

2 min de lecturaEn la Vulgata, el Salmo 27 lleva un título que Torres Amat traduce «Salmo de David antes de ser ungido».

En la Vulgata, el Salmo 27 lleva un título que Torres Amat traduce «Salmo de David antes de ser ungido». En una nota al pie remite al segundo libro de los Reyes, capítulo 5, que en las Biblias de hoy es el segundo libro de Samuel: allí David es ungido rey de Israel en Hebrón (2 Sam 5,3-4).

Sobre el salmo, Torres Amat imprimió un resumen suyo, en cursiva: «La gran confianza que David tiene en el Señor, le pone a salvo de las asechanzas de sus enemigos. Esta confianza deben tener todos los fieles en sus aflicciones». Es una buena síntesis para rezarlo hoy.

La traducción de esta página. El texto es el de Félix Torres Amat (1772–1847), sacerdote catalán y más tarde obispo de Astorga, que tradujo toda la Biblia de la Vulgata latina; el tomo de los Salmos se imprimió en Madrid en 1825. Aquí lo lees en ortografía actual, sin cambiar ninguna palabra, y debajo está también el texto tal como se imprimió («salvacion», «entónces», «Ensalzóme»…).

Las palabras entre corchetes. En su nota «Al lector» de ese tomo, Torres Amat explica que redujo muchas notas a una o dos palabras que intercaló en el texto «con letra diferente». En el Salmo 27 son cinco: «y es», «o acción de gracias», «mas», «o dañado» y «algún día». No están en el latín; son su aclaración. Aquí van entre corchetes, como él las distinguió con la cursiva.

¿27 o 26? En la Vulgata y en los libros litúrgicos este salmo lleva el número 26; en las Biblias que siguen el hebreo, el 27. La diferencia empieza al principio del libro: lo que en hebreo son los Salmos 9 y 10, en la Vulgata es un solo salmo, y en el libro de Torres Amat se ve en la página 15, donde el Salmo IX continúa con el texto que en hebreo es el Salmo 10.

Preguntas

¿Qué dice el Salmo 27?

El Salmo 27 dice que quien confía en Dios no tiene por qué vivir dominado por el miedo: «El Señor es mi luz, y mi salvación: ¿a quién he de temer yo?». En su segunda parte se vuelve súplica: pide a Dios que no esconda su rostro ni abandone al que reza, y termina invitando a esperar en el Señor con valor. El texto completo, en la traducción católica de Torres Amat, está al principio de esta página.

¿Para qué sirve el Salmo 27?

Sirve para rezar en los momentos de miedo, de soledad o de espera: antes de una prueba, en una enfermedad, cuando alguien te ha fallado o cuando rezas por un difunto. No es una fórmula que proteja por sí misma; es una oración que pone la confianza en Dios y ayuda a esperar con paciencia.

¿Qué salmo dice «El Señor es mi luz y mi salvación»?

Es el Salmo 27 en la numeración hebrea, que siguen casi todas las Biblias modernas, y el Salmo 26 en la numeración latina de la Vulgata, que siguen Torres Amat y los libros litúrgicos. Es el mismo salmo.

¿Por qué en algunas Biblias católicas aparece como Salmo 26?

Porque las Biblias traducidas de la Vulgata latina, como la de Torres Amat, y los libros litúrgicos de la Iglesia usan la numeración latina, en la que los Salmos 9 y 10 del hebreo cuentan como uno solo. Por eso este salmo lleva en ellas un número menos.

¿Se puede rezar el Salmo 27 por un difunto?

Sí. Es uno de los salmos de las Misas de difuntos y forma parte de una de las selecciones de lecturas para el 2 de noviembre, la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Su verso 13, «veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes», expresa la esperanza cristiana en la vida eterna.