
Oración
Oración de sanación: para pedir a Dios la salud del cuerpo y del alma
Una oración de sanación para pedir a Dios la salud del cuerpo y del alma, cómo rezar por un enfermo, la Unción de los enfermos y lo que enseña la Iglesia sobre las misas de sanación
Una oración de sanación le pide a Jesucristo, médico de las almas y de los cuerpos, que devuelva la salud a un enfermo, si es su voluntad, y que dé fuerza y paz mientras dura la prueba. La Iglesia enseña que pedir la curación es bueno y que Dios escucha siempre, aunque no siempre responda como esperamos. En AngelGuard tienes una oración de sanación para ti o para otra persona, otra por un enfermo, la sanación interior y lo que la Iglesia enseña sobre la Unción de los enfermos y las misas de sanación.
Señor Jesucristo,
médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos,
Tú pasaste por el mundo haciendo el bien
y sanando a los que sufrían.
Hoy vengo a Ti con esta necesidad: (di por quién o por qué pides)
Tú conoces lo que duele por fuera y lo que duele por dentro.
Como aquel leproso que se arrodilló delante de Ti,
te digo con confianza: si Tú quieres, puedes sanarnos.
Pon tu mano sobre lo que está enfermo,
devuelve la salud, si es tu voluntad,
y da fuerza y paz mientras dura la prueba.
Bendice a los médicos, a las enfermeras
y a todos los que cuidan a los enfermos:
da sabiduría a sus manos y acierto a sus decisiones.
Sana también el corazón:
lo que pesa, lo que da miedo, lo que todavía no se ha perdonado.
Y si la cruz no se aparta todavía,
quédate cerca y no dejes que perdamos la esperanza.
Santa María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Amén.
Texto AngelGuard: una oración de sanación a Jesucristo, para rezarla por ti o por otra persona.
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¿Qué es una oración de sanación, y qué no es?
2 min de lecturaUna oración de sanación es una petición a Dios por la salud de alguien: la tuya o la de otra persona, del cuerpo o del alma.
Una oración de sanación es una petición a Dios por la salud de alguien: la tuya o la de otra persona, del cuerpo o del alma. No es una fórmula especial ni un rito secreto. Es lo que hicieron los enfermos del Evangelio cuando se acercaron a Jesús: decirle lo que les pasaba y confiar.
La Iglesia lo anima sin reservas. En el año 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe dedicó un documento entero a estas oraciones, la Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación, y lo dice con claridad: “Supuesta la aceptación de la voluntad de Dios, el deseo del enfermo de obtener la curación es bueno y profundamente humano, especialmente cuando se traduce en la oración llena de confianza dirigida a Dios” (n. 2). Y añade que “los fieles son libres de elevar oraciones a Dios para obtener la curación” (art. 1).
El Catecismo explica de dónde viene esta confianza. Jesús “vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan” (CIC 1503), y la Iglesia sigue rezando por los enfermos porque cree en la presencia viva de Cristo, “médico de las almas y de los cuerpos” (CIC 1509). De ahí sale la primera línea de la oración de arriba.
Lo que una oración de sanación no es: una garantía, un sustituto del médico ni una prueba de cuánta fe tienes. Rezas porque Dios es Padre y le importa lo que te duele. Él puede sanar, y a veces sana de manera que se nota. Otras veces da algo distinto: la fuerza para seguir, la paz para aceptar, la compañía de los suyos. La oración de arriba lo pide todo junto, y deja la última palabra a Dios: “si es tu voluntad”.
En la pausa de la oración, di por quién o por qué pides. Y en la línea del leproso, “si Tú quieres, puedes sanarnos”, está el corazón de todo. Así se lo dijo aquel hombre a Jesús, arrodillado: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». Y Jesús, tocándolo, le respondió: «Quiero: Queda limpio» (Mt 8,2-3, en la traducción de Félix Torres Amat, Nuevo Testamento, tomo I, Madrid, 1823, p. 16; lo copiamos con la ortografía de entonces).
Oración de sanación por un enfermo
2 min de lecturaPara rezar por un enfermo, pon su nombre delante de Dios y pide por su cuerpo, por su ánimo y por quienes lo cuidan.
Para rezar por un enfermo, pon su nombre delante de Dios y pide por su cuerpo, por su ánimo y por quienes lo cuidan. Si puedes, rézalo junto a la cama, tomándole la mano; si estás lejos, desde tu casa o en el camino al hospital. Si la persona está muy grave o ya no puede hablar, reza tú por ella: Dios escucha igual.
Señor Jesús,
Tú tocaste a los enfermos y no tuviste miedo de su dolor.
Te presento a N., que hoy está pasando por esta enfermedad.
Tú sabes lo que siente, aunque no pueda decirlo.
Alivia su dolor, calma su miedo
y, si es tu voluntad, devuélvele la salud.
Acompaña a su familia en la espera
y da a quienes están a su lado paciencia, descanso y ternura.
Que en esta enfermedad no le falte tu paz
ni el cariño de los suyos.
Amén.
Esta oración es un texto de AngelGuard, y sirve igual si rezas por un hombre o por una mujer, por un niño o por un abuelo. Además de rezar, hay cosas que la Iglesia te ofrece para acompañar a un enfermo: pedir a la parroquia que le lleven la Comunión a la casa o al hospital, llamar a un sacerdote para que le dé la Unción de los enfermos, y no dejarlo solo. Visitar a los enfermos es una obra de misericordia, y muchas veces la mejor oración es la compañía.
Si el enfermo eres tú y te cuesta rezar, no te preocupes por las palabras. Basta con decirle a Jesús tu nombre y lo que te pasa, y quedarte un momento en silencio con Él. El Catecismo reconoce que la enfermedad puede llevar a la angustia y al repliegue, pero también, “con mucha frecuencia”, a una búsqueda de Dios (CIC 1501).
La Unción de los enfermos: el sacramento de la sanación
2 min de lectura
La Unción de los enfermos es el sacramento que Cristo dejó a su Iglesia para los que están gravemente enfermos o debilitados por la edad: el sacerdote los unge con óleo y reza por ellos, y Dios les da fuerza, paz y, si conviene a su salvación, la salud del cuerpo. Es la oración de sanación más alta que tiene la Iglesia.
Ya los primeros cristianos lo vivían así. La carta de Santiago dice del enfermo: «Llame á los presbíteros de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con oleo en el nombre del Señor. Y la oracion nacida de la fe, salvará al enfermo, y el Señor le aliviará; y si se halla con pecados, se le perdonarán» (Sant 5,14-15, en la traducción de Torres Amat, Nuevo Testamento, tomo II, Madrid, 1823, p. 230; lo copiamos con la ortografía de entonces; la palabra en cursiva es una de las que el traductor añade para aclarar el sentido).
Mucha gente piensa que la Unción es solo para los moribundos, y por eso se espera hasta el último momento. No es así. El Catecismo dice que “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir” y que el tiempo oportuno para recibirla es cuando la persona “empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” (CIC 1514). Se puede recibir más de una vez: si la enfermedad se agrava, o en una nueva enfermedad grave, y es apropiado recibirla antes de una operación importante (CIC 1515).
Sus frutos, según el Catecismo, son la unión del enfermo con la Pasión de Cristo; “el consuelo, la paz y el ánimo” para llevar la enfermedad; el perdón de los pecados si el enfermo no pudo confesarse; “el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual”, y la preparación para el paso a la vida eterna (CIC 1532). Solo la pueden administrar los sacerdotes (CIC 1516). Si alguien de tu familia está grave, no esperes: llama a tu parroquia, o pide en el hospital que avisen al capellán.
«Señor, no soy digno»: la oración de sanación de cada Misa
2 min de lecturaAntes de comulgar, en cada Misa, todo el pueblo dice una oración de sanación: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
Antes de comulgar, en cada Misa, todo el pueblo dice una oración de sanación: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Así está en el Misal Romano que se usa en México y en buena parte de América Latina.
Esas palabras vienen del Evangelio. Un centurión romano, un militar extranjero, se acercó a Jesús porque su criado estaba paralítico y sufría mucho. Cuando Jesús se ofreció a ir a su casa, el centurión le respondió: «Señor, no soy yo digno de que tú entres en mi casa; pero mándalo con tu palabra y quedará curado mi criado» (Mt 8,8, en la traducción de Torres Amat, Nuevo Testamento, tomo I, p. 16). Jesús se admiró de su fe, y el criado quedó sano.
La Iglesia puso esas palabras en nuestros labios en el momento más cercano a Cristo, y cambió “mi criado” por “sanarme”: cada uno pide la sanación de su propia alma antes de recibirlo. Por eso la Comunión es, para un enfermo, la mejor compañía. El Catecismo recuerda que la presencia de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos, actúa “de manera especial por la Eucaristía” (CIC 1509).
Puedes hacer de esa frase tu oración de sanación de cada día. Dila despacio, por la mañana o junto a la cama de un enfermo, cambiando lo que haga falta: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar a mi mamá”.
Oración de sanación interior: el perdón, los recuerdos y la Confesión
2 min de lecturaLa sanación interior es pedirle a Dios que sane lo que duele por dentro: un recuerdo que todavía hiere, una pérdida, una culpa que no se va, un rencor que pesa.
La sanación interior es pedirle a Dios que sane lo que duele por dentro: un recuerdo que todavía hiere, una pérdida, una culpa que no se va, un rencor que pesa. No es una técnica: es dejar que Cristo entre en esos lugares con su perdón y su paz.
La Iglesia tiene dos sacramentos de curación, y uno de ellos es para el alma. El Catecismo lo dice así: Cristo, “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos”, quiso que su Iglesia continuara su obra de curación por medio de la Penitencia y de la Unción de los enfermos (CIC 1421). Muchas heridas de dentro empiezan a sanar en una buena confesión, cuando lo que pesaba se dice en voz alta y se recibe el perdón.
Señor Jesús,
Tú conoces mi historia desde el principio,
también lo que nunca le he contado a nadie.
Te entrego las heridas que todavía me duelen:
las palabras que me lastimaron,
lo que perdí, lo que me hicieron y lo que hice.
No te pido olvidar; te pido que entres ahí con tu paz.
Dame la gracia de perdonar, aunque me cueste,
y de recibir tu perdón, aunque me cueste creerlo.
Haz nuevo mi corazón y enséñame a vivir sin miedo.
Amén.
Esta oración es un texto de AngelGuard. Si lo que te pesa es un pecado tuyo, el camino más directo es la Confesión; el acto de contrición te ayuda a prepararla. Si lo que te duele es algo que te hicieron, perdonar no significa que lo que pasó haya estado bien ni que tengas que volver a ponerte en riesgo: significa dejar de cargar con el odio. Y si una herida antigua no te deja vivir en paz, busca también la ayuda de un buen profesional de la salud mental. La gracia no compite con un buen acompañamiento: lo aprovecha.
Misas de sanación y oración de sanación y liberación: lo que pide la Iglesia
2 min de lecturaLas misas de sanación y los grupos de oración por los enfermos son muy queridos en América Latina, y la Iglesia los cuida para que ayuden de verdad.
Las misas de sanación y los grupos de oración por los enfermos son muy queridos en América Latina, y la Iglesia los cuida para que ayuden de verdad. La Instrucción de 2000 pide tres cosas sencillas. Que la Misa sea Misa: dentro de la celebración de la Eucaristía “no se deben introducir oraciones de curación”, aunque sí se puede rezar por los enfermos en la oración de los fieles (art. 7). Que las oraciones de curación en la iglesia las guíe un sacerdote o un diácono (art. 1) y que el obispo de cada diócesis pueda dar normas sobre ellas (art. 4). Y que se eviten las formas “semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo” (art. 5).
Dice también algo que libera a muchos: nadie tiene la curación asegurada por estar en un grupo o al lado de alguien. Sería arbitrario, dice la Instrucción, atribuir un “carisma de curación” a una categoría de personas, por ejemplo a los dirigentes de un grupo: hay que confiar en la libre voluntad del Espíritu Santo, que reparte sus dones como quiere (n. 5). Si Dios sana a alguien en una misa, en un santuario o en su cama, la gloria es de Él.
¿Y la “oración de sanación y liberación”? Pedirle a Dios que nos libre del mal es parte de toda oración cristiana: lo decimos en el Padre nuestro. Pero hablarle directamente al demonio y darle órdenes no es oración para laicos: el exorcismo solemne, el llamado «gran exorcismo», solo lo puede hacer un sacerdote con permiso del obispo (CIC 1673), y la Instrucción pide que esas oraciones queden separadas de las celebraciones de curación y nunca dentro de la Misa (art. 8). Por eso la oración de esta página, como todas las de AngelGuard, le habla a Dios y le pide a Él que nos libre del mal.
¿Cuál es la oración de sanación más poderosa?
2 min de lecturaLa que se reza con fe y con humildad, poniendo el nombre del enfermo en manos de Jesús.
La que se reza con fe y con humildad, poniendo el nombre del enfermo en manos de Jesús. Muchas personas encontraron consuelo en una oración que les regaló un sacerdote, una abuela o un grupo de oración, y esa oración es buena si les ayuda a confiar. Pero ninguna funciona por sus palabras: lo que sana es Dios.
Por eso la Iglesia pide no buscar la oración “que nunca falla”. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones “a la sola materialidad” de sus palabras, sin las disposiciones del corazón (CIC 2111). Ninguna oración se vuelve más fuerte por copiarla, reenviarla o rezarla a una hora exacta.
¿Y si no llega la curación? Es la pregunta más dura, y la Iglesia no la esquiva. El mismo Jesús “no curó a todos los enfermos” (CIC 1505), y el Catecismo dice con sencillez que “ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades” (CIC 1508). Si no te curas, o si un ser querido no se cura, no es porque te faltó fe ni porque rezaste mal. San Pablo pidió tres veces ser liberado de un sufrimiento, y el Señor le respondió que su gracia le bastaba (cf. 2 Co 12,9). Dios no deja sin respuesta ninguna oración; a veces la respuesta es su presencia en medio del dolor.
Y reza también por los que sanan con sus manos. Cuidar la salud con los medios razonables es un deber, porque la vida y la salud “son bienes preciosos confiados por Dios” (CIC 2288). Ir al médico, seguir el tratamiento y rezar no se oponen: es la misma confianza en Dios, que actúa también por medio de ellos.
Preguntas
¿Cuál es la oración de sanación más poderosa?
La que se reza con fe, poniendo al enfermo en manos de Jesús. Ninguna oración funciona por sus palabras: lo que sana es Dios. La oración más alta de la Iglesia por un enfermo grave es el sacramento de la Unción de los enfermos, que da el sacerdote.
¿Cómo hacer una oracion de sanacion por un familiar enfermo?
Di su nombre a Jesús, pide por su cuerpo, por su ánimo y por quienes lo cuidan, y deja la respuesta en manos de Dios. Si puedes, reza junto a su cama. Pide también a la parroquia la Comunión para el enfermo y, si está grave, la Unción de los enfermos.
¿La oración reemplaza al médico?
No. La Iglesia enseña que la salud es un bien que Dios nos confía y que hay que cuidarla con los medios razonables (CIC 2288). Rezar y seguir el tratamiento van juntos: Dios actúa también por medio de los médicos y de los que cuidan al enfermo.
¿Quién puede recibir la Unción de los enfermos?
El fiel que empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o por vejez (CIC 1514), no solo el moribundo. Puede recibirla de nuevo si la enfermedad se agrava o en una nueva enfermedad grave, y es apropiado recibirla antes de una operación importante (CIC 1515).
Si no me curo, ¿es porque me faltó fe?
No. Jesús no curó a todos los enfermos (CIC 1505), y el Catecismo dice que ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades (CIC 1508). Dios escucha siempre; a veces responde con la salud y otras con su fuerza y su compañía.





