Una estola morada y un pequeño frasco de plata para el óleo de los enfermos sobre una repisa de piedra, a la luz de una ventana

Oración

Oración por los enfermos: en casa y en el hospital

La oración por los enfermos pone a quien sufre en manos de Dios y pide salud y paz.

Dios todopoderoso y eterno,

salud eterna de los que creen:

escucha nuestra oración por tus siervos enfermos,

por quienes imploramos el auxilio de tu misericordia,

para que, devuelta la salud,

te den gracias en tu Iglesia.

Oh Dios, amparo singular de la fragilidad humana,

muestra el poder de tu auxilio sobre tus siervos enfermos,

para que, sostenidos por tu misericordia,

puedan volver sanos y salvos a tu santa Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Traducción AngelGuard del latín de la colecta y la poscomunión de la Misa por los enfermos («Missa pro infirmis») del Misal Romano, según la edición de Tournai, 1889, pp. 73*-74*.

La oración por los enfermos pone a quien sufre en manos de Dios y pide salud y paz. La que la Iglesia rezó durante siglos en la Misa por los enfermos empieza así: «Dios todopoderoso y eterno, salud eterna de los que creen: escucha nuestra oración por tus siervos enfermos». Puedes rezarla en casa, junto a la cama del hospital o desde lejos, y si la enfermedad es grave, llama también al sacerdote para la Unción de los enfermos. En AngelGuard la tienes en una traducción nuestra del latín, con su forma para un solo enfermo, una oración para la familia, qué rezar por un enfermo grave y a qué santos acudir.

Profundizar

La oración de la Iglesia por los enfermos, frase por frase

4 min de lectura

La oración del principio de esta página une dos oraciones que la Iglesia rezaba en la Misa por los enfermos del Misal Romano, la que se celebraba durante siglos para pedir por ellos: la primera abría la Misa y la segunda la cerraba, después de la comunión. Te la damos en una traducción nuestra del latín, hecha sobre una edición del Misal impresa en 1889. Las mismas dos oraciones están en el antiguo Ritual Romano, el libro del sacerdote, en el capítulo sobre la visita y el cuidado de los enfermos: el sacerdote las rezaba junto a la cama, con el nombre del enfermo.

Por los enfermos, o por uno solo. El Misal la escribe en plural, por todos los enfermos, y añade una nota en letra roja: si se reza por uno solo, dígase siempre en singular (Si fuerit pro uno tantum, dicatur semper in singulari). Así que puedes rezarla por todos los enfermos de tu familia, de tu parroquia o del hospital, o por una sola persona, con su nombre. Más abajo tienes la forma para un solo enfermo.

«Dios todopoderoso y eterno, salud eterna de los que creen». En latín, salus aeterna credentium. La palabra salus quiere decir a la vez salud y salvación. Por eso la oración empieza así: le pide a Dios la salud del cuerpo, pero lo llama primero salud eterna, la que nadie nos puede quitar.

«Escucha nuestra oración por tus siervos enfermos, por quienes imploramos el auxilio de tu misericordia». No se apoya en nuestros méritos ni en la fuerza de las palabras, sino en la misericordia de Dios. Y dice «nuestra»: aunque la reces a solas, rezas con toda la Iglesia.

«Para que, devuelta la salud, te den gracias en tu Iglesia». Pide la curación con sencillez, y le pone una meta: volver a la iglesia a dar gracias. El Ritual le pedía al sacerdote que, si el enfermo se recuperaba, lo animara a ir antes que nada a la iglesia a agradecer a Dios la salud recobrada y a comulgar.

«Oh Dios, amparo singular de la fragilidad humana». La segunda oración mira de frente nuestra debilidad: el cuerpo se cansa, se enferma y envejece. Y le recuerda a Dios que Él es el refugio de esa fragilidad, no su enemigo.

«Muestra el poder de tu auxilio sobre tus siervos enfermos, para que, sostenidos por tu misericordia, puedan volver sanos y salvos a tu santa Iglesia». El enfermo no está fuera de la Iglesia: la oración pide que vuelva a la comunidad, a la Misa del domingo, a su lugar en la banca. El Catecismo dice que la Iglesia cumple el mandato de Jesús «¡Sanad a los enfermos!» con los cuidados que les da y con la oración de intercesión con que los acompaña (CIC 1509).

Para un solo enfermo. Esta es la forma en singular, nuestra traducción del Ritual Romano. Di el nombre en lugar de N.:

Dios todopoderoso y eterno,

salud eterna de los que creen:

escucha nuestra oración por N., tu siervo enfermo (tu sierva enferma),

por quien imploramos el auxilio de tu misericordia,

para que, devuelta la salud,

te dé gracias en tu Iglesia.

Oh Dios, amparo singular de la fragilidad humana,

muestra el poder de tu auxilio sobre N.,

para que, con la ayuda de tu misericordia,

pueda volver sano y salvo (sana y salva) a tu santa Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Es la misma oración, cambiada al singular como manda el Misal y como la trae el Ritual Romano. Si no sabes si rezar en plural o en singular, no te preocupes: Dios entiende las dos. Puedes rezar la forma plural en la mesa, por todos tus enfermos, y la singular junto a la cama de uno de ellos.

Cómo rezar por un enfermo en casa y en el hospital

4 min de lecturaPara rezar por un enfermo basta con poner su nombre delante de Dios, con pocas palabras, y quedarte a su lado.

Para rezar por un enfermo basta con poner su nombre delante de Dios, con pocas palabras, y quedarte a su lado. No necesitas ser sacerdote ni saber oraciones largas. El mismo Ritual Romano preveía que, cuando el párroco no alcanzaba a visitar a todos, lo hicieran por él laicos piadosos y llenos de caridad cristiana. Visitar a los enfermos es una obra de misericordia, y Jesús dijo que en ellos lo visitamos a Él (Mt 25,36).

Pocas palabras, y bien escogidas. El Ritual le aconsejaba al sacerdote proponer al enfermo oraciones breves: versículos de los salmos, el Padre nuestro, el Ave María, el Credo, un recuerdo de la Pasión del Señor. Y le pedía hacerlo con discreción, para que al enfermo no le causara molestia, sino alivio. Es un buen consejo para la familia: un enfermo cansado no necesita un rosario completo en voz alta a las once de la noche. Un Padre nuestro despacio, un Ave María, una bendición, y silencio.

Frases cortas para el día. Puedes repetirlas en el pasillo, en la sala de espera o mientras le das de comer:

  • «Señor, ten piedad de N.»
  • «Jesús, en ti confío.»
  • «Santa María, Salud de los enfermos, ruega por él» (o «por ella»).
  • «Señor, mira a N., tu amigo, que está enfermo», como Marta y María, que mandaron avisar a Jesús que su amigo Lázaro estaba enfermo (cf. Jn 11,3).

En casa. Pon a la vista del enfermo un crucifijo y una imagen de la Virgen o del santo de su devoción, como pedía el Ritual, y ten a la mano agua bendita. Reza con él cuando esté despierto y tranquilo, no cuando le duele o está agotado. Si quiere comulgar, pide en tu parroquia que le lleven la Comunión: un sacerdote o un ministro extraordinario de la comunión puede ir a la casa. Mientras tanto, puede hacer la comunión espiritual.

En el hospital. Pregunta en la central de enfermeras si el hospital tiene capellán o una capilla, y si la Pastoral de la Salud de la parroquia visita ese piso. Respeta los horarios y lo que pidan los médicos y las enfermeras. En terapia intensiva las visitas son cortas: usa esos minutos para tomarle la mano, decirle quién eres y rezar en voz baja. En el hospital no enciendas velas; la oración no las necesita.

Si ya no puede hablar. Quizá está sedado, muy débil o ya no reconoce. Reza tú por él, en voz baja y tranquila, como si te oyera. Dile su nombre, tómale la mano, hazle la señal de la cruz en la frente, como cuando le das la bendición. Reza las oraciones que él rezaba de niño: el Padre nuestro, el Ave María, el Bendito, la oración al ángel de la guarda. No hace falta llenar el silencio; tu presencia ya es oración.

La palabra de Santiago. La carta de Santiago dice que, si alguno está enfermo, llame a los presbíteros de la Iglesia para que recen por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor (Sant 5,14-15). La oración de la familia prepara ese momento; no lo sustituye. Lo explicamos en el capítulo siguiente.

Esta oración es para rezarla en familia, junto a la cama o desde lejos. Di el nombre del enfermo donde dice N.:

Señor Jesús,

tú entraste en la casa de Pedro

y tomaste de la mano a su suegra enferma.

Entra hoy en esta casa (o en este cuarto de hospital)

y quédate junto a N.

Tú conoces su dolor, su cansancio y su miedo,

aunque no pueda decirlos.

Alivia lo que le duele, dale descanso en la noche

y, si es tu voluntad, devuélvele la salud.

Bendice las manos de los médicos y de las enfermeras,

y a quienes estamos a su lado danos paciencia, ternura y fuerza.

Que nunca le falte tu compañía ni la nuestra.

Santa María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. La escena del principio está en el Evangelio: Jesús tomó de la mano a la suegra de Pedro, la fiebre la dejó y ella se puso a servirles (Mc 1,29-31). Sirve para un papá en el hospital, para una abuela en su cama o para un hijo enfermo. Si el enfermo es un niño, rézala con él con palabras sencillas y deja que él diga su parte: «Jesús, cuídame».

La Unción de los enfermos: qué es, quién la recibe y cuándo llamar al sacerdote

4 min de lecturaLa Unción de los enfermos es el sacramento con el que la Iglesia encomienda a los enfermos graves al Señor que sufrió y fue glorificado, para que los alivie y los salve (CIC 1499; Código de Derecho Canónico, c.

La Unción de los enfermos es el sacramento con el que la Iglesia encomienda a los enfermos graves al Señor que sufrió y fue glorificado, para que los alivie y los salve (CIC 1499; Código de Derecho Canónico, c. 998). El sacerdote unge al enfermo con óleo bendecido en la frente y en las manos y reza por él (CIC 1531). Es la oración propia de la Iglesia por el enfermo grave, la «oración de la fe» de la que habla Santiago (Sant 5,15), y no es solo para los que se están muriendo.

¿Quién puede recibirla? El católico que tiene uso de razón y empieza a estar en peligro por enfermedad o por vejez (c. 1004 § 1; CIC 1514). No hace falta esperar al último momento: el Catecismo dice que no es un sacramento solo para los que están a punto de morir. Se puede recibir otra vez si el enfermo se recupera y vuelve a enfermar de gravedad, o si en la misma enfermedad el peligro aumenta (c. 1004 § 2; CIC 1515). Es apropiado recibirla antes de una operación importante, y también pueden recibirla las personas mayores cuyas fuerzas se debilitan (CIC 1515). Un niño que ya tiene uso de razón puede recibirla.

¿Y si ya no está consciente? Se le da al enfermo que, cuando tenía sus facultades, la pidió al menos de manera implícita (c. 1006), por ejemplo porque vivía su fe. Y en la duda sobre si ha llegado al uso de razón, si está gravemente enfermo o si ya murió, el sacerdote la administra (c. 1005). Cuando la muerte ya es cierta, el sacramento no se da, pero el sacerdote reza por el difunto y acompaña a la familia: llámalo también entonces.

¿Quién la da? Solo el sacerdote (c. 1003; CIC 1516). Un diácono, una religiosa o un ministro de la comunión pueden visitar, rezar y llevar la Comunión, pero no dan la Unción.

¿Qué da el sacramento? El Catecismo enumera sus frutos: une al enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia; le da consuelo, paz y ánimo para llevar la enfermedad o la vejez; le perdona los pecados si no pudo confesarse; le devuelve la salud del cuerpo, si conviene a su salvación, y lo prepara para el paso a la vida eterna (CIC 1532). La primera gracia es la de consuelo, de paz y de ánimo, que renueva la confianza en Dios y fortalece contra el desaliento y la angustia (CIC 1520).

Cuándo llamar al sacerdote. Cuando el médico les diga que la enfermedad es grave, antes de una cirugía mayor, cuando un abuelo se va apagando, cuando alguien entra a terapia intensiva. El Código de Derecho Canónico les pide expresamente a los pastores y a los familiares del enfermo que procuren que reciba este sacramento a tiempo (c. 1001). Llamar al sacerdote no es darse por vencidos ni asustar al enfermo: es darle la fuerza de Cristo cuando más la necesita. Puedes decírselo con sencillez: «Va a venir el padre a rezar por ti y a darte la Unción».

Cómo pedirla. Llama a la oficina de tu parroquia o a la del hospital, o pregunta en la central de enfermeras por el capellán. Di el nombre del enfermo, dónde está (la dirección o el hospital, el piso y la cama), si puede hablar y tragar, y si es urgente. Si el enfermo puede, el sacerdote lo confesará antes, y después de la Unción le puede dar la Comunión (CIC 1517). A quienes están por dejar esta vida, la Iglesia les ofrece además la Eucaristía como viático, alimento para el camino (CIC 1524). En casa, si puedes, prepara una mesita con un mantel blanco, un crucifijo y agua bendita.

Si el sacerdote no llega a tiempo. No te angusties. Reza despacio junto al enfermo el acto de contrición, para que pueda unirse a él aunque sea en su corazón: el arrepentimiento que nace del amor a Dios, con el deseo de confesarse, obtiene su perdón (CIC 1452). Si ya no puede responder, rézalo a su lado y encomiéndalo a la misericordia de Dios. Dios no deja de escuchar a quien lo busca, aunque el sacerdote se retrase. La oración de sanación tiene más sobre este sacramento y sobre las misas de sanación.

Santos a los que puedes pedir por un enfermo

3 min de lecturaLos santos no sustituyen a Dios ni a los médicos: rezan con nosotros y por nosotros.

Los santos no sustituyen a Dios ni a los médicos: rezan con nosotros y por nosotros. Pedirles su intercesión es como pedirle a un amigo que rece por tu mamá enferma, solo que ellos ya están con Dios. Ninguna oración a un santo garantiza una curación; lo que sí garantiza es que no rezas solo. Estos son los más queridos para pedir por los enfermos.

La Virgen de Lourdes, Salud de los enfermos. En 1858, en Lourdes, en el sur de Francia, la Virgen se le apareció dieciocho veces a una muchacha pobre, Bernadette Soubirous; la primera vez fue el 11 de febrero. Desde entonces llegan allí enfermos de todo el mundo a rezar y a lavarse en el agua de la gruta. La oficina médica del santuario ha estudiado miles de curaciones, y la Iglesia ha reconocido como milagros muy pocas: 72 hasta abril de 2025. La mayoría de los peregrinos no vuelve curada, y muchos dicen que vuelven en paz. En 1992 san Juan Pablo II quiso que el 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, fuera la Jornada Mundial del Enfermo. Y en las letanías del Rosario la Iglesia llama a María «Salud de los enfermos».

San Rafael Arcángel. Su nombre quiere decir «Dios sana». En el libro de Tobías acompaña al joven Tobías en su viaje y le devuelve la vista a su padre ciego; al final se presenta como uno de los siete ángeles que están delante del Señor (Tb 12,15). Por eso se le pide por los enfermos, por los viajeros y por los médicos. Su fiesta es el 29 de septiembre, con san Miguel y san Gabriel.

San Peregrino Laziosi. Fue un religioso servita de Forlì, en Italia, que murió en 1345. Según su historia, ya mayor tuvo en la pierna una llaga que no sanaba, y los médicos iban a amputársela; la noche anterior rezó ante el crucifijo y amaneció sano. Fue canonizado en 1726, y muchos enfermos de cáncer y sus familias le piden su intercesión.

San Camilo de Lelis y san Juan de Dios. San Camilo (1550-1614) fue soldado y jugador antes de convertirse; fundó una orden de religiosos dedicados a cuidar enfermos, que llevan una cruz roja en el hábito. San Juan de Dios (1495-1550), nacido en Portugal, abrió en Granada un hospital para los pobres. En 1886, el papa León XIII declaró a los dos patronos de los enfermos y de los hospitales. Son buenos intercesores para los que cuidan: enfermeras, médicos, camilleros y las hijas que pasan la noche en una silla junto a la cama.

San José, patrono de la buena muerte. La tradición cuenta que murió acompañado por Jesús y María. El Catecismo nos invita a encomendarnos a él para la hora de nuestra muerte (CIC 1014), y en 1920 el papa Benedicto XV lo llamó el protector más eficaz de los moribondos, porque expiró asistido por Jesús y por María. Cuando la enfermedad ya es de final de vida, la oración a san José acompaña muy bien.

San José Gregorio Hernández. Médico venezolano (1864-1919), atendía gratis a los pobres de Caracas. Su devoción se extendió por toda América Latina, también por México, y el papa León XIV lo canonizó el 19 de octubre de 2025. Muchas familias le piden por sus enfermos y por los médicos que los atienden.

Oración por un enfermo grave, y cuando la curación no llega

4 min de lecturaA veces rezas con toda tu fe y la curación no llega.

A veces rezas con toda tu fe y la curación no llega. La Iglesia no esconde esa pregunta. El Catecismo dice que la enfermedad y el sufrimiento han estado siempre entre los problemas más graves de la vida humana, y que en la enfermedad experimentamos nuestros límites y nuestra fragilidad (CIC 1500). También dice que puede llevar a la angustia y a la rebelión contra Dios, pero que con mucha frecuencia empuja a buscarlo (CIC 1501).

No es que te haya faltado fe. Jesús tuvo compasión de los enfermos y curó a muchos, pero no curó a todos: sus curaciones eran signos del Reino y anunciaban una curación más profunda, la victoria sobre el pecado y la muerte (CIC 1503-1505). Y el Catecismo lo dice con claridad: ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen siempre la curación de todas las enfermedades (CIC 1508). San Pablo le pidió tres veces al Señor que lo librara de un sufrimiento, y recibió esta respuesta: le basta su gracia, porque su fuerza se muestra en la debilidad (2 Co 12,9). Si tu ser querido no se cura, no es un castigo ni una prueba de que rezaste mal.

El dolor unido a Cristo. En la cruz, Cristo cargó con nuestros sufrimientos y les dio un sentido nuevo: unidos a su Pasión, pueden ser participación en su obra de salvación (CIC 1505, 1521). San Juan Pablo II escribió una carta entera sobre esto, Salvifici doloris, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, publicada el 11 de febrero de 1984. Nadie tiene que buscar el dolor ni fingir que no duele. Pero el enfermo que ofrece lo que sufre, aunque sea con una sola palabra, no está perdiendo el tiempo: está rezando con Cristo por los demás (cf. CIC 1521-1522).

Rezar por una buena muerte. Cuando los médicos dicen que ya no hay tratamiento que cure, la oración cambia, pero no se acaba. Se pide que no sufra, que esté en paz, que reciba los sacramentos, que no tenga miedo y que la familia sepa despedirse. Cuidarlo con cariño, aliviar su dolor y acompañarlo es también una forma de rezar. Una jaculatoria antigua, que muchas familias todavía rezan en esa hora, dice: «Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía». Y cuando llegue la muerte, la oración por los difuntos te acompaña en los primeros días.

Oración por un enfermo grave. Esta oración es para cuando la noticia es dura: un diagnóstico grave, una cirugía de emergencia, la terapia intensiva o los últimos días. Di su nombre donde dice N.:

Padre de misericordia,

N. está muy enfermo (muy enferma), y nosotros tenemos miedo.

Tú lo (la) conoces desde antes de nacer

y lo (la) amas más que nosotros.

Si es tu voluntad, devuélvele la salud.

Si no, dale paz, alivia su dolor

y no permitas que se sienta solo (sola) ni un momento.

Que reciba a tiempo la fuerza de tus sacramentos.

Perdona sus pecados y los nuestros.

Enséñanos a acompañarlo (acompañarla) con amor hasta el final,

y cuando llegue su hora, recíbelo (recíbela) en tu casa.

Santa María, Salud de los enfermos,

San José, patrono de la buena muerte,

rueguen por él (por ella).

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Puedes rezarla junto a la cama, en la sala de espera o en tu casa. Si la enfermedad se alarga, el Salmo 23, «El Señor es mi pastor», y la Coronilla de la Divina Misericordia son buena compañía para las noches largas. Y no olvides cuidarte tú: comer, dormir algo y dejar que otros te ayuden también es parte de cuidar a un enfermo.

Preguntas

¿Cuál es la oración más poderosa por un enfermo?

Ninguna oración tiene poder por sus palabras: lo que sana es Dios, y Él escucha toda oración hecha con fe. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de una oración solo a sus palabras (CIC 2111). Para un enfermo grave, la Iglesia tiene el sacramento de la Unción de los enfermos, que da el sacerdote, y puedes pedir en tu parroquia que se ofrezca una Misa por él. En casa puedes rezar la oración que la Iglesia rezaba en la Misa por los enfermos: «Dios todopoderoso y eterno, salud eterna de los que creen: escucha nuestra oración por tus siervos enfermos…».

¿Qué oración se reza por un enfermo grave?

Puedes rezar la oración de la Iglesia por los enfermos en singular, con su nombre, o una oración sencilla como esta: «Padre de misericordia, N. está muy enfermo y tenemos miedo. Si es tu voluntad, devuélvele la salud; si no, dale paz y alivia su dolor». Y, sobre todo, llama al sacerdote para que le dé la Unción de los enfermos: el Código de Derecho Canónico les pide a los familiares que procuren que la reciba a tiempo (c. 1001).

¿Cómo pedir la Unción de los enfermos?

Llama a la oficina de tu parroquia, o pide en el hospital que avisen al capellán. Di el nombre del enfermo, dónde está, si puede hablar y si es urgente. Solo un sacerdote puede darla (c. 1003). No esperes al último momento: se puede recibir desde que la persona empieza a estar en peligro por enfermedad o vejez, antes de una operación importante, y se puede repetir si la enfermedad se agrava (CIC 1514-1515).

¿Puedo rezar por un enfermo que no es católico?

Sí, siempre. San Pablo pide que se hagan oraciones por todos los hombres (1 Tim 2,1), y Dios ama a cada enfermo, sea de la religión que sea. Si está despierto, puedes preguntarle con respeto si quiere que reces con él. Los sacramentos son otra cosa: la Unción de los enfermos se da a los católicos, con algunas excepciones para otros cristianos que el sacerdote conoce (c. 844). Tu oración por él no tiene excepciones.

¿Qué salmo se reza por un enfermo?

El más rezado junto a un enfermo es el Salmo 23, «El Señor es mi pastor», que pide confianza en las noches largas. Muchas familias rezan también el Salmo 91, el salmo de la protección de Dios, y el Salmo 41, que llama dichoso a quien cuida del débil y promete que el Señor lo sostiene en su lecho de dolor. Puedes rezarlos despacio, junto a la cama o desde lejos, y terminar con la oración por los enfermos de esta página.

¿Cómo rezar por un enfermo en el hospital?

Con pocas palabras y en voz baja: di su nombre, tómale la mano y reza un Padre nuestro, un Ave María o una frase corta como «Jesús, en ti confío». Respeta los horarios y lo que pidan los médicos y las enfermeras, y no enciendas velas. Pregunta en la central de enfermeras por el capellán, para la Comunión, la Confesión o la Unción de los enfermos.

¿Qué santo es el patrono de los enfermos?

San Camilo de Lelis y san Juan de Dios, que el papa León XIII declaró patronos de los enfermos y de los hospitales en 1886. Muchos piden también a la Virgen de Lourdes, Salud de los enfermos; a san Rafael Arcángel, cuyo nombre significa «Dios sana»; a san Peregrino, por los enfermos de cáncer; y a san José, patrono de la buena muerte.

¿Cuándo es el Día Mundial del Enfermo?

El 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes. Lo estableció san Juan Pablo II en 1992. Ese día muchas parroquias celebran la Unción de los enfermos en comunidad y visitan a los enfermos de su barrio.