Una capilla lateral de piedra de noche, con el sagrario dorado cerrado sobre el altar, la lámpara roja encendida a su lado y un reclinatorio vacío frente a él

Oración

Comunión espiritual: qué es, la oración y cómo hacerla

La comunión espiritual es el deseo ardiente de recibir a Jesús en la Eucaristía cuando no puedes comulgar.

Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento.

Te amo sobre todas las cosas

y deseo recibirte en mi alma.

Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente,

ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Como si ya hubieras venido, te abrazo

y me uno del todo a ti.

No permitas que jamás me separe de ti.

Amén.

Traducción AngelGuard del acto de comunión espiritual de san Alfonso María de Ligorio (Visitas al Santísimo Sacramento, 1745), según la edición italiana de sus obras, Turín, Marietti, 1880, vol. 1, p. 371.

La comunión espiritual es el deseo ardiente de recibir a Jesús en la Eucaristía cuando no puedes comulgar. La oración más rezada para hacerla es la de san Alfonso María de Ligorio, de 1745, que empieza «Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento…». No es un sacramento ni sustituye la Misa del domingo cuando puedes ir, pero la Iglesia la recomienda desde hace siglos (Ecclesia de Eucharistia, 34). En AngelGuard la tienes en una traducción nuestra del italiano, con el sentido de cada frase, cuándo y cómo hacerla y las oraciones para antes y después de comulgar.

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¿Qué es la comunión espiritual?

3 min de lecturaEs el deseo de recibir a Jesús en la Eucaristía cuando no puedes recibirlo en la hostia consagrada, hecho oración: un acto de fe, de amor y de deseo, como si Él ya hubiera llegado a tu corazón.

Es el deseo de recibir a Jesús en la Eucaristía cuando no puedes recibirlo en la hostia consagrada, hecho oración: un acto de fe, de amor y de deseo, como si Él ya hubiera llegado a tu corazón. San Alfonso María de Ligorio la definió así, apoyándose en santo Tomás de Aquino: un deseo ardiente de recibir a Jesús sacramentado y un abrazo amoroso, como si ya se le hubiera recibido (lo traducimos de su italiano).

No es una devoción nueva. En 1551, el Concilio de Trento enseñó que hay tres maneras de recibir la Eucaristía. Unos la reciben solo sacramentalmente, como quienes comulgan en pecado grave. Otros solo espiritualmente: los que, comiendo con el deseo ese pan del cielo, perciben su fruto «con la viveza de su fe, que obra por amor». Y otros de las dos maneras a la vez, los que se acercan al altar bien preparados (sesión XIII, capítulo 8, en la traducción castellana de Ignacio López de Ayala, 1785). En 1562, el mismo Concilio dijo que quisiera que en cada Misa los fieles comulgaran «no solo espiritualmente, sino recibiendo también sacramentalmente la Eucaristía» (sesión XXII, capítulo 6). Las dos cosas van juntas: el deseo y el sacramento.

Los papas la siguen recomendando. San Juan Pablo II escribió en 2003 que del deseo constante de la Eucaristía nació la práctica de la «comunión espiritual», difundida desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por los santos maestros de vida espiritual (Ecclesia de Eucharistia, 34). En ese mismo número cita a santa Teresa de Jesús, que en el Camino de perfección (cap. 35) les decía a sus monjas que, los días que no comulgaran, «podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho». Benedicto XVI la recomendó a quienes participan en la Misa sin poder comulgar (Sacramentum caritatis, 55). Y el 15 de marzo de 2020, con las iglesias cerradas por la pandemia, el papa Francisco la llamó en el Ángelus «una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento», y la recomendó en especial a las personas que viven solas.

Lo que no es. La comunión espiritual no es un sacramento ni una “comunión de segunda”. No la da un sacerdote ni necesita un rito: la haces tú, con tus palabras o con las de un santo, en una iglesia, en tu cuarto o en el hospital. Y siempre mira hacia la Misa, porque quien desea de verdad a Jesús quiere volver a recibirlo en cuanto pueda.

Y la comunión sacramental, ¿qué pide? Para recibir a Jesús en la hostia, la Iglesia pide estar en gracia de Dios: quien tiene conciencia de pecado grave debe confesarse antes de comulgar (Catecismo de la Iglesia Católica, CIC 1385). Pide también el ayuno de una hora (CIC 1387; Código de Derecho Canónico, c. 919) y acercarse con fe, sabiendo a quién se recibe. La comunión espiritual no es una manera de saltarse esas condiciones. Es lo contrario: aviva el hambre de Dios que lleva a cumplirlas.

La oración de san Alfonso María de Ligorio, frase por frase

3 min de lecturaLa oración del principio de esta página es el acto de comunión espiritual que san Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo, fundador de los redentoristas y doctor de la Iglesia, escribió en su librito Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima, publicado en 1745.

La oración del principio de esta página es el acto de comunión espiritual que san Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo, fundador de los redentoristas y doctor de la Iglesia, escribió en su librito Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima, publicado en 1745. Lo pensó para rezarlo en cada visita a Jesús en el sagrario y en cada Misa. El libro se reimprimió miles de veces en decenas de idiomas, y con él la oración llegó a todo el mundo católico. En 1952, el libro oficial de las indulgencias de la Santa Sede todavía la proponía como modelo, junto a otra del cardenal Rafael Merry del Val, y aclaraba que se puede usar cualquier fórmula (Enchiridion indulgentiarum, n. 164).

Nuestra traducción. El texto de arriba es una traducción nuestra, línea por línea, del italiano de san Alfonso, como lo imprime la edición de sus obras de 1880. Muchos devocionarios en español dicen «estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar» y «como si ya te hubiese recibido». Es la misma oración: esas palabras las añadieron los traductores para subrayar la fe de la Iglesia. Aquí seguimos al santo palabra por palabra, para que sepas exactamente qué escribió.

«Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento». En italiano, Gesù mio, credo che voi state nel SS. Sacramento. Todo empieza por la fe. No le hablas a un recuerdo ni a un símbolo: le hablas a Jesús vivo, el mismo que está en el sagrario de tu parroquia, aunque estés a kilómetros de distancia. Si te cuesta creer, dilo también: la fe se pide.

«Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma». Después de la fe vienen el amor y el deseo, que son el corazón de la comunión espiritual: san Alfonso la define justamente como deseo. Decirle a Jesús «deseo recibirte» es reconocer que tienes hambre de Él y que nada más la llena.

«Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón». La oración es honesta: reconoce que falta algo. No dice «no te necesito», dice «ahora no puedo». Ese «al menos» guarda la esperanza de la próxima comunión en la Misa.

«Como si ya hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti». El santo escribió, literalmente, «como ya venido». Le hablas a Jesús como después de comulgar, cuando ya está contigo, y lo abrazas. Es un gesto de confianza, no de imaginación: Él quiere estar contigo más de lo que tú lo deseas.

«No permitas que jamás me separe de ti». El final es una súplica. Lo único que de verdad nos separa de Cristo es el pecado, y no se lo prometes con tus fuerzas: se lo pides a Él, que es quien puede sostenerte.

La forma breve. En la misma página, san Alfonso dejó una versión corta, para decirla en cualquier momento del día. Esta es nuestra traducción:

Creo, Jesús, que estás en el Santísimo Sacramento;

te amo y deseo recibirte.

Ven a mi corazón.

Te abrazo: no te apartes más de mí.

Cabe en un respiro: al pasar frente a una iglesia, en el camión o en el metro, antes de dormir. San Alfonso aconsejaba hacer la comunión espiritual por lo menos una vez en cada visita al Santísimo y en cada Misa, y mejor aún tres veces: al principio, a la mitad y al final.

¿Cuándo se puede hacer la comunión espiritual?

3 min de lecturaCuando quieras y donde estés.

Cuando quieras y donde estés. No hace falta ayuno, ni permiso, ni que nadie te vea. San Alfonso recoge el consejo de una mística a la que llama la beata Juana de la Cruz: se puede hacer a cualquier hora, y con hacer un acto de amor ya está todo hecho. Estos son los momentos en que más se acostumbra.

Cuando no puedes ir a Misa. Por una enfermedad, por la edad, por cuidar a un enfermo o a niños pequeños, por un viaje o porque en tu comunidad no hay sacerdote ese domingo. El Catecismo dice que quien falta a Misa por una razón seria está excusado (CIC 2181) y, cuando la Misa es imposible, recomienda dedicar un tiempo a la oración, solo o en familia (CIC 2183). La comunión espiritual es una manera muy hermosa de vivir ese tiempo.

Mientras sigues una Misa por televisión o por internet. Cuando llega el momento de la comunión y ves que los fieles se acercan al altar, haz tu comunión espiritual desde tu casa. Seguir la Misa en una pantalla es una buena manera de rezar cuando no puedes salir, pero no es lo mismo que estar ahí: si puedes ir a tu parroquia el domingo, la transmisión no cumple el precepto, que pide participar en la Misa (CIC 2180).

En la Misa, cuando no comulgas. Quizá necesitas confesarte antes, no guardaste el ayuno o ya comulgaste dos veces ese día. Quédate en tu lugar mientras los demás pasan y haz la comunión espiritual. Benedicto XVI recuerda que, aun sin comulgar, tu participación en la Misa sigue siendo necesaria, válida y fructuosa (Sacramentum caritatis, 55). Nadie tiene por qué saber por qué no pasaste. Y si es tu situación de vida la que no te permite comulgar por ahora, por ejemplo si te casaste por el civil después de un divorcio, no estás fuera: sigues perteneciendo a la Iglesia, que te invita a la Misa aunque no comulgues, a la adoración, a la oración y a hablar con un sacerdote de confianza (Sacramentum caritatis, 29). El deseo de Jesús que llevas dentro, díselo desde tu lugar.

Ante el sagrario. En una visita al Santísimo, en una Hora Santa o en la noche del Jueves Santo, cuando en muchos lugares de México se acostumbra visitar siete templos. Para ese momento escribió san Alfonso su oración.

Cada día. Al despertar, en una pausa del trabajo, antes de dormir. No sustituye nada; une tu día a la Eucaristía que se celebra en algún lugar del mundo a toda hora.

Si estás enfermo. La comunión espiritual no reemplaza la comunión que la Iglesia lleva a los enfermos: pide en tu parroquia que te visite un sacerdote o un ministro de la comunión. Los enfermos, los mayores y quienes los cuidan no están obligados al ayuno de una hora (Código de Derecho Canónico, c. 919, § 3). Mientras llega la visita, la comunión espiritual te mantiene unido a Jesús.

Cómo hacer la comunión espiritual, paso a paso

2 min de lecturaNo hay una fórmula obligatoria: basta un acto de fe, de amor y de deseo, con tus palabras o con las de un santo.

No hay una fórmula obligatoria: basta un acto de fe, de amor y de deseo, con tus palabras o con las de un santo. Pero un orden sencillo ayuda, sobre todo al principio. Así puedes hacerla en tres o cuatro minutos:

  1. Haz silencio. Busca un lugar tranquilo. Si puedes, ponte frente a un crucifijo o una imagen de Jesús, o piensa en el sagrario de tu parroquia. Haz la señal de la cruz.
  2. Haz un acto de fe. Dile a Jesús que crees que está presente en la Eucaristía, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad. Si quieres, reza el Credo.
  3. Pide perdón. Reconoce tus faltas con humildad; puedes rezar el acto de contrición. Si tienes conciencia de un pecado grave, añade el propósito de confesarte cuanto antes (CIC 1452).
  4. Expresa tu deseo. Reza despacio la oración de san Alfonso, la de arriba, o dile a Jesús con tus palabras que quieres recibirlo. Si sigues una Misa, hazlo en el momento de la comunión.
  5. Quédate con Él. Guarda unos minutos de silencio, como después de comulgar. Dale gracias, háblale de tu día y de las personas que quieres, y escucha. Puedes rezar el Alma de Cristo (más abajo) o un Padre nuestro.
  6. Termina con un propósito pequeño. Algo concreto para hoy: una paciencia, una llamada, un perdón. Y la señal de la cruz.

¿Y si no siento nada? No importa. La comunión espiritual no se mide por lo que sientes, sino por lo que quieres: el deseo de Jesús ya es obra de su gracia en ti. Los días de sequedad, basta decirle con sencillez: «Quiero quererte, ven».

Con los niños. Los niños que todavía no han hecho su primera comunión pueden aprender la forma breve de san Alfonso y decirla desde la banca mientras sus papás comulgan. Así la Misa les va despertando el deseo de recibir a Jesús, y la primera comunión llega como el día que esperaban.

En familia. Si en tu casa siguen la Misa en la televisión, pueden decir juntos la oración en voz alta en el momento de la comunión y quedarse luego un minuto en silencio. Es poco tiempo, y enseña mucho.

Oraciones para antes y después de comulgar

3 min de lecturaLas actitudes de la comunión espiritual, fe, humildad, deseo y gratitud, son las mismas que preparan la comunión en la Misa y la prolongan.

Las actitudes de la comunión espiritual, fe, humildad, deseo y gratitud, son las mismas que preparan la comunión en la Misa y la prolongan. Estas son las oraciones más usadas para antes y después de comulgar.

Antes de comulgar. En la Misa, toda la asamblea repite las palabras del centurión del Evangelio, que pidió a Jesús la curación de su siervo sin atreverse a recibirlo bajo su techo (Mt 8,8; CIC 1386). Muchos rezan además, en la fila o desde la banca, un acto de fe breve como la forma corta de san Alfonso. Para prepararte con más calma, por ejemplo la noche anterior o al llegar a la iglesia, existe la oración de santo Tomás de Aquino antes de la comunión, que en latín empieza Omnipotens sempiterne Deus, ecce accedo. En ella el santo se acerca al sacramento como un enfermo al médico de la vida, como un impuro a la fuente de la misericordia y como un pobre al Señor del cielo y de la tierra.

Después de comulgar: el Alma de Cristo. Es la oración de acción de gracias más conocida. Viene de la Edad Media, del siglo XIV, y san Ignacio de Loyola la recomienda en sus Ejercicios espirituales; por eso muchos la creen suya. El libro de las indulgencias de la Santa Sede de 1952 la pone entre las oraciones a Jesús en la Eucaristía y la recomienda de modo especial después de la comunión (Enchiridion indulgentiarum, n. 131). En latín empieza Anima Christi, sanctifica me. Corpus Christi, salva me. Sanguis Christi, inebria me. Esta es nuestra traducción completa:

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh buen Jesús, escúchame!

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me separe de ti.

Del enemigo maligno, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame

y mándame ir a ti,

para que con tus santos te alabe

por los siglos de los siglos.

Amén.

Sirve también después de una comunión espiritual: si Jesús ha venido a tu corazón por el deseo, puedes darle gracias con las mismas palabras. Fíjate en que el Alma de Cristo repite la última súplica de san Alfonso, no permitir que nos separemos de Él: las dos oraciones nacen del mismo amor.

Otras formas de dar gracias. Santo Tomás dejó también una oración de acción de gracias, que en latín empieza Gratias tibi ago. Pero lo más importante es lo más sencillo: unos minutos de silencio después de comulgar, sin prisa por salir, hablándole a Jesús de lo que llevas en el corazón. Si quieres alargar ese rato, el Rosario o la oración al Sagrado Corazón son buena compañía.

Otra fórmula muy querida. En México muchos conocen también la comunión espiritual que repetía san Josemaría Escrivá, que la aprendió de niño, en 1912, de un sacerdote escolapio, el padre Manuel Laborda, cuando se preparaba para su primera comunión. Todas estas oraciones dicen lo mismo con distintas palabras: Señor, quiero recibirte; ven.

Preguntas

¿Qué es la comunión espiritual?

Es el deseo ardiente de recibir a Jesús en la Eucaristía cuando no puedes comulgar sacramentalmente, unido a un acto de fe y de amor. El Concilio de Trento la distingue de la comunión sacramental (sesión XIII, cap. 8) y san Juan Pablo II la recomienda (Ecclesia de Eucharistia, 34). No es un sacramento: es una oración que puedes hacer en cualquier momento.

¿Cuál es la oración de la comunión espiritual?

La más conocida es la de san Alfonso María de Ligorio. En nuestra traducción del italiano dice: «Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separe de ti. Amén.» También puedes usar otra fórmula o tus propias palabras.

¿Qué oración puedo rezar si no puedo comulgar en la Misa?

Quédate en tu lugar y haz la comunión espiritual, con la oración de san Alfonso o con su forma breve: «Creo, Jesús, que estás en el Santísimo Sacramento; te amo y deseo recibirte. Ven a mi corazón. Te abrazo: no te apartes más de mí». Aunque no comulgues, tu participación en la Misa sigue siendo valiosa (Sacramentum caritatis, 55).

¿Cuándo se puede hacer la comunión espiritual?

Siempre que quieras: cuando no puedes ir a Misa por enfermedad o por otra razón seria, mientras sigues una Misa por televisión o internet, en la Misa cuando no comulgas, ante el sagrario o en cualquier momento del día. No necesita ayuno ni permiso de nadie.

¿La comunión espiritual sustituye a la Misa?

No. Si puedes ir a Misa el domingo, la Iglesia te pide participar en ella (CIC 2180-2181), y ver la Misa por televisión no cumple ese precepto. Cuando de verdad no puedes ir, estás excusado, y la Iglesia recomienda dedicar ese tiempo a la oración (CIC 2183); ahí la comunión espiritual ayuda mucho. Tampoco reemplaza la comunión que la parroquia lleva a los enfermos.

¿Se puede hacer la comunión espiritual en pecado mortal?

Sí: no esperes para volver a Jesús. Empieza por un acto de contrición sincero, con el propósito de confesarte cuanto antes: el arrepentimiento que nace del amor a Dios, con ese propósito, ya obtiene su perdón (CIC 1452). Después dile, con la oración de san Alfonso o con tus palabras, que deseas recibirlo. Lo que la comunión espiritual no hace es sustituir la confesión: para volver a comulgar en la Misa, quien tiene conciencia de pecado grave debe confesarse antes (CIC 1385).

¿Cuáles son las condiciones para comulgar?

Estar en gracia de Dios, es decir, haberte confesado si tienes conciencia de pecado grave (CIC 1385 y 1415); guardar el ayuno de una hora, salvo agua y medicinas (Código de Derecho Canónico, c. 919; los enfermos, los mayores y quienes los cuidan están dispensados); y acercarte con fe, sabiendo que recibes a Jesús. Si hoy no puedes cumplirlas, haz la comunión espiritual.

¿Qué oración se reza después de comulgar?

La oración de acción de gracias más conocida es el Alma de Cristo («Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame…»), que la Santa Sede recomendaba de modo especial después de la comunión. También está la acción de gracias de santo Tomás de Aquino. Y siempre sirven unos minutos de silencio para hablar con Jesús.