Credo

Oración

Credo: la oración completa y su sentido

El Credo de los Apóstoles como se reza en la Misa en México, el Credo largo de Nicea, de dónde vienen y el sentido de cada artículo según el Catecismo

El Credo es la oración que resume la fe católica: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor…”. Esta forma breve es el Credo de los Apóstoles, el antiguo símbolo del Bautismo de la Iglesia de Roma; en la Misa del domingo se reza normalmente el Credo largo, el niceno-constantinopolitano. En AngelGuard tienes los dos como los imprime el misal de la Arquidiócesis de Guadalajara, que sigue el Misal Romano usado en México, y el sentido de cada artículo según el Catecismo.

Creo en Dios, Padre todopoderoso,

Creador del Cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos;

al tercer día, resucitó de entre los muertos,

subió a los Cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna.

Amén.

Credo de los Apóstoles como lo imprime La Santa Misa. Misal Diario de la Arquidiócesis de Guadalajara (julio de 2026, Ordinario de la Misa, Profesión de fe), que sigue el Misal Romano de la Conferencia del Episcopado Mexicano; traducción litúrgica oficial.

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¿Qué es el Credo y qué significa?

2 min de lecturaEl Credo es la profesión de fe de la Iglesia: un resumen breve de lo que los católicos creemos sobre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El Credo es la profesión de fe de la Iglesia: un resumen breve de lo que los católicos creemos sobre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se llama así porque su primera palabra es normalmente “Creo”, en latín Credo (CIC 187). La Iglesia también lo llama “símbolo de la fe”. En griego, symbolon era la mitad de un objeto partido, por ejemplo un sello, que se presentaba como señal para darse a conocer: al juntar las dos partes se comprobaba quién era el portador. El símbolo de la fe es, pues, un signo de identificación y de comunión entre los creyentes, y también la recopilación de las principales verdades de la fe (CIC 188).

Decir “creo” no es solo estar de acuerdo con unas ideas. Quien dice “Yo creo” dice “Yo me adhiero a lo que nosotros creemos” (CIC 185). La fe es personal, pero nadie cree solo: “Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo” (CIC 166). Por eso el Credo de los Apóstoles dice “Creo”, en singular, la fe de la Iglesia que cada uno profesa, sobre todo en su Bautismo, mientras que el Credo de Nicea, en su original griego, decía “Creemos”, la fe confesada por los obispos reunidos en concilio o por la asamblea que celebra la liturgia (CIC 167).

Rezar el Credo, entonces, es más que repasar una lista. El Catecismo dice que recitarlo con fe “es entrar en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”, y también con toda la Iglesia que nos transmite la fe; san Ambrosio lo llamaba “el tesoro de nuestra alma” (CIC 197). Esta página tiene el Credo breve, el de los Apóstoles, como se reza en México; más abajo encuentras el Credo largo de la Misa y el sentido de cada artículo.

Qué significa el Credo, artículo por artículo

4 min de lecturaEl Credo tiene tres partes, una por cada Persona de la Santísima Trinidad: el Padre y la obra de la creación, el Hijo y el misterio de la redención, el Espíritu Santo, fuente de nuestra santificación (CIC 190).

El Credo tiene tres partes, una por cada Persona de la Santísima Trinidad: el Padre y la obra de la creación, el Hijo y el misterio de la redención, el Espíritu Santo, fuente de nuestra santificación (CIC 190). Una antigua tradición, atestiguada ya por san Ambrosio, cuenta doce artículos, como los doce apóstoles (CIC 191). Entre paréntesis van los números del Catecismo de la Iglesia Católica donde se explica cada uno.

1. “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra” (CIC 198-421). Es la afirmación más fundamental: todos los demás artículos del Credo dependen del primero (CIC 199). De todos los atributos de Dios, el Credo solo nombra la omnipotencia, y el Catecismo la describe como universal, amorosa, porque Dios es nuestro Padre, y misteriosa, porque solo la fe la descubre cuando “se manifiesta en la debilidad” (CIC 268).

2. “Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor” (CIC 422-455). Jesús quiere decir en hebreo “Dios salva” (CIC 430). Llamarlo Señor es reconocerlo como Dios: la traducción griega del Antiguo Testamento usaba “Señor” para el nombre de Dios, y el Nuevo Testamento se lo da a Jesús (CIC 446). Confesar que Jesús es Señor es lo propio de la fe cristiana (CIC 202).

3. “Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen” (CIC 456-570). Desde las primeras fórmulas de fe, la Iglesia confiesa que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo (CIC 496).

4. “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado” (CIC 571-630). El nombre de un gobernador romano ata la fe a la historia: el Hijo eterno de Dios es Jesús de Nazaret, muerto crucificado en Jerusalén bajo el procurador Poncio Pilato (CIC 423). La Iglesia enseña que la responsabilidad del proceso de Jesús no se puede atribuir al conjunto de los judíos de Jerusalén, y menos todavía a los judíos de otros tiempos y lugares (CIC 597), y que Cristo murió por todos los hombres sin excepción (CIC 605).

5. “Descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos” (CIC 631-658). El Credo une en un mismo artículo el descenso a los infiernos y la resurrección, porque es en su Pascua donde, desde el fondo de la muerte, Cristo hace brotar la vida (CIC 631). La resurrección es un acontecimiento real, con manifestaciones históricamente comprobadas, como lo atestigua el Nuevo Testamento (CIC 639). Qué quiere decir “infiernos” lo explicamos más abajo.

6. “Subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso” (CIC 659-667). La humanidad de Jesús entra para siempre en la gloria de Dios (CIC 659), y en el cielo Cristo está siempre vivo para interceder por nosotros (CIC 662).

7. “Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos” (CIC 668-682). Cristo es Señor del cosmos y de la historia (CIC 668). El derecho de juzgar le pertenece como Redentor del mundo, pero el Hijo no vino para juzgar, sino para salvar (CIC 679).

8. “Creo en el Espíritu Santo” (CIC 683-747). Nadie puede decir “¡Jesús es Señor!” sino por influjo del Espíritu Santo: es Él quien nos precede y despierta en nosotros la fe (CIC 683).

9. “La santa Iglesia católica, la comunión de los santos” (CIC 748-975). “Católica” significa universal, “según la totalidad” (CIC 830). La comunión de los santos es precisamente la Iglesia (CIC 946): comunión en las cosas santas y comunión entre las personas santas (CIC 948), los que todavía peregrinan en la tierra, los difuntos que se purifican y los que ya contemplan a Dios en la gloria (CIC 954).

10. “El perdón de los pecados” (CIC 976-987). El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón (CIC 977), y no hay falta, por grave que sea, que la Iglesia no pueda perdonar a quien de verdad se arrepiente (CIC 982).

11. “La resurrección de la carne” (CIC 988-1019). “Carne” designa al ser humano en su debilidad y su mortalidad. Creer en la resurrección de la carne es creer que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma, sino que también nuestros cuerpos mortales volverán a tener vida (CIC 990).

12. “Y la vida eterna” (CIC 1020-1060). El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús la ve como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna (CIC 1020).

¿Y el “Amén”? El Credo termina, como el último libro de la Biblia, con la palabra hebrea Amén (CIC 1061). Ese Amén final recoge y confirma la primera palabra, “Creo”: creer es decir amén a las palabras, a las promesas y a los mandamientos de Dios (CIC 1064).

Credo de los Apóstoles y Credo niceno-constantinopolitano: ¿cuál es la diferencia?

4 min de lecturaLos dos profesan la misma fe; cambian la extensión y la historia.

Los dos profesan la misma fe; cambian la extensión y la historia. El de los Apóstoles es el Credo corto, el antiguo símbolo del Bautismo de la Iglesia de Roma, considerado con justicia el resumen fiel de la fe de los Apóstoles (CIC 194). El niceno-constantinopolitano es el Credo largo: es fruto de los dos primeros concilios ecuménicos, Nicea (325) y Constantinopla (381), y todavía hoy es el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente (CIC 195).

A lo largo de los siglos la Iglesia ha formulado muchas profesiones de fe, desde los símbolos de las antiguas Iglesias apostólicas hasta el “Credo del Pueblo de Dios” de Pablo VI, en 1968 (CIC 192), y ninguna se considera superada; pero estas dos ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia (CIC 193). El Catecismo sigue el Símbolo de los Apóstoles, “el más antiguo catecismo romano”, y lo completa con el niceno-constantinopolitano, que con frecuencia es más explícito y más detallado (CIC 196).

Lo más explícito del Credo largo está en lo que dice de Jesús: “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre”. Así confesó el concilio de Nicea, frente a Arrio, que el Hijo de Dios es “engendrado, no creado”, de la misma sustancia que el Padre (en griego, homousion), y no salido de la nada (CIC 465). También dice que la Iglesia es “una, santa, católica y apostólica” (CIC 750, 811). Este es el Credo largo como lo imprime el mismo misal de la Arquidiócesis de Guadalajara:

Creo en un solo Dios;

Padre todopoderoso,

Creador del Cielo y de la tierra,

de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,

Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos:

Dios de Dios, Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero,

engendrado, no creado,

de la misma naturaleza del Padre

por Quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,

y por nuestra salvación bajó del Cielo,

y por obra del Espíritu Santo

se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado

en tiempos de Poncio Pilato,

padeció y fue sepultado,

y resucitó al tercer día, según las Escrituras,

y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria

para juzgar a vivos y muertos,

y su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida,

que procede del Padre y del Hijo,

que con el Padre y el Hijo

recibe una misma adoración y gloria,

y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,

que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo Bautismo

para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos

y la vida del mundo futuro.

Amén.

Texto: La Santa Misa. Misal Diario, Arquidiócesis de Guadalajara, julio de 2026, Ordinario de la Misa, “Credo niceno-constantinopolitano”, p. 6; es la traducción litúrgica oficial del Misal Romano, no un texto de dominio público. En la Misa, a las palabras “y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre” todos se inclinan profundamente, y en las solemnidades de la Anunciación y de Navidad se arrodillan (IGMR 137).

La frase “que procede del Padre y del Hijo”, en latín Filioque, no estaba en el texto de Constantinopla del año 381: la liturgia latina la fue admitiendo entre los siglos VIII y XI, y todavía hoy es un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas (CIC 247). El Catecismo explica que la tradición oriental y la occidental expresan el mismo misterio de manera complementaria (CIC 248).

¿De dónde viene el Credo de los Apóstoles?

2 min de lecturaViene del Bautismo.

Viene del Bautismo. Desde su origen, la Iglesia expresó su fe en fórmulas breves (cf. Rm 10,9; 1 Co 15,3-5), y muy pronto quiso reunir lo esencial en resúmenes pensados sobre todo para quienes se preparaban a ser bautizados (CIC 186). La primera profesión de fe se hace en el Bautismo, y como el Bautismo se da “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19), las verdades del Credo se ordenan según las tres Personas de la Trinidad (CIC 189). Por eso el Catecismo dice que el Símbolo de los Apóstoles es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma (CIC 194).

El nombre “Símbolo de los Apóstoles” aparece por primera vez por escrito hacia el año 390, en una carta que un concilio reunido en Milán dirigió al papa Siricio: pedía dar crédito, al menos, al Símbolo de los Apóstoles, que la Iglesia de Roma conserva sin alteración. Hacia el año 400, Rufino de Aquilea contó que los apóstoles lo habían compuesto juntos, y desde el siglo VI circulaba la leyenda de que cada uno de los doce había aportado un artículo el día de Pentecostés, algo que se creyó durante toda la Edad Media (Herbert Thurston, artículo sobre el Credo de los Apóstoles en la Enciclopedia Católica, 1907). El Catecismo no habla de esa leyenda: dice que el Credo se llama así porque es considerado con justicia el resumen fiel de la fe de los Apóstoles, y que su autoridad le viene, como decía san Ambrosio, de ser el símbolo que guarda la Iglesia de Roma, sede de Pedro, el primero de los apóstoles (CIC 194).

En México, el Credo se aprende en la catequesis junto con el Padre nuestro y el Ave María: Desde la Fe, la revista de la Arquidiócesis de México, lo pone entre las cinco oraciones básicas para enseñar a los niños. Si lo aprendiste de niño con otras palabras, “Y en Jesucristo” o “a juzgar a los vivos y a los muertos”, no rezabas otra cosa: más abajo explicamos por qué hay versiones distintas.

¿Cuándo se reza el Credo? En la Misa, el Bautismo y el Rosario

2 min de lecturaSe reza sobre todo en la Misa del domingo, en el Bautismo y en la Confirmación, y en muchos lugares también al comenzar el Rosario.

Se reza sobre todo en la Misa del domingo, en el Bautismo y en la Confirmación, y en muchos lugares también al comenzar el Rosario.

En la Misa. Después de la homilía, el Credo es la respuesta de todo el pueblo a la Palabra de Dios: recuerda y confiesa los grandes misterios de la fe antes de comenzar la celebración de la Eucaristía (IGMR 67). Se canta o se recita, el sacerdote junto con el pueblo, los domingos y en las solemnidades (IGMR 68), todos de pie (IGMR 137). Lo habitual es el Credo largo, pero el Misal permite decir en su lugar el de los Apóstoles, sobre todo en Cuaresma y en el tiempo de Pascua (Ordinario de la Misa, n. 19); el misal de Guadalajara lo imprime justo después del largo, con un simple “O bien:”. En el Credo de los Apóstoles, todos se inclinan desde “que fue concebido” hasta “María Virgen”.

En el Bautismo y la Confirmación. Antes de ser bautizado, el candidato renuncia a Satanás y confiesa la fe de la Iglesia (CIC 1237). Cada año, en la Vigilia Pascual, la Iglesia renueva las promesas del Bautismo (CIC 1254), y cuando la Confirmación se celebra aparte del Bautismo, como es el caso en el rito romano, comienza con esa renovación y con la profesión de fe de los confirmandos (CIC 1298).

En el Rosario. San Juan Pablo II explicó que en algunas regiones el Rosario se empieza recitando el Credo, “como haciendo de la profesión de fe el fundamento del camino contemplativo”, y en otras con una invocación del Salmo 69; los dos son usos legítimos (Rosarium Virginis Mariae, 37). El orden completo está en el Santo Rosario.

En tu oración personal. No hace falta esperar al domingo. Puedes rezarlo al empezar el día, antes de dormir o en un momento de duda. Ayuda ir despacio y detenerte un instante después de cada artículo, o llevar uno solo contigo durante el día: “Creador del Cielo y de la tierra” una mañana, “padeció bajo el poder de Poncio Pilato” otra. El Catecismo dice que la vida cristiana de cada día es el “Amén” al “Creo” de nuestro Bautismo (CIC 1064).

Palabras del Credo que causan dudas

2 min de lectura“Descendió a los infiernos.”

“Descendió a los infiernos.” No quiere decir que Jesús fuera al infierno de los condenados. La Escritura llama infiernos, sheol o hades, a la morada de los muertos, donde todos, justos y malos, estaban a la espera del Redentor (CIC 633). Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos, pero descendió como Salvador, proclamando la buena nueva (CIC 632). No bajó para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que lo habían precedido (CIC 633).

“La santa Iglesia católica.” Fíjate en un detalle: el Credo dice “Creo en Dios” y “Creo en el Espíritu Santo”, pero no pone “en” delante de “la santa Iglesia católica”. El Catecismo explica que en el Símbolo de los Apóstoles profesamos creer que existe una Iglesia santa, y no creer en la Iglesia, para no confundir a Dios con sus obras (CIC 750). Y “católica” no es aquí el nombre de un grupo: significa universal, según la totalidad (CIC 830).

“La comunión de los santos.” No habla solo de los santos canonizados. Habla de todos los que son de Cristo, los que peregrinan en la tierra, los difuntos que se purifican y los que ya están en la gloria (CIC 954), y de las cosas santas que compartimos (CIC 948). Por eso podemos rezar unos por otros, pedir la intercesión de los santos y rezar por nuestros difuntos.

“La resurrección de la carne.” No es solo que el alma sobreviva. La fe cristiana dice que también nuestros cuerpos mortales volverán a tener vida (CIC 990).

“Todopoderoso.” No es el poder de quien hace cualquier capricho. El Catecismo recuerda que la omnipotencia de Dios es amorosa, porque Dios es nuestro Padre, y misteriosa, porque a veces solo la fe la descubre en la debilidad (CIC 268).

Preguntas

¿Cuál es la oración del Credo completa?

Así la imprime el misal de la Arquidiócesis de Guadalajara, que sigue el Misal Romano usado en México: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.” Es el Credo de los Apóstoles; el Credo largo de la Misa empieza “Creo en un solo Dios”.

¿Cuál es la diferencia entre el Credo corto y el Credo largo?

El Credo corto es el de los Apóstoles, el antiguo símbolo del Bautismo de la Iglesia de Roma (CIC 194). El largo es el niceno-constantinopolitano, fruto de los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381), más explícito sobre la divinidad de Jesús y sobre el Espíritu Santo (CIC 195-196). Los dos profesan la misma fe, y en la Misa se puede rezar cualquiera de los dos.

¿Qué significa “descendió a los infiernos”?

Que Jesús murió de verdad y bajó a la morada de los muertos, que la Escritura llama infiernos, sheol o hades, como Salvador de los justos que esperaban al Redentor. No significa que fuera al infierno de los condenados (CIC 632-633).

¿Por qué hay versiones distintas del Credo?

Porque circulan traducciones de distintas épocas. El texto de esta página es el del Misal Romano que se usa en la Misa en México: “Creo en Jesucristo” y “a juzgar a vivos y muertos”. Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, publica para enseñar a los niños una forma catequística con “Y en Jesucristo” y “a juzgar a los vivos y a los muertos”. La fe que se profesa es la misma; en la Misa conviene usar el texto del Misal para rezar todos juntos.

¿Cuándo se reza el Credo en la Misa?

Después de la homilía, los domingos y en las solemnidades, todos de pie (IGMR 67, 68 y 137). Normalmente se reza el Credo niceno-constantinopolitano, pero el Misal permite el de los Apóstoles, sobre todo en Cuaresma y en el tiempo de Pascua.

¿Cómo es el Credo de los Apóstoles en latín?

Así lo publica el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica: “Credo in Deum, Patrem omnipoténtem, Creatórem caeli et terrae, et in Iesum Christum, Filium Eius únicum, Dóminum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex María Virgine, passus sub Póntio Piláto, crucifixus, mórtuus, et sepúltus, descendit ad ínferos, tértia die resurréxit a mórtuis, ascéndit ad caelos, sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis, inde ventúrus est iudicáre vivos et mórtuos. Et in Spíritum Sanctum, sanctam Ecclésiam cathólicam, sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem, vitam aetérnam. Amen.”