
Oración
Oración a la Santísima Trinidad: ayuda y protección
La oración a la Santísima Trinidad adora al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, un solo Dios: aquí la tienes.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
un solo Dios en tres Personas,
te adoro y me pongo en tus manos.
Padre, que me creaste y me amas desde siempre,
cuida mi vida y la de los míos.
Hijo, Jesucristo, que moriste y resucitaste por mí,
perdona mis pecados y camina conmigo.
Espíritu Santo, fuego de amor,
vive en mi corazón y enséñame a rezar.
Hoy te presento lo que llevo en el alma:
(dile a Dios lo que le pides, con tus palabras)
Líbrame de todo mal y de todo lo que me aparta de ti,
y haz de mi vida y de mi casa un lugar donde tú habites.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Texto AngelGuard: la oración a la Santísima Trinidad y la oración por la familia, escritas para esta página. El Gloria final, el Trisagio y la oración de la fiesta son traducciones AngelGuard del latín del Misal Romano (Tournai, 1889); la oración de santa Isabel de la Trinidad, traducción AngelGuard del francés (Dijon, 1913).
Es una oración de AngelGuard, escrita para esta página, que termina con el Gloria, una de las alabanzas más antiguas de la Iglesia. El misterio de la Santísima Trinidad es el centro de la fe y de la vida cristiana (CIC 234), y lo confiesas cada vez que te persignas. Más abajo tienes además el Trisagio, la oración de la fiesta, la de santa Isabel de la Trinidad en una traducción nuestra del francés, una oración para la familia y la fecha del domingo de la Santísima Trinidad de 2027.
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La oración a la Santísima Trinidad, frase por frase
3 min de lecturaLa oración del principio es nuestra, escrita para esta página.
La oración del principio es nuestra, escrita para esta página. No copia ninguna de las que circulan en estampas y en internet: muchas son recientes, y algunas prometen resultados que ninguna oración puede prometer. Esta se dirige a las tres Personas, una por una, y termina con el Gloria. Cabe en un minuto, y puedes rezarla al despertar, antes de dormir o frente al sagrario. Más abajo tienes otras oraciones a la Trinidad, y la que el ángel les enseñó en 1916 a los pastorcitos está en nuestra página de la Virgen de Fátima.
«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas». Así empieza porque así es Dios: no tres dioses, sino un solo Dios en tres Personas (CIC 253). Por eso no dices «los adoro», sino «te adoro». El Catecismo explica que los cristianos son bautizados en «el nombre», en singular, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y no en «los nombres» (CIC 233).
«Padre, que me creaste y me amas desde siempre». Al Padre le hablamos como a quien nos dio la vida. Jesús nos enseñó a llamarlo así en el Padre nuestro, y le pedimos lo que un hijo le pide a su papá: que cuide su vida y la de los suyos.
«Hijo, Jesucristo, que moriste y resucitaste por mí». El Hijo se hizo hombre, murió en la cruz y resucitó. A Él le pedimos perdón y compañía: que camine con nosotros, como caminó con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35).
«Espíritu Santo, fuego de amor». El Espíritu Santo es el amor de Dios que vive en nosotros. San Pablo dice que es Él quien nos enseña a rezar cuando no sabemos qué pedir (cf. Rm 8,26). Por eso le pedimos justo eso: «enséñame a rezar». Si quieres rezarle más despacio, tienes la oración al Espíritu Santo.
La pausa. Ahí dices con tus palabras lo que llevas en el alma: una petición, una preocupación, un nombre, o un simple gracias. No hace falta que sea bonito. Dios ya lo sabe, y aun así quiere que se lo pidas, como un papá que espera oír a su hijo (CIC 2736).
«Líbrame de todo mal y de todo lo que me aparta de ti». Es la misma súplica con la que termina el Padre nuestro, y el Catecismo explica que ese mal no es una idea, sino una persona: Satanás, el Maligno (CIC 2851). Pedimos protección, pero sobre todo pedimos no separarnos de Dios: ese es el mal más grande.
«Haz de mi vida y de mi casa un lugar donde tú habites». Jesús prometió que, si alguien lo ama y guarda su palabra, el Padre y Él vendrán a él y harán en él su morada (cf. Jn 14,23). El Catecismo lo recuerda así: desde ahora estamos llamados a ser habitados por la Santísima Trinidad (CIC 260).
El Gloria. La oración termina con la alabanza más corta a la Trinidad, la que rezas en cada decena del Santo Rosario. En latín dice Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen. Te la damos en una traducción nuestra de ese latín, tal como viene impreso en el Misal Romano de 1889, que coincide con la forma que se reza en México. No pide nada: solo da gloria a Dios. Por eso es una buena manera de terminar cualquier oración.
¿Qué es la Santísima Trinidad? Explicada con sencillez
4 min de lecturaLa Santísima Trinidad es el único Dios verdadero, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La Santísima Trinidad es el único Dios verdadero, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. No son tres dioses, ni un Dios con tres máscaras: son tres Personas realmente distintas, y cada una es todo Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica en los números 232 a 267, y dice que este misterio es «el misterio central de la fe y de la vida cristiana», la luz que ilumina todos los demás (CIC 234).
Un solo Dios. No confesamos tres dioses, sino un solo Dios en tres Personas. Las Personas no se reparten la divinidad, como si cada una tuviera un pedazo: cada una es enteramente Dios (CIC 253).
Tres Personas distintas. El Padre no es el Hijo, ni el Hijo es el Espíritu Santo. No son tres nombres para lo mismo (CIC 254). Lo que las distingue es cómo se relacionan: el Padre engendra, el Hijo es engendrado y el Espíritu Santo procede (CIC 254-255). Por eso el Catecismo cita una frase antigua que lo dice muy bien: «Dios es único pero no solitario» (CIC 254).
Un misterio que Dios nos reveló. Nadie lo habría adivinado por su cuenta: la Trinidad es un misterio en sentido estricto, que solo conocemos porque Dios lo dio a conocer (CIC 237). Jesús nos habló del Padre, prometió enviar al Espíritu Santo y mandó bautizar «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19).
El Credo de la Trinidad. Un antiguo credo en latín, el que empieza Quicumque, lo resume en una frase. En nuestra traducción: «Esta es la fe católica: que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad, sin confundir las Personas ni separar la sustancia». Durante siglos se le llamó el Credo de san Atanasio, aunque hoy se sabe que no lo escribió él. El Catecismo lo cita en el número 266. El Credo que rezas en Misa tiene la misma forma: una parte para el Padre, otra para el Hijo y otra para el Espíritu Santo.
Cómo explicarlo a un niño. Puedes decirle algo así: «Dios es uno solo, pero no está solo. Es Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres Personas que se aman desde siempre y que son un solo Dios». Las comparaciones ayudan, pero todas cojean: el trébol, el agua que es hielo, líquido y vapor, o el sol que da luz y calor. Pero el agua cambia de forma, y Dios no es primero Padre y luego Hijo: los tres son siempre y a la vez; y la hoja del trébol es un pedazo, y cada Persona es todo Dios. Úsalas como imágenes, no como explicaciones. Cuenta una leyenda medieval que san Agustín, mientras escribía su libro sobre la Trinidad, vio en la playa a un niño que quería meter el mar en un hoyo de arena. «Es más fácil eso», le dijo el niño, «que meter en tu cabeza el misterio de Dios». Es leyenda, pero enseña bien: la Trinidad no se entiende del todo; se adora.
El Trisagio a la Santísima Trinidad. Una de las alabanzas más antiguas a la Trinidad es el Trisagio, que quiere decir «tres veces santo». Recuerda el canto de los serafines que vio el profeta Isaías: «Santo, santo, santo» (cf. Is 6,3). La Iglesia lo canta en latín y en griego el Viernes Santo, durante la adoración de la cruz. Lo rezas también al final de la Coronilla de la Divina Misericordia. Esta es nuestra traducción del latín del Misal; se reza tres veces, despacio:
Santo Dios,
Santo Fuerte,
Santo Inmortal,
ten piedad de nosotros.
En el Misal Romano de 1889, en el oficio del Viernes Santo, un coro canta en griego Agios o Theos y el otro responde en latín Sanctus Deus; así con cada invocación, hasta Sanctus immortalis, miserere nobis. En muchas familias de México se responde también «líbranos, Señor, de todo mal». Las dos formas son buenas: una pide misericordia, la otra protección.
En México, «el Trisagio» es también una devoción más larga, el Trisagio angélico, que los libros antiguos llaman seráfico. Tiene tres partes: en cada una se reza un Padre nuestro y un Gloria, y luego nueve veces «Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria» (cf. Is 6,3), respondiendo cada vez «Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo». Muchas familias lo rezan el domingo de la Santísima Trinidad o en tiempos de angustia.
La señal de la cruz: persignarse y santiguarse
3 min de lecturaLa señal de la cruz es la oración más corta a la Santísima Trinidad, y probablemente la que más veces rezaste en tu vida.
La señal de la cruz es la oración más corta a la Santísima Trinidad, y probablemente la que más veces rezaste en tu vida. Con la mano dibujas la cruz de Cristo sobre tu cuerpo y con la boca dices el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En un solo gesto confiesas los dos misterios principales de la fe, como enseñaba el catecismo de siempre: un solo Dios en tres Personas, y Cristo que nos salvó en la cruz.
Por qué empezamos todo así. El Catecismo dice que el cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, y que esta señal nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades (CIC 2157). En tu bautismo trazaron la cruz sobre tu frente, y es lo primero que hace el sacerdote en la Misa: en el Misal, la Misa empieza con In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.
Persignarse y santiguarse. En México se usan las dos palabras, y el catecismo con el que aprendieron a rezar generaciones de mexicanos, el del padre Ripalda, enseña a hacer las dos cosas. En una edición impresa en la Ciudad de México en 1754 dice que todo cristiano debe acostumbrarse «a signar y santiguar». Persignarse, o signarse, es hacer tres cruces pequeñas con el pulgar: la primera en la frente, para que Dios nos libre de los malos pensamientos; la segunda en la boca, para que nos libre de las malas palabras; la tercera en el pecho, para que nos libre de las malas obras. Santiguarse es la cruz grande: frente, pecho, hombro izquierdo y hombro derecho.
¿Quiénes son «nuestros enemigos»? El mismo catecismo enseña que los enemigos del alma son tres: el demonio, el mundo y la carne. Y añade algo que da mucha paz: no pueden obligarnos a pecar, solo inclinarnos con tentaciones. Por eso la señal de la cruz no es un amuleto ni una fórmula mágica. Es una oración y un sacramental de la Iglesia (CIC 1668), y su fuerza no está en tu mano sino en la cruz de Cristo, que ya venció al enemigo: le pides a Dios que te defienda, y te pones en sus manos.
Esta es la forma completa, la del catecismo de 1754 con la ortografía de hoy. Con las tres cruces pequeñas dices la primera parte, y con la cruz grande la segunda:
Por la señal de la Santa Cruz,
de nuestros enemigos
líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
En el libro de 1754 la oración termina con «Amén, Jesús», como todavía la dicen muchas abuelas. Hazla despacio y bien hecha, no como quien espanta una mosca. Puedes persignarte al salir de casa, al pasar frente a un templo, antes de un examen o de una operación, y bendecir así a tus hijos en la frente antes de dormir. Para empezar el día con ella, tienes la oración de la mañana.
¿Cuándo es el día de la Santísima Trinidad? 23 de mayo de 2027
2 min de lecturaEl domingo de la Santísima Trinidad es el primer domingo después de Pentecostés.
El domingo de la Santísima Trinidad es el primer domingo después de Pentecostés. En 2027 cae el domingo 23 de mayo, una semana después de Pentecostés, que será el 16 de mayo. El jueves siguiente, 27 de mayo de 2027, es Corpus Christi.
Una fiesta para un misterio. Casi todas las fiestas recuerdan algo que pasó: el nacimiento de Jesús, su muerte, su resurrección, la venida del Espíritu Santo. Esta no: celebra quién es Dios. Por eso llega justo después de Pentecostés, cuando Dios ya se nos reveló como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Durante siglos se celebró en distintos domingos según el lugar, hasta que en 1334 el papa Juan XXII la extendió a toda la Iglesia de Occidente y la fijó en el domingo después de Pentecostés.
Cómo vivirla. Ve a Misa y pon atención a todas las veces que se nombra a la Trinidad: la señal de la cruz al principio, el Gloria, el Credo, la gran alabanza final de la plegaria eucarística y la bendición. Esa tarde, reza en familia la oración de esta página, o el Santo Rosario con su Gloria al final de cada decena. Y renueva las promesas de tu bautismo, que recibiste en el nombre de la Trinidad.
La oración de la fiesta. Esta es la oración colecta de la Misa de la Santísima Trinidad en el Misal Romano tridentino. Te la damos en una traducción nuestra del latín, hecha sobre una edición del Misal impresa en 1889. Pide algo muy concreto: que la fe en la Trinidad nos sostenga firmes frente a todo lo que nos ataca.
Dios todopoderoso y eterno,
que concediste a tus siervos,
al confesar la fe verdadera,
reconocer la gloria de la Trinidad eterna
y adorar su Unidad en el poder de su majestad:
te pedimos que la firmeza de esta misma fe
nos defienda siempre de toda adversidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En latín, la última petición dice ab omnibus semper muniamur adversis: que seamos fortificados contra todo lo adverso, como una ciudad con sus murallas. La fe en la Trinidad es esa muralla. En la misma página del Misal, la Misa de ese domingo empieza con una antífona que bendice a la Santísima Trinidad por su misericordia con nosotros.
Santa Isabel de la Trinidad: «Dios mío, Trinidad que adoro»
4 min de lecturaSanta Isabel de la Trinidad (1880-1906) fue una religiosa carmelita francesa que vivió toda su vida, tan corta, para adorar a la Trinidad que habita en el alma.
Santa Isabel de la Trinidad (1880-1906) fue una religiosa carmelita francesa que vivió toda su vida, tan corta, para adorar a la Trinidad que habita en el alma. Escribió una de las oraciones a la Trinidad más queridas de la Iglesia, la que empieza «Dios mío, Trinidad que adoro». El Catecismo cita su primera parte al final de su explicación de la Trinidad (CIC 260).
Su vida. Se llamaba Isabel Catez y nació el 18 de julio de 1880 en el campamento militar de Avor, cerca de Bourges, donde su padre era capitán. Creció en Dijon. Desde la ventana de su casa se veía el Carmelo de Dijon, y entró en él el 2 de agosto de 1901, a los 21 años. Ahí tomó el nombre de Isabel de la Trinidad.
Su oración. La escribió el 21 de noviembre de 1904, fiesta de la Presentación de la Virgen. No le puso título: sus hermanas la encontraron entre sus notas, como dice una nota del libro de recuerdos que publicó el Carmelo de Dijon. Es una oración para quien quiere rezar con calma, sin prisas: no pide cosas, pide que Dios viva en nosotros y nosotros en Él.
Su muerte. Enfermó de la enfermedad de Addison, que entonces no tenía cura, y murió el 9 de noviembre de 1906, a los 26 años, después de meses de mucho dolor. San Juan Pablo II la beatificó el 25 de noviembre de 1984, y el papa Francisco la canonizó el 16 de octubre de 2016. Los carmelitas celebran su fiesta el 8 de noviembre.
Esta es la oración completa, en nuestra traducción del francés, hecha sobre la edición del Carmelo de Dijon de 1913, donde está fechada el 21 de noviembre de 1904:
Dios mío, Trinidad que adoro,
haz que me olvide por completo de mí
para asentarme en ti, inmóvil y en paz,
como si mi alma ya estuviera en la eternidad.
Que nada me quite la paz ni me saque de ti, oh mi Inmutable,
sino que cada instante me adentre más en la hondura de tu Misterio.
Serena mi alma: hazla tu cielo, tu morada querida, el lugar donde descansas.
Que nunca te deje allí solo,
sino que yo esté allí por entero, con la fe bien despierta,
en adoración, entregándome del todo a tu acción creadora.
Oh Cristo mío amado, crucificado por amor,
quisiera ser una esposa para tu corazón,
quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte… hasta morir de amor.
Pero siento mi impotencia,
y te pido que me revistas de ti mismo,
que unas mi alma a todos los movimientos de tu alma,
que me sumerjas, que me invadas, que ocupes mi lugar,
para que mi vida no sea más que un resplandor de tu Vida.
Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.
Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios,
quiero pasar mi vida escuchándote,
quiero hacerme dócil del todo para aprenderlo todo de ti.
Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias,
quiero mirarte siempre y quedarme bajo tu gran luz.
Oh mi Estrella amada, fascíname,
para que ya no pueda salir de tu resplandor.
Oh Fuego que consume, Espíritu de amor,
desciende sobre mí,
para que en mi alma se haga como una encarnación del Verbo:
que yo sea para Él una humanidad añadida
en la que renueve todo su misterio.
Y tú, oh Padre, inclínate sobre tu pobre y pequeña criatura;
no veas en ella más que al Amado, en quien pusiste todas tus complacencias.
Oh mis Tres, mi todo, mi dicha, Soledad infinita, Inmensidad en la que me pierdo,
me entrego a ti como una presa.
Sepúltate en mí para que yo me sepulte en ti,
mientras espero ir a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas.
Traducción AngelGuard del francés. Santa Isabel le hablaba a Dios de usted, como se acostumbraba en Francia; aquí va de tú, como se reza en México. Cuando dice «una esposa para tu corazón» habla como carmelita consagrada, pero cualquier persona puede rezarla: todos estamos llamados a amar así a Cristo. Si es larga para ti, reza solo las diez primeras líneas, hasta «a tu acción creadora», que son las que cita el Catecismo, o la última línea: «Oh mis Tres, mi todo».
Oración a la Santísima Trinidad por la familia
2 min de lecturaLa familia cristiana se parece a la Santísima Trinidad.
La familia cristiana se parece a la Santísima Trinidad. Lo dice el Catecismo: es «una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo» (CIC 2205). Personas distintas, unidas por el amor, que se dan unas a otras: eso es la Trinidad, y eso está llamada a ser tu casa. Por eso a la familia se le llama también «Iglesia doméstica» (CIC 2204).
Una familia real, no de estampa. Ninguna familia vive así todos los días. Hay pleitos, silencios, deudas, enfermedades, hijos que se alejaron y sillas vacías. La Trinidad no es un modelo para hacernos sentir culpables, sino una fuente: el amor que nos falta lo pedimos ahí, donde nunca se acaba.
Gestos sencillos. Persígnense juntos antes de comer. Bendice a tus hijos con la señal de la cruz en la frente antes de que se duerman. Recen un Gloria al terminar el día, aunque sea en la cocina. Y si en tu casa hay alguien con quien no te hablas, empieza por nombrarlo en esta oración.
Esta oración es para rezarla en familia, o tú solo por los tuyos:
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
que eres desde siempre comunión de amor,
mira a mi familia (nombra a cada uno en silencio)
con sus alegrías y sus heridas.
Padre, danos el pan de cada día y paz bajo nuestro techo.
Hijo, enséñanos a perdonarnos como tú nos perdonas.
Espíritu Santo, une lo que está roto entre nosotros
y enciende de nuevo el cariño que se ha enfriado.
Cuida a los que viven lejos, a los enfermos de nuestra casa
y a los que se han alejado de ti.
Que en nuestra mesa nadie se sienta de más y nadie falte,
y que un día estemos todos juntos contigo en el cielo.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Pueden rezarla en la mesa, antes de dormir o el domingo de la Santísima Trinidad, y terminar todos juntos con un Gloria. Para pedir por cada miembro de la familia, tienes también la oración por la familia.
Preguntas
¿Cuál es la oración a la Santísima Trinidad?
La más sencilla es el Gloria: «Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo». En esta página tienes además una oración nuestra que se dirige a las tres Personas, el Trisagio, la oración de la fiesta de la Santísima Trinidad y la oración de santa Isabel de la Trinidad, «Dios mío, Trinidad que adoro». Todas sirven; escoge la que te ayude a rezar hoy.
¿Cómo pedirle un favor a la Santísima Trinidad?
Con sencillez y confianza, como un hijo. Reza la oración de esta página y, en la pausa, dile a Dios con tus palabras lo que necesitas. La Iglesia suele rezar así: al Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo. Termina con un Gloria, y deja la respuesta en sus manos: Dios escucha siempre, aunque no siempre conteste como esperamos.
¿Hay una oración a la Santísima Trinidad para casos difíciles y urgentes?
Sí: la de esta página, rezada con fe; en la pausa le dices a Dios tu caso con tus palabras, por difícil o urgente que sea. Pero ninguna oración es «poderosa» por sus palabras: el poder es de Dios, y Él escucha toda oración hecha con fe. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de una oración solo a sus palabras, sin las disposiciones del corazón (CIC 2111). Desconfía de las cadenas que prometen resultados si la compartes con cierto número de personas.
¿Qué es la Santísima Trinidad explicada para niños?
Dios es uno solo, pero no está solo: es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Son tres Personas que se aman desde siempre y que son un solo Dios. El Padre nos creó, el Hijo, Jesús, se hizo hombre para salvarnos, y el Espíritu Santo vive en nuestro corazón y nos ayuda a ser buenos, pero los tres actúan siempre juntos. Cada vez que hacemos la señal de la cruz, saludamos a los tres.
¿Cuándo es el día de la Santísima Trinidad en 2027?
El domingo 23 de mayo de 2027. Es siempre el primer domingo después de Pentecostés, que en 2027 será el 16 de mayo. El jueves siguiente, 27 de mayo, es Corpus Christi.
¿Qué es el Trisagio?
Es una alabanza a la Trinidad que repite tres veces «santo»: «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros». Recuerda el canto de los serafines en el libro de Isaías (cf. Is 6,3). La Iglesia lo canta el Viernes Santo durante la adoración de la cruz, y se reza al final de la Coronilla de la Divina Misericordia. En muchas familias mexicanas se responde también «líbranos, Señor, de todo mal». En México se llama también Trisagio a una devoción más larga, el Trisagio angélico, que repite «Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos».
¿Cuál es la oración del Ángel de Fátima a la Santísima Trinidad?
En 1916, antes de las apariciones de la Virgen, los tres pastorcitos de Fátima recibieron de un ángel una oración que empieza «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente…». La tienes completa, con las demás oraciones de Fátima, en nuestra página de la Virgen de Fátima.
¿Cuál es la diferencia entre persignarse y santiguarse?
Persignarse es hacer tres cruces pequeñas con el pulgar, en la frente, en la boca y en el pecho, diciendo «Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro». Santiguarse es la cruz grande, de la frente al pecho y de un hombro al otro, diciendo «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén». Las tres cruces y sus palabras ya están en el catecismo del padre Ripalda, en una edición impresa en México en 1754.


