
Oración
Oración por los difuntos y cómo rezar por ellos
La oración breve con la que la Iglesia encomienda a sus muertos, la de santa Gertrudis, el salmo De profundis y lo que se reza el 2 de noviembre
La oración por los difuntos más rezada es el “Dales, Señor, el descanso eterno”, la antífona de la liturgia de difuntos que pide a Dios descanso y luz para quienes han muerto; se reza en el velorio, ante la tumba, en los aniversarios y el 2 de noviembre. En AngelGuard tienes su texto, la oración de santa Gertrudis, el salmo De profundis y lo que la Iglesia enseña sobre el purgatorio y la indulgencia de noviembre.
Dales, Señor, el descanso eterno.
Brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.
Amén.
La jaculatoria por los difuntos como la publica ACI Prensa (“Cuarto Día de la Novena por las Almas del Purgatorio”); es la forma en español de la antífona latina del Ritual de exequias.
En noviembre, muchas parroquias ponen un libro para escribir los nombres de los difuntos y encomendarlos. Para hacer lo mismo en casa, imprime la tarjeta Los recordamos en oración: tiene renglones para los nombres de tus seres queridos y el «Dales, Señor, el descanso eterno».
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Qué oración se reza por los difuntos
3 min de lecturaLa oración que más se reza por los difuntos es el “Dales, Señor, el descanso eterno”: cuatro líneas que piden a Dios para ellos descanso, luz y paz.
La oración que más se reza por los difuntos es el “Dales, Señor, el descanso eterno”: cuatro líneas que piden a Dios para ellos descanso, luz y paz. Es la forma en español de la antífona latina Requiem aeternam, que la Iglesia reza por sus muertos desde hace siglos. El Manual de indulgencias de la Santa Sede la da en latín, tomada del Ritual de exequias, al final de su concesión por los fieles difuntos: “Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Requiescant in pace. Amen.” El texto de arriba, como lo publica ACI Prensa, dice exactamente eso en español.
Sus palabras son muy antiguas. Dan nombre a las Misas de difuntos, las “Misas de réquiem”, porque con ellas empieza su canto de entrada, y la Enciclopedia Católica de 1911 explica que se remontan a un libro apócrifo, el cuarto libro de Esdras (4 Esd 2,34-35), que no forma parte de la Biblia. La Iglesia las hizo suyas en la liturgia y el pueblo las hizo suyas en casa: el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia recuerda que esta breve fórmula suele acompañar al Ángelus, al Rosario y a la bendición de la mesa familiar (n. 260).
Cuando muere alguien a quien queremos, casi nunca faltan las lágrimas, pero sí suelen faltar las palabras. Por eso esta oración vale tanto: no hace falta saber más. Se puede decir junto a la tumba, al recibir la noticia, al pasar delante de un panteón o cada vez que su recuerdo llega sin aviso. Rezar por los difuntos no es aferrarse al pasado. Es seguir amando a alguien con la ayuda que todavía le podemos dar, y confiarlo a la misericordia de Dios, que lo conoce mejor que nosotros.
Frase por frase. “Dales, Señor, el descanso eterno” no pide un sueño sin fin, sino el descanso en Dios, el final de toda fatiga. “Brille para ellos la luz perpetua” pide la luz que no se apaga: la Iglesia ofrece sufragios por los difuntos para que, una vez purificados, “puedan llegar a la visión beatífica de Dios” (CIC 1032). Y “Descansen en paz” es el mismo deseo de paz y de descanso que los primeros cristianos ya grababan sobre las tumbas de las catacumbas.
Por una persona, por una mujer o por varios. El texto de arriba está en plural porque encomienda a todos los fieles difuntos. Por una sola persona se pasa al singular y se puede añadir su nombre: “Dale, Señor, el descanso eterno. Brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.” Por una mujer se dice “para ella”. Desde la Fe, la revista de la Arquidiócesis de México, la publica en su rosario por los difuntos con otra traducción muy extendida: “Dale Señor el descanso eterno, y luzca para él la luz perpetua”. Es la misma oración.
Tiene indulgencia todo el año. La Iglesia concede indulgencia parcial, aplicable solo a las almas del purgatorio, a quien reza con devoción esta invocación, cualquier día del año (Manual de indulgencias, concesión 29).
Cómo rezar por un difunto: la Misa, la oración y las obras de misericordia
3 min de lecturaPor un difunto se reza pidiendo a Dios que lo purifique y lo reciba en su presencia, y la Iglesia propone varias formas de hacerlo que se suman unas a otras.
Por un difunto se reza pidiendo a Dios que lo purifique y lo reciba en su presencia, y la Iglesia propone varias formas de hacerlo que se suman unas a otras. La primera y mayor es la Misa. El Catecismo enseña que el sacrificio eucarístico se ofrece también por los fieles difuntos “que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados”, para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo (CIC 1371). Por eso pedir en la parroquia que se celebre una Misa por un difunto concreto sigue siendo la mayor ayuda que le podemos dar. El mismo número del Catecismo recuerda lo que santa Mónica, a punto de morir, pidió a sus hijos: que no se preocuparan por el lugar de su sepultura, pero que se acordaran de ella ante el altar del Señor.
La Iglesia ofrece la Misa por los difuntos no solo en el funeral, sino también en los días tercero, séptimo y trigésimo y en el aniversario de la muerte (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 255). El mismo Directorio pide no ver la Misa como algo “propio” de un solo difunto: en cada Misa la Iglesia ruega por todos los fieles difuntos, de cualquier tiempo y lugar.
Después vienen la oración, las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia, que la Iglesia recomienda en favor de los difuntos (CIC 1032). Puede ser el “Dales, Señor, el descanso eterno” dicho al pasar frente a un panteón; el rosario para difuntos rezado en familia; los nueve días del novenario después del entierro; una limosna dada en su nombre; o la visita a su tumba en noviembre. Rezar a Dios por vivos y difuntos es, además, una de las siete obras de misericordia espirituales (Compendio del Catecismo, apéndice).
No es una costumbre nueva. El segundo libro de los Macabeos ya presenta como santa y piadosa la oración por los difuntos, para que queden libres del pecado (2 Mac 12,46), y el Catecismo enseña que la Iglesia, desde los primeros tiempos del cristianismo, honra su memoria y ofrece sufragios por ellos (CIC 958). En los primeros siglos, el escritor cristiano Tertuliano aconsejaba a una viuda rezar por el alma de su esposo, pedir para él descanso y ofrecer sufragios en el aniversario de su muerte.
Benedicto XVI lo explicó con palabras que consuelan. Que el amor pueda llegar hasta el más allá, escribió, ha sido una convicción del cristianismo de todos los siglos, porque “nadie vive solo” y nuestra oración por alguien “puede significar una pequeña etapa de su purificación”. Y añadió: “Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro y nunca es inútil” (Spe salvi, 48).
Qué es el purgatorio y por qué rezamos por las benditas ánimas
2 min de lecturaEl purgatorio es la purificación final de quienes mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero todavía no del todo purificados.
El purgatorio es la purificación final de quienes mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero todavía no del todo purificados. El Catecismo lo dice así: aunque “están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo” (CIC 1030). No es una segunda oportunidad ni un infierno más corto: la Iglesia lo llama la purificación final de los elegidos, “completamente distinta del castigo de los condenados”, y formuló esta doctrina sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento (CIC 1031).
Por eso se habla de las “benditas ánimas” o de las “almas del purgatorio”: son almas salvadas, que van hacia Dios. Nuestra oración no cambia su destino, que ya es Dios; les ayuda a llegar a Él. El Directorio sobre la piedad popular describe los sufragios como “una súplica insistente a Dios para que tenga misericordia de los fieles difuntos, los purifique con el fuego de su caridad y los introduzca en el Reino de la luz y de la vida” (n. 251).
La tradición de la Iglesia habla de un “fuego purificador” (CIC 1031), y conviene entenderlo bien. Benedicto XVI recogió la idea de algunos teólogos de que ese fuego es Cristo mismo: el encuentro con Él, que quemándonos nos transforma. Y advirtió que “no podemos calcular con las medidas cronométricas de este mundo la «duración» de este arder que transforma” (Spe salvi, 47). Por eso no tiene sentido calcular cuántos días o cuántas oraciones le “faltan” a alguien.
Lo que sí sabemos es que podemos ayudar. Como los difuntos que se purifican son miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias (CIC 1479). La indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa”, y todo fiel puede aplicarla a los difuntos a manera de sufragio (CIC 1471). Y la ayuda va en las dos direcciones: el Catecismo enseña que nuestra oración por ellos “puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor” (CIC 958).
La oración de santa Gertrudis por las almas del purgatorio
3 min de lectura
Junto al “Dales, Señor”, muchas familias rezan por las almas del purgatorio la oración que lleva el nombre de santa Gertrudis: una ofrenda al Padre de la sangre de Cristo, unida a todas las Misas que se celebran ese día en el mundo, por las almas del purgatorio, por los pecadores y por la propia familia. Este es el texto como lo publica ACI Prensa:
Padre eterno,
yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús,
en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo
por todas las benditas ánimas del purgatorio
por todos los pecadores del mundo.
Por los pecadores en la Iglesia universal,
por aquellos en propia casa y dentro de mi familia.
Amén.
¿Quién fue santa Gertrudis? Gertrudis, llamada “la Grande”, nació el 6 de enero de 1256 y vivió desde niña en el monasterio de Helfta, en Alemania, donde murió el 17 de noviembre de 1301 o 1302. De sus escritos se conservan el Heraldo del amor divino y los Ejercicios espirituales (Benedicto XVI, audiencia general del 6 de octubre de 2010). La Iglesia la recuerda el 16 de noviembre. La oración se le atribuye por tradición: ACI Prensa señala que a santa Gertrudis se le atribuyen algunas oraciones que se difundieron en el siglo XVII sin que haya certeza sobre su autoría.
Lo que no hay que creer: las “mil almas”. Esta oración suele circular con la promesa de que cada vez que se reza salen mil almas del purgatorio. Esa promesa no forma parte de la oración y no es enseñanza de la Iglesia. En 1899, al dar reglas para distinguir las indulgencias verdaderas de las falsas, la Santa Sede mandó rechazar como inventadas las hojas y los folletos que prometen a quien reza una u otra oración la liberación de una o de varias almas del purgatorio (Sagrada Congregación de Indulgencias, decreto del 10 de agosto de 1899, regla VIII). En la explicación publicada con ese decreto añadió que ningún documento auténtico prueba que algún Papa haya prometido la liberación de varias almas a la vez, y mucho menos por rezar una sola oración. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones a su sola materialidad, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen (CIC 2111).
Rézala, entonces, sin cuentas: lo que la hace valiosa es lo que dice. No ofrece nuestros méritos, sino la sangre de Cristo y el sacrificio de la Misa, que es justamente lo que la Iglesia ofrece por los difuntos (CIC 1371), y no se olvida de los vivos: de los pecadores de todo el mundo y de los de la propia casa. El número de almas, déjaselo a Dios.
El salmo De profundis por los difuntos (Salmo 129 o 130)
4 min de lecturaEl salmo que la Iglesia reza por los difuntos es el De profundis, “Desde lo más profundo”: el Directorio sobre la piedad popular lo nombra, junto a la fórmula del “Dales, Señor”, entre las oraciones con que los fieles ofrecen sufragios por sus muertos (n.
El salmo que la Iglesia reza por los difuntos es el De profundis, “Desde lo más profundo”: el Directorio sobre la piedad popular lo nombra, junto a la fórmula del “Dales, Señor”, entre las oraciones con que los fieles ofrecen sufragios por sus muertos (n. 260). Es el salmo 129 en la numeración de la Vulgata latina y el 130 en la de las Biblias que siguen el hebreo; por eso lo verás citado de las dos maneras.
Es uno de los quince “cánticos graduales”, que los peregrinos judíos cantaban camino de Jerusalén, y uno de los siete salmos penitenciales. La Enciclopedia Católica de 1908 lo llamaba el salmo de las almas del purgatorio: el Breviario lo rezaba en las Vísperas del Oficio de difuntos, y el sacerdote lo recitaba en los funerales antes de llevar el cuerpo de la casa a la iglesia. Hoy, quien reza las Laudes o las Vísperas del Oficio de difuntos puede ganar indulgencia parcial para las almas del purgatorio (Manual de indulgencias, concesión 29).
Lo rezamos por los difuntos porque pone en nuestra boca la confianza del que pide perdón: si Dios se pusiera a examinar nuestras culpas, nadie podría estar en su presencia, pero en Él está la misericordia y una redención abundantísima. Aquí está en la traducción de Félix Torres Amat (Madrid, 1823–1825), hecha de la Vulgata latina, con el número de cada versículo:
1 Cántico gradual.
Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
2 Oye, Señor, benignamente mi voz.
Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
3 Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades: ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
4 Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma,
5 en el Señor ha puesto su esperanza.
6 Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
7 Porque en el Señor está la misericordia; y en su mano tiene una redención abundantísima.
8 Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
Fuente. Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia, tomo IV, Madrid, Imprenta de Don León Amarita, 1823–1825, p. 167, salmo CXXIX; escaneo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla en Internet Archive (tomo IV, p. 167). Torres Amat encabeza el salmo con este resumen: “El verdadero penitente confiesa sus pecados, y espera el perdón de la misericordia de Dios”.
Ortografía actualizada, las mismas palabras. La preposición “á” se escribe “a”; la interjección “ó”, “oh”; “tí”, “ti”; y se añaden las tildes de “más”, “oídos”, “redención” y, en el resumen, “perdón”. Las palabras “en tu presencia” (v. 3) y “como de asiento” (v. 4) van en cursiva en el libro: el traductor las añadió para aclarar el sentido. Así está impreso:
1 Cántico gradual.
Desde lo mas profundo clamé á tí, ó Señor.
2 Oye, Señor, benignamente mi voz.
Estén atentos tus oidos á la voz de mis plegarias.
3 Si te pones á examinar, Señor, nuestras maldades: ¿quién podrá subsistir, ó Señor, en tu presencia?
4 Mas en tí se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, ó Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma,
5 en el Señor ha puesto su esperanza.
6 Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
7 Porque en el Señor está la misericordia; y en su mano tiene una redencion abundantísima.
8 Y él es el que redimirá á Israel de todas sus iniquidades.
Qué se reza el 2 de noviembre y qué indulgencia hay en noviembre
3 min de lectura
El 2 de noviembre, Conmemoración de todos los fieles difuntos, se reza sobre todo en la Misa: ese día la Iglesia ofrece repetidamente el santo sacrificio por todos los fieles difuntos y celebra también por ellos la Liturgia de las Horas (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 255). En casa y en el panteón se rezan el “Dales, Señor, el descanso eterno”, el rosario por los difuntos y el salmo De profundis. Un día antes, el 1 de noviembre, la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos: primero se alegra por los que ya gozan de Dios, y al día siguiente reza por los que todavía se purifican. En muchos lugares la fecha se prepara con la novena de los difuntos y se prolonga con un octavario (Directorio, 260); la novena empieza el 24 de octubre.
De dónde viene la fecha. En el año 998, san Odilón, abad de Cluny, fijó la conmemoración de los difuntos el 2 de noviembre, y la influencia de su monasterio la extendió por toda la Iglesia. En el Reino de Aragón se hizo costumbre que ese día los sacerdotes celebraran más de una Misa, dos los seculares y tres los religiosos; en 1748 el papa Benedicto XIV permitió a todo sacerdote de los reinos de España y Portugal y de sus territorios, que entonces incluían buena parte de América, celebrar tres. En plena Primera Guerra Mundial, el 10 de agosto de 1915, Benedicto XV lo concedió a todos los sacerdotes del mundo, dolido por los muchos jóvenes que morían en el frente: una Misa por la intención que cada sacerdote quiera, otra por todos los fieles difuntos y la tercera por las intenciones del Papa (constitución apostólica Incruentum altaris).
La indulgencia de noviembre. Del 1 al 8 de noviembre, quien visita con devoción un cementerio y reza por los difuntos, aunque sea solo mentalmente, puede ganar cada día una indulgencia plenaria aplicable solo a las almas del purgatorio. El día de la Conmemoración de todos los fieles difuntos se concede también a quien visita con piedad una iglesia u oratorio y reza allí el Padre nuestro y el Credo; con el consentimiento del obispo del lugar, esta puede ganarse en cambio el domingo anterior o el posterior, o el día de Todos los Santos (Manual de indulgencias, concesión 29). Cualquier otro día del año, la visita al cementerio rezando por los difuntos tiene indulgencia parcial.
Las condiciones. Para la plenaria se piden la confesión sacramental, la comunión eucarística y una oración por las intenciones del Papa, y estar libre de todo apego a cualquier pecado, incluso venial (norma 20). Basta un Padre nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa, aunque se puede rezar cualquier otra oración. Una sola confesión sirve para varias indulgencias plenarias, pero cada una pide su propia comunión y su oración por el Papa, y las condiciones pueden cumplirse algunos días antes o después de la visita. Solo se puede ganar una plenaria al día (norma 18). Si falta algo, la indulgencia es parcial: nada se pierde por rezar.
Qué significa el Día de Muertos para un católico
2 min de lecturaPara un católico, el Día de Muertos es tiempo de recordar a sus difuntos rezando por ellos: la ofrenda, la visita al panteón y la comida compartida se viven bien cuando llevan a Dios.
Para un católico, el Día de Muertos es tiempo de recordar a sus difuntos rezando por ellos: la ofrenda, la visita al panteón y la comida compartida se viven bien cuando llevan a Dios. En México, del 1 al 2 de noviembre millones de personas ponen ofrendas y visitan los panteones. El director de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Arquidiócesis de México respondió a la pregunta de si un católico puede poner un altar de muertos: no, si se hace como lo hacían los antiguos mexicas; sí, cuando se le da un sentido auténticamente cristiano (Desde la Fe, 31 de octubre de 2022).
Leída desde la fe, la ofrenda habla de Cristo. El padre Sergio G. Román lo explica así en Desde la Fe: la flor de cempasúchil anuncia la vida eterna como don de Dios; las velas, la luz de Cristo resucitado; el vaso de agua, la gracia; el copal, como el incienso, la oración que sube a Dios; los retratos de nuestros seres queridos junto a las imágenes religiosas, la comunión de los santos. El cardenal Felipe Arizmendi lo dijo con claridad: los difuntos no vienen corporalmente a estar con nosotros ni comen físicamente los alimentos que se les preparan; la ofrenda es una forma simbólica de decir que creemos que viven.
Por eso el centro de estos días es la oración. Frente a la ofrenda o junto a la tumba, la familia no invoca a los muertos: reza a Dios por ellos. El Catecismo rechaza la evocación de los muertos (CIC 2116), y el Directorio sobre la piedad popular pide examinar estas costumbres con cuidado, sin tacharlas apresuradamente de paganas cuando no se oponen al Evangelio (n. 257). Limpiar la tumba y adornarla con luces y flores es una muestra de amor, no una obligación que se cumple por temor supersticioso (n. 260). Un rosario para difuntos delante del altar de muertos, una Misa por los difuntos de la familia y la indulgencia de esos días son la mejor ofrenda.
Preguntas
¿Cómo se reza el “Dales, Señor, el descanso eterno” por una sola persona?
Se pasa al singular y se puede añadir el nombre: “Dale, Señor, el descanso eterno. Brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.” Por una mujer se dice “para ella”. Es la misma oración; la Iglesia la reza en plural porque encomienda a la vez a todos los fieles difuntos.
¿Se puede rezar por alguien que no era católico?
Sí. En la cuarta plegaria eucarística de la Misa, la Iglesia pide a Dios que se acuerde también de todos los difuntos cuya fe solo Él conoció, y en cada Misa ruega por los fieles difuntos de cualquier tiempo y lugar. Nadie queda fuera de la oración, y encomendar a alguien a la misericordia de Dios nunca es un error.
¿Es verdad que la oración de santa Gertrudis libera mil almas del purgatorio?
No. La oración atribuida a santa Gertrudis es buena y se puede rezar con toda confianza, pero la promesa de un número fijo de almas liberadas no es enseñanza de la Iglesia. En 1899 la Santa Sede mandó rechazar como inventadas las hojas que prometen la liberación de una o varias almas del purgatorio por rezar una oración.
¿Qué se dice ante una tumba?
El “Dales, Señor, el descanso eterno” y, después, lo que cada uno lleve en el corazón. No hay un guion. Si se quiere un salmo, el De profundis, salmo 129 en la Vulgata y 130 en el hebreo, es el que la Iglesia reza por los difuntos desde hace siglos.
¿Cuántas indulgencias plenarias se pueden ganar en noviembre?
Una al día. Del 1 al 8 de noviembre, cada día que visites un cementerio y reces por los difuntos, cumpliendo las condiciones, puedes ganar una indulgencia plenaria aplicable solo a las almas del purgatorio. Una sola confesión sirve para varios días; la comunión y la oración por el Papa se piden para cada una.
¿Y si mi difunto ya está en el cielo?
No lo sabemos, y no hace falta saberlo para rezar. La Iglesia reza por todos los fieles difuntos y deja en manos de Dios el bien que hace cada oración. El Catecismo enseña además que nuestra oración por ellos puede hacer eficaz su intercesión en nuestro favor (CIC 958).





