
Oración
Oración de agradecimiento a Dios: gracias, Señor, por todo
La oración de agradecimiento a Dios es decirle gracias por todo lo que viene de él: la vida, las personas, cada favor.
Señor, Dios mío, Padre bueno,
antes de pedirte cualquier cosa,
quiero darte gracias.
Gracias por la vida que me diste
y por el aire que respiro sin pensarlo.
Por el pan de cada día
y por las manos que lo pusieron en la mesa.
Por las personas que amo
y por las que me amaron primero.
Por las bendiciones que vi
y por las muchas que pasaron sin que me diera cuenta.
Gracias también por los días difíciles:
no por el mal que trajeron,
sino porque en ellos no me soltaste de la mano.
Sobre todo, gracias por Jesús, tu Hijo,
que dio la vida por nosotros,
y por el Espíritu Santo, que nos enseña a rezar.
Dame un corazón agradecido,
que sepa decir gracias a quien me ayuda
y compartir lo que de ti recibió.
Todo lo que tengo viene de ti.
Recibe mi acción de gracias, por Cristo, nuestro Señor.
Amén.
Texto AngelGuard: una oración de agradecimiento a Dios Padre, escrita para esta página.
La oración de agradecimiento a Dios es decirle gracias por todo lo que viene de él: la vida, las personas, cada favor. Aquí tienes una oración de agradecimiento para rezar a cualquier hora, escrita para esta página, y otra para dar gracias por un favor recibido. La Biblia nos pide dar gracias en toda circunstancia (1 Ts 5,18), y la misma Misa se llama Eucaristía, que significa acción de gracias. En AngelGuard encuentras también la antigua oración latina para después de comer, en traducción nuestra, y un examen de gratitud para rezar en la noche.
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La oración de agradecimiento a Dios, frase por frase
3 min de lecturaLa oración de arriba se escribió para esta página, con palabras sencillas, para que la reces solo o en familia, en la mañana, en la noche o a mediodía.
La oración de arriba se escribió para esta página, con palabras sencillas, para que la reces solo o en familia, en la mañana, en la noche o a mediodía. Tiene tres movimientos: dar gracias, hacer memoria y pedir un corazón agradecido. Esto es lo que dice cada parte.
«Antes de pedirte cualquier cosa, quiero darte gracias». Casi siempre llegamos con Dios con una lista de peticiones. No tiene nada de malo: Jesús nos mandó pedir. Pero el Catecismo de la Iglesia Católica hace notar que las dos oraciones más explícitas de Jesús que guardan los Evangelios empiezan precisamente con una acción de gracias al Padre (CIC 2603-2604). Frente a la tumba de Lázaro, dio gracias antes de que sucediera el milagro (Jn 11,41). Empezar por el gracias pone las cosas en su lugar: primero, lo que Dios ya hizo.
«Por la vida que me diste y por el aire que respiro sin pensarlo». El primer regalo es existir. Nadie hizo nada para merecer la vida: nos llegó gratis. El Salmo 103 (102) le pide al alma que no olvide ninguno de los beneficios de Dios (Sal 103,2), y los que más se olvidan son los de todos los días.
«Por el pan de cada día y por las manos que lo pusieron en la mesa». Es el eco del Padre nuestro. El pan viene de Dios, pero llega por manos humanas: quien sembró el maíz, quien lo cosechó, quien hizo las tortillas, quien trabajó toda la quincena para comprarlo. Darle gracias a Dios incluye ver a esas personas.
«Por las personas que amo y por las que me amaron primero». Papá y mamá, los abuelos, los padrinos, la maestra que creyó en ti, el amigo que se quedó cuando otros se fueron. San Juan escribe que amamos porque Dios nos amó primero (1 Jn 4,19), y muchas veces ese amor de Dios nos llegó con la cara de alguien.
«Por las bendiciones que vi y por las muchas que pasaron sin que me diera cuenta». El accidente que no pasó, la palabra justa que alguien dijo en el momento justo, la puerta que se cerró y después resultó ser una protección. Nunca sabremos de cuántas cosas nos ha cuidado Dios.
«Gracias también por los días difíciles: no por el mal que trajeron, sino porque en ellos no me soltaste de la mano». Es la frase más importante y la más delicada. La fe no te pide llamar bueno a lo que es malo: la enfermedad, el duelo, la injusticia, el despido. Te pide dar gracias por la presencia de Dios dentro de esos días. El siguiente capítulo explica de dónde viene esta manera de rezar.
«Sobre todo, gracias por Jesús, tu Hijo». El mayor regalo de Dios no es una cosa: es su propio Hijo, que dio la vida por nosotros, y el Espíritu Santo, que viene en ayuda de nuestra debilidad cuando no sabemos rezar (Rm 8,26).
«Dame un corazón agradecido». La oración termina con una petición, pero una que cambia a quien reza: saber decir gracias a los demás y compartir. Quien sabe que todo lo ha recibido de regalo se vuelve más generoso.
«Por Cristo, nuestro Señor». Así termina la Iglesia sus oraciones: nuestra acción de gracias sube al Padre por medio de Jesús. Si quieres, termina con un Padre nuestro o con un Ave María.
Por qué darle gracias a Dios, aun en los días difíciles
4 min de lecturaPorque todo lo que tenemos viene de él, y porque dar gracias es la respuesta de quien se sabe amado.
Porque todo lo que tenemos viene de él, y porque dar gracias es la respuesta de quien se sabe amado. El papa Francisco, en una catequesis dedicada a la oración de acción de gracias, dijo que cuando das gracias expresas la certeza de ser amado (audiencia general del 30 de diciembre de 2020). Agradecer no es un adorno de la fe; es su manera de respirar.
Los diez leprosos. San Lucas cuenta (Lc 17,11-19) que, de camino a Jerusalén, Jesús se encontró con diez leprosos que le gritaban de lejos pidiéndole compasión. Los mandó a presentarse a los sacerdotes, y en el camino quedaron limpios. Solo uno regresó, alabando a Dios a gritos, y se echó a los pies de Jesús para darle gracias. Era un samaritano, un extranjero. Jesús preguntó dónde estaban los otros nueve. Los diez fueron sanados, pero solo el que volvió escuchó de Jesús que su fe lo había salvado. La gratitud convirtió una curación en un encuentro.
En toda circunstancia. San Pablo les pide a los cristianos de Tesalónica que estén siempre alegres, que recen sin cesar y que den gracias en toda circunstancia, porque eso es lo que Dios quiere de ellos en Cristo Jesús (1 Ts 5,16-18). Fíjate: en toda circunstancia, no por toda circunstancia. El Catecismo enseña que todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias (CIC 2638), y que toda alegría y toda pena pueden ser motivo para dar gracias (CIC 2648). Nadie da gracias por el cáncer o por el desempleo; se dan gracias porque, aun ahí, Dios sigue siendo Padre y no nos deja. Y si hoy, en el duelo o en el dolor, el gracias no te sale, no te fuerces: díselo a Dios con sinceridad. Los salmos también lloran y se quejan ante él, como el Salmo 13 (12) y el Salmo 22 (21), y esa sinceridad ya es oración. El gracias puede esperar; Dios sabe esperar.
La Iglesia vive de dar gracias. Para el Catecismo, la acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia, que al celebrar la Eucaristía se convierte cada vez más en lo que es (CIC 2637). Jesús vivía así: le dio gracias al Padre por revelar el Reino a los pequeños (Mt 11,25), dio gracias antes de multiplicar los panes (Jn 6,11) y antes de llamar a Lázaro fuera del sepulcro (Jn 11,41). Y su Madre, en casa de Isabel, cantó el Magníficat, el gran canto de gratitud de quien se sabe mirada por Dios.
Los salmos para dar gracias. Cuando se te acaben las palabras, reza con las de la Biblia. El Salmo 136 (135) es una letanía de acción de gracias: en cada uno de sus 26 versículos se repite que el amor de Dios es para siempre. El Salmo 103 (102) le pide al alma que bendiga al Señor y no olvide ninguno de sus beneficios. El Salmo 138 (137) es el gracias de quien fue escuchado el día en que llamó. Abre tu Biblia y rézalos despacio, un versículo a la vez.
El gracias de la casa. En 2015, hablando de la familia, el papa Francisco recordó tres palabras que mantienen en pie un hogar: permiso, gracias y perdón. Y dijo que el cristiano que no sabe dar gracias ha olvidado el lenguaje de Dios (audiencia general del 13 de mayo de 2015). Quien aprende a darle las gracias a su mamá, al vecino, al chofer del camión, aprende también a dárselas a Dios. Y al revés.
«Gracias a Dios» y «Dios se lo pague». Nuestra manera de hablar está llena de gratitud: «gracias a Dios» cuando algo sale bien, «primero Dios» para lo que viene, «Dios se lo pague» para quien nos ayudó. Esa última es una pequeña oración: reconoce que no tenemos cómo devolver tanto y le pide a Dios mismo que recompense a quien fue bueno con nosotros. Vale la pena decirla de corazón, y no solo por costumbre.
Oración de agradecimiento por un favor recibido
4 min de lecturaCuando llega el favor (el estudio que salió bien, el hijo que volvió a casa, el trabajo, la operación sin complicaciones, el papeleo que por fin se resolvió), el primer impulso es contárselo a todos.
Cuando llega el favor (el estudio que salió bien, el hijo que volvió a casa, el trabajo, la operación sin complicaciones, el papeleo que por fin se resolvió), el primer impulso es contárselo a todos. El segundo debería ser regresar, como el leproso, a dar gracias. Esta oración es para ese momento. Rézala frente al Sagrario, frente a una imagen de la Virgen o en tu casa, y dile a Dios, con tus palabras, cuál fue el favor.
Señor, Dios mío,
te pedí con el corazón apretado,
y me escuchaste.
Recibe ahora mi agradecimiento por este favor,
que no merecí ni compré:
fue un regalo de tu amor.
Gracias también a la Virgen María y a los santos
que rezaron conmigo y por mí.
Que esta alegría no me haga olvidarte,
ni olvidar a quienes todavía esperan su respuesta.
Si te prometí algo, ayúdame a cumplirlo con alegría,
y que toda mi vida sea una acción de gracias.
Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.
¿A quién se le agradece: a Dios o al santo? A los dos, cada uno en su lugar. Todo favor viene de Dios. La Virgen y los santos no conceden nada por su cuenta: interceden por nosotros ante el Padre, por medio de Cristo, el único mediador (CIC 956). Por eso es hermoso darle gracias a San Judas Tadeo, a la Virgen de Guadalupe o al santo de tu devoción por haber rezado contigo, y darle gracias a Dios por el favor. El amigo que rezó por ti también merece su gracias.
Las mandas. En México se dice «pagar la manda», pero la palabra puede engañar. Un favor de Dios no se compra, y Dios no cobra. El Catecismo enseña que, por devoción personal, un cristiano puede prometerle a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, y que ser fiel a lo prometido es una muestra de respeto y de amor al Dios fiel (CIC 2101). Una manda es un regalo que decidiste dar, no una deuda que destraba el milagro. Si prometiste algo, cúmplelo con alegría. Si la promesa resultó demasiado pesada para tu salud, para tu bolsillo o para tu familia (caminar de rodillas con una lesión, una peregrinación que ya no puedes hacer), platícalo con tu párroco: la Iglesia permite cambiar lo prometido por otra obra buena y, con causa justa, incluso dispensar de la promesa (Código de Derecho Canónico, cánones 1196-1197).
Los exvotos. En México hay una tradición de casi cinco siglos: dejar en el santuario un exvoto, un recuerdo del favor recibido. Muchos son retablitos pintados, casi siempre sobre lámina, con la escena del milagro y unas líneas que cuentan quién da gracias, a quién y por qué. El museo de la Basílica de Guadalupe guarda más de mil trescientos; en San Juan de los Lagos, en Jalisco, los pasillos del pabellón de los peregrinos reúnen más de dos mil; en Plateros, en Fresnillo, Zacatecas, los muros del santuario del Santo Niño de Atocha están cubiertos de fotografías, cartas, trenzas de cabello, ropones de bebé y ramos de novia. Cada uno es un gracias con nombre y apellido. Lo que importa no es el tamaño del regalo, sino el corazón que regresa a agradecer.
Las cadenas. Agradecer en público puede ser un buen testimonio. Pero las cadenas que mandan rezar tantas veces y publicarlo, o copiar la oración y reenviarla, para que el favor «funcione», no son parte de la fe de la Iglesia: atribuir el efecto de una oración solo a las palabras o a los gestos, sin las disposiciones del corazón, es lo que el Catecismo llama superstición (CIC 2111).
¿Y si el favor no llegó? A veces la respuesta es otra, o tarda, y a veces no llega como la pedimos: la curación no vino, la persona querida se fue. Eso no quiere decir que te faltó fe ni que rezaste poco. Jesús mismo pidió en Getsemaní que pasara el cáliz, y no pasó; el Padre lo escuchó de otra manera, en la Resurrección (Lc 22,42; Hb 5,7). Ninguna oración hecha con confianza se pierde. Cuando puedas, dale gracias por lo que ya te dio y pon en sus manos lo que todavía duele.
Dar gracias en la mesa: la oración para después de comer
2 min de lecturaMuchas familias bendicen los alimentos antes de comer y se olvidan de dar gracias al terminar.
Muchas familias bendicen los alimentos antes de comer y se olvidan de dar gracias al terminar. La Iglesia tiene desde hace muchos siglos una oración breve para el final de la comida. Viene de la Bendición de la mesa (Benedictio mensae) del Breviario Romano, y buena parte de esas fórmulas se puede rastrear hasta el siglo IX, según la antigua Enciclopedia Católica (1912). La traducción es nuestra, hecha del latín:
Te damos gracias, Dios todopoderoso,
por todos tus beneficios,
tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
En latín, tal como está en el Breviario Romano: Agimus tibi gratias, omnipotens Deus, pro universis beneficiis tuis, qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen. Muchas familias añaden un recuerdo por sus difuntos: «Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén».
¿Para qué dar gracias después, si ya bendijimos antes? Antes de comer pedimos la bendición sobre los alimentos; después damos gracias por lo que recibimos. Los cristianos lo hacen desde el principio. San Pablo, en un barco en plena tormenta, tomó pan, dio gracias a Dios delante de todos y se puso a comer (Hch 27,35). En el siglo II, el apologista Arístides contaba que los cristianos le daban gracias a Dios por la comida y la bebida.
En la mesa de la casa. No tiene que ser solemne. En la comida del domingo, cuando está toda la familia, alguien empieza la oración y los demás responden «Amén». Con los niños se puede hacer una ronda sencilla: cada uno dice una cosa del día por la que quiere dar gracias. Acuérdense de quien cocinó y de quien no tiene qué comer: dar gracias por el pan lleva a compartirlo.
En la oficina o en la fonda. Si comes solo, en el trabajo o en un lugar lleno de gente, basta con persignarte y decir por dentro: «Gracias, Señor». Dios escucha el gracias en silencio tanto como el cantado.
Oración para dar gracias por el día: el examen de gratitud
2 min de lecturaEl mejor momento para dar gracias por el día es cuando termina.
El mejor momento para dar gracias por el día es cuando termina. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, enseña un examen diario en cinco puntos, y el primero no es buscar pecados: es dar gracias a Dios nuestro Señor por los beneficios recibidos (Ejercicios Espirituales, n. 43). Solo después se pide luz, se repasa el día, se pide perdón y se hace un propósito. La gratitud va antes que la culpa, y es la que da valor para mirar lo demás.
Un examen de gratitud en cinco minutos. Antes de dormir, con el celular lejos:
- Silencio. Persígnate y acuérdate de que Dios está ahí contigo.
- Repasa el día. Desde la mañana hasta ahora, sin prisa: las personas, las conversaciones, las comidas, el trabajo, el camino.
- Escoge tres regalos. Tres cosas buenas del día, aunque sean pequeñas: un café calientito, un mensaje, algo que salió bien. Dale gracias a Dios por cada una, por su nombre.
- Pide perdón por lo que no fue amor, sin dramas. Si algo te pesa, reza el acto de contrición.
- Entrega la noche con la oración de abajo.
Señor, el día terminó, y te doy gracias por él:
por lo que salió bien y por lo que me enseñó,
por las personas que se cruzaron en mi camino
y por cada pequeña bendición que ahora reconozco.
Perdona lo que hoy no fue amor.
Cuida esta noche a los que quiero
y dame un sueño tranquilo en tus manos.
Amén.
Si quieres seguir, la oración para dormir pone la noche y a tu familia en manos de Dios. Y en la mañana, la oración de la mañana empieza el día también dando gracias.
Una libreta de gracias. Algunas personas apuntan una bendición al día, en una libreta o en el celular. En unos meses, la lista se vuelve un retrato de la fidelidad de Dios, muy bueno para releer los días en que todo se ve oscuro. También funciona en familia: en la cena, cada uno cuenta lo mejor de su día.
La Misa, la gran acción de gracias
2 min de lecturaLa oración de acción de gracias más grande que existe es la Misa.
La oración de acción de gracias más grande que existe es la Misa. La palabra Eucaristía viene del griego y significa, ante todo, acción de gracias (CIC 1328, 1360). En la Última Cena, Jesús tomó el pan y dio gracias (Lc 22,19), y la Iglesia repite ese gesto desde hace dos mil años. El Catecismo dice que la Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición con la que la Iglesia le expresa su reconocimiento por todos sus beneficios: la creación, la redención y la santificación (CIC 1360).
«Demos gracias al Señor, nuestro Dios». Fíjate en el diálogo antes del Prefacio. El sacerdote invita a dar gracias al Señor, y el pueblo responde que es justo y necesario. Toda la Plegaria Eucarística que sigue es un gran gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. Cuando vas a Misa con un favor en el corazón, ahí es donde mejor cabe.
Después de comulgar. Los minutos de silencio después de la Comunión son el lugar natural de la acción de gracias personal. No te salgas corriendo. Platica con Jesús con tus palabras, o reza despacio la oración de arriba. Si algún domingo no puedes comulgar, o estás enfermo y no puedes ir a Misa, la comunión espiritual también puede terminar en acción de gracias.
La misa de acción de gracias. En muchas familias se acostumbra una misa de acción de gracias: por los quince años, por la graduación, por las bodas de plata o de oro, por la salud recuperada, por el primer año de vida de un hijo. El Misal Romano tiene formularios propios de acción de gracias entre las Misas por diversas necesidades. Pregunta en la oficina parroquial. La ofrenda que se acostumbra dejar ayuda a sostener a la Iglesia; no es el pago del favor, que sigue siendo gratis.
El Te Deum. Cuando la Iglesia quiere dar gracias en grande, canta el Te Deum, el antiguo himno que empieza «A ti, oh Dios, te alabamos», sobre todo el último día del año. El texto completo, en latín y en español, con su historia, está en nuestra oración de fin de año.
Preguntas
¿Cuál es la oración de agradecimiento a Dios?
No hay una sola oración obligatoria: darle gracias a Dios es decirle gracias, con las palabras que te salgan. Arriba tienes una oración de agradecimiento escrita para rezarse a cualquier hora, que empieza «Señor, Dios mío, Padre bueno, antes de pedirte cualquier cosa, quiero darte gracias». La Iglesia tiene además oraciones antiguas de acción de gracias, como el Te Deum y la oración para después de comer.
¿Cómo dar gracias a Dios por un favor recibido?
Regresa con Dios como el leproso que volvió a dar gracias (Lc 17,11-19). Dile cuál fue el favor, dale gracias a él, de quien viene todo, y a la Virgen o al santo que intercedió por ti. Si hiciste una manda, cúmplela con alegría: es un regalo, no un pago. En el capítulo 3 de esta página hay una oración para ese momento.
¿Cómo agradecer a Dios por todo?
Dando gracias en toda circunstancia, como pide san Pablo (1 Ts 5,18): no por el mal que pasa, sino por la presencia de Dios dentro de él. En la práctica ayuda empezar el día con un gracias, dar gracias después de comer, hacer en la noche el examen de gratitud e ir a Misa, que es la gran acción de gracias de la Iglesia.
¿Qué oración rezar para dar gracias por el día?
En la noche, haz un examen de gratitud inspirado en san Ignacio: repasa el día, dale gracias a Dios por tres regalos con su nombre, pide perdón por lo que no fue amor y entrégale la noche. La oración breve «Señor, el día terminó, y te doy gracias por él…», en el capítulo 5, se escribió para eso.
¿Qué oración se reza después de comer?
La tradicional es «Te damos gracias, Dios todopoderoso, por todos tus beneficios, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén», en traducción nuestra del latín «Agimus tibi gratias», de la Bendición de la mesa del Breviario Romano. Muchas familias añaden un recuerdo por los difuntos.
¿Hay que pagar la manda después de recibir un milagro?
Una promesa hecha a Dios se debe cumplir, por fidelidad y por amor (CIC 2101), pero no es el precio del favor: Dios da gratis. Si la manda resultó demasiado pesada para tu salud o tu familia, platícalo con tu párroco, porque la Iglesia puede cambiarla por otra obra buena o, con causa justa, dispensar de ella.
¿Qué salmo se reza para dar gracias a Dios?
El Salmo 136 (135), en el que cada versículo repite que el amor de Dios es para siempre; el Salmo 103 (102), que le pide al alma no olvidar ninguno de los beneficios de Dios; y el Salmo 138 (137), el gracias de quien fue escuchado. Rézalos despacio en tu Biblia.
¿Por qué la Misa se llama Eucaristía?
Porque Eucaristía es una palabra griega que significa acción de gracias. En la Última Cena, Jesús dio gracias antes de partir el pan, y el Catecismo llama a la Eucaristía sacrificio de acción de gracias al Padre por todos sus beneficios (CIC 1328, 1360).


