Una mesa larga de madera con su banco en una sala de piedra abovedada, con una jarra de barro y un pan en un extremo, bajo la luz de una ventana alta

Oración

Oración para bendecir los alimentos antes y después de comer

La oración para bendecir los alimentos pide a Dios su bendición sobre la mesa y sobre quienes comen.

Bendícenos, Señor,

y bendice estos alimentos

que vamos a recibir de tu generosidad.

Por Cristo, nuestro Señor.

Amén.

Traducción AngelGuard del latín de la Bendición de la mesa («Benedictio mensae») del Breviario Romano, según la edición de Ratisbona, 1902, p. [247].

La que la Iglesia rezó durante siglos en la mesa, y que muchas familias saben de memoria con pocas variantes, dice: «Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a recibir de tu generosidad. Por Cristo, nuestro Señor. Amén». Se reza con la señal de la cruz, cuando ya todos están sentados, y al terminar se dan gracias. En AngelGuard la tienes en una traducción nuestra del latín, con la oración para después de comer y bendiciones cortas para la familia, los niños, un día difícil, la comida a solas, la Navidad y el Día de Muertos.

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Oración para bendecir la mesa, frase por frase

3 min de lecturaLa oración del principio de esta página es la bendición de la mesa que la Iglesia rezó durante siglos antes de comer.

La oración del principio de esta página es la bendición de la mesa que la Iglesia rezó durante siglos antes de comer. Está en el Breviario Romano, el libro de oración de los sacerdotes y de los monasterios, en una página que se llama Benedictio mensae, bendición de la mesa. Allí el sacerdote la decía antes de la comida, y la comunidad respondía «Amén». La traducción es nuestra, hecha del latín sobre una edición del Breviario impresa en 1902. Es tan corta que un niño de cinco años se la aprende en una semana, y tan antigua que la rezaron, en latín o en su forma popular, generaciones de abuelos.

Cómo se reza. Cuando ya todos están sentados y la comida está servida, alguien empieza con la señal de la cruz: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Después dice la oración, despacio, y todos responden «Amén». Muchas familias la rezan todos juntos, en voz alta. Al terminar, otra vez la señal de la cruz, y a comer.

«Bendícenos, Señor». En latín, Benedic, Domine, nos. Lo primero que se bendice no es la comida: somos nosotros. Antes que el plato, Dios mira a quien se sienta a la mesa, con su hambre, su cansancio y lo que trae en el corazón.

«Y bendice estos alimentos». El latín dice haec tua dona, literalmente «estos dones tuyos», y muchas familias dicen «que por tu bondad vamos a recibir»: es la misma oración. La palabra «dones» (en latín, dona) recuerda algo que se olvida con facilidad. Aunque la comida la compramos con nuestro sueldo y la preparamos con nuestras manos, viene de Dios. El Catecismo lo dice así: después de hecho nuestro trabajo, el alimento sigue siendo don de nuestro Padre, y ese es el sentido de la bendición de la mesa en una familia cristiana (CIC 2834).

«Que vamos a recibir de tu generosidad». La palabra latina largitas quiere decir largueza: la mano abierta del que da de más. Nadie se gana del todo su pan; siempre hay lluvia, tierra, trabajo de otros y gracia de Dios detrás de cada tortilla. Por eso la oración habla de recibir, no de merecer.

«Por Cristo, nuestro Señor». Así terminan muchas oraciones de la Iglesia: pedimos al Padre por medio de su Hijo. Y no es casualidad en la mesa: Jesús comió con sus amigos, con los pecadores y con los pobres, y en la última Cena tomó el pan y dio gracias.

Lo que seguía en el Breviario. En los monasterios, después de esta oración, quien iba a leer durante la comida pedía la bendición, y el sacerdote respondía con una frase que mira más allá de la mesa de hoy. En latín, Mensae caelestis participes faciat nos Rex aeternae gloriae. Es una buena forma de terminar la bendición, sobre todo en una comida de fiesta. En nuestra traducción:

Que el Rey de la gloria eterna

nos haga participar de la mesa del cielo.

Amén.

Antes de esta oración, el Breviario hacía rezar unos versículos del Salmo 145 (144): los ojos de todos esperan en el Señor, y él les da la comida a su tiempo; abre la mano y llena de bendición a todo ser vivo (cf. Sal 145,15-16). Después venían el Gloria, el Señor, ten piedad y un Padre nuestro en silencio. En casa basta con la oración corta; si un domingo quieren hacerlo más solemne, pueden empezar con un Padre nuestro todos juntos.

Por qué los católicos bendicen la mesa

3 min de lectura

Porque Jesús lo hacía. Antes de multiplicar los panes, levantó los ojos al cielo y pronunció la bendición (Mt 14,19); en otro relato, tomó los panes y dio gracias antes de repartirlos (Jn 6,11). En la última Cena tomó el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio a sus discípulos (Lc 22,19). Y el día de la Resurrección, en Emaús, se sentó a la mesa con dos discípulos tristes, tomó el pan, pronunció la bendición y lo partió, y en ese momento lo reconocieron (Lc 24,30-31). Ellos mismos lo contaron después así: lo habían reconocido al partir el pan (Lc 24,35). Cada vez que una familia bendice la mesa, repite ese gesto de Jesús.

Una costumbre más antigua que la Iglesia. El pueblo de Israel ya bendecía a Dios después de comer: el Deuteronomio manda que, cuando hayas comido hasta saciarte, bendigas al Señor por la buena tierra que te dio (cf. Dt 8,10). Los primeros cristianos heredaron la costumbre. San Pablo, en un barco en plena tormenta, tomó pan, dio gracias a Dios delante de todos y se puso a comer (Hch 27,35). En el siglo II, el apologista Arístides contaba que los cristianos le daban gracias a Dios por la comida y la bebida, y Tertuliano contaba que en las cenas de la comunidad nadie se sentaba a la mesa sin rezar primero, y que la oración también cerraba la cena (Apologético, 39).

Lo que dice la Iglesia hoy. El Catecismo pone la oración antes y después de comer entre los ritmos diarios de oración que la Iglesia propone a los fieles, junto a la oración de la mañana y la de la tarde (CIC 2698). Y el papa Francisco, en la encíclica Laudato si' (2015), escribió: «Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito» (n. 227). Explicó por qué: ese momento, aunque sea muy breve, nos recuerda que dependemos de Dios, nos hace agradecidos, reconoce a quienes con su trabajo nos dan esos bienes y nos une con los que más lo necesitan.

¿Quién puede bendecir la mesa? Cualquier bautizado. El Catecismo enseña que todo bautizado está llamado a ser una bendición y a bendecir, y que por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (CIC 1669). La bendición de la mesa es una de ellas, y la más sencilla: la dice el papá, la mamá, la abuela, el hijo mayor o el más chiquito. Si hay un sacerdote invitado, es un gesto de cariño pedirle que la diga él.

No es un amuleto. Bendecir los alimentos no es una fórmula para que «nunca falte» la comida en la casa, ni algo que vuelve sana una comida que no lo es. Es pedirle a Dios, como en el Padre nuestro, el pan de cada día, y darle gracias por él. Atribuir el efecto de una oración solo a sus palabras, sin el corazón que la reza, es lo que el Catecismo llama superstición (CIC 2111). Lo que sí cambia una mesa bendecida es la mirada de quienes se sientan a ella: ven un regalo donde antes veían un plato.

Bendecir es dar gracias. El Catecismo explica que, cuando la palabra bendición se aplica al hombre, significa adoración y entrega al Creador en la acción de gracias (CIC 1078). Por eso la bendición de la mesa y la oración de agradecimiento son hermanas: antes de comer pedimos, y al terminar agradecemos.

Oración para bendecir los alimentos en familia y con los niños

3 min de lecturaLa mesa es, muchas veces, el único lugar donde la familia coincide en todo el día.

La mesa es, muchas veces, el único lugar donde la familia coincide en todo el día. Bendecirla toma menos de un minuto y le cambia el tono a la comida. Unos consejos sencillos:

  • Esperen a que todos estén sentados. Nadie empieza a comer antes de la bendición, tampoco el que llegó con más hambre.
  • Que guíe alguien distinto cada día. Un día el papá, otro la mamá, otro la abuela, otro un niño. Así todos aprenden y nadie siente que la oración es de uno solo.
  • Apaguen la tele y dejen el celular lejos mientras rezan. Ese gesto ya dice que este momento importa.
  • Digan un nombre. Antes del «Amén», cualquiera puede añadir una intención: la tía que está enferma, el primo que busca trabajo, quien cumple años, quien cocinó.
  • Acuérdense de los que no tienen. Una vez a la semana, separar algo para quien tiene menos convierte la bendición en obra.

Oraciones cortas para niños antes de comer. Un niño reza con el cuerpo: junta las manos, se persigna, dice «Amén» fuerte. Déjalo guiar la bendición en cuanto se la sepa, aunque se trabe. Para los más chiquitos sirven frases muy cortas, como estas:

  • «Jesús, bendice mi comida y a mi familia. Amén.»
  • «Gracias, Dios mío, por la comida, por mi casa y por los que me cuidan. Amén.»
  • «Señor, bendice estas manos que cocinaron y esta mesa donde comemos juntos. Amén.»

Otra idea que a los niños les encanta: antes de comer, cada uno dice una cosa del día por la que quiere dar gracias, y al final todos dicen juntos la bendición de arriba.

Esta oración es para la comida de familia, la de todos los días o la del domingo en casa de los abuelos:

Señor Jesús,

tú te sentaste a la mesa con tus amigos

y partiste el pan con ellos.

Siéntate hoy a la mesa con nosotros.

Bendice esta comida

y a quien la preparó con cariño.

Bendice a los que estamos aquí

y a los que hoy comen lejos de casa.

Que en esta mesa haya paz,

buena plática y perdón,

y que no olvidemos nunca

a los que hoy no tienen qué comer.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Si quieres una bendición todavía más breve para la mesa de diario, y otras formas de rezar en casa, en la noche y el domingo, la oración por la familia tiene una que los niños se aprenden de memoria.

Para un día difícil, o cuando comes solo

3 min de lecturaNo todas las comidas son de fiesta.

No todas las comidas son de fiesta. Hay días en que se come de pie, a la carrera, con una mala noticia encima o con la cuenta del gas sin pagar. Hay mesas donde ya solo se sienta una persona: la viuda, el que vive lejos de su familia, el estudiante en otra ciudad, el abuelo cuyos hijos ya se fueron. Justo ahí la bendición de la mesa tiene más sentido. Jesús no se sentó en Emaús con dos discípulos contentos, sino con dos discípulos que caminaban tristes de regreso a casa, con la esperanza rota, y fue al partir el pan cuando se les abrieron los ojos (Lc 24,13-31).

Si comes solo. No estás solo en la mesa: rezas con toda la Iglesia, y Jesús está contigo. Puedes decir la bendición de arriba en voz baja o por dentro, o una frase como estas:

  • «Señor, quédate a comer conmigo. Bendice este pan y a los que quiero, aunque estén lejos. Amén.»
  • «Gracias, Señor, por esta comida. Acuérdate de los que hoy comen solos, como yo. Amén.»

En el trabajo, en la fonda o en un restaurante. No hace falta llamar la atención ni dejar de hacerlo. Basta con persignarte con discreción y decir por dentro: «Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos». Si comes con compañeros que no rezan, no tienes que explicar nada. Y si alguien te pregunta, cuéntale con sencillez que das gracias antes de comer.

Cuando alcanza para poco. La bendición no depende de lo que hay en el plato. Una comida sencilla, bendecida con fe, no vale menos ante Dios que un banquete. Si este mes la comida no alcanza, díselo a Dios con confianza, y no te dé pena pedir ayuda a tu parroquia, a tu familia o a quien pueda echarte la mano: también así llega el pan de cada día.

Esta oración es para la comida al final de un día pesado:

Señor, hoy no fue un buen día.

Llego a la mesa cansado (cansada)

y con el corazón pesado.

Antes de comer, te dejo en las manos

lo que me preocupa.

Bendice este pan, aunque sea poco,

y dame fuerzas para mañana.

Tú que en Emaús te sentaste a la mesa

con dos discípulos tristes,

quédate conmigo esta noche.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Los discípulos de Emaús le pidieron a Jesús que se quedara con ellos porque ya caía la tarde (cf. Lc 24,29); la última línea repite su petición. Si después de cenar la preocupación sigue ahí, la oración para la ansiedad puede acompañarte antes de dormir.

3 min de lecturaEn las fiestas grandes la mesa se llena: llegan los tíos, los primos, los que viven lejos.

En las fiestas grandes la mesa se llena: llegan los tíos, los primos, los que viven lejos. Es el momento en que más vale detenerse un minuto antes de servir. Y es también cuando más se nota quién falta.

La cena de Nochebuena. El Breviario tenía una bendición distinta para la cena, la comida de la noche. Terminaba con una frase que parece escrita para el 24 de diciembre: Ad cenam vitae aeternae perducat nos Rex aeternae gloriae, que el Rey de la gloria eterna nos lleve a la cena de la vida eterna. La oración de abajo la usa al final. Si la familia viene de la última posada o de la Misa de Gallo, se reza cuando todos ya están adentro y se sirve la cena. En la oración de Navidad tienes además una bendición de la mesa a dos voces, para que respondan todos, y en las Posadas el orden de las nueve noches.

El Día de Muertos. El 1 y el 2 de noviembre muchas familias comen juntas cerca de la ofrenda, con el pan de muerto y los platillos que les gustaban a sus difuntos. Los platillos de la ofrenda son un recuerdo hecho con cariño: nuestros difuntos ya no necesitan comida, sino nuestra oración. Por eso, al compartir esa comida, la familia los recuerda y reza por ellos. Antes de comer, se puede decir esta bendición, con sus nombres:

  • «Señor, en esta mesa faltan N. y N., que tantas veces comieron con nosotros. Gracias por los años en que compartimos el pan. Dales el descanso eterno, y reúnenos un día en tu mesa del cielo. Amén.»

Lo que significa cada elemento de la ofrenda y qué rezar frente a ella está en la oración para el altar de muertos.

Cumpleaños, bodas, quince años y bautizos. En la comida de fiesta, quien recibe en su casa puede decir:

  • «Señor, hoy estamos de fiesta. Gracias por N. y por todo lo que nos has dado. Bendice esta comida, la alegría de esta casa y a todos los que vinieron. Amén.»

Esta es la bendición para la cena de Nochebuena, o para la comida grande del 25:

Señor Jesús,

esta noche naciste en Belén,

y tu Madre te acostó en un pesebre.

Bendice esta cena de Nochebuena,

a los que la preparamos

y a los que llegaron de lejos.

Acuérdate de los que hoy cenan solos

y de los que no tienen qué cenar.

Que el Rey de la gloria eterna

nos lleve un día a la cena de la vida eterna.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Las dos últimas líneas son nuestra traducción de la bendición de la cena del Breviario Romano. Si la comida grande es el 25, digan «hoy naciste» y «esta comida de Navidad». Y si este año falta alguien en la mesa, digan su nombre antes del «Amén»: no apaga la fiesta, la vuelve más verdadera.

Oración para dar gracias por los alimentos después de comer

2 min de lecturaLa bendición tiene una segunda mitad que muchas familias han olvidado: dar gracias al terminar.

La bendición tiene una segunda mitad que muchas familias han olvidado: dar gracias al terminar. En el Breviario, después de la comida, el sacerdote decía: «Te damos gracias, Dios todopoderoso, por todos tus beneficios, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén». Es la oración latina Agimus tibi gratias, en la traducción nuestra que está, con su historia, en la oración de agradecimiento.

Por los que nos hacen el bien. Un poco más adelante, en la misma Bendición de la mesa del Breviario, viene una oración preciosa y casi desconocida, que pide por quienes nos dieron de comer: la mamá que cocinó, el que trabajó para comprarlo, el campesino que sembró el maíz, el vecino que trajo el postre. En latín empieza Retribuere dignare, Domine. Después venía el recuerdo de los difuntos y, al final, un deseo de paz para todos los que comieron juntos. Las tres juntas forman una acción de gracias completa, que cabe en medio minuto.

Para la noche. Al final de la cena, el Breviario usaba otra fórmula breve, que también sirve en casa: «Bendito sea Dios en sus dones, y santo en todas sus obras» (en latín, Benedictus Deus in donis suis, et sanctus in omnibus operibus suis).

Esta es la oración para después de comer, en nuestra traducción del Breviario Romano. Se dice todavía sentados, antes de levantarse de la mesa:

Dígnate, Señor,

premiar con la vida eterna

a todos los que nos hacen el bien

por amor de tu nombre.

Amén.

Las almas de los fieles difuntos,

por la misericordia de Dios,

descansen en paz.

Amén.

Que Dios nos dé su paz.

Amén.

En latín, tal como está en el Breviario Romano: Retribuere dignare, Domine, omnibus nobis bona facientibus propter nomen tuum vitam aeternam. Amen. Fidelium animae per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen. Deus det nobis suam pacem. Amen.

Con los niños. Al levantarse de la mesa, un «Gracias, Dios mío, por la comida» y un «gracias, mamá», o a quien haya cocinado, enseñan más que muchas pláticas. Muchas familias rezan además por sus difuntos, con un Padre nuestro o con el «Dales, Señor, el descanso eterno» de la oración por los difuntos.

Preguntas

¿Cuál es la oración para bendecir los alimentos antes de comer?

La tradicional de la Iglesia, la que muchas familias aprendieron de niños, dice: «Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a recibir de tu generosidad. Por Cristo, nuestro Señor. Amén». Viene de la Bendición de la mesa del Breviario Romano, en latín «Benedic, Domine, nos et haec tua dona». Se reza con la señal de la cruz al empezar y al terminar, cuando ya todos están sentados. El latín dice literalmente «estos dones tuyos», y muchas familias dicen «que por tu bondad vamos a recibir»: es la misma oración, y las dos formas están bien.

¿Cuál es una oración corta para bendecir los alimentos?

La misma bendición tradicional ya es muy corta: cuatro líneas y un «Amén». Si buscas algo todavía más breve, por ejemplo con niños o en el trabajo, basta con persignarte y decir: «Jesús, bendice esta comida y a mi familia. Amén», o «Gracias, Señor, por esta comida. Amén». Dios no mide las oraciones por su largo.

¿Qué oración se reza después de comer?

La oración tradicional para después de comer es: «Te damos gracias, Dios todopoderoso, por todos tus beneficios, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén». En el Breviario Romano la seguía otra que pide por quienes nos dieron de comer: «Dígnate, Señor, premiar con la vida eterna a todos los que nos hacen el bien por amor de tu nombre. Amén», y un recuerdo de los difuntos. Las tres juntas caben en medio minuto.

¿Quién debe bendecir la mesa?

Cualquiera de la familia. No hace falta ser sacerdote: el Catecismo enseña que todo bautizado está llamado a bendecir y que los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (CIC 1669), y la de la mesa es la más sencilla de todas. En muchas familias la dice el papá o la mamá; en otras se turnan, y los niños la guían en cuanto se la saben. Si hay un sacerdote invitado, es un detalle pedirle que la diga él.

¿Es pecado no bendecir los alimentos?

No. Ningún mandamiento de la Iglesia obliga a bendecir la mesa, y olvidarlo no es pecado. Es una costumbre que la Iglesia recomienda con cariño: el Catecismo la pone entre las oraciones diarias de los fieles (CIC 2698), y el papa Francisco pidió a los creyentes que retomaran «este valioso hábito» (Laudato si', 227). Se hace por gratitud, no por miedo.

¿Cómo bendecir los alimentos en un restaurante o en el trabajo?

Con discreción y sin pena. Basta con persignarte y decir la bendición en voz baja o por dentro. Si comes con otras personas que no rezan, no tienes que explicarles nada ni pedirles que recen contigo; si te preguntan, cuéntales con sencillez que das gracias antes de comer. Si comen juntos y todos son creyentes, uno puede decirla en voz baja para la mesa.

¿Qué dice la Biblia sobre bendecir los alimentos?

Jesús bendijo el pan antes de multiplicarlo (Mt 14,19), dio gracias en la última Cena (Lc 22,19) y en Emaús los discípulos lo reconocieron cuando bendijo y partió el pan (Lc 24,30-31). San Pablo dio gracias a Dios antes de comer en medio de una tormenta (Hch 27,35) y enseñó que todo lo que Dios creó es bueno y que la comida recibida con acción de gracias queda santificada por la oración (cf. 1 Tim 4,4-5). Y el Deuteronomio ya pedía bendecir al Señor después de comer (cf. Dt 8,10).

¿Hay una oración para que nunca falte la comida en la mesa?

Sí puedes pedirle a Dios que no falte la comida: Jesús mismo nos enseñó a pedir con confianza el pan de cada día en el Padre nuestro, y a compartirlo. Lo que no existe es una oración que funcione como un seguro, y la bendición de la mesa no es un amuleto. Si hoy la comida no alcanza, díselo a Dios con tus palabras, pídele trabajo y fuerzas, y no te dé pena pedir ayuda a tu parroquia o a tu familia: muchas veces el pan de Dios llega por las manos de otros.