Jesús con la cabeza inclinada y los ojos bajos, con una aureola dorada, dentro de aguas tranquilas que reflejan la luz, sobre un fondo azul oscuro de noche

Oración

Oración para la ansiedad y para calmar el corazón

La oración para la ansiedad pone en manos de Jesús el corazón inquieto y le pide su paz.

Señor Jesús,

mi corazón está acelerado

y no logro calmarlo.

Vengo a ti como estoy,

con el pecho apretado y los pensamientos corriendo.

Tú llamaste a tu lado a los cansados

y prometiste alivio a quien carga demasiado.

Aquí está lo que hoy me pesa.

No te pido entenderlo todo ahora;

te pido que te quedes conmigo.

Deja tu paz en este corazón,

la paz que el mundo no da.

Enséñame a respirar despacio y a confiar,

un minuto a la vez.

Jesús, manso y humilde de corazón,

haz mi corazón semejante al tuyo.

Jesús, en ti confío.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Las dos invocaciones del final son tradicionales: la de las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús y la de la Divina Misericordia, de santa Faustina.

La oración para la ansiedad pone en manos de Jesús el corazón inquieto y le pide su paz. Empieza despacio: «Señor Jesús, mi corazón está acelerado y no logro calmarlo. Vengo a ti como estoy». Para calmar la ansiedad ahora mismo, reza con la respiración la oración de Jesús: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí». En AngelGuard tienes la oración completa, una oración de un minuto, lo que dice la Biblia sobre la preocupación y oraciones para la noche, para el día del examen y para alguien que amas.

Profundizar

La oración para la ansiedad, línea por línea

4 min de lecturaLa oración del inicio de esta página se escribió para un momento concreto: el corazón acelerado, el pecho apretado, la cabeza que no se detiene.

La oración del inicio de esta página se escribió para un momento concreto: el corazón acelerado, el pecho apretado, la cabeza que no se detiene. Por eso las líneas son cortas. Puedes rezarla completa, despacio, o quedarte en una sola línea mientras la respiración se calma. No es una fórmula ni una oración «poderosa» que funcione sola: es una conversación con Jesús, y quien calma el corazón es él, no las palabras.

«Señor Jesús, mi corazón está acelerado y no logro calmarlo.» La oración empieza por la verdad. No tienes que fingir calma para hablar con Dios ni esperar a que pase la crisis para rezar. Los salmos están llenos de gente que reza en medio de la angustia, y el mismo Jesús, en Getsemaní, les dijo a sus amigos que su alma estaba triste hasta la muerte (Mt 26,38). Decir «no puedo» ya es entregarse.

«Vengo a ti como estoy, con el pecho apretado y los pensamientos corriendo.» No hace falta arreglar la casa antes de recibir esta visita. Llegas con lo que traes: el cuerpo cansado, los pensamientos que dan vueltas, tal vez lágrimas. Dios no espera de ti una oración bonita; te espera a ti.

«Tú llamaste a tu lado a los cansados y prometiste alivio a quien carga demasiado.» Es la invitación de Jesús en el Evangelio de Mateo: llama a su lado a los cansados y agobiados y les promete descanso (Mt 11,28). La oración solo le recuerda lo que él mismo dijo, como un niño que le recuerda a su papá una promesa.

«Aquí está lo que hoy me pesa.» En este punto, detente y di con tus palabras qué te aprieta: las deudas del mes, el examen, la conversación difícil, el hijo que todavía no llega a casa, o simplemente «no sé qué es». San Pedro escribe que podemos descargar en Dios toda nuestra preocupación, porque él cuida de nosotros (1 Pe 5,7). Ponerle nombre a lo que pesa suele hacerlo un poco más pequeño.

«No te pido entenderlo todo ahora; te pido que te quedes conmigo.» La ansiedad quiere resolverlo todo de una vez, ya. La oración pide otra cosa: compañía. Los discípulos, en la barca, en plena tormenta, despertaron a Jesús porque tenían miedo de hundirse (Mc 4,35-41). Antes de calmar el mar, él ya estaba en la barca con ellos.

«Deja tu paz en este corazón, la paz que el mundo no da.» En la Última Cena, Jesús dejó a los suyos su paz, distinta de la paz del mundo, y les pidió que su corazón no se turbara ni tuviera miedo (Jn 14,27). No es la paz de quien no tiene problemas; es la paz de quien no está solo con ellos.

«Enséñame a respirar despacio y a confiar, un minuto a la vez.» Jesús dijo que cada día ya tiene su propio afán y que no sirve de nada cargar hoy el de mañana (Mt 6,34). Cuando un día entero es demasiado, basta un minuto. Luego viene el siguiente.

«Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.» Es una invocación antigua, que cierra las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús y nace del mismo Evangelio, donde Jesús dice que es manso y humilde de corazón y que en él nuestras almas encuentran descanso (Mt 11,29). Pedimos un corazón parecido al suyo: no un corazón que nunca siente nada, sino un corazón en paz.

«Jesús, en ti confío.» Son las palabras que, según el Diario de santa Faustina Kowalska, Jesús pidió que se escribieran al pie de la imagen de la Divina Misericordia, en 1931. Mucha gente las repite como un ancla. Puedes decirlas aunque no sientas nada de confianza: decirlas ya es un acto de confianza.

La oración es Texto AngelGuard, escrita para esta página; las dos invocaciones del final son tradicionales y no son nuestras. Si ahora te parece demasiado larga, reza solo la primera línea y la última. Justo abajo hay una oración de un minuto.

Oración de un minuto para calmar la ansiedad cuando el corazón se acelera

3 min de lecturaCuando el corazón se acelera, la oración tiene que ser corta.

Cuando el corazón se acelera, la oración tiene que ser corta. Esta cabe en un minuto y va al ritmo de la respiración. Usa una de las oraciones más sencillas y antiguas de los cristianos, la oración de Jesús u oración del corazón: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí». El Catecismo cuenta que esta invocación, transmitida por los maestros espirituales del Sinaí, de Siria y del monte Athos, une el himno de san Pablo sobre Cristo con la petición del publicano y del mendigo ciego (CEC 2667). Y dice que invocar el nombre de Jesús es «el camino más sencillo de la oración continua» (CEC 2668).

Cómo hacerla. Siéntate, si puedes, con los pies en el suelo. Suelta los hombros. Al tomar aire despacio por la nariz, di por dentro: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios». Al soltar el aire, todavía más despacio, di: «ten piedad de mí». Repítelo diez veces, sin prisa. Si pierdes la cuenta, no pasa nada: vuelve a empezar. Si los pensamientos regresan, déjalos pasar y vuelve al nombre de Jesús, sin pelearte contigo. Muchos cristianos de Oriente aprendieron a rezar esta oración al ritmo de la respiración, y soltar el aire despacio también ayuda al cuerpo a bajar el ritmo.

Por qué empezar por calmarse. San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia, escribió un capítulo entero sobre la inquietud en su Introducción a la vida devota. Compara al alma afligida con los pajaritos atrapados en una red: entre más se agitan para salir, más se enredan. Su consejo, en traducción nuestra, es este: «antes que nada, pon tu espíritu en reposo y tranquilidad», y solo después, «poco a poco y con suavidad», busca la salida. Enseguida aclara que poco a poco no quiere decir con descuido, sino sin prisa, sin turbación y sin inquietud (parte IV, cap. 11). Un minuto de oración no resuelve el problema. Te da un corazón más tranquilo para enfrentarlo.

Si no te sale ninguna oración. Hay momentos en que no sale ni una frase. Entonces di solo «Jesús». Su nombre basta. San Pablo escribe que, cuando no sabemos qué pedir, el mismo Espíritu reza en nosotros con gemidos que las palabras no alcanzan (Rom 8,26). Dios entiende hasta el silencio de quien no puede hablar.

En cualquier lugar. Nadie tiene que saber que estás rezando. Puedes hacerlo con los ojos abiertos, en el autobús o en el metro, en la fila del banco, en el baño de la oficina, antes de entrar a una sala. Mucha gente reza así, con la cabeza baja, sin que nadie lo note.

La oración de un minuto, para rezar con la respiración:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios,

ten piedad de mí.

(diez veces, despacio, con la respiración)

Jesús, aquí estoy, y tú estás aquí.

Te entrego este minuto.

Calma mi corazón,

y que tu paz guarde mis pensamientos.

Jesús, en ti confío.

Amén.

Texto AngelGuard, con la oración de Jesús, tradicional. La línea de la paz que guarda los pensamientos viene de la promesa de san Pablo de que la paz de Dios guardará el corazón y la mente en Cristo Jesús (Flp 4,7). Si el momento pasa y quieres rezar más, vuelve a la oración del inicio de la página, o reza la oración de la serenidad, que le pide a Dios serenidad para aceptar lo que no se puede cambiar.

Qué dice la Biblia sobre la ansiedad: Filipenses 4, Mateo 6 y los salmos

4 min de lecturaLa Biblia no usa la palabra ansiedad como la usan hoy los médicos, pero habla mucho del corazón inquieto, del miedo y de la preocupación.

La Biblia no usa la palabra ansiedad como la usan hoy los médicos, pero habla mucho del corazón inquieto, del miedo y de la preocupación. Y habla con honestidad: no promete que quien cree nunca va a sentir el pecho apretado. Promete que Dios está cerca.

Filipenses 4: llevarle todo a Dios. San Pablo les pide a los cristianos de Filipos que no se dejen dominar por la preocupación, sino que, en toda situación, le presenten a Dios sus peticiones, rezando, suplicando y dando gracias. Y les promete que la paz de Dios, que va más allá de todo lo que podemos entender, guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús (Flp 4,6-7). Dos detalles ayudan a leerlo bien. Primero: Pablo escribe esto preso, sin saber si saldría con vida (Flp 1,13.20-24). No es el consejo de alguien con la vida resuelta. Segundo: no manda dejar de sentir; manda llevárselo a Dios. La preocupación se vuelve petición. Y pide dar gracias antes de que llegue la respuesta: agradecer lo que ya tienes le quita un poco de peso a lo que falta.

Mateo 6: los pájaros y los lirios. En el Sermón de la Montaña, Jesús dice que no andemos preocupados por qué comer, qué beber o qué ponernos. Manda mirar a los pájaros, a los que el Padre alimenta, y a los lirios del campo, que ni el rey Salomón se vistió como ellos. Pregunta quién, a fuerza de preocuparse, puede añadir una hora a su vida. Y termina: no se preocupen por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación; a cada día le basta su afán (Mt 6,25-34). El Catecismo explica que Jesús no nos impone ninguna pasividad, sino que quiere «librarnos de toda inquietud agobiante» (CEC 2830). Es decir: trabaja, cuida, planea; pero no cargues hoy en la noche con todo el día de mañana.

Lo que estos textos no dicen. No dicen que sentir ansiedad sea pecado ni que quien se angustia tenga poca fe. Jesús, en la agonía de Getsemaní, sudó como gotas de sangre (Lc 22,44), y en él no había falta de fe. Tampoco dicen «reza y la ansiedad se va». A veces se va, a veces baja, a veces se queda y uno aprende a atravesarla con Dios al lado. Usar estos versículos para culpar a quien sufre es leer la Biblia al revés.

Salmos para la ansiedad. Los salmos son oraciones para rezar, no solo para leer. Tres son especialmente buenos para un corazón agitado:

  • Salmo 4, la oración de la noche: el salmista termina diciendo que se acuesta y enseguida se duerme en paz, porque solo Dios lo hace vivir seguro (Sal 4,9). La Iglesia lo reza en Completas.
  • Salmo 23, el del Buen Pastor: aunque pase por un valle oscuro, el salmista no teme ningún mal, porque el Señor camina con él.
  • Salmo 131: un salmo de tres versículos en el que el salmista dice que acalló y aquietó su alma, como un niño recién destetado en brazos de su madre. Tal vez sea la imagen más bella de la Biblia para un corazón que se serena.

En tu Biblia, algunos de estos salmos pueden tener un número menos (el 23 como 22, el 131 como 130), porque ciertas ediciones siguen la numeración antigua de la Vulgata. Es el mismo salmo. Para las horas de miedo, el Salmo 121 también acompaña: el Señor que te cuida no se duerme.

Esta oración une el Salmo 131 y el consejo de san Pablo:

Señor,

no necesito entenderlo todo

ni resolver hoy lo que es de mañana.

Como un niño en brazos de su madre,

quiero descansar en ti.

Recibe lo que me preocupa:

te lo presento y te doy gracias,

antes incluso de ver la respuesta.

Guarda mi corazón y mis pensamientos

en Cristo Jesús.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página, a partir del Salmo 131 y de Filipenses 4,6-7. Rézala cuando la cabeza se te vaya hacia adelante, a cosas que todavía no han pasado.

Ansiedad en la noche: oración para cuando no llega el sueño

3 min de lecturaMucha gente siente la ansiedad más fuerte en la noche.

Mucha gente siente la ansiedad más fuerte en la noche. El día termina, la casa se queda en silencio y la cabeza se prende. Las deudas, las conversaciones pendientes, los miedos: todo parece más grande a las tres de la mañana. Eso no es falta de fe: es el cansancio y la oscuridad haciendo lo suyo. La Iglesia conoce esa hora y tiene una oración propia para ella.

Las Completas. La última oración de la Liturgia de las Horas, la que se reza antes de dormir, se llama Completas. Empieza con un breve examen del día, sigue con un salmo y una lectura corta, tiene el cántico del anciano Simeón, que después de ver al Niño Jesús en el Templo pide irse en paz (Lc 2,29-32), y termina con una antífona a la Virgen. En las Completas del sábado en la noche, la Iglesia reza precisamente el Salmo 4, el de quien se acuesta y duerme en paz. La página de la oración de la noche explica las Completas y el examen, y la de la oración para dormir trae más oraciones para cuando no puedes dormir.

Antes de acostarte. Algunos gestos sencillos ayudan. Deja el celular lejos de la cama. Haz un examen breve del día en tres pasos: agradecer, pedir perdón, entregar. Di en voz baja el nombre de lo que te preocupa y entrégalo una cosa a la vez, como quien se saca las piedras de los bolsillos antes de acostarse. Haz la señal de la cruz y, si tienes la costumbre, pide la protección de tu ángel de la guarda.

Si te despiertas de madrugada. No te pelees con el insomnio. En lugar de ver la hora cada diez minutos, reza despacio, sin prender la luz: para eso sirve la oración de un minuto. San Francisco de Sales aconsejaba revisar, en la mañana y en la noche, si tenemos el alma «en las manos» o si alguna inquietud nos la arrebató, y, si se escapó, traerla de vuelta «poco a poco» a la presencia de Dios (Introducción a la vida devota, IV, 11). Eso hace la oración de la madrugada: regresa el corazón, una vez, y otra, y otra. Y si la noche es larga, reza también por quien está despierto ahora: en el hospital, en la carretera, en el turno de noche, solo en su cuarto.

Cuando la noche pesa casi todas las noches. Si el insomnio y la opresión en el pecho regresan noche tras noche, durante semanas, no lo cargues solo: el siguiente capítulo habla de rezar y, al mismo tiempo, buscar ayuda.

Esta oración es para rezarla en la cama, con la luz apagada:

Señor, el día terminó.

Te doy gracias por lo que salió bien;

perdona lo que hice mal;

lo que quedó sin resolver, te lo dejo a ti.

Tú no duermes ni te cansas:

cuida esta casa y a quienes viven en ella.

Calma mi corazón

y dame el descanso que no logro encontrar.

Si me despierto a medianoche,

que mi primer pensamiento sea tu nombre.

En tus manos encomiendo mi espíritu.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. La línea del Dios que no duerme viene del Salmo 121, y la penúltima es la que Jesús rezó en la cruz con las palabras del Salmo 31 (Lc 23,46) y que la Iglesia repite cada noche en Completas. Si quieres rezar un poco más antes de dormir, la Coronilla de la Divina Misericordia es corta y nació de las mismas revelaciones a santa Faustina que le dieron al mundo el «Jesús, en ti confío».

Rezar y buscar ayuda: la fe y el cuidado van juntos

3 min de lecturaRezar no sustituye el cuidado de la salud, y cuidar la salud no es desconfiar de Dios.

Rezar no sustituye el cuidado de la salud, y cuidar la salud no es desconfiar de Dios. El Catecismo enseña que la vida y la salud física son «bienes preciosos confiados por Dios», y que debemos cuidar de ellos razonablemente (CEC 2288). El mismo cuidado vale para la salud de la mente. Por eso, si la ansiedad no se va, si regresa casi todos los días, si te quita el sueño, el apetito o las ganas de salir de casa, buscar a un médico o a un psicólogo es sensato y no es falta de fe. Y si el corazón se te acelera junto con dolor en el pecho o falta de aire, o si es algo nuevo para ti, que un médico revise qué es.

Dios también actúa por las manos de otros. El libro del Eclesiástico pide honrar al médico, porque también a él lo creó el Señor, y le dice al enfermo que rece y que también le dé su lugar al médico (Eclo 38,1-15). La Biblia no ve oposición entre las dos cosas. Muchos santos fueron médicos, y muchos hospitales nacieron de órdenes religiosas.

El remedio de los remedios, según san Francisco de Sales. En el mismo capítulo sobre la inquietud, el santo da un consejo muy práctico: si puedes contarle tu inquietud a quien guía tu alma, o al menos a un amigo de confianza y de fe, no dudes de que pronto te sentirás más sosegado. Y llama a ese compartir los dolores del corazón «el remedio de los remedios» (Introducción a la vida devota, IV, 11). Recuerda además el consejo que el rey san Luis de Francia le dio a su hijo: si tienes en el corazón algún malestar, díselo enseguida a tu confesor o a una buena persona, y así llevarás tu pena con más ligereza. Hablar no es debilidad. Muchas veces es el primer paso.

Cómo rezar durante el tratamiento. Reza antes de la consulta, para poder decir todo lo que sientes. Reza por quienes te atienden. Si tomas un medicamento recetado, tómalo sin culpa, como quien recibe un cuidado. Y sigue con tu vida de fe: la Misa, la Confesión, que quita pesos que ningún otro lugar quita, y la oración de cada día, aunque sea corta. La fe no compite con el tratamiento; lo acompaña.

Antes de un examen, una entrevista o unos resultados médicos. Hay ansiedades con fecha: el examen de admisión, la entrevista de trabajo, la biopsia que entregan el jueves. Esta oración es para esas horas:

Señor, hoy es el día,

y tengo el corazón apretado.

Tú ya estás allá donde yo voy a estar.

Dame calma para pensar con claridad

y para decir lo que tengo que decir.

Si la noticia es buena, que sepa darte gracias.

Si no es lo que esperaba,

no me dejes a solas con ella:

quédate conmigo y pon gente buena en mi camino.

Pase lo que pase, te pertenezco.

Jesús, en ti confío.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Sirve también para quien espera afuera de la sala. Si los resultados traen una enfermedad, la página de la oración de sanación tiene oraciones por la salud del cuerpo y del alma.

Oración por alguien que amas y tiene ansiedad

3 min de lecturaA veces la ansiedad es de alguien cercano: el hijo adolescente que no duerme, la mamá que se preocupa por todo, el esposo que se quedó sin trabajo, la amiga que tiene crisis.

A veces la ansiedad es de alguien cercano: el hijo adolescente que no duerme, la mamá que se preocupa por todo, el esposo que se quedó sin trabajo, la amiga que tiene crisis. Ver sufrir así a alguien que amas también aprieta el corazón. Puedes rezar por esa persona y puedes ayudarla de una manera que respete lo que siente.

Lo que ayuda. Escuchar más que hablar. Estar cerca, sin prisa. Preguntar «¿quieres que recemos juntos?», en lugar de rezar por encima de ella. Ofrecer cosas concretas: acompañarla a una consulta, llevarle de comer, salir a caminar juntos. Recordarle, con gestos, que no está sola.

Lo que no ayuda. Decir «es falta de fe», «reza y se te quita» o «no es para tanto». Esas frases, aunque se digan con buena intención, hacen que la persona se sienta culpable por sufrir, y la angustia crece. Jesús nunca trató así a quien llegaba angustiado: tocaba, preguntaba, escuchaba.

Rezar por los hijos. Para un papá o una mamá, la ansiedad de un hijo es de los dolores más difíciles. Reza por él con su nombre, cada noche. Si te deja, hazle la señal de la cruz en la frente antes de dormir, un gesto sencillo que muchas familias conservan. Hay oraciones propias para eso en la página de la oración por los hijos. Si es un niño pequeño, reza con él con palabras sencillas: «Jesús, quédate conmigo. Jesús, en ti confío».

Con la Virgen y los santos. Puedes pedirle a la Virgen María, que guardaba todo en su corazón (Lc 2,19.51), que cuide el corazón de quien amas; y a san José, que en medio de la angustia oyó en sueños que no tuviera miedo (Mt 1,20). Y la oración de San Francisco, «Señor, hazme un instrumento de tu paz», es la oración de quien quiere ser una presencia tranquila para los demás.

Di el nombre de la persona en lugar de N.:

Señor Jesús,

te presento a N.,

que está angustiado (angustiada) y cansado (cansada).

Tú conoces lo que le aprieta el corazón

mejor que yo.

Calma sus pensamientos,

dale sueño en la noche y valor en la mañana.

Pon a su lado personas que lo (la) ayuden,

y a mí dame paciencia para estar cerca sin prisa.

Que nunca se sienta solo (sola).

Virgen María, que guardabas todo en tu corazón,

cuida el corazón de N.

Amén.

Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Puedes rezarla de lejos, sin que la persona lo sepa, o a su lado, si ella quiere. Rezar por alguien también calma a quien reza: el peso pasa de tus manos a las manos de Dios.

Preguntas

¿Qué oración es buena para la ansiedad?

Una oración sencilla para la ansiedad empieza así: «Señor Jesús, mi corazón está acelerado y no logro calmarlo. Vengo a ti como estoy». Rézala despacio, una línea a la vez, y termina con dos invocaciones antiguas: «Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo» y «Jesús, en ti confío». Ninguna oración funciona como fórmula: quien calma el corazón es Dios, que escucha a quien le reza con sinceridad.

¿Cuál es el mejor salmo para la ansiedad?

El Salmo 131, en el que el salmista dice que aquietó su alma como un niño en brazos de su madre; el Salmo 4, la oración de la noche de quien se acuesta y duerme en paz; y el Salmo 23, el del Buen Pastor, que camina con nosotros aun por el valle oscuro. Rézalos despacio y detente en el versículo que te toque. En algunas Biblias el 131 aparece como 130, y el 23 como 22.

¿Hay una oración para calmar la ansiedad y el miedo?

Sí. Cuando el miedo aprieta, reza corto: la oración de Jesús, «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí», se reza con la respiración, la primera mitad al tomar aire y la segunda al soltarlo, despacio, diez veces. El Catecismo dice que invocar el nombre de Jesús es el camino más sencillo de la oración continua (CEC 2668). Cuando el miedo baje un poco, reza la oración completa para la ansiedad o un salmo.

¿Cómo me ayuda Dios con la ansiedad?

Por la oración, que nos da compañía y paz en medio del problema; por los sacramentos, como la Confesión y la Eucaristía; por las personas que pone a nuestro lado; y por el cuidado de la salud, que el Catecismo llama un bien confiado por Dios (CEC 2288). No siempre quita la ansiedad de golpe, pero no nos deja solos: Jesús llama a su lado a los cansados y les promete descanso (Mt 11,28).

¿La ansiedad es falta de fe?

No. Sentir ansiedad no es pecado ni prueba de una fe débil. Jesús sintió angustia en Getsemaní, al grado de sudar como gotas de sangre (Lc 22,44), y muchos santos pasaron noches de miedo. La fe no impide que el corazón se acelere; nos enseña a quién llevarle lo que sentimos. Cuando Jesús dice que no andemos preocupados, el Catecismo explica que quiere librarnos de la inquietud, no acusarnos (CEC 2830).

¿Qué dice la Biblia sobre la ansiedad?

San Pablo pide que no nos dejemos dominar por la preocupación, sino que le presentemos todo a Dios rezando y dando gracias, y promete que la paz de Dios guardará nuestro corazón y nuestros pensamientos (Flp 4,6-7). Jesús manda mirar a los pájaros y a los lirios y no cargar con el mañana, porque a cada día le basta su afán (Mt 6,25-34). Y san Pedro dice que podemos descargar en Dios toda nuestra preocupación, porque él cuida de nosotros (1 Pe 5,7).

¿Qué oración corta puedo rezar para la ansiedad?

Tres muy cortas: «Jesús, en ti confío»; «Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo»; y la oración de Jesús, «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí». Puedes repetirlas en el autobús, en la fila o en la cama. Y cuando no te salga ni eso, di solo «Jesús».