
Oración
Oración de la serenidad: el texto, su origen y cómo rezarla
La oración de la serenidad pide a Dios serenidad para aceptar, valor para cambiar y sabiduría para distinguir cuándo toca cada una.
Dios, concédeme la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar,
el valor para cambiar lo que sí puedo
y la sabiduría para reconocer la diferencia.
Amén.
Traducción AngelGuard de la forma breve popular de la oración de la serenidad (en inglés desde 1941), atribuida a Reinhold Niebuhr; oración cristiana de autor protestante, no litúrgica.
La oración de la serenidad pide a Dios serenidad para aceptar, valor para cambiar y sabiduría para distinguir cuándo toca cada una. Dice así: «Dios, concédeme la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, el valor para cambiar lo que sí puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia». Se atribuye al teólogo protestante Reinhold Niebuhr, en los años treinta, y se hizo conocida en todo el mundo a partir de 1941, cuando la adoptó Alcohólicos Anónimos. No es una oración litúrgica católica, pero muchos católicos la rezan, porque cada petición tiene raíz en el Evangelio. En AngelGuard la tienes en traducción nuestra, con su historia contada sin adornos y una guía para rezarla en el día a día.
Profundizar
Qué dice la oración de la serenidad, petición por petición
3 min de lecturaLa oración de la serenidad es una sola frase dirigida a Dios con tres peticiones: serenidad para aceptar lo que no está en tus manos, valor para cambiar lo que sí depende de ti y sabiduría para distinguir una cosa de la otra.
La oración de la serenidad es una sola frase dirigida a Dios con tres peticiones: serenidad para aceptar lo que no está en tus manos, valor para cambiar lo que sí depende de ti y sabiduría para distinguir una cosa de la otra. Se reza en menos de medio minuto, y mucha gente la sabe de memoria sin haberla aprendido nunca a propósito: la vio en una estampa, en la pared de un salón parroquial o doblada en la cartera de un familiar.
«Dios, concédeme…» La oración empieza como empiezan las súplicas de los salmos: nombrando a Dios y pidiéndole un don. No es un ejercicio de autocontrol ni una frase para repetirse frente al espejo. Quien la reza reconoce que la serenidad, el valor y la sabiduría no se fabrican a fuerza de voluntad: se reciben. Por eso la palabra que lo sostiene todo es «concédeme».
«…la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar». Hay cosas que no puedes cambiar: el diagnóstico que ya te dieron, la decisión que tomó otra persona, el pasado, la muerte de alguien a quien amas. Aceptar no quiere decir que te dé igual ni que todo esté bien. Quiere decir dejar de pelear contra lo que no se mueve, para no gastar en esa pelea las fuerzas que necesitas para vivir. La serenidad que se pide aquí no es frialdad: es la calma de quien se sabe en manos de Dios aunque las cosas no salgan como quería.
«…el valor para cambiar lo que sí puedo». La oración no es una invitación a cruzarse de brazos. Muchas veces sí hay algo que hacer: pedir perdón, hacer esa llamada, ir al médico, dejar un hábito, poner un límite, empezar de nuevo. Para eso hace falta valor, porque lo que sí podemos cambiar casi siempre es lo que más nos cuesta: nuestra propia conducta. La tradición cristiana llama fortaleza a esta virtud, la que da firmeza en las dificultades (CIC 1808).
«…y la sabiduría para reconocer la diferencia». Es la petición más fina. Lo difícil casi nunca es solo aceptar o solo cambiar, sino saber qué toca en cada caso: ¿esto lo tengo que soltar o lo tengo que enfrentar? A veces aceptamos lo que deberíamos cambiar, por miedo o por comodidad. Otras veces nos desgastamos queriendo cambiar lo que no depende de nosotros, empezando por las demás personas. La sabiduría que se pide es práctica: se parece a lo que la Iglesia llama prudencia, la virtud que ayuda a discernir el bien verdadero en cada circunstancia (CIC 1806), y el Espíritu Santo la perfecciona con sus dones de sabiduría y de consejo (CIC 1831).
«Amén». La forma breve que se reza desde 1941 no lleva «Amén»; se lo añadimos, como hace casi todo el mundo al rezarla. Si la rezas en familia o en grupo, puedes decirla en plural: «Dios, concédenos la serenidad…». De hecho, las versiones más antiguas que se conocen, de los años treinta y cuarenta, ya hablaban en plural.
¿De dónde viene la oración de la serenidad?
4 min de lecturaLa oración de la serenidad nació en Estados Unidos a comienzos de los años treinta, en el entorno del teólogo protestante Reinhold Niebuhr, y se difundió por el mundo desde 1941 gracias a Alcohólicos Anónimos.
La oración de la serenidad nació en Estados Unidos a comienzos de los años treinta, en el entorno del teólogo protestante Reinhold Niebuhr, y se difundió por el mundo desde 1941 gracias a Alcohólicos Anónimos. Esa es la parte segura de la historia. Quién dio con las palabras exactas es una pregunta que los investigadores todavía discuten, y aquí te contamos lo que se sabe, sin adornos.
Reinhold Niebuhr. Nació en 1892 en Misuri, hijo de un pastor de origen alemán, y murió en 1971. Fue pastor en Detroit y, desde 1928, profesor del Union Theological Seminary de Nueva York, uno de los seminarios protestantes más influyentes de su país. Fue un pensador muy leído sobre la fe y la política, el poder y la guerra. Su familia contó siempre que él escribió la oración, y él mismo lo dijo en varias ocasiones, aunque admitía que algo parecido podría haber circulado durante siglos; en 1950 añadió que no lo creía y que estaba convencido de haberla escrito él.
1932 y 1933: los primeros rastros. El 31 de octubre de 1932, Winnifred Wygal, dirigente nacional de la Asociación Cristiana Femenina de Estados Unidos (YWCA) y antigua alumna de Niebuhr, anotó en su diario unas palabras de él: el hombre que vence en la crisis es el que tiene serenidad para aceptar lo que no puede remediar y valor para cambiar lo que hay que cambiar. Faltaba todavía la petición de sabiduría. En marzo de 1933, Wygal publicó una versión con las tres peticiones, en plural, en una revista de la YWCA, y un diario de California la reprodujo en su primera página. En los años siguientes apareció en otros periódicos, casi siempre sin autor. En 1937, un boletín de estudiantes cristianos ya la atribuía a Niebuhr, y en 1940 Wygal hizo lo mismo en un libro suyo.
Los años de la guerra. Según el relato de su familia, Niebuhr rezó la oración en un servicio religioso en Heath, un pueblo de Massachusetts donde pasaba los veranos; su hija lo sitúa en 1943. En 1944 se imprimió en un libro de oraciones para las fuerzas armadas, y durante la Segunda Guerra Mundial se repartió en tarjetas a los soldados. Su esposa, Ursula Niebuhr, contó después que se imprimieron millones de copias.
1941: la forma breve que conocemos. A fines de mayo o principios de junio de 1941, un aviso publicado en un diario de Nueva York, el New York Herald Tribune, traía la oración en primera persona, «concédeme», con las palabras que hoy reza casi todo el mundo. Un miembro de Alcohólicos Anónimos, comunidad que entonces tenía apenas seis años, la llevó a la oficina del grupo en Nueva York. Les pareció que decía en pocas palabras lo que ellos vivían cada día, y ese mismo junio mandaron imprimir tarjetas para llevar en la cartera. Durante los años cuarenta la llamaron «la oración de A.A.», y hacia el final de esa década, «la oración de la serenidad». Cuando en 1950 le preguntaron a Niebuhr por esa versión, que no era exactamente la suya, respondió que no le molestaba y que en algunos aspectos le parecía mejor.
¿Niebuhr o Wygal? El bibliotecario de la Universidad de Yale Fred R. Shapiro, editor del diccionario de citas de la Universidad de Yale, ha estudiado la pregunta más que nadie, y ha cambiado de opinión más de una vez. En 2008 puso en duda la autoría de Niebuhr, porque había encontrado versiones impresas anteriores sin su nombre. En 2009, tras el hallazgo del boletín de 1937, se inclinó de nuevo por Niebuhr, y en 2014, al conocer el diario de Wygal, escribió que Niebuhr muy probablemente era el autor. En la nueva edición de su libro, de 2021, concluye en cambio que los datos señalan a Wygal como quien le dio forma, a partir de ideas que al parecer tomó de Niebuhr. La hija de Niebuhr, la editora Elisabeth Sifton, defendió la autoría de su padre en un libro dedicado a la oración (2003). Por eso decimos que la oración «se atribuye» a Niebuhr: es lo honesto.
Lo que no es cierto. La oración se ha atribuido a San Francisco de Asís, a San Agustín, a Santo Tomás de Aquino, a Boecio y a Aristóteles, sin ninguna prueba. En Alemania se difundió desde 1951 con el nombre de un pietista del siglo XVIII, Friedrich Oetinger, pero era el seudónimo de un profesor de la época, Theodor Wilhelm. Lo que sí es antiguo es la idea: el filósofo Epicteto, en el siglo I, ya enseñaba a distinguir lo que depende de nosotros de lo que no. La oración toma esa vieja sabiduría y la convierte en una súplica a Dios.
Cómo rezar la oración de la serenidad en la vida diaria
4 min de lecturaLa oración de la serenidad se reza mejor cuando la llevas a algo concreto.
La oración de la serenidad se reza mejor cuando la llevas a algo concreto. Dicha en general, suena bonita; dicha sobre lo que hoy te quita el sueño, se vuelve oración de verdad. Un modo sencillo: antes de rezarla, nombra ante Dios lo que te preocupa. Después pregúntale, con calma, qué parte de eso está en tus manos y qué parte no. Y entonces reza las tres peticiones despacio, una por una.
Cuando la preocupación no te suelta. Las cuentas, el trabajo, un hijo que no llega a la hora, un resultado que no termina de llegar. La cabeza da vueltas y vueltas a lo mismo. Jesús conocía bien esa inquietud y pidió no agobiarse por el día de mañana, porque a cada día le basta su propio afán (Mt 6,34). Reza la oración y quédate solo con el paso que te toca dar hoy. Lo demás, déjaselo a Dios por esta noche. La oración de la noche te ayuda a cerrar el día así.
Cuando hay una enfermedad. Ante una enfermedad, tuya o de alguien que amas, la oración pone orden en el corazón. Hay cosas que no puedes cambiar: el diagnóstico, la espera, la incertidumbre. Hay otras que sí: acompañar, preguntarle al médico lo que no entendiste, seguir el tratamiento, descansar, dejarte ayudar. Y hace falta sabiduría para no confundir la esperanza con negar la realidad, ni la aceptación con rendirse. Pedir la curación no está peleado con la serenidad: puedes pedir las dos cosas, como en nuestra oración de sanación.
Cuando una relación es difícil. Un hermano con el que no te hablas, una suegra que siempre opina, un hijo adolescente que se encierra, un compañero de trabajo que te hace la vida pesada. Aquí la oración es especialmente clara: no puedes cambiar a otra persona. Sí puedes cambiar tu manera de responder, lo que dices y cómo lo dices, el primer paso hacia la reconciliación y también los límites que hacen falta para que haya respeto. Reza por esa persona, diciendo su nombre. A veces la serenidad llega antes que la solución.
En el camino de recuperación de una adicción. Muchas personas conocieron esta oración en un grupo de doce pasos y la rezan cada día desde entonces. Ahí se entiende muy bien: no puedo cambiar lo que ya pasó; sí puedo, hoy, no tomar la primera copa, pedir ayuda, volver a la reunión, reparar un daño. Y quien ama a alguien que bebe la reza también: no puedo cambiar a otra persona; sí puedo cuidarme, poner límites con cariño y dejar a esa persona en manos de Dios. Si es tu caso, o el de alguien de tu familia, la oración te acompaña junto con todo lo que ya haces para seguir adelante. Es una oración, no un tratamiento: no sustituye a tu grupo, a tu médico ni a tu sacerdote, y tampoco compite con ellos.
Al empezar el día. Hay quien la reza por la mañana, antes de mirar el celular, para recibir lo que venga con otro ánimo. Con el tiempo, la oración se vuelve un reflejo: en medio de una discusión, en el tráfico o en una sala de espera, basta decir por dentro «serenidad, valor, sabiduría» para volver a Dios.
Después de la oración de la serenidad, puedes rezar esta breve oración para entregarle a Dios tu día:
Señor, te entrego este día,
con lo que puedo hacer y con lo que no está en mis manos.
Ayúdame a hacer hoy lo que me toca
y a dejar en tus manos el día de mañana.
Que tu paz cuide mi corazón y mis pensamientos.
Amén.
Texto AngelGuard: oración escrita para esta página. Su cuarta línea se inspira en la enseñanza de Jesús de no agobiarse por el mañana (Mt 6,34), y la quinta, en la paz de Dios que guarda el corazón y los pensamientos (Flp 4,7).
Lo que dice la fe católica sobre la paz y la aceptación
4 min de lecturaLa oración de la serenidad no es un texto litúrgico de la Iglesia ni la escribió un santo católico, pero lo que pide está en el centro del Evangelio.
La oración de la serenidad no es un texto litúrgico de la Iglesia ni la escribió un santo católico, pero lo que pide está en el centro del Evangelio. La fe católica tiene mucho que decir sobre la paz del corazón, y también sobre lo que esa paz no es: la aceptación cristiana no es resignación ni indiferencia, sino confianza en un Padre que cuida de sus hijos.
Jesús y la preocupación. En el Sermón de la Montaña, Jesús invita a no vivir angustiados por la comida, el vestido o el futuro: el Padre del cielo, que alimenta a los pájaros y viste a los lirios del campo, sabe lo que necesitamos. Lo que pide es buscar primero el Reino de Dios, y lo demás se dará por añadidura (Mt 6,25-34). El Catecismo explica que con esas palabras Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre (CIC 305), y que no nos invita a la pereza, sino que quiere librarnos de la inquietud que agobia (CIC 2830). Enseña también que, ante el futuro, la actitud cristiana es ponerse con confianza en las manos de la Providencia (CIC 2115).
San Pablo y San Pedro. San Pablo, que escribía desde la prisión, pide a los cristianos de Filipos que no se inquieten por nada y que presenten a Dios sus peticiones con oración y acción de gracias; entonces, dice, la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender, guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús (Flp 4,6-7). San Pedro lo resume en una línea: echen en Dios todas sus preocupaciones, porque Él cuida de ustedes (1 Pe 5,7). La oración de la serenidad es una manera sencilla de hacer exactamente eso.
Confiar cuando parece que Dios no responde. El Catecismo dedica varios números a la confianza filial en la oración (CIC 2734-2737). Reconoce que esa confianza se pone a prueba en la tribulación, y que hay quien deja de rezar porque siente que no lo escuchan. Recuerda que el Padre sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, pero espera nuestra petición, porque respeta nuestra libertad de hijos. Y enseña que nuestra oración es escuchada cuando entramos en el deseo del Espíritu, no cuando tratamos a Dios como un instrumento para conseguir lo que queremos. Pedir serenidad, valor y sabiduría es pedir justamente lo que Dios desea darnos.
Aceptar no es rendirse. El modelo cristiano de la aceptación es Jesús en el huerto de Getsemaní. Primero le pidió al Padre que apartara de Él aquel cáliz; después dijo que no se hiciera su voluntad, sino la del Padre (Lc 22,42). Las dos cosas van juntas y en ese orden: pedir con confianza lo que deseas y entregarte a Dios con lo que venga. No es la calma de quien ya no espera nada, sino la paz de quien espera en Dios.
Las virtudes detrás de cada petición. Lo que la oración llama valor, la Iglesia lo llama fortaleza: la virtud que asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en buscar el bien (CIC 1808). Lo que llama sabiduría para reconocer la diferencia se parece mucho a la prudencia, que dispone a discernir el verdadero bien en cada circunstancia (CIC 1806). Y la serenidad cristiana es fruto de la esperanza: sabernos en las manos de Dios. Tres dones del Espíritu Santo, la sabiduría, el consejo y la fortaleza (CIC 1831), son justo lo que pide esta oración; por eso combina tan bien con la oración al Espíritu Santo.
¿Puede rezarla un católico? Sí. Es una oración cristiana, nacida en un ambiente protestante, y nada en ella se aparta de la fe católica: cada petición tiene raíz en la Escritura. Muchos católicos la rezan con gusto. Lo único que no debe hacer es ocupar el lugar de los sacramentos ni el de la oración que Jesús mismo nos enseñó: es un complemento, no un sustituto.
Otras oraciones para la paz del corazón
2 min de lecturaSi la oración de la serenidad te hace bien, la tradición católica tiene otras oraciones que piden lo mismo con otras palabras.
Si la oración de la serenidad te hace bien, la tradición católica tiene otras oraciones que piden lo mismo con otras palabras. Estas son algunas que puedes rezar aquí mismo.
El Padre nuestro. Es la oración que Jesús enseñó, y ya contiene la oración de la serenidad: «hágase tu voluntad» es la aceptación; «danos hoy nuestro pan de cada día» es vivir el día de hoy, sin cargar con el de mañana; «líbranos del mal» es la confianza de los hijos. Rézalo despacio en el Padre nuestro.
«Nada te turbe». Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, dejó escritos unos versos breves que empiezan «Nada te turbe, nada te espante» y terminan «sólo Dios basta». Dicen con otras palabras lo mismo que la oración de la serenidad: todo pasa, Dios no cambia, la paciencia lo alcanza todo. Muchos los rezan de memoria en los momentos de angustia.
Los salmos de la confianza. El Salmo 23, «El Señor es mi pastor», habla de un Dios que conduce a su pueblo hacia aguas tranquilas y lo acompaña incluso en el valle oscuro. El Salmo 121 es la oración del que levanta los ojos a los montes y sabe de dónde le viene la ayuda.
Para la noche. Muchas preocupaciones crecen cuando se apaga la luz. La oración de la noche te ayuda a repasar el día con Dios y entregárselo, y la oración para dormir pone en sus manos el descanso de tu casa.
La paz del perdón. A veces lo que nos quita la paz no es lo que no podemos cambiar, sino algo que hicimos y nos pesa. Para eso está el acto de contrición, y sobre todo la confesión, donde Dios devuelve la paz que solo Él puede dar.
«Jesús, en ti confío». La jaculatoria de la Divina Misericordia es quizá la oración de la serenidad más corta que existe. Puedes rezarla sola, en cualquier momento, o dentro de la coronilla de la Divina Misericordia.
Preguntas
¿Cuál es la oración de la serenidad completa?
La forma que se reza en todo el mundo es esta: «Dios, concédeme la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, el valor para cambiar lo que sí puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia. Amén.» Circula también una versión larga, con líneas añadidas después, como «vivir un día a la vez», de origen incierto, aunque mucha gente las reza con cariño. Aquí rezamos la forma breve, la que se atribuye a Niebuhr.
¿Quién escribió la oración de la serenidad?
Se atribuye al teólogo protestante estadounidense Reinhold Niebuhr (1892-1971), que la habría escrito a comienzos de los años treinta. La primera versión impresa que se conoce la publicó en 1933 Winnifred Wygal, de la YWCA, antigua alumna suya, y algunos investigadores creen que fue ella quien le dio forma a partir de ideas de Niebuhr. La forma breve en primera persona, la más conocida, aparece en 1941 en un periódico de Nueva York.
¿La oración de la serenidad es católica?
No es una oración litúrgica de la Iglesia católica ni la escribió un santo: es una oración cristiana de un autor protestante. Pero nada en ella se aparta de la fe católica, y lo que pide está en el Evangelio: no agobiarse por el mañana (Mt 6,25-34), poner en Dios las preocupaciones (1 Pe 5,7) y confiar en su providencia (CIC 305). Muchos católicos la rezan con gusto.
¿Por qué se reza la oración de la serenidad en Alcohólicos Anónimos?
En 1941 un miembro de Alcohólicos Anónimos la encontró en un periódico de Nueva York y la llevó a la oficina de la comunidad; les pareció que resumía en pocas palabras su manera de vivir, e imprimieron tarjetas para llevarla en la cartera. Desde entonces muchos grupos de doce pasos la rezan en sus reuniones. La oración no pertenece a ningún grupo: es una oración cristiana que cualquiera puede rezar.
¿La oración de la serenidad es de San Francisco de Asís?
No. Se ha atribuido a San Francisco, a San Agustín, a Santo Tomás de Aquino y a Aristóteles, pero no hay ninguna prueba. Las versiones más antiguas que se conocen son de Estados Unidos, de 1932 y 1933, y se relacionan con Reinhold Niebuhr y Winnifred Wygal.
¿Qué significa la oración de la serenidad?
Pide a Dios tres gracias. Serenidad, para dejar de pelear contra lo que no se puede cambiar. Valor, para cambiar lo que sí depende de ti, empezando por tu propia conducta. Y sabiduría, para distinguir cuándo toca aceptar y cuándo toca actuar. Aceptar no es resignarse: es confiar en Dios, como Jesús en Getsemaní (Lc 22,42).
¿Se puede rezar la oración de la serenidad en plural o por otra persona?
Sí. Las versiones más antiguas, de los años treinta y cuarenta, ya estaban en plural: puedes decir «Dios, concédenos la serenidad…» en familia o en grupo. También puedes rezarla por alguien a quien quieres, poniendo su nombre: «Concédele a mi hijo la serenidad…». Dios escucha la oración hecha por los demás.


