San Francisco con hábito café y aureola, sosteniendo una paloma blanca junto al pecho y alzando la otra mano, sobre un fondo claro crema y dorado

Oración

Oración de San Francisco de Asís: instrumento de tu paz

La oración de San Francisco es la oración por la paz: «Señor, hazme un instrumento de tu paz».

Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, que yo ponga el amor.

Donde haya ofensa, que yo ponga el perdón.

Donde haya discordia, que yo ponga la unión.

Donde haya error, que yo ponga la verdad.

Donde haya duda, que yo ponga la fe.

Donde haya desesperación, que yo ponga la esperanza.

Donde haya tinieblas, que yo ponga tu luz.

Donde haya tristeza, que yo ponga la alegría.

Oh, Maestro, que yo no busque tanto

ser consolado como consolar,

ser comprendido como comprender,

ser amado como amar.

Porque es dando como se recibe,

es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra,

es perdonando como se es perdonado,

y es muriendo como se resucita a la vida eterna.

Amén.

Traducción AngelGuard del original francés anónimo publicado en La Clochette, París, diciembre de 1912, p. 285, según la transcripción del historiador Christian Renoux.

La oración de San Francisco es la oración por la paz: «Señor, hazme un instrumento de tu paz». Pide a Dios que nos mande a poner amor, perdón, unión, verdad, fe, esperanza, luz y alegría donde hacen falta. San Francisco de Asís no la escribió: apareció sin firma en una revista católica de París en 1912 y después tomó su nombre, porque respira su espíritu. En AngelGuard la tienes completa, en una traducción nuestra del original francés, con su historia, el sentido de cada petición y los momentos para rezarla.

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¿Cuál es la oración de San Francisco?

3 min de lecturaEs la oración que empieza «Señor, hazme un instrumento de tu paz».

Es la oración que empieza «Señor, hazme un instrumento de tu paz». En México y en toda América Latina se le llama oración de San Francisco de Asís, oración por la paz u oración simple. Se reza en un minuto y tiene dos partes.

La primera parte son ocho peticiones con la misma forma: donde hay un mal, que yo ponga el bien que lo sana. Odio y amor, ofensa y perdón, discordia y unión, error y verdad, duda y fe, desesperación y esperanza, tinieblas y luz, tristeza y alegría. Fíjate en algo: quien reza no le pide a Dios que cambie a los demás. Le pide que lo mande a él, con algo en las manos.

La segunda parte se dirige a Jesús como Maestro y pide un corazón que piense primero en los otros: consolar más que ser consolado, comprender más que ser comprendido, amar más que ser amado. Y cierra con cuatro frases que van al revés de lo que enseña el mundo: dando se recibe, olvidándose de sí uno se encuentra, perdonando se es perdonado, muriendo se resucita a la vida eterna.

El texto de esta página. Lo que ves arriba es una traducción nuestra, línea por línea, del original francés, que se publicó sin firma en una revista católica de París en diciembre de 1912 (la historia está en el capítulo siguiente). Buscamos que sonara como se reza en México. Aun así, si la comparas con estampitas, devocionarios o cantos de la parroquia, vas a encontrar algunas diferencias.

«Que yo ponga» o «que yo lleve». El francés dice que je mette, «que yo ponga». Muchas versiones dicen «que yo lleve», y otras «que yo siembre», que viene de la traducción inglesa. Las tres piden lo mismo.

Seis u ocho peticiones. Las versiones que se tradujeron del inglés tienen solo seis: les faltan la discordia y el error. El original tiene ocho, y aquí están las ocho, en su orden.

«Tu luz». El original dice votre lumière: la luz no es nuestra, es de Dios. Muchas versiones dicen solo «la luz».

«Oh, Maestro». Así dice el francés (Ô Maître). Otras versiones dicen «Oh, Divino Maestro» o «Señor».

El final. El original termina en la resurrección: es muriendo como se resucita a la vida eterna. Algunas versiones dicen «se nace a la vida eterna», que también viene del inglés. Y la oración de 1912 no trae «Amén»; lo añadimos, como se hace al rezarla.

Si aprendiste otra forma, sigue rezando la tuya: es la misma oración. Y si nunca la has rezado, empieza por la primera línea. Ya es una oración completa.

¿De dónde viene? París, 1912

4 min de lecturaDe París.

De París. El texto más antiguo que se conoce salió sin firma en diciembre de 1912 en una pequeña revista católica francesa, y empezó a circular con el nombre de San Francisco unos quince años después. El camino lo reconstruyó el historiador francés Christian Renoux, de la Universidad de Orleans, en su libro La oración por la paz atribuida a san Francisco: un enigma por resolver (en francés), publicado en París por las Éditions franciscaines en 2001. Te lo contamos con nuestras palabras.

Diciembre de 1912: «La Campanita». La Clochette, «la campanita», era el boletín de la Liga de la Santa Misa (Ligue de la Sainte-Messe), una asociación católica fundada en París en 1901 por el padre Esther Bouquerel (1855-1923). En el número 12, en la página 285, publicó una oración con el título Belle prière à faire pendant la Messe, «bella oración para rezar durante la Misa». Sin autor. Pudo haberla escrito el mismo padre Bouquerel, pero nadie lo sabe con certeza.

1915 y 1916: la guerra y el diario del Papa. En plena Primera Guerra Mundial, en 1915, un noble de Normandía, el marqués Stanislas de La Rochethulon, fundador de una asociación llamada Souvenir Normand, le envió la oración en francés al papa Benedicto XV, que pidió la paz durante toda la guerra. El 20 de enero de 1916, L'Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede, la publicó en italiano en su primera plana, entre las oraciones del Souvenir Normand por la paz. Además, la relacionó por error con el testamento de Guillermo el Conquistador, un rey normando del siglo XI; no tiene nada que ver. El 28 de enero, el diario católico francés La Croix la reprodujo en francés.

Entre 1916 y 1920: una estampa. Un fraile franciscano francés imprimió la oración al reverso de una estampa de San Francisco, con el título Prière pour la paix, «oración por la paz». La estampa no decía que el santo la hubiera escrito, pero no hizo falta: con Francisco de un lado y la oración del otro, la gente empezó a llamarla oración de San Francisco.

1927: el nombre del santo. En 1927 la oración ya aparece expresamente con el nombre de San Francisco, a los dos lados del Atlántico. En Francia, según Renoux, en un movimiento protestante por la paz, los Caballeros del Príncipe de la Paz (Chevaliers du Prince de la Paix), fundado por Étienne Bach. En Estados Unidos, en enero de ese año, en una versión en inglés que publicó una revista de los cuáqueros. El año anterior se habían cumplido siete siglos de la muerte de Francisco, y el nombre se quedó. Durante la Segunda Guerra Mundial y después, recorrió el mundo entero.

Madre Teresa, 1979. El 11 de diciembre de 1979, al recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, santa Teresa de Calcuta empezó su discurso invitando a todos a rezar juntos la oración de San Francisco, y contó que sus hermanas la rezaban cada día después de la Comunión.

¿Entonces no es de San Francisco? No la escribió él. No está entre sus escritos, que los estudiosos conocen bien, y no aparece en ningún texto anterior a 1912. Tampoco es traducción de un original medieval: la segunda parte solo recuerda un dicho que se atribuye al beato Gil de Asís, uno de los primeros compañeros del santo, sobre la dicha de quien ama sin buscar ser amado y sirve sin buscar ser servido. Llamarla oración de San Francisco es un nombre de costumbre, no una afirmación de que él la escribió.

Por qué se quedó con su nombre. Porque le queda. Francisco enseñaba a sus frailes a saludar a todos con las palabras Dominus det tibi pacem, «el Señor te dé la paz», y dejó escrito en su Testamento que ese saludo se lo reveló el Señor (Testamento, 23). En 1219, en plena cruzada, fue a Egipto a encontrarse con el sultán al-Kamil. Y cerca del final de su vida, cuando el obispo y la autoridad civil de Asís estaban peleados, añadió a su Cántico de las criaturas una estrofa sobre los que perdonan por amor de Dios y mandó a dos frailes a cantarla delante de los dos, que se reconciliaron, según la antigua Compilación de Asís (n. 84). La oración de 1912 no es suya, pero pide justo lo que él vivió.

¿Quién fue San Francisco de Asís?

4 min de lecturaFrancisco fue un joven rico de Asís, en Italia, que lo dejó todo para vivir el Evangelio al pie de la letra, pobre entre los pobres, y fundó la familia franciscana.

Francisco fue un joven rico de Asís, en Italia, que lo dejó todo para vivir el Evangelio al pie de la letra, pobre entre los pobres, y fundó la familia franciscana. Nació a finales de 1181 o a principios de 1182 y murió al anochecer del 3 de octubre de 1226. Su fiesta es el 4 de octubre. Seguimos sobre todo la catequesis que le dedicó el papa Benedicto XVI el 27 de enero de 2010.

De la fiesta a la cruz. Su padre era comerciante de telas, y Francisco vivió una juventud despreocupada, soñando con ser caballero. A los veinte años fue a la guerra, cayó prisionero y enfermó. Al volver empezó a cambiar: bajó del caballo para besar a un leproso y, rezando ante el crucifijo de la iglesita de San Damián, oyó que Cristo le pedía reparar su Iglesia, que estaba en ruinas. Primero pensó que era la capilla y se puso a reparar muros; luego entendió que era mucho más. Ante el obispo de Asís, le devolvió a su padre hasta la ropa que llevaba puesta.

Los hermanos menores. Otros jóvenes se le unieron. En 1209 fue a Roma a presentarle al papa Inocencio III su forma de vida, y el Papa lo recibió. Así nacieron los frailes menores; después, con santa Clara, las clarisas; y una orden tercera para laicos que querían vivir lo mismo en medio del mundo. Su casa fue la pequeña iglesia de Santa María de los Ángeles, la Porciúncula, cerca de Asís.

Paz, nacimiento y cántico. En 1219 fue a Egipto y habló con el sultán. En 1223, en Greccio, celebró la Navidad con un nacimiento, el primero del que se tiene noticia. En 1225, ya muy enfermo, compuso el Cántico de las criaturas, el «Cántico del hermano sol», que alaba a Dios por el sol, la luna, el viento, el agua, el fuego, la tierra y hasta por la hermana muerte.

Las llagas. En 1224, durante un retiro en el monte Alverna, recibió en su cuerpo las heridas de la Pasión de Cristo, los estigmas. Dos años después murió en la Porciúncula, y en 1228 el papa Gregorio IX lo declaró santo. En 1979, san Juan Pablo II lo proclamó patrono de quienes promueven la ecología.

San Francisco y México. En 1524 llegaron a la Nueva España doce frailes franciscanos, a quienes la historia recuerda como «los Doce», y su llegada abrió la gran misión franciscana en el país. Franciscano era también fray Juan de Zumárraga, el primer obispo de México, a quien Juan Diego le llevó las rosas en su tilma en diciembre de 1531 (la historia está en la oración a la Virgen de Guadalupe). Y franciscano fue san Junípero Serra, que misionó en la Sierra Gorda de Querétaro y fundó misiones en las Californias, y a quien el papa Francisco canonizó en 2015. Otro fraile de la misma familia es uno de los santos más queridos de México: San Antonio de Padua.

El papa que tomó su nombre. El 13 de marzo de 2013, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa, el primero latinoamericano, y escogió el nombre de Francisco, que ningún papa había usado. Tres días después les contó a los periodistas por qué: durante la votación, el cardenal brasileño Cláudio Hummes, franciscano, que estaba sentado a su lado, lo abrazó y le pidió que no se olvidara de los pobres. Entonces pensó en Francisco de Asís, al que describió como el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación.

Ocho siglos. En 2026 se cumplen ochocientos años de su muerte. Por voluntad del papa León XIV, la Penitenciaría Apostólica convocó, por un decreto fechado el 10 de enero de 2026, un Año de San Francisco que dura hasta el 10 de enero de 2027. Abajo te decimos qué significa para ti.

¿Qué pide cada línea?

5 min de lecturaTodas las líneas piden lo mismo de distinta manera: que Dios haga de ti un canal por donde su bien llegue a los demás.

Todas las líneas piden lo mismo de distinta manera: que Dios haga de ti un canal por donde su bien llegue a los demás. Tú no fabricas la paz, el perdón ni la fe. Los llevas, como quien enciende su vela en una llama que ya estaba encendida. Por eso la primera petición es a Dios, y todas las demás cuelgan de ella.

«Señor, hazme un instrumento de tu paz». Un instrumento no suena solo. La paz que pedimos es la de Dios: el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la paz en la tierra es imagen y fruto de la paz de Cristo, que por su cruz reconcilió a los hombres con Dios (CIC 2305), y que no es solo ausencia de guerra, sino tranquilidad del orden y obra de la justicia (CIC 2304). En las bienaventuranzas, Jesús promete a quienes trabajan por la paz que serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9).

«Donde haya odio, que yo ponga el amor». Al explicar el quinto mandamiento, Jesús pide la paz del corazón y denuncia la ira y el odio (CIC 2302). Poner amor donde hay odio no es fingir que todos te caen bien. Es querer el bien de quien te quiere mal y actuar en consecuencia, como pidió Jesús: amar a los enemigos y rezar por quienes nos persiguen (Mt 5,44).

«Donde haya ofensa, que yo ponga el perdón». En el Padre nuestro pedimos ser perdonados como nosotros perdonamos (Mt 6,12). El Catecismo llama al perdón la cumbre de la oración cristiana y dice que da testimonio de que, en este mundo, el amor es más fuerte que el pecado (CIC 2844). Perdonar no es decir que no pasó nada ni volver a ponerte en manos de quien te lastima. Es renunciar a la venganza y dejarle a Dios la cuenta.

«Donde haya discordia, que yo ponga la unión». Jesús le pidió al Padre que sus discípulos fueran uno (Jn 17,21), y san Pablo pide cuidar la unidad que da el Espíritu, manteniendo la paz entre nosotros (Ef 4,3). La discordia más difícil suele estar en casa: hermanos que no se hablan por la herencia, el chat de la familia convertido en pleito, la política en la comida del domingo. A veces poner unión empieza por no reenviar el mensaje que solo echaría más leña al fuego.

«Donde haya error, que yo ponga la verdad». No es permiso para corregir a todo el mundo. San Pablo habla de decir la verdad con amor (Ef 4,15). A veces poner la verdad es desmentir con calma un chisme; a veces es reconocer primero el error propio.

«Donde haya duda, que yo ponga la fe». El Catecismo distingue la duda voluntaria, que se niega a tener por verdadero lo que Dios ha revelado, de la duda involuntaria, que es la vacilación, la dificultad sincera para creer (CIC 2088). A quien pasa por la segunda no le hace falta un sermón. Le hace falta alguien que crea a su lado, con paciencia, y que rece por él.

«Donde haya desesperación, que yo ponga la esperanza». Desesperar es dejar de esperar de Dios la salvación, la ayuda para llegar a ella y el perdón de los pecados (CIC 2091). La esperanza, enseña el Catecismo, protege del desaliento y sostiene en el abatimiento (CIC 1818). A veces llega como una visita, una llamada, una hora de silencio junto a quien sufre.

«Donde haya tinieblas, que yo ponga tu luz». La luz es de Dios. Jesús dijo ser la luz del mundo (Jn 8,12) y llamó a sus discípulos luz para los demás (Mt 5,14). Nadie tiene que brillar por su cuenta; basta con no esconder la luz recibida.

«Donde haya tristeza, que yo ponga la alegría». La alegría es uno de los frutos que el Espíritu Santo forma en nosotros (CIC 1832). No es el entusiasmo a la fuerza que pasa por encima del dolor, sino la alegría de saber que Dios está presente aun dentro de la tristeza.

«Oh, Maestro, que yo no busque tanto ser consolado como consolar». Consolar, aconsejar, perdonar y soportar con paciencia están entre las obras de misericordia espirituales (CIC 2447). San Pablo dice que Dios nos consuela para que podamos consolar a otros (2 Co 1,4). La oración no dice que esté mal necesitar consuelo; pide que esa necesidad no lo ocupe todo.

«Ser comprendido como comprender, ser amado como amar». Quien quiere mucho que lo entiendan habla mucho y escucha poco. La oración cambia el orden: primero escuchar. Y amar primero, como Dios, que nos amó antes (1 Jn 4,19).

«Porque es dando como se recibe». San Pablo recuerda una palabra de Jesús: hay más dicha en dar que en recibir (Hch 20,35). No es un trato con Dios del tipo «doy para que me den». Es descubrir que solo la mano abierta se puede llenar.

«Es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra». Es el eco de otra palabra de Jesús: quien pierde su vida por él, la encuentra (Mt 16,25). Olvidarse de sí no es despreciarse. Es dejar de ser el centro de todo.

«Es perdonando como se es perdonado». El Catecismo explica que la misericordia de Dios no puede entrar en un corazón que se niega a perdonar, porque esa negativa lo cierra y lo endurece (CIC 2840). Quien perdona le abre la puerta al perdón de Dios.

«Y es muriendo como se resucita a la vida eterna». Habla de la muerte de cada día, la del orgullo y el egoísmo, y de la muerte al final de la vida. Gracias a Cristo, enseña el Catecismo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo: quien muere con Cristo vivirá con él (CIC 1010, que cita 2 Tm 2,11). Francisco, en su Cántico, llegó a llamarla hermana.

¿Cuándo rezar la oración de San Francisco?

3 min de lecturaTodos los días, si puedes.

Todos los días, si puedes. Es corta, y cada día aparece algún lugar donde falta paz. Estos son los momentos en que más ayuda.

Al despertar. Junto con la oración de la mañana, le entrega a Dios el día que empieza y te deja una pregunta antes de abrir el celular: ¿dónde puedo poner paz hoy?

Antes de una conversación difícil. Antes de llamar a alguien con quien te peleaste, de una junta tensa en la oficina, de contestar el mensaje que te hizo enojar. Reza solo la primera línea, despacio, y respira. Luego habla.

En familia. Cuando la casa anda tensa, cuando hay hermanos que no se hablan, cuando toca decidir sobre una herencia, una separación o el cuidado de los papás ya mayores. Pueden rezarla todos juntos en la mesa, o puedes rezarla tú solo por cada uno de los tuyos.

En el trabajo. Entre compañeros que compiten, jefes que humillan, clientes que gritan. La oración no te pide aguantar injusticias; te pide no echarle más veneno al ambiente y ser ahí una presencia de paz.

Por la paz del mundo y de tu ciudad. Así se dio a conocer: en medio de dos guerras mundiales. Rézala cuando las noticias hablen de guerra, de violencia en tu colonia, de odio en las redes. Rezar por la paz no sustituye el trabajo por la justicia, pero lo sostiene.

En la Misa. El título de 1912 era «bella oración para rezar durante la Misa». Un buen momento es el silencio después de comulgar, como hacían las hermanas de Madre Teresa.

En la noche. Antes de dormir, rézala como examen de conciencia: ¿dónde puse odio en lugar de amor? ¿A quién no he perdonado? Si algo te pesa, pídele perdón a Dios con el acto de contrición y entrégale la noche con la oración de la noche.

En el Año de San Francisco. Hasta el 10 de enero de 2027, quien visite en peregrinación cualquier templo franciscano, o cualquier iglesia dedicada a San Francisco, en cualquier parte del mundo, puede obtener la indulgencia plenaria, con el alma desprendida del pecado y con las condiciones de siempre: confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa. El decreto pide que en la visita se rece para que nazcan en los corazones la caridad con el prójimo y la concordia y la paz entre los pueblos, y que se termine con el Padre nuestro, el Credo y una invocación a la Virgen María, a San Francisco, a santa Clara y a los santos de la familia franciscana. Los ancianos, los enfermos, quienes los cuidan y quienes no pueden salir de casa pueden unirse desde donde estén, ofreciéndole a Dios sus oraciones y sus dolores. La oración de San Francisco va muy bien en esa visita.

Cómo rezarla. Haz la señal de la cruz. Reza la primera parte despacio y, en cada «donde haya», piensa en una persona o un lugar concretos: el odio de ese grupo, la ofensa de ese pariente, la tristeza de esa amiga. En la segunda parte, pide por ti. Termina con un Padre nuestro o un Ave María. Ninguna oración funciona como fórmula: el Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de una oración solo a las palabras, sin las disposiciones interiores que pide (CIC 2111). Lo que esta oración pide, antes que nada, es que Dios cambie a quien la reza.

Las oraciones que sí escribió San Francisco

3 min de lecturaSan Francisco sí escribió oraciones, y varias nos llegaron de mano de sus compañeros.

San Francisco sí escribió oraciones, y varias nos llegaron de mano de sus compañeros. Si quieres rezar con palabras del santo, estas son las más conocidas.

La oración ante el crucifijo de San Damián. Es de los años de su conversión, rezada ante la cruz que le habló. Le pide al Dios altísimo y glorioso que ilumine las tinieblas del corazón y le dé fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta, sentido y conocimiento para cumplir su santa voluntad. San Juan Pablo II se la recordó a los jóvenes reunidos en Castel Gandolfo el 9 de agosto de 2003. Fíjate cómo dialoga con la oración por la paz: pide para uno mismo la luz, la fe, la esperanza y la caridad que la oración de 1912 pide llevar a los demás.

El Cántico de las criaturas. Lo compuso en 1225, en el dialecto de Umbría, y es uno de los primeros poemas de la lengua italiana. Alaba a Dios por el hermano sol, la hermana luna, el hermano viento, la hermana agua, el hermano fuego y la hermana madre tierra. La estrofa de los que perdonan por amor de Dios y soportan en paz las pruebas nació para reconciliar al obispo con la autoridad civil de Asís; la de la hermana muerte, en los últimos días del santo. Del estribillo del Cántico, «Alabado seas, mi Señor», tomó el papa Francisco el título de la encíclica Laudato si’, de 2015.

Las Alabanzas al Dios altísimo. Las escribió en 1224 en el monte Alverna, después de recibir los estigmas, en un pergamino pequeño que le dio a su compañero fray León. Son una cadena de nombres de Dios: santo, fuerte, grande, altísimo, amor, sabiduría, humildad, paciencia, seguridad, gozo. El pergamino se conserva hasta hoy en Asís.

¿Y los animales? Francisco no dejó ninguna oración por los animales. Dejó una alabanza a Dios por todas las criaturas e historias que contaron sus biógrafos, como la del sermón a los pájaros, que narra el primero de ellos, Tomás de Celano. La bendición de los animales el 4 de octubre es una costumbre que muchas parroquias de México mantienen. El libro oficial de bendiciones de la Iglesia trae un rito propio para bendecir animales y dice que se puede usar, por ejemplo, en la fiesta de algún santo; lo puede presidir un sacerdote, un diácono o también un laico, con las oraciones previstas (De Benedictionibus, 721-722). Las «oraciones de San Francisco para los animales» que circulan en internet no son suyas, aunque lleven su nombre. Para rezar por tus animales, bastan tus propias palabras.

Preguntas

¿Cuál es la oración de San Francisco de Asís?

Es la oración por la paz: «Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, que yo ponga el amor. Donde haya ofensa, que yo ponga el perdón. Donde haya discordia, que yo ponga la unión. Donde haya error, que yo ponga la verdad. Donde haya duda, que yo ponga la fe. Donde haya desesperación, que yo ponga la esperanza. Donde haya tinieblas, que yo ponga tu luz. Donde haya tristeza, que yo ponga la alegría». Sigue la parte que empieza «Oh, Maestro», completa arriba, en una traducción nuestra del original francés de 1912.

¿San Francisco escribió la oración por la paz?

No. El texto más antiguo que se conoce salió sin autor en diciembre de 1912 en La Clochette, una revista católica de París. Entre 1916 y 1920 se imprimió al reverso de una estampa de San Francisco, y desde 1927 empezó a circular como suya. No está entre sus escritos, pero sí tiene su espíritu: Francisco saludaba a todos deseándoles la paz del Señor.

¿Qué significa «hazme un instrumento de tu paz»?

Es pedirle a Dios que su paz pase por ti hasta los demás, como la música pasa por un instrumento. Quien reza no fabrica la paz: la recibe de Dios y la lleva. Por eso esa petición va antes que todas: el amor, el perdón, la unión, la verdad, la fe, la esperanza, la luz y la alegría son formas de la misma paz.

¿Cuándo es el día de San Francisco de Asís?

El 4 de octubre. Francisco murió al anochecer del 3 de octubre de 1226 en Asís, y la Iglesia celebra su fiesta al día siguiente. En 2026 se cumplen ochocientos años de su muerte, y hay un Año de San Francisco, con indulgencia plenaria para quien visite un templo franciscano con las condiciones de siempre, hasta el 10 de enero de 2027.

¿Cuál es la oración de San Francisco para los animales?

No hay una oración suya por los animales. Francisco dejó el Cántico de las criaturas, que alaba a Dios por toda la creación. La bendición de animales del 4 de octubre es una costumbre: el libro oficial de bendiciones de la Iglesia trae un rito para bendecir animales, que puede presidir un sacerdote, un diácono o un laico, con las oraciones del ritual. Tú también puedes, con tus palabras, darle gracias a Dios por tus animales y pedirle que los cuide.

¿Por qué el papa Francisco eligió ese nombre?

Porque durante la votación del 13 de marzo de 2013 el cardenal brasileño Cláudio Hummes, franciscano, le pidió que no se olvidara de los pobres. Tres días después, el Papa contó a los periodistas que entonces pensó en San Francisco de Asís, el hombre de la pobreza, de la paz y del cuidado de la creación.

¿Por qué hay versiones distintas de la oración?

Porque se tradujo muchas veces, del francés y del inglés, y cada traducción cambió algo. Hay versiones con seis peticiones y con ocho, con «que yo lleve», «que yo siembre» o «que yo ponga», con «la luz» o «tu luz», terminando en «se nace» o «se resucita a la vida eterna». Es la misma oración. La de esta página sigue el original de 1912.

¿De qué es patrono San Francisco de Asís?

En 1979, san Juan Pablo II lo proclamó patrono de quienes promueven la ecología. La devoción popular lo invoca también como protector de los animales y de los pobres. Es el fundador de los franciscanos, que desde 1524 misionaron en México con «los Doce».