Una habitación a oscuras con una lámpara de aceite encendida y la puerta abierta a un camino con la primera luz de la mañana

Oración

Oración de fin de año: para dar gracias a Dios en familia, con el Te Deum

La oración de fin de año es una acción de gracias a Dios por el año que termina: se le agradece lo recibido, se le pide perdón, se le encomienda a los que ya no están y se le confía el año nuevo. La de la Iglesia es el Te Deum, el himno de acción de gracias que se canta el 31 de diciembre. En AngelGuard tienes una oración para rezar en familia esa noche y el Te Deum completo, en español y en latín.

Oración de fin de año en familia

Para la noche del 31 de diciembre, en la cena o antes de la medianoche. Una persona guía y todos dicen juntos el «Amén» final.

Señor Dios nuestro,

esta noche se termina un año

y queremos terminarlo contigo, todos juntos.

Gracias por este año que nos regalaste:

por la vida y la salud, por el pan de cada día,

por esta casa y por los que la llenan,

por lo que aprendimos y por lo que celebramos.

(Pausa: cada uno dice en voz alta algo por lo que da gracias.)

Y en los días difíciles,

gracias porque no nos dejaste solos.

Perdónanos lo que este año no fue amor:

las palabras duras, el tiempo que no dimos,

el bien que pudimos hacer y no hicimos.

Ayúdanos a perdonarnos entre nosotros

antes de empezar el año nuevo.

Te encomendamos a los que murieron este año.

(Se dicen sus nombres.)

Recíbelos en tu casa

y consuela a los que los extrañamos.

Acuérdate de los que están lejos,

de los que esta noche están solos, enfermos o trabajando,

y de los que no tienen con quién celebrar.

Ponemos en tus manos el año que empieza.

No te pedimos suerte, Señor:

te pedimos que camines con nosotros.

Danos lo necesario para vivir y para compartir,

un corazón agradecido, paciencia en la casa,

valor en lo difícil y ojos para ver a quien nos necesita.

Que Santa María, Madre de Dios, nos acompañe cada día.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Te Deum

El himno de acción de gracias de la Iglesia. Se puede rezar a dos coros, un verso cada uno; el latín está más abajo, en el capítulo «El Te Deum».

A ti, oh Dios, te alabamos;

a ti, Señor, te confesamos.

A ti, Padre eterno,

te adora la tierra entera.

A ti todos los ángeles,

a ti los cielos y las potestades todas,

a ti los querubines y los serafines

te aclaman con voz que no se cansa:

Santo, Santo, Santo,

Señor Dios de los ejércitos.

Llenos están el cielo y la tierra

de tu gloria y de tu majestad.

A ti te alaba el coro glorioso de los apóstoles,

a ti la multitud de los profetas, digna de alabanza,

a ti el ejército de los mártires vestidos de blanco.

A ti, por toda la redondez de la tierra,

te confiesa la santa Iglesia:

Padre de majestad sin medida;

a tu verdadero y único Hijo, digno de toda reverencia;

y también al Espíritu Santo, el Paráclito.

Tú eres, oh Cristo, el Rey de la gloria.

Tú eres del Padre el Hijo eterno.

Tú, para librar al hombre, tomaste nuestra carne

y no rehusaste el seno de la Virgen.

Tú venciste el aguijón de la muerte

y abriste a los que creen los reinos del cielo.

Tú estás sentado a la diestra de Dios,

en la gloria del Padre.

Y vendrás como juez: así lo creemos.

Por eso te suplicamos: socorre a tus siervos,

que rescataste con tu sangre preciosa.

Haz que tus siervos sean contados entre tus santos

en la gloria eterna.

(Desde aquí hasta el final, esta parte se puede omitir.)

Señor, salva a tu pueblo

y bendice a los que son tu herencia.

Guíalos y enaltécelos

hasta la eternidad.

Cada día te bendecimos

y tu nombre alabamos por los siglos

y por los siglos de los siglos.

Dígnate, Señor, guardarnos hoy

sin pecado.

Compadécete de nosotros, Señor,

compadécete de nosotros.

Señor, que tu misericordia esté sobre nosotros,

como en ti hemos esperado.

En ti, Señor, esperé:

jamás quedaré avergonzado.

Para recibir el año nuevo

El 1 de enero, solemnidad de Santa María, Madre de Dios: en la mañana, o al volver de Misa.

Dios nuestro, Señor del tiempo y de la historia,

hoy empezamos un año nuevo de la mano de Santa María, la Madre de tu Hijo.

Como ella, queremos guardar en el corazón todo lo que nos des.

Bendice los días que vienen:

nuestro trabajo y nuestros estudios, nuestra mesa y nuestro descanso,

nuestras alegrías y nuestras penas.

Danos tu paz, a nosotros y al mundo entero,

y haz que, al terminar este año, tengamos otra vez tanto que agradecerte.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Texto AngelGuard: la oración de fin de año en familia y la oración para recibir el año nuevo. El Te Deum, Traducción AngelGuard del himno latino, verso por verso; el texto latino, como lo imprime la Santa Sede, está en el capítulo «El Te Deum».

Profundizar

¿Qué oración se reza en fin de año?

2 min de lecturaEn fin de año se reza, ante todo, para dar gracias.

En fin de año se reza, ante todo, para dar gracias. No hay una oración obligatoria para la noche del 31 de diciembre, pero la Iglesia tiene la suya desde hace siglos: el Te Deum, el himno con el que le da gracias a Dios por el año que termina. Arriba tienes las dos: una oración de fin de año para rezar en familia, escrita para esta página, y el Te Deum completo en español, con su latín en el capítulo siguiente.

Una buena oración de fin de año tiene cuatro pasos, los mismos de la oración de cada noche, pero con el año entero delante:

  1. Dar gracias por lo recibido, diciéndolo con nombre y apellido: la salud que volvió, el trabajo que llegó, el nieto que nació, la reconciliación que no esperabas.
  2. Pedir perdón por lo que no fue amor, sin hacer un juicio de todo el año: basta con reconocer delante de Dios lo que pesa.
  3. Encomendar a las personas: a los que murieron este año, a los que están lejos, a los enfermos, a los que pasan la noche solos.
  4. Confiar el año nuevo a Dios: no como quien hace una lista de deseos, sino como quien pone su vida en manos de un Padre.

El Catecismo lo dice con san Pablo: toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de acción de gracias (CIC 2648; cf. 1 Ts 5,18). Por eso no hace falta que el año haya sido bueno para dar gracias. También se le agradece a Dios no habernos soltado de la mano en lo difícil.

Si alguien de la familia murió este año. La primera noche del 31 sin esa persona puede doler. Nombrarla delante de Dios, en el momento de la oración en que se dicen los nombres, es una forma de tenerla presente en la mesa. Si quieres rezar un poco más por ella, en la oración por los difuntos tienes el «Dales, Señor, el descanso eterno» y otras oraciones para ese momento.

Si pasas la noche solo. La misma oración sirve: cambia «nosotros» por «yo» donde haga falta. Y no estás tan solo como parece. Esa noche, en catedrales, parroquias y casas de todo el mundo, la Iglesia entera le está dando gracias a Dios con las mismas palabras del Te Deum.

El Te Deum: qué es, qué significa y de dónde viene

5 min de lecturaEl Te Deum es el gran himno de alabanza y de acción de gracias de la Iglesia latina.

El Te Deum es el gran himno de alabanza y de acción de gracias de la Iglesia latina. Su nombre son sus dos primeras palabras en latín, Te Deum, «a ti, Dios». El verso completo, Te Deum laudamus, quiere decir «A ti, oh Dios, te alabamos», y por eso en español también se le conoce así.

Qué dice. Tiene tres partes. Primero, la alabanza al Padre: los ángeles, los apóstoles, los profetas, los mártires y la Iglesia extendida por toda la tierra cantan a una sola voz el «Santo, Santo, Santo» que el profeta Isaías oyó en el templo (Is 6,3; Ap 4,8). Después, la fe en Cristo: Rey de la gloria, Hijo eterno del Padre, nacido de la Virgen para salvarnos, vencedor de la muerte, sentado a la diestra de Dios, que vendrá como juez. Al final, la súplica: que socorra a sus siervos, rescatados con su sangre, y los cuente entre sus santos en la gloria eterna. Después vienen unos versos tomados casi todos de los salmos (Sal 28,9; 145,2; 123,3; 33,22; 31,2), que piden que nos guarde hoy sin pecado y que su misericordia esté sobre nosotros; esa parte final, desde «Señor, salva a tu pueblo», la Iglesia permite omitirla (Ordenación general de la Liturgia de las Horas, n. 68).

Dos palabras que conviene explicar a los niños. «Paráclito» es el nombre que Jesús le da al Espíritu Santo: quiere decir «el que es llamado junto a uno», y se suele traducir por «Consolador» (CIC 692). Y «Señor Dios de los ejércitos», en latín Dominus Deus Sabaoth, es un nombre de Dios que viene de la Biblia hebrea, el mismo del «Santo, Santo, Santo» de Isaías: el Señor de todo lo que hay en el cielo.

Dónde se reza. Su lugar de cada semana es el Oficio de lectura de la Liturgia de las Horas: se dice después de la segunda lectura los domingos fuera de Cuaresma, en las octavas de Pascua y de Navidad, y en las solemnidades y fiestas (n. 68). Y se canta de manera solemne cuando la Iglesia quiere dar gracias en grande, sobre todo el último día del año.

El texto en latín. Así lo imprime la Santa Sede para la celebración del 31 de diciembre en la Basílica de San Pedro, con los acentos que ayudan a cantarlo. Cada verso corresponde a una línea de nuestra traducción, para que una parroquia pueda usar el latín, el español o alternarlos:

Te Deum laudámus:

te Dóminum confitémur.

Te ætérnum Patrem,

omnis terra venerátur.

Tibi omnes ángeli,

tibi cæli et univérsæ potestátes:

tibi chérubim et séraphim

incessábili voce proclámant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus,

Dóminus Deus Sábaoth.

Pleni sunt cæli et terra

maiestátis glóriæ tuæ.

Te gloriósus apostolórum chorus,

te prophetárum laudábilis númerus,

te mártyrum candidátus laudat exércitus.

Te per orbem terrárum

sancta confitétur Ecclésia,

Patrem imménsæ maiestátis;

venerándum tuum verum et únicum Fílium;

Sanctum quoque Paráclitum Spíritum.

Tu rex glóriæ, Christe.

Tu Patris sempitérnus es Fílius.

Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem,

non horruísti Vírginis úterum.

Tu, devícto mortis acúleo,

aperuísti credéntibus regna cælórum.

Tu ad déxteram Dei sedes,

in glória Patris.

Iudex créderis esse ventúrus.

Te ergo quǽsumus, tuis fámulis súbveni,

quos pretióso sánguine redemísti.

Ætérna fac cum sanctis tuis

in glória numerári.

Salvum fac pópulum tuum, Dómine,

et bénedic hereditáti tuæ.

Et rege eos, et extólle illos

usque in ætérnum.

Per síngulos dies benedícimus te;

et laudámus nomen tuum in sǽculum,

et in sǽculum sǽculi.

Dignáre, Dómine, die isto

sine peccáto nos custodíre.

Miserére nostri, Dómine,

miserére nostri.

Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos,

quemádmodum sperávimus in te.

In te, Dómine, sperávi:

non confúndar in ætérnum.

¿Quién lo escribió? No se sabe con certeza. Una tradición muy querida cuenta que san Ambrosio y san Agustín lo improvisaron a dos voces la noche en que Ambrosio bautizó a Agustín, en Milán, el año 387; por eso se le llamó «himno ambrosiano», y el Breviario Romano lo tituló «Himno de los santos Ambrosio y Agustín». Pero esa historia no aparece por escrito sino hasta fines del siglo VIII, cuatro siglos después, y los estudiosos ya no la sostienen.

Desde 1894, cuando el benedictino Germain Morin lo propuso, muchos atribuyen el himno a Nicetas, obispo de Remesiana, una ciudad de la actual Serbia: un pastor misionero, amigo de san Paulino de Nola, que murió hacia el año 414. Algunos manuscritos antiguos, la mayoría irlandeses, llevan su nombre. Tampoco eso es seguro, y otros estudiosos lo discuten. Lo que sí se sabe es que el himno es muy antiguo: en el siglo VI ya lo nombran las reglas monásticas de san Cesáreo de Arlés y de san Benito, que manda al abad entonarlo al final de la oración nocturna del domingo (Regla de san Benito, cap. 11). Desde hace más de mil cuatrocientos años, los cristianos le dan gracias a Dios con estas palabras.

La indulgencia del 31 de diciembre y del 1 de enero

2 min de lecturaEl último día del año, quien participa con devoción en una iglesia o un oratorio en el canto o rezo solemne del Te Deum, para darle gracias a Dios por los beneficios recibidos durante todo el año, puede ganar una indulgencia plenaria.

El último día del año, quien participa con devoción en una iglesia o un oratorio en el canto o rezo solemne del Te Deum, para darle gracias a Dios por los beneficios recibidos durante todo el año, puede ganar una indulgencia plenaria. La misma concesión da indulgencia plenaria el primer día del año a quien participa, también en una iglesia u oratorio, en el canto o rezo solemne del Veni Creator, el himno «Ven, Espíritu Creador», para pedir la ayuda de Dios para todo el año que empieza; y lo mismo en la solemnidad de Pentecostés (Manual de indulgencias, concesión 26, § 1).

Y en casa. Si la familia reza el Te Deum en casa, la noche del 31 o cualquier otro día, puede ganar una indulgencia parcial: el mismo Manual la concede a quien, al empezar o al terminar el día, al empezar o al terminar su trabajo, y antes o después de comer, reza con devoción una oración aprobada de súplica o de acción de gracias, y pone como ejemplos el Te Deum y el Veni Creator (concesión 26, § 2). Una indulgencia parcial supone, por lo menos, un corazón arrepentido; no es un premio por repetir palabras.

Las condiciones de la plenaria. Son las de siempre: la confesión sacramental, la comunión eucarística y una oración por las intenciones del Papa, y estar libre de todo apego a cualquier pecado, incluso venial (norma 20). Basta un Padre nuestro y un Ave María por las intenciones del Papa. Las condiciones pueden cumplirse algunos días antes o después; conviene que la comunión y la oración por el Papa sean el mismo día. Si falta algo, la indulgencia es parcial: nada se pierde por rezar.

Una cada día. Solo se puede ganar una indulgencia plenaria al día (norma 18). Como el 31 de diciembre y el 1 de enero son dos días distintos, se puede ganar la del Te Deum una noche y la del Veni Creator la mañana siguiente, con una comunión y una oración por el Papa para cada una (una sola confesión sirve para las dos; norma 20 § 2). Y cualquier indulgencia, plenaria o parcial, se puede ganar para uno mismo o aplicarla por los difuntos (norma 3): una manera muy concreta de rezar por los que murieron este año.

¿Qué es el «solemne Te Deum» y la Misa de fin de año?

3 min de lecturaSe llama solemne Te Deum al Te Deum cantado o rezado en público, en una iglesia, por la comunidad reunida, como acción de gracias de toda la Iglesia; es la forma a la que el Manual de indulgencias une la plenaria del 31 de diciembre.

Se llama solemne Te Deum al Te Deum cantado o rezado en público, en una iglesia, por la comunidad reunida, como acción de gracias de toda la Iglesia; es la forma a la que el Manual de indulgencias une la plenaria del 31 de diciembre. Muchas veces se canta al final de una Misa o de las Vísperas, y por eso en muchos lugares se habla de la «Misa y Te Deum». En Roma, el Papa preside cada 31 de diciembre las primeras Vísperas de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y al final se canta el Te Deum en acción de gracias por el año: así lo hizo León XIV en la Basílica de San Pedro el miércoles 31 de diciembre de 2025.

La Misa de fin de año. La Misa de la tarde o de la noche del 31 de diciembre ya es la Misa de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, que se celebra el 1 de enero, día en que termina la octava de Navidad. Y cumple el precepto: quien va a Misa el día de la fiesta o la tarde del día anterior cumple la obligación de participar en la Misa (Código de Derecho Canónico, c. 1248 § 1). En México, el 1 de enero es día de precepto, según las normas de la Conferencia del Episcopado Mexicano; en otros países, cada conferencia episcopal decide qué fiestas son de guardar (c. 1246 § 2), así que pregunta en tu parroquia.

En el calendario de 2026, el 31 de diciembre cae en jueves y el 1 de enero de 2027 en viernes. Ese viernes no obliga la abstinencia de carne, porque es solemnidad (c. 1251). Si tu parroquia no canta el Te Deum después de la Misa de fin de año, pregunta si lo cantarán otro día, o récenlo en casa al volver.

El Te Deum de las fiestas patrias. En varios países de América Latina, «Te Deum» es también el nombre de una ceremonia nacional: una acción de gracias en la catedral, con las autoridades, en el aniversario de la independencia. En Argentina se celebra el Tedeum del 25 de mayo y el del 9 de julio en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. En Chile, el 18 de septiembre se celebra en la Catedral Metropolitana de Santiago una tradición que empezó en 1811 con una misa de acción de gracias y que, desde 1971, es un Te Deum ecuménico, con representantes de otras iglesias y confesiones. En el Perú, la «Misa y Te Deum» del 28 de julio en la Catedral de Lima recuerda la del domingo 29 de julio de 1821, el día siguiente a la proclamación de la independencia. Es el mismo himno con otro motivo de gratitud: darle gracias a Dios por la patria.

Cómo rezar en familia la última noche del año

3 min de lecturaNo hace falta mucho tiempo: entre diez y quince minutos, antes de la cena o un rato antes de la medianoche, cuando todavía hay calma.

No hace falta mucho tiempo: entre diez y quince minutos, antes de la cena o un rato antes de la medianoche, cuando todavía hay calma. Conviene que no sea en el último minuto, entre la cuenta regresiva y los abrazos. Apaguen la televisión, guarden los celulares un momento y, si quieren, prendan una vela en la mesa o frente al nacimiento, si todavía está puesto. Un orden sencillo:

  1. La señal de la cruz. Quien guía (el papá, la mamá, la abuela o uno de los hijos mayores) empieza persignándose, y todos con él.
  2. Un momento de silencio. Cada uno piensa en el año: qué le regaló Dios, qué le costó, a quién quiere encomendar.
  3. La oración de fin de año, la de arriba. En la pausa, cada uno dice en voz alta una cosa por la que da gracias; los niños pequeños también, aunque digan «por mi perro», que es una acción de gracias perfectamente buena. Después se dicen los nombres de los que murieron este año.
  4. El Te Deum, a dos coros: los adultos un verso y los niños el siguiente, o un lado de la mesa y el otro. Si hay niños muy pequeños, pueden rezar solo hasta «en la gloria eterna», o cambiar el Te Deum por un Padre nuestro y un Ave María.
  5. La bendición de los hijos. Los papás pueden trazar una cruz en la frente de cada hijo y decirle, con sus palabras, algo como «Que Dios te bendiga y te acompañe todo este año». Si en tu familia se acostumbra pedir la bendición a los papás y a los abuelos, esta noche es un buen momento para pedirla y para darla.
  6. Un abrazo de paz. Y, si quedó algo pendiente entre ustedes, este es el momento de arreglarlo, antes de empezar el año.

El 1 de enero. El año empieza con una fiesta de la Virgen: la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Lo mejor es empezarlo en Misa, todos juntos. Al volver, o en la mañana, pueden rezar la oración «Para recibir el año nuevo», la última de arriba. Se inspira en lo que el Evangelio de ese día cuenta de María, que guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2,19). Ese día es también la Jornada Mundial de la Paz, que san Pablo VI propuso para el 1 de enero de 1968 y que desde entonces se celebra cada año; por eso la oración pide la paz para la familia y para el mundo. Si quieren invocar al Espíritu Santo al comenzar el año, el Veni Creator se explica en la página de la oración al Espíritu Santo.

Para la Iglesia, el año ya empezó. El año litúrgico comienza con el primer domingo de Adviento, que en 2026 es el 29 de noviembre, y la noche del 31 de diciembre todavía es Navidad: es el séptimo día de la octava. Si en diciembre rezaron la novena de aguinaldos o las posadas, la oración de fin de año es su continuación natural: la misma familia, reunida otra vez para darle gracias a Dios.

Las costumbres de Año Nuevo y la fe

2 min de lecturaLa noche del 31 tiene muchas costumbres: las doce uvas con las campanadas, la ropa interior amarilla o roja, salir a dar la vuelta a la cuadra con una maleta, barrer la casa hacia afuera, traer lentejas o dinero en la bolsa.

La noche del 31 tiene muchas costumbres: las doce uvas con las campanadas, la ropa interior amarilla o roja, salir a dar la vuelta a la cuadra con una maleta, barrer la casa hacia afuera, traer lentejas o dinero en la bolsa. Muchas se viven como un juego o como deseos dichos en voz alta, entre risas. No hay que hacer de eso un drama.

Pero conviene decirlo con cariño: son costumbres, no oraciones. Ninguna de ellas trae la suerte, el amor o el dinero, ni cambia lo que va a pasar en el año. Cuando se cree que una cosa o un gesto tiene ese poder, eso tiene un nombre en la fe cristiana: superstición. El Catecismo la describe como una desviación del sentimiento religioso, que atribuye a ciertas prácticas una importancia «de algún modo, mágica» (CIC 2111), y pide rechazar también la interpretación de presagios y de suertes (CIC 2116). Lo mismo vale para los mensajes que circulan en redes para «decretar» o «atraer la abundancia» en el año nuevo, aunque se presenten como oraciones: la oración cristiana no decreta ni obliga a Dios, sino que alaba, agradece, pide y confía.

Lo que el cristiano pone delante del año nuevo es otra cosa: la confianza. El Catecismo lo dice así: la actitud cristiana justa es entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro (CIC 2115). Si en tu casa comen las uvas, cómanlas como lo que son, un juego alegre en familia. Los deseos del año ya se los dijeron a Dios en la oración, y están en buenas manos.

Preguntas

¿Cuál es la mejor reflexión para el fin de año?

Una que se haga delante de Dios y no a solas con la agenda. Basta con tres preguntas: ¿qué me regaló Dios este año?, ¿dónde le fallé?, ¿qué quiero poner en sus manos para el año que empieza? Respóndelas en silencio, da gracias por lo primero, pide perdón por lo segundo y confía lo tercero. Si son varios, compartan la primera respuesta en voz alta antes de rezar la oración de fin de año.

¿Cómo se cierra una oración a Dios?

Las oraciones de la Iglesia terminan casi siempre con «Por Jesucristo, nuestro Señor», porque rezamos al Padre por medio de su Hijo (CIC 435), y con «Amén», que quiere decir «así sea» (CIC 2856). En una oración en familia, quien guía dice «Por Jesucristo, nuestro Señor» y todos responden «Amén». También se puede cerrar con un Padre nuestro y con la señal de la cruz.

¿Cómo puedo hacer una oración de acción de gracias?

Empieza dirigiéndote a Dios, «Señor», «Padre»; nombra con detalle lo que agradeces, sin prisa; da gracias también en lo difícil, porque en ello Dios no te dejó solo; y termina poniendo en sus manos lo que viene, con un «Amén». El Catecismo enseña que todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias (CIC 2638). La oración de fin de año de esta página sigue esos pasos, y el Te Deum es la gran acción de gracias de la Iglesia.

¿Qué significa la palabra Te Deum?

«A ti, Dios». Son las dos primeras palabras en latín del himno, que empieza «Te Deum laudamus», «A ti, oh Dios, te alabamos». Por eso el himno se llama Te Deum, y por eso también se le dice así a la ceremonia en la que se canta.

¿Cómo se reza el Te Deum?

A dos coros: un grupo dice un verso y el otro responde con el siguiente, hasta el final. Se puede rezar en español o en latín; en esta página tienes los dos, verso por verso. La última parte, desde «Señor, salva a tu pueblo», se puede omitir.

¿Qué día se reza el Te Deum?

En la Liturgia de las Horas, los domingos fuera de Cuaresma, en las octavas de Pascua y de Navidad y en las solemnidades y fiestas. Pero el día más suyo es el 31 de diciembre, para darle gracias a Dios por el año: ese día, rezarlo con la comunidad en una iglesia u oratorio tiene indulgencia plenaria, con las condiciones habituales. En familia se puede rezar cualquier día en que haya algo grande que agradecer.

¿A qué hora se reza la oración de fin de año?

No hay una hora fija. Lo más práctico es antes de la cena del 31 o un rato antes de la medianoche, cuando la familia está reunida y todavía hay calma. Si van a la Misa de fin de año, pueden rezarla al volver a casa.

¿El 1 de enero es día de guardar?

En México, sí: la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, es fiesta de precepto según la Conferencia del Episcopado Mexicano. Cumple el precepto quien va a Misa ese día o la tarde del 31 de diciembre. En otros países depende de su conferencia episcopal; pregunta en tu parroquia.