
Oración
Novena de aguinaldos: los nueve días completos, con los gozos
La novena de Navidad que rezan las familias del 16 al 24 de diciembre, completa: la oración para todos los días, las nueve consideraciones, las oraciones a la Virgen, a San José y al Niño Jesús, y los gozos
La novena de aguinaldos es la novena de Navidad que las familias de Colombia, y también de Ecuador y de algunas ciudades de Venezuela, rezan nueve noches seguidas, del 16 al 24 de diciembre, para prepararse al nacimiento del Niño Jesús. Cada noche se reza la oración para todos los días, la consideración del día, las oraciones a la Virgen y a San José, los gozos y la oración al Niño Jesús. En AngelGuard tienes el texto completo de fray Fernando de Jesús Larrea reformado por la Madre María Ignacia, tomado de una edición digitalizada por el Banco de la República.
Día primero
Oración para todos los días
Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor, para que, hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un Pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las tiernas lágrimas que derramó en el Pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su Cuna y more eternamente. Amén.
(Se reza tres veces el Gloria Patri).
Consideración para el primer día
En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre, en lo más alto de los cielos; allí era la causa, a la par que el modelo de toda creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén, antes de que se dignase bajar a la tierra y tomar visiblemente posesión de la Gruta de Belén. Allí es donde debemos buscar sus principios, que jamás han comenzado; de allí debemos dar la genealogía del Eterno, que no tiene antepasados, y contemplar la vida de complacencia infinita que allí llevaba.
La vida del Verbo eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa; y sin embargo, ¡misterio sublime!, busca otra morada, una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad, sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin Él no podía verificarse. El pecado de Adán había ofendido a un Dios, y esa ofensa infinita no podía ser condonada sino por los méritos del mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno; era, pues, necesario para salvar y satisfacer su culpa que Dios, sin dejar el Cielo, tomase la forma del hombre sobre la tierra, y con la obediencia a los designios de su Padre, expiase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Era necesario, en las miras de su amor, que tomase la forma, las debilidades e ignorancia inconscientes de la infancia para expiar las debilidades e ignorancia sistemática del hombre; que creciese para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para enseñarle a morir a sus pasiones y a su orgullo, y por eso el Verbo eterno, ardiendo en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre también y así redimir al culpable.
Oración a la Santísima Virgen
Que se dirá todos los días
Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por Madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta Novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.
¡Oh dulcísima Madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad.
(Nueve veces el Avemaría).
Oración a San José
¡Oh santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abraséis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina Esencia le veo y le gozo en el Cielo. Amén.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).
Aspiración para la venida del Niño Dios
Dulce Jesús mío,
Mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh Sapiencia suma
Del Dios soberano,
Que a infantil alcance
Te rebajas sacro!
¡Oh Divino Niño,
Ven, para enseñarnos
La prudencia que hace
Verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh Adonaí potente
Que a Moisés hablando,
De Israel al pueblo
Disteis los mandatos!
¡Ah!, ¡ven prontamente
Para rescatarnos,
Y que un niño débil
Muestre fuerte brazo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh raíz sagrada
De Jesé, que en lo alto
Presentas al orbe
Tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño
Que has sido llamado
Lirio de los valles,
Bella flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Llave de David
Que abre al desterrado
Las cerradas puertas
De regio palacio!
¡Sácanos, oh Niño,
Con tu blanda mano,
De la cárcel triste
Que labró el pecado!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh lumbre de Oriente,
Sol de eternos rayos,
Que entre las tinieblas
Tu resplandor veamos!
¡Niño tan precioso,
Dicha del cristiano,
Luzca la sonrisa
De tus dulces labios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Espejo sin mancha,
Santo de los santos,
Sin igual imagen
Del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas,
Salva al desterrado,
Y en forma de Niño
Da al mísero amparo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Rey de las naciones,
Emmanuel preclaro,
De Israel anhelo,
Pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas
Con suave cayado,
Ya la oveja arisca,
Ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Ábranse los cielos
Y llueva de lo alto
Bienhechor rocío,
Como riego santo!
¡Ven, hermoso Niño,
Ven, Dios humanado!
¡Luce, hermosa estrella,
Brota, flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Ven, que ya María
Previene sus brazos,
Do su Niño vean
En tiempo cercano!
¡Ven, que ya José,
Con anhelo sacro,
Se dispone a hacerse
De tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Del débil, auxilio,
Del doliente, amparo,
Consuelo del triste,
Luz del desterrado!
¡Vida de mi vida,
Mi sueño adorado!
¡Mi constante amigo,
Mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Véante mis ojos
De ti enamorado!
¡Bese ya tus plantas!
¡Bese ya tus manos!
¡Prosternado en tierra
Te tiendo los brazos,
Y aún más que mis frases
Te dice mi llanto!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
¡Ven, Salvador nuestro,
Por quien suspiramos!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!
Oración al Niño Jesús
Para todos los días
Acordaos, oh dulcísimo Niño Jesús, que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia, y nada te será negado”. Llenos de confianza en Vos, oh Jesús, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra infancia, la gracia... de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a Vos, oh Niño omnipotente, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.
Día segundo
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el segundo día
El Verbo Eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa casa de Nazaret, en donde moraban María y José. Cuando la sombra del Decreto Divino vino a deslizarse sobre Ella, María estaba sola y engolfada en la oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con Dios, y mientras oraba, el Verbo tomó posesión de su morada creada. Sin embargo, no llegó inopinadamente: antes de presentarse envió un mensajero, que fue el Arcángel San Gabriel, para pedir a María, de parte de Dios, su consentimiento para la Encarnación. El Creador no quiso efectuar este gran misterio sin aquiescencia de su criatura.
Aquel momento fue muy solemne; era potestativo en María el rehusar. ¡Con qué adorables delicias, con qué inefable complacencia aguardaría la Santísima Trinidad a que María abriese los labios y pronunciase el fiat que debió ser suave melodía para sus oídos, y con el cual se conformaba su profunda humildad a la omnipotente voluntad divina!
La Virgen Inmaculada ha dado su asentimiento. El Arcángel ha desaparecido. Dios se ha vestido de una naturaleza creada; la voluntad eterna está cumplida, y la creación, completa. En las regiones del mundo angélico estallaba un júbilo inmenso, pero la Virgen María ni le oía ni hubiera prestado atención a él. Tenía inclinada la cabeza, y su alma estaba sumida en un silencio que se asemejaba al de Dios. El Verbo se había hecho carne, y aunque todavía invisible para el mundo, habitaba ya entre los hombres que su inmenso amor había venido a rescatar. No era ya sólo el Verbo Eterno: era el Niño Jesús, revestido de la apariencia humana y justificando ya el elogio que de Él han hecho todas las generaciones al llamarle el más hermoso de los hijos de los hombres.
(Todo lo demás se hará como el día primero).
Día tercero
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el día tercero
Así había comenzado su vida encarnada el Niño Jesús. Consideremos hoy el alma gloriosa y el Santo Cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente.
Admirando en primer lugar el alma de ese Divino Niño, consideremos en ella la plenitud de su gracia santificadora; la de su ciencia beatífica por la cual desde el primer momento de su vida vio la divina Esencia más claramente que todos los ángeles y leyó lo pasado y lo porvenir con todos sus arcanos y conocimientos. No supo nunca por adquisición voluntaria nada que no supiese por infusión desde el primer momento de su ser: pero Él adoptó todas las enfermedades de nuestra naturaleza a que dignamente podía someterse, aun cuando no fuesen necesarias para la grande obra que debía cumplir. Pidámosle que sus divinas facultades suplan la debilidad de las nuestras y les dé nueva energía; que su memoria nos enseñe a recordar sus beneficios, su entendimiento a pensar en Él, su voluntad a no hacer sino lo que Él quiere y en servicio suyo.
Del alma del Niño Jesús pasemos ahora a su cuerpo, que era un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. No era, como el nuestro, una traba para su alma: era, por el contrario, un nuevo elemento de santidad. Quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los niños, y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para asemejarse más a nosotros y participar de nuestras humillaciones. El Espíritu Santo formó ese cuerpecillo divino con tal delicadeza y tal capacidad de sentir que pudiese sufrir hasta el exceso para cumplir la grande obra de nuestra Redención. La belleza de ese Cuerpo del Divino Niño fue superior a cuanto se ha imaginado jamás; y la Divina Sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de su Encarnación es la que lava todas las manchas del mundo culpable. Pidámosle que lave las nuestras en el Sacramento de la Penitencia, para que el día de su dichosa Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.
(Todo lo demás como el día primero)
Día cuarto
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el cuarto día
Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad; aceptaba con resignación el estado en que se hallaba, conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades. ¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la razón y de la reflexión? ¿Quién pudiera sostener a sabiendas su martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras? Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humilde carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre, a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura: a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y a hacernos sentir toda la criminalidad y desorden de este orgullo.
¿Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por formarnos de ella una exacta idea, contemplando al Niño Jesús en el seno de su Madre. El Divino Niño ora, y ora del modo más excelente. No habla, no medita ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración, y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere ser adorado de nosotros.
Unámonos a las adoraciones del Niño Dios en el seno de María, unámonos a su profundo abatimiento, y sea éste primer efecto de nuestro sacrificio a Dios. Démonos a Dios, no para ser algo, como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para no ser nada; para quedar enteramente consumidos y anonadados; para renunciar a la estimación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza, aunque sea espiritual; a toda mira interesada, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos, y que Dios solo sea todo para nosotros.
(Todo lo demás como el día primero).
Día quinto
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el día quinto
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su Purísima Madre: veamos hoy la vida que llevaba también María durante el mismo espacio de tiempo. Necesidad hay de que nos detengamos en ella si queremos comprender, en cuanto es posible a nuestra limitada capacidad, los sublimes misterios de la Encarnación y el modo como hemos de corresponder a ellos.
María no cesaba de aspirar al momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre: la del Dios Encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el Cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos deberían esparcir para siempre la felicidad en millones de los elegidos. Iba a ver aquel Rostro todos los días, a todas horas, a cada instante, durante muchos años. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en la serenidad reflexiva de la edad madura... Haría todo lo que quisiese de aquella faz divina; podría estrecharla contra la suya con toda la libertad del amor materno; cubrir de besos los labios que deberían pronunciar la sentencia de todos los hombres; contemplarla a su gusto durante su sueño o despierto, hasta que la hubiese aprendido de memoria... ¡Cuán ardientemente deseaba ese día!
Tal era la vida de expectativa de María... era inaudita en sí misma, mas no por eso deja de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús residiendo en María, sino pensemos que en nosotros también reside por esencia, potencia y presencia.
Sí, Jesús nace continuamente en nosotros y de nosotros, por las buenas obras que nos hace capaces de cumplir, y por nuestra cooperación a la gracia; por manera que el alma del que se halla en gracia es un seno perpetuo de María, un Belén interior sin fin. Después de la Comunión Jesús habita en nosotros, durante algunos instantes, real y sustancialmente como Dios y como hombre, porque el mismo Niño que estaba en María está también en el Santísimo Sacramento. ¿Qué es todo eso sino una participación de la vida de María durante esos maravillosos meses, y una expectativa tan llena de delicias como la suya?
(Todo lo demás como el día primero).
Día sexto
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el sexto día
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y de María, y allí era de creerse que había de nacer, según todas las probabilidades. Mas Dios lo tenía dispuesto de otra manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliese esa predicción Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber: la orden dada por el Emperador Augusto de que todos los súbditos del Imperio Romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José, como descendientes que eran de David, no estaban dispensados de ir a Belén, y ni la situación de la Virgen Santísima, ni la necesidad en que estaba José del trabajo diario que le aseguraba la subsistencia, pudo eximirles de este largo y penoso viaje en la estación más rigurosa e incómoda del año.
No ignoraba Jesús en qué lugar debía nacer, y así, inspira a sus padres que se entreguen a la Providencia, y que de esta manera concurran inconscientemente a la ejecución de sus designios.
Almas interiores: observad este manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual: aprended que el que se ha entregado a Dios ya no ha de pertenecerse a sí mismo, ni ha de querer a cada instante sino lo que Dios quiere para Él siguiéndole ciegamente aun en cosas exteriores, tales como el cambio de lugar, dondequiera que le plazca conducirle. Ocasión tendréis de observar esta dependencia y esta fidelidad inviolable en toda la vida de Jesucristo, y este es el punto sobre el cual se han esmerado más en imitarle los santos y las almas verdaderamente interiores, renunciando absolutamente a su propia voluntad.
(Todo lo demás como el día primero).
Día séptimo
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el día séptimo
Representemos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo, aún no nacido, al Creador del Universo, hecho hombre. Contemplemos la humildad y la obediencia de este Divino Niño, que, aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su Provincia, como si hubiese para él en esa circunstancia algo que le halagase, y quisiese apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito en el momento en que venía al mundo. ¿No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnancia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atractivos para el Creador? ¿No nos enseñará la humildad de Jesús a amar esa hermosa virtud?
¡Ah!... ¡que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones, porque todo clama por ese feliz acontecimiento! El mundo, sumido en la oscuridad y el malestar, buscando y no encontrando el alivio de sus males, suspira por su libertador. El anhelo de José, la expectativa de María, son cosas que no puede expresar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla, si nos es lícito emplear esta expresión, adorablemente impaciente por dar su Hijo único al mundo y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esa santa humanidad, tan bella, que Él mismo ha formado con tan especial y divino esmero.
En cuanto al Divino Niño, objeto de tantos anhelos, recordemos que hacia nosotros avanza lo mismo que hacia Belén. Apresuremos, con nuestros deseos, el momento de su llegada; purifiquemos nuestras almas para que sean su mansión terrenal. Que nuestros actos de mortificación y desprendimiento “preparen los caminos del Señor y hagan rectos sus senderos”.
(Todo lo demás como el día primero).
Día octavo
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el octavo día
Llegan a Belén José y María, buscando hospedaje en los mesones; pero no lo encuentran, ya por hallarse todo ocupado, ya porque se les desechase por causa de su pobreza. Empero, nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreíase también con santa tranquilidad cuando fijaba sus miradas en su casta esposa. El Niño aún no nacido regocijábase de aquellas negativas, que eran el preludio de sus humillaciones venideras. Cada voz áspera, el ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos, era una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había contribuido a hacerle tomar la forma humana.
¡Oh Divino Niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas y diversiones o descansando muellemente en cómodas y ricas mansiones, han sido para vuestros padres un día de fatiga y vejaciones de toda clase. ¡Ay!, el espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios... ¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro! ¿No corremos continuamente con ruda ignorancia la puerta a los llamamientos de Dios, que nos solicita a convertirnos, a santificarnos o a conformarnos con su voluntad? ¿No hacemos mal uso de nuestras penas, desconociendo su carácter celestial, aunque cada una a su modo le lleva grabados en sí? Dios viene a nosotros muchas veces en la vida, pero no conocemos su faz. No le reconocemos hasta que nos vuelve la espalda y se aleja después de nuestra negativa.
Pónese el sol del 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén; y sus últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que le rodean. Hombres groseros codean rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental, y cierran sus puertas al ver a su Madre. La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas van apareciendo una tras otra. Algunas horas más, y aparecerá el Verbo Eterno.
(Todo lo demás como el día primero).
Día noveno
Benignísimo Dios de infinita caridad, etc.
Consideración para el noveno día
La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los ángeles el jumento que le había servido de humilde cabalgadura durante el viaje, y en aquella cueva hallaron un manso buey, dejado allí probablemente por alguno de los caminantes que habían ido a buscar hospedaje en la ciudad. El Divino Niño, desconocido por sus criaturas racionales, va a tener que acudir a las irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno y le manifiesten con esto y con su humilde actitud el respeto y adoración que le había negado Belén. La rojiza linterna que José tiene en la mano ilumina tenuemente ese pobrísimo recinto: ese pesebre lleno de paja, que es figura profética de las maravillas del altar y de la íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en oración en medio de la gruta, y así van pasando silenciosamente las inmortales horas de esa noche llena de misterios.
¡Pero ha llegado la medianoche, y de repente vemos dentro de ese Pesebre, poco antes vacío, al Divino Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos! A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre putativo del Redentor de los hombres. La multitud de ángeles que descienden del Cielo a contemplar esa maravilla sin par, dejan estallar su alegría y hacen vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis, que es el eco de la adoración que se produce en torno del trono del Altísimo, hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra. Convocados por ellos vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido y presentarle sus humildes ofrendas. Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob, y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolo de la caridad, de la oración y de la mortificación.
¡Oh adorable Niño!, nosotros también, los que hemos hecho esta Novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración: ¡no la rechacéis! Venid a nuestras almas, venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended en ellos la devoción a vuestra santa infancia, no intermitente y sólo circunscrita al tiempo de vuestra Navidad, sino siempre y en todos tiempos; devoción que fielmente practicada y celosamente propagada nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas.
(Todo lo demás como el día primero).
Novena del Aguinaldo de fray Fernando de Jesús Larrea, reformada por la Madre María Ignacia (Bertilda Samper Acosta), como la imprimió Hojas de Cultura Popular Colombiana (Bogotá, 1956); ejemplar digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que lo cataloga como de dominio público. Acentos actualizados. Se corrigen ocho erratas de la edición: en el día primero, “permanecía” y “condonada” (imprime “permanente” y “condenada”); en el día quinto, “por manera que el alma” y “como Dios y como hombre” (imprime “por manera del alma” y “como Dios o como hombre”, contra el original inglés del Padre Faber) y “en los encantos” (imprime “los encantos”); en el día sexto, “fidelidad inviolable” (imprime “felicidad”); en los gozos, “Jesé” (imprime “José”), y en el día noveno, “al pie de la colina” (imprime “da”).
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Qué es la novena de aguinaldos y de dónde viene
2 min de lecturaLa novena de aguinaldos, o novena de Navidad, son nueve noches de oración en familia, del 16 al 24 de diciembre, para preparar el nacimiento del Niño Jesús.
La novena de aguinaldos, o novena de Navidad, son nueve noches de oración en familia, del 16 al 24 de diciembre, para preparar el nacimiento del Niño Jesús. Es la gran devoción navideña de Colombia, y también se reza en Ecuador y en algunas ciudades de Venezuela.
Fray Fernando de Jesús Larrea. La escribió en el siglo XVIII un franciscano nacido en Quito, fray Fernando de Jesús Larrea, que predicó por el entonces Virreinato de la Nueva Granada. Según la Conferencia Episcopal de Colombia, se la regaló a Clemencia Caycedo, fundadora en Bogotá del Colegio de La Enseñanza, institución que se volvió “abanderada de la tradición al Niño Jesús”. La Biblioteca Luis Ángel Arango conserva una edición de Bogotá de 1843, la Novena para el aguinaldo del “P. F. Fernando de Jesus”. Ya trae los versos con la respuesta “Ven a nuestras almas, / Ven, no tardes tanto”, y para cada día una práctica de devoción, como dar limosna a un pobre y visitar a un enfermo; al final aclara que nada de eso es obligatorio y que cada quien hará lo que pueda según su devoción.
La Madre María Ignacia. Más tarde la novena fue reformada por la Madre María Ignacia, Bertilda Samper Acosta (1856-1910), hija de José María Samper y de la escritora Soledad Acosta. La advertencia de la edición que reproducimos explica qué cambió: las antiguas consideraciones se sustituyeron por nueve nuevas, dos tomadas de un libro del Padre Grou y siete de uno del Padre Faber; se alargaron los versos y se agregó el “Acordaos” al Niño Jesús, traducido del francés. Las demás oraciones quedaron “con levísimas modificaciones”. Según la Conferencia Episcopal de Colombia, esta versión fue aprobada en 1919 por el arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera Restrepo, y es la que se ha rezado durante más de un siglo.
Cómo se reza en familia del 16 al 24 de diciembre
2 min de lecturaLa novena empieza el 16 de diciembre y termina el 24, en la Nochebuena.
La novena empieza el 16 de diciembre y termina el 24, en la Nochebuena. Cada noche la familia, los vecinos o los compañeros de trabajo se reúnen, casi siempre frente al pesebre, y rezan en el orden de la edición impresa:
1. La oración para todos los días, “Benignísimo Dios de infinita caridad…”, y tres veces el Gloria al Padre.
2. La consideración del día, distinta cada noche: paso a paso, cuentan la espera del nacimiento.
3. La oración a la Santísima Virgen y nueve Ave María.
4. La oración a San José, con un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria.
5. Los gozos, la aspiración para la venida del Niño Dios: quien guía dice cada estrofa y todos responden “¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!”.
6. La oración al Niño Jesús, el “Acordaos”.
Del segundo día en adelante, la edición solo imprime la consideración nueva y remite al primer día para todo lo demás. Así está arriba: cada noche se reza todo lo del día primero, cambiando la consideración por la del día.
Alrededor de la oración hay costumbres que hacen de estas noches una fiesta: los niños cantan villancicos y se comparte comida, en muchas casas natilla y buñuelos. Son costumbres, no condiciones. Lo que hace la novena es la oración, y se puede rezar igual en una casa sencilla, en una oficina o por videollamada con la familia que está lejos.
Su sentido: esperar a Jesús en Adviento
2 min de lecturaLa novena de aguinaldos cae en los últimos días de Adviento, el tiempo en que la Iglesia actualiza la espera del Mesías.
La novena de aguinaldos cae en los últimos días de Adviento, el tiempo en que la Iglesia actualiza la espera del Mesías. Lo dice el Catecismo: “participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida” (CIC 524).
Eso es lo que repiten los gozos. El padre Raúl Ortiz Toro, director del departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, explica que están llenos de títulos que los profetas, sobre todo Isaías, daban al Mesías: la Sabiduría, la raíz de Jesé, la llave de David. Jesús ya nació, y aun así seguimos pidiendo que venga, porque su primera venida prepara la segunda. Por eso, recuerda, en los gozos se dice Jesé, el padre del rey David (cf. Is 11,1), y no José, como muchas veces se lee por confusión.
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia reconoce que la novena de Navidad “ha desempeñado una función valiosa y la puede continuar desempeñando” (n. 103). También anima a armar el pesebre en casa, algo en lo que participan especialmente los niños, como ocasión para que la familia entre en el misterio de la Navidad (n. 104). La novena no reemplaza la Misa: la prepara. Al terminarla, lo natural es que la familia vaya junta a la Misa de Nochebuena o de Navidad.
Cómo guiar la novena con niños
2 min de lecturaRepartan las partes.
Repartan las partes. Un adulto puede leer la oración para todos los días y la consideración, que son los textos más largos; los niños pueden leer las oraciones a la Virgen y a San José, y cada uno puede decir una estrofa de los gozos mientras todos responden.
Explica las palabras antiguas. El texto habla como se hablaba hace más de un siglo. Las formas “vos”, “os” y “vuestro” se dirigen a Dios, a la Virgen o a San José con respeto, como cuando decimos “usted”. “Sapiencia” es sabiduría, “Adonaí” es un nombre de Dios y “Emmanuel” quiere decir Dios con nosotros (cf. Mt 1,23). Con una palabra por noche basta.
Cuenta la historia. Las consideraciones avanzan día a día: el Hijo de Dios junto al Padre, la Anunciación, la vida de Jesús en el seno de María, el viaje a Belén, las puertas que se cierran y la noche de Navidad. Con los más pequeños puedes contar cada una con tus palabras después de leerla. En muchas casas el Niño Jesús se pone en el pesebre la noche del 24, al terminar la novena.
Que no sea una carga. Ya la edición de 1843 aclaraba que lo que la novena encarga no es obligatorio. Si una noche alguien no puede, que no se sienta culpable: la familia sigue al día siguiente. Lo importante es llegar a la Navidad rezando juntos.
El texto de esta página
2 min de lecturaReproducimos la novena tal como la imprimió en Bogotá, en 1956, Hojas de Cultura Popular Colombiana, con el nombre de la Madre María Ignacia Samper al final.
Reproducimos la novena tal como la imprimió en Bogotá, en 1956, Hojas de Cultura Popular Colombiana, con el nombre de la Madre María Ignacia Samper al final. El ejemplar está digitalizado en la Biblioteca Virtual del Banco de la República, que lo cataloga como de dominio público. Solo actualizamos los acentos de la época (“Vén” es “Ven”, “tánto” es “tanto”) y corregimos ocho erratas evidentes: “Jesé” donde la edición imprime “José”; “al pie de la colina” donde imprime “al pie da la colina”; en el día primero, “permanecía” y “condonada” donde imprime “permanente” y “condenada”; en el día quinto, “por manera que el alma” y “como Dios y como hombre” donde imprime “por manera del alma” y “como Dios o como hombre”, como dice el original del Padre Faber del que se tomó esa consideración, y “en los encantos” donde falta el “en”; y en el día sexto, “fidelidad inviolable” donde imprime “felicidad”. Todo lo demás va palabra por palabra, también las formas de trato de su tiempo.
La oración al Niño Jesús recuerda unas palabras que la devoción al Niño Jesús atribuye a una revelación privada: “nada te será negado”. La Iglesia enseña a leerla con confianza de hijos: Dios siempre escucha, pero no como quien entrega automáticamente lo que se le pide. Nuestro Padre sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (cf. CIC 2736), y “la transformación del corazón que ora es la primera respuesta a nuestra petición” (CIC 2739).
Preguntas
¿Cuándo se reza la novena de aguinaldos?
Del 16 al 24 de diciembre: nueve noches seguidas, la última en la Nochebuena. Cada noche se reza todo lo del día primero, cambiando la consideración por la del día.
¿Quién escribió la novena de aguinaldos?
La escribió en el siglo XVIII fray Fernando de Jesús Larrea, un franciscano nacido en Quito. Más tarde la reformó la Madre María Ignacia, Bertilda Samper Acosta (1856-1910). Según la advertencia de la edición de 1956, en esa reforma se cambiaron las consideraciones, se alargaron los versos de los gozos y se agregó el “Acordaos” al Niño Jesús. Su versión es la que se reza hoy.
¿En qué orden se reza la novena de Navidad?
Primero la oración para todos los días con tres Gloria al Padre; luego la consideración del día; después la oración a la Santísima Virgen con nueve Ave María, la oración a San José con un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria, los gozos y, al final, la oración al Niño Jesús.
¿Qué son los gozos de la novena de aguinaldos?
Son las aspiraciones para la venida del Niño Dios: doce estrofas que llaman a Jesús con títulos que los profetas daban al Mesías, como Sapiencia, Adonaí, raíz de Jesé, llave de David o Emmanuel. Después de cada estrofa todos responden “¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!”.
¿Por qué en los gozos se dice “raíz de Jesé” y no “de José”?
Porque el verso viene de Isaías, que anuncia un retoño de la raíz de Jesé, el padre del rey David (cf. Is 11,1). La edición de 1843 ya decía “Raiz de Jessé”. Algunas ediciones imprimen “José” por error, y la Conferencia Episcopal de Colombia recuerda que lo correcto es Jesé.
¿Qué pasa si un día no podemos rezar la novena?
Nada malo. Ya la edición de 1843 aclaraba que lo que la novena encarga no es obligatorio. Sigan al día siguiente; si quieren, lean también la consideración del día que faltó.





