
Oración
Magníficat: el cántico de María
La alabanza de la Virgen en casa de Isabel, completa en la traducción católica de Félix Torres Amat, con su sentido verso a verso y por qué en México le dicen la Magnífica
El Magníficat es el cántico con el que la Virgen María alabó a Dios al visitar a su prima Isabel, recogido en el Evangelio de san Lucas (1,46-55): “Mi alma glorifica al Señor”. La Iglesia lo reza cada tarde en las Vísperas, y en México mucha gente lo conoce como “la Magnífica”. En AngelGuard tienes aquí el texto completo en la traducción católica de Félix Torres Amat y el sentido de cada verso.
46Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor;
47y mi espíritu está trasportado de gozo en el Dios salvador mío;
48porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava: por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
49Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es [todo] poderoso, cuyo nombre es Santo;
50y cuya misericordia [se derrama] de generación en generación sobre los que le temen.
51Hizo alarde del poder de su brazo: deshizo las miras del corazón de los soberbios.
52Derribó del solio a los poderosos, y ensalzó a los humildes:
53Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada.
54Acordándose de su misericordia, acogió a Israel su siervo;
55según la promesa que hizo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia por los siglos de los siglos.
Lucas 1,46-55 en la traducción de Félix Torres Amat, de la Vulgata latina (Madrid, 1823, Nuevo Testamento, tomo I, págs. 134–135). Ortografía actualizada, sin cambiar las palabras; entre corchetes, lo que Torres Amat imprime en cursiva. Dominio público.
Texto original (ortografía de 1823)
46Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor;
47y mi espíritu está trasportado de gozo en el Dios salvador mio;
48porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava: por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
49Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es [todo] poderoso, cuyo nombre es Santo;
50y cuya misericordia [se derrama] de generacion en generacion sobre los que le temen.
51Hizo alarde del poder de su brazo: deshizo las miras del corazon de los soberbios.
52Derribó del solio á los poderosos, y ensalzó á los humildes:
53Colmó de bienes á los hambrientos, y á los ricos los despidió sin nada.
54Acordándose de su misericordia, acogió á Israel su siervo;
55segun la promesa que hizo á nuestros padres, á Abraan y á su descendencia por los siglos de los siglos.
Entre corchetes, las palabras impresas en cursiva. En el verso 48, una nota del impreso explica: “Escogiéndome por madre de su Hijo”. El impreso numera el verso 50 como “5”: el cero no salió en la impresión.
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¿Qué es el Magníficat?
2 min de lecturaEl Magníficat es el cántico de alabanza que la Virgen María dijo en casa de su prima Isabel, poco después de la Anunciación.
El Magníficat es el cántico de alabanza que la Virgen María dijo en casa de su prima Isabel, poco después de la Anunciación. San Lucas lo cuenta así (Lc 1,39-56): María sale de prisa hacia las montañas de Judea; al oír su saludo, Isabel queda llena del Espíritu Santo y la llama “la madre de mi Señor”; y María responde alabando a Dios por lo que ha hecho en ella. Son los versos 46 a 55 del primer capítulo de san Lucas, y son los que tienes arriba.
Por qué se llama así. El nombre es la primera palabra del cántico en latín, como lo imprime la Vulgata al pie de la misma página de Torres Amat: Magnificat anima mea Dominum. San Juan Pablo II lo explicó en una catequesis de 1996: con la palabra Magníficat, versión latina de una palabra griega que tenía el mismo significado, “se celebra la grandeza de Dios”. Torres Amat la traduce “Mi alma glorifica al Señor”.
Una oración de María y de la Iglesia. El Catecismo dice que el cántico de María es “a la vez el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia”, cántico de acción de gracias y cántico de los “pobres” cuya esperanza se ha cumplido (CIC 2619). Cuando María lleva en sí al Hijo eterno, eleva al Padre, en el Espíritu Santo, la acción de gracias de todo el pueblo de Dios (CIC 722). Por eso la Iglesia, como escribió san Juan Pablo II, “repite constantemente las palabras del Magníficat” (Redemptoris Mater, 37).
Una oración dirigida a Dios. El Magníficat no es una oración a la Virgen, sino la oración de la Virgen. Quien lo reza no le habla a María: alaba a Dios con las palabras de María. El Catecismo lo pone como ejemplo de adoración: adorar a Dios es alabarlo, exaltarlo y humillarse a sí mismo, “como hace María en el Magníficat” (CIC 2097).
Dios todopoderoso, cuyo nombre es santo: Tú miraste la pequeñez de tu sierva María y obraste en ella cosas grandes. Mira también mi pequeñez, y enséñame a alabarte con su misma alegría. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Significado del Magníficat verso a verso
3 min de lecturaEl Magníficat tiene dos partes.
El Magníficat tiene dos partes. Benedicto XVI las describió en su catequesis del 15 de febrero de 2006: en los versos 46 a 50 se oye “una especie de voz solista”, la de María, que habla en primera persona de lo que Dios ha hecho en ella; en los versos 51 a 55 el canto toma “una índole más coral”, como si a la voz de María se uniera la de todo el pueblo de Dios.
Versos 46–47: la alegría de María. “Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está trasportado de gozo en el Dios salvador mío”. Lo primero que hace María no es pedir, sino alabar. Su alegría tiene un nombre: Dios es su salvador. Torres Amat traduce el latín exultavit con una expresión fuerte, “trasportado de gozo”: un gozo que saca a la persona de sí misma.
Verso 48: la mirada de Dios sobre lo pequeño. “Ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava”. En el español de Torres Amat, “bajeza” es la condición humilde, no algo indigno. San Juan Pablo II señaló que la palabra griega del Evangelio probablemente viene del cántico de Ana, la madre de Samuel, donde designa la humillación de una mujer estéril que confía su pena al Señor (1 Sam 1,11). Torres Amat añadió al pie una nota de una sola línea que dice cuál fue esa mirada: “Escogiéndome por madre de su Hijo”. Y de ahí la profecía: “me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. El Catecismo cita este verso para explicar por qué la Iglesia venera a la Virgen (CIC 971) y dice que la llamarán bienaventurada por su fe (CIC 148).
Versos 49–50: el Poderoso es misericordioso. María llama a Dios “aquel que es [todo] poderoso, cuyo nombre es Santo”. Ella había creído que “nada es imposible para Dios”, y por eso pudo proclamar sus grandezas (CIC 273). Pero el poder de Dios va unido a su misericordia, que “[se derrama] de generación en generación”: con esa alabanza, dice Benedicto XVI, María se hace “portavoz de todas las criaturas redimidas”.
Versos 51–53: Dios pone las cosas al revés. “Hizo alarde del poder de su brazo: deshizo las miras del corazón de los soberbios. Derribó del solio a los poderosos, y ensalzó a los humildes”. El solio es el trono. Benedicto XVI notó que en griego san Lucas usa, del verso 51 al 54, siete verbos que describen lo que Dios hace siempre en la historia, y que en ellos se ve el estilo de Dios: “se pone de parte de los últimos”. San Juan Pablo II escribió que el amor preferencial de la Iglesia por los pobres “está inscrito admirablemente en el Magníficat de María” (Redemptoris Mater, 37). No es un canto de revancha: lo que atrae la benevolencia de Dios, dijo también él, “es sobre todo la humildad del corazón”.
Versos 54–55: Dios cumple lo que promete. El cántico termina en la fidelidad: Dios se acuerda de su misericordia y cumple la promesa hecha “a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia”. María ve que lo que Dios hizo en ella no es solo para ella, sino para todo su pueblo (CIC 2619).
Señor, que derribas a los soberbios y levantas a los humildes: quita de mi corazón el orgullo que me aleja de Ti y de mis hermanos. Dame un corazón pobre, que confíe solo en tu misericordia, y hazme atento a los que tienen hambre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
¿Qué es la Magnífica? El nombre popular en México
2 min de lectura“La Magnífica” es el nombre con que mucha gente en México llama al Magníficat.
“La Magnífica” es el nombre con que mucha gente en México llama al Magníficat. Desde la Fe, el medio de la Arquidiócesis de México, lo publica con el título “Magnífica (Magnificat)”, y en estampas que llevan al frente la imagen de la Virgen de Guadalupe se imprime con ese mismo nombre. Es el mismo cántico de María.
La versión popular. El texto que circula como la Magnífica suele ser una versión libre del Evangelio, más larga que el original. La que publica Desde la Fe empieza “Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu se llena de gozo”, y la estampa guadalupana empieza igual. Es una manera piadosa de decir el Magníficat con más palabras, pero no es el texto del Evangelio palabra por palabra. Por eso en esta página tienes arriba el texto bíblico, en una traducción católica de la Vulgata, y de la versión popular solo su comienzo. Si aprendiste la Magnífica de tu mamá o de tu abuela, no aprendiste otra oración: aprendiste el cántico de María con otras palabras.
No es un amuleto. En internet se lee que la Magnífica es “poderosa” para pedir protección contra males y peligros. Esa idea no viene del Evangelio ni de la Iglesia. El Magníficat no pide nada contra nadie ni promete nada a quien lo repita: alaba a Dios. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de una oración a sus solas palabras, prescindiendo de las disposiciones interiores que exige (CIC 2111), y enseña que llevar amuletos es reprensible (CIC 2117). Guardar la estampa en la cartera o rezarla un número fijo de veces no la vuelve más eficaz. Lo que hace este cántico es poner tu vida, como la de María, en manos de Dios.
¿Se puede rezar para pedir ayuda? Sí, con el sentido que tiene. Quien está en apuros puede rezar la Magnífica para recordar quién es Dios: el que mira a los pequeños, el que tiene misericordia de generación en generación, el que cumple sus promesas. Después puedes pedirle a Dios lo que necesitas con tus propias palabras y pedirle a María que interceda por ti.
Padre de misericordia, te pongo en las manos lo que hoy me preocupa. No quiero usar tu Palabra como un amuleto, sino confiar en Ti como confió María. Que su intercesión me acompañe y que, pase lo que pase, mi alma te glorifique. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
¿Cuándo se reza el Magníficat?
2 min de lecturaLa Iglesia reza el Magníficat todos los días, al caer la tarde, en las Vísperas de la Liturgia de las Horas.
La Iglesia reza el Magníficat todos los días, al caer la tarde, en las Vísperas de la Liturgia de las Horas. Benedicto XVI lo llamó “el Cántico con el que se concluye idealmente toda celebración de las Vísperas”. Fuera de la liturgia, cualquier momento es bueno para rezarlo; estos son los más propios.
En las Vísperas. La Liturgia de las Horas es la oración pública de la Iglesia, en la que también los laicos alaban a Dios en el curso del día y de la noche (CIC 1174). Si no rezas las Vísperas, decir el Magníficat al terminar la tarde es una manera sencilla de unirte a esa oración de toda la Iglesia.
El 31 de mayo, fiesta de la Visitación. Es el día en que la Iglesia recuerda la visita de María a Isabel. Desde la Fe explica que, tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la fiesta se fijó el 31 de mayo, al final del mes dedicado a María. Es el día del Magníficat por excelencia.
En el Rosario. En los misterios gozosos se contempla el encuentro de María con Isabel, en el que la presencia de Cristo hace “saltar de alegría” a Juan (Rosarium Virginis Mariae, 20). Rezar el Magníficat al terminar ese misterio, o al terminar el Rosario, ayuda a meditarlo con las palabras de la propia María.
Para dar gracias. El Magníficat es ante todo acción de gracias (CIC 2619). Es la oración natural después de un nacimiento, una curación, un examen aprobado, una reconciliación o cualquier favor recibido: decir con María que Dios “ha hecho en mí cosas grandes”.
Una indulgencia parcial. El Manual de las Indulgencias de la Santa Sede (Enchiridion indulgentiarum, 1999, concesión 17, § 2) concede indulgencia parcial a quien reza piadosamente el cántico del Magníficat. No es un premio por repetir palabras: supone un corazón arrepentido y unido a Dios.
Señor, al terminar este día te doy gracias por todo lo que has hecho en mí y en los míos, por lo que entendí y por lo que todavía no entiendo. Con María, mi alma te glorifica. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Cómo rezar el Magníficat
2 min de lecturaEl Magníficat se reza despacio, en voz alta o en voz baja, como alabanza a Dios.
El Magníficat se reza despacio, en voz alta o en voz baja, como alabanza a Dios. No hay una forma obligatoria fuera de la liturgia, pero estas sugerencias ayudan.
1. Haz un momento de silencio y recuerda algo concreto que Dios ha hecho en tu vida, grande o pequeño. 2. Reza el cántico completo, verso por verso, sin prisa. Los números de los versos sirven para ubicarse; no se leen en voz alta. 3. Quédate con un verso que hoy te diga algo, por ejemplo “ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava”, y dale gracias a Dios por haberte mirado así. 4. Termina, si quieres, con el Gloria al Padre.
En familia o en grupo. El Magníficat se puede rezar a dos coros: una persona o un grupo dice un verso, y los demás el siguiente. Es una manera sencilla de que los niños lo aprendan.
Con María, no en lugar de Dios. El Catecismo explica que la oración de la Iglesia a la Madre de Dios tiene dos movimientos: uno “engrandece” al Señor por las maravillas que ha hecho en su humilde esclava, y el otro confía a María las súplicas y alabanzas de los hijos de Dios (CIC 2675). El Magníficat es el primero de esos movimientos. Después de rezarlo, puedes pasar al segundo con un Ave María o una Salve, pidiéndole a la Virgen que interceda por ti.
Con la vida. San Ambrosio, citado por Benedicto XVI, pedía que cada uno tuviera “el alma de María para proclamar la grandeza del Señor”. El Magníficat se reza de verdad cuando, como María, uno también se pone en camino para servir a quien lo necesita, como ella fue a ayudar a Isabel.
Dios nuestro, que inspiraste a la Virgen María a visitar a Isabel llevando a tu Hijo: hazme dócil al Espíritu Santo, para que también yo lleve a Cristo a los demás y, con María, te alabe siempre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
El Magníficat en la traducción de Torres Amat
2 min de lecturaEl texto de esta página es el de Félix Torres Amat (1772–1847), sacerdote catalán y más tarde obispo de Astorga, que publicó en Madrid, entre 1823 y 1825, una Biblia completa traducida de la Vulgata latina.
El texto de esta página es el de Félix Torres Amat (1772–1847), sacerdote catalán y más tarde obispo de Astorga, que publicó en Madrid, entre 1823 y 1825, una Biblia completa traducida de la Vulgata latina. El Magníficat está en el primer tomo del Nuevo Testamento, de 1823, en las páginas 134 y 135, y al pie de cada página va el texto latino.
Las palabras entre corchetes. Torres Amat intercaló algunas palabras propias para aclarar el sentido y las imprimió en cursiva. En el Magníficat son dos: “[todo]” en el verso 49 y “[se derrama]” en el verso 50. Aquí van entre corchetes, para que sepas qué es del traductor y qué es del texto.
La ortografía. El texto está en ortografía actual sin cambiar ninguna palabra: “mío” por “mio”, “generación” por “generacion”, “a” por “á”, “según” por “segun”. El nombre del patriarca, que el impreso escribe “Abraan”, va en su forma de hoy, “Abraham”. Se conserva “trasportado”, que la RAE todavía admite. Debajo del texto puedes abrir la versión con la ortografía original de 1823.
¿Por qué suena distinto? Si conoces el Magníficat con otras palabras, por ejemplo “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, es porque hay varias traducciones católicas al castellano; esa es la que cita, por ejemplo, la versión española de la catequesis de san Juan Pablo II de 1996. Torres Amat tradujo de la Vulgata, el texto latino que la Iglesia usó durante siglos, y por eso dice “Mi alma glorifica al Señor”. Las palabras cambian; el cántico es el mismo.
Preguntas
¿Qué dice la oración del Magníficat?
Es el cántico de María en el Evangelio de san Lucas (1,46-55). En la traducción católica de Félix Torres Amat empieza: “Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está trasportado de gozo en el Dios salvador mío”, y termina: “según la promesa que hizo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia por los siglos de los siglos”. El texto completo está al principio de esta página.
¿Dónde está el Magníficat en la Biblia?
En el Evangelio de san Lucas, capítulo 1, versos 46 a 55. Lo dice la Virgen María en casa de su prima Isabel, después de que Isabel la saluda como “la madre de mi Señor”. El relato completo de la Visitación va del verso 39 al 56.
¿Qué es la Magnífica y para qué sirve?
La Magnífica es el nombre popular del Magníficat en México. Sirve para lo que sirve el cántico de María: para alabar a Dios y darle gracias por lo que ha hecho. No es una fórmula de protección que funcione por sí sola; el Catecismo llama superstición a atribuirle eficacia a las solas palabras de una oración (CIC 2111). Rezada con fe, pone tu vida en manos de Dios, como María.
¿El Magníficat es una oración a la Virgen?
No. Es la oración de la Virgen a Dios. Quien la reza alaba a Dios con las palabras de María; el Catecismo la pone como ejemplo de adoración (CIC 2097). Después se puede pedir la intercesión de María con un Ave María o una Salve.
¿A qué hora se reza el Magníficat?
La Iglesia lo reza todos los días por la tarde, en las Vísperas de la Liturgia de las Horas. Tú puedes rezarlo a cualquier hora, sobre todo para dar gracias, y de manera especial el 31 de mayo, fiesta de la Visitación.
¿Por qué se llama Magníficat?
Porque es la primera palabra del cántico en latín: “Magnificat anima mea Dominum”. Significa que el alma de María proclama la grandeza del Señor. En castellano Torres Amat la traduce “Mi alma glorifica al Señor”.





