
Oración
Examen de conciencia para confesarse: preguntas por los mandamientos y qué decir al padre
El examen de conciencia es repasar tu vida delante de Dios, a la luz de sus mandamientos, para prepararte para una buena confesión.
Ven, Espíritu Santo, y alumbra mi conciencia.
Tú conoces mi vida mejor que yo:
ayúdame a mirarla con verdad y sin miedo.
Recuérdame lo que tengo que confesar
y dame un dolor sincero de haber herido a un Dios tan bueno.
Quítame la vergüenza que me paraliza
y dame la confianza del hijo que vuelve a casa. Amén.
Texto AngelGuard; una oración al Espíritu Santo para pedir luz antes del examen de conciencia y de la confesión.
No se trata de castigarte ni de hacer una lista interminable, sino de pedirle luz al Espíritu Santo, reconocer con honestidad en qué fallaste y volver a casa, como el hijo pródigo. En AngelGuard tienes una oración para empezar, preguntas concretas para cada mandamiento, un examen para jóvenes y otro para la primera confesión de los niños, y lo que se dice al confesarse, del saludo a la absolución.
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¿Cómo se hace un examen de conciencia? En diez minutos
2 min de lecturaEl Catecismo pide preparar la confesión con un examen iluminado por la Palabra de Dios, y pone los Diez Mandamientos como la primera guía (CIC 1454).
El Catecismo pide preparar la confesión con un examen iluminado por la Palabra de Dios, y pone los Diez Mandamientos como la primera guía (CIC 1454). No hace falta mucho: con diez minutos de calma basta.
1. Busca un momento tranquilo. La noche anterior, en tu cuarto, o en la iglesia un rato antes de que empiecen las confesiones. Sin prisa y sin pendientes.
2. Pídele luz al Espíritu Santo. Reza despacio la oración del inicio de esta página. Es Dios quien te muestra tus pecados, y lo hace sin quitarte la esperanza.
3. Recorre los mandamientos. Piensa en el tiempo que ha pasado desde tu última confesión y detente donde algo te toque. Si una pregunta no tiene que ver con tu vida, sigue adelante.
4. Distingue lo grave de lo leve. Los pecados graves se confiesan todos, diciendo qué fue y, más o menos, cuántas veces (CIC 1456; Código de Derecho Canónico, canon 988). Lo leve también conviene decirlo, sin angustia.
5. Arrepiéntete y confía. Pídele perdón a Dios con el acto de contrición y proponte cambiar con su ayuda. El propósito de enmienda no es prometer que nunca vas a volver a caer: es decidir luchar y alejarte de lo que te lleva a pecar.
¿Pecado mortal o venial? Un pecado es mortal solo cuando se juntan tres condiciones, dice el Catecismo: “materia grave”, “pleno conocimiento” y “deliberado consentimiento” (CIC 1857). Materia grave es lo que los mandamientos señalan como serio, por ejemplo matar, el adulterio, robar o el falso testimonio (CIC 1858). Pleno conocimiento es saber que eso es grave; consentimiento deliberado, haberlo elegido libremente. Si falta una de las tres, el pecado es venial, aunque la materia sea seria (CIC 1862). La ignorancia sin culpa, los impulsos, las presiones de fuera y algunos trastornos pueden disminuir la responsabilidad (CIC 1860). Si no sabes si algo fue grave, no te atormentes: díselo al sacerdote tal como pasó y él te ayuda a discernir.
Examen de conciencia por los Diez Mandamientos
6 min de lecturaLos títulos son los Diez Mandamientos tal como los enseña el catecismo, en la fórmula del Compendio que publicó la Santa Sede.
Los títulos son los Diez Mandamientos tal como los enseña el catecismo, en la fórmula del Compendio que publicó la Santa Sede. Lee las preguntas sin prisa y quédate con las que tienen que ver contigo.
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas
- ¿Dios tuvo un lugar en mi semana, o solo lo busqué cuando necesitaba algo?
- ¿Recé, aunque fuera un Padre nuestro al día, o dejé de rezar por completo?
- ¿Acudí al horóscopo, al tarot, a limpias, amarres, «trabajos» o brujería para saber el futuro o arreglar mi vida, en vez de confiar en Dios?
- ¿Me dio vergüenza decir que soy católico, o negué mi fe para quedar bien?
- ¿Pensé que Dios ya no podía perdonarme, o pequé diciéndome que total, después me confieso?
2. No tomarás el Nombre de Dios en vano
- ¿Usé el nombre de Dios, de Jesús o de la Virgen con enojo, como grosería o en burla?
- ¿Juré por Dios algo que era mentira?
- ¿Hice una manda o una promesa a Dios, a la Virgen o a un santo y no la cumplí?
- ¿Me burlé de la fe, de los sacerdotes o de lo sagrado, en persona o en redes sociales?
Si una manda se volvió demasiado pesada o ya no puedes cumplirla, háblalo con el sacerdote. Tú mismo puedes cambiarla por otra obra igual o mejor, y el párroco puede cambiarla por algo más sencillo o dispensarte de ella si hay causa justa (Código de Derecho Canónico, cánones 1196–1197).
3. Santificarás las fiestas
- ¿Falté a Misa en domingo o en una fiesta de precepto pudiendo ir, por pereza o porque tenía otros planes?
- ¿Estuve en Misa pegado al celular, o llegué tarde y me fui antes sin necesidad?
- ¿Mi domingo fue igual que cualquier otro día, de trabajo, compras y pantallas, sin tiempo para Dios, para mi familia y para descansar?
- ¿Comulgué con un pecado grave sin haberme confesado?
4. Honrarás a tu padre y a tu madre
- ¿Les falté al respeto a mis papás, los desprecié o me desentendí de ellos? ¿Los acompaño en su enfermedad y en su vejez?
- Si soy papá o mamá: ¿rezo con mis hijos, les enseño la fe, los corrijo con firmeza pero sin golpes, y sé qué ven en internet?
- ¿Dejé de pasar la pensión alimenticia o la cuota de alimentos de mis hijos o abandoné a alguien que depende de mí?
- ¿Tuve paciencia con los que viven conmigo: mi esposa o mi esposo, mis hermanos, mis suegros?
5. No matarás
- ¿Le pegué a alguien, o lo humillé con mis palabras, en mi casa o fuera de ella?
- ¿Guardo odio, rencor o ganas de vengarme? ¿Hay alguien a quien no quiero perdonar?
- ¿Me hice un aborto, o aconsejé, pagué o ayudé a alguien a hacérselo?
- ¿Manejé después de tomar, abusé del alcohol o de las drogas, o arriesgué mi vida y la de otros?
- ¿Arrastré a alguien a pecar con mi ejemplo, con lo que le dije o con lo que le ofrecí?
Si en tu historia hay un aborto, no te quedes lejos: el papa Francisco concedió a todos los sacerdotes la facultad de absolver ese pecado y escribió que “no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir”, si hay arrepentimiento (Misericordia et misera, 12).
6. No cometerás actos impuros
- ¿Tuve relaciones sexuales fuera del matrimonio, o le fui infiel a mi esposa o a mi esposo?
- ¿Vi pornografía o me masturbé?
- ¿Mandé, pedí o guardé fotos o videos íntimos, o seguí conversaciones de sexo por el celular?
- ¿Toqué, miré o le hablé a alguien sin respetar su cuerpo y su dignidad, en la calle, en el trabajo o en la casa?
- Si estoy casado: ¿usé métodos que la Iglesia no acepta para evitar los hijos, o me cerré a ellos sin una razón seria?
Lo que alguien te hizo contra tu voluntad no es pecado tuyo y no tienes que confesarlo como culpa tuya. Si quieres hablarlo con el sacerdote, te va a escuchar con cuidado.
7. No robarás
- ¿Me quedé con algo que no era mío, en el trabajo, en una tienda o en la casa? ¿Devolví lo que me prestaron o lo que me encontré?
- ¿Di o pedí un soborno (una «mordida», una coima), o hice trampa con impuestos, facturas, incapacidades médicas o subsidios que no me tocaban?
- ¿Pagué lo justo y a tiempo a quien trabaja para mí? ¿Trabajé con honradez las horas que me pagan?
- ¿Me gasté en apuestas o casinos en línea el dinero que hacía falta en la casa, o pedí prestado sin intención de pagar?
- ¿Ayudé a quien pasaba necesidad, según lo que tengo?
8. No dirás falso testimonio ni mentirás
- ¿Mentí para salirme con la mía, para quedar bien o para perjudicar a alguien?
- ¿Hablé mal de otros a sus espaldas, o repetí un chisme en el trabajo, en la familia o en los grupos de WhatsApp, aunque fuera cierto?
- ¿Compartí noticias falsas o acusaciones sin verificarlas?
- ¿Conté un secreto que me confiaron, o revisé el celular de alguien sin permiso?
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros
- ¿Acepté y alimenté a propósito pensamientos o fantasías sexuales, en lugar de apartarlos?
- ¿Me metí donde sabía que iba a caer: perfiles, series, aplicaciones, conversaciones a deshoras?
- ¿Dejé crecer un enamoramiento con una persona casada, o con otra persona estando yo casado o casada?
Una tentación que llega sin que la busques no es pecado. El pecado empieza cuando le abres la puerta y te quedas con ella a propósito.
10. No codiciarás los bienes ajenos
- ¿Envidié el sueldo, la casa, la familia o la vida que otros presumen en redes?
- ¿Me alegré de que a alguien le fuera mal?
- ¿Vivo pensando solo en tener más, sin agradecerle a Dios lo que ya tengo?
Si al leer descubriste que tienes mucho que confesar, no te desanimes: para eso existe la confesión. Y si una pregunta te dejó inquieto y no sabes si aquello es pecado, llévalo así: “Padre, no sé si esto es pecado.” Esa duda dicha con sencillez también es parte de una buena confesión.
Los mandamientos de la Iglesia y los pecados capitales
2 min de lecturaAdemás de los Diez Mandamientos, la Iglesia les pide a los católicos un mínimo para vivir la fe: sus cinco mandamientos, también llamados preceptos (CIC 2041–2043).
Además de los Diez Mandamientos, la Iglesia les pide a los católicos un mínimo para vivir la fe: sus cinco mandamientos, también llamados preceptos (CIC 2041–2043). Hazte una pregunta por cada uno:
- ¿Fui a Misa cada domingo y en cada fiesta de precepto?
- ¿Me confesé al menos una vez en el último año?
- ¿Comulgué al menos en Pascua?
- ¿Ayuné y me abstuve de carne en los dos días en que la Iglesia pide ambas cosas, Miércoles de Ceniza y Viernes Santo?
- ¿Ayudé a mi parroquia en sus necesidades, según mis posibilidades?
El ayuno obliga de los 18 a los 59 años; la abstinencia de carne, desde los 14 (Código de Derecho Canónico, cánones 1251–1252). Si tienes una enfermedad, estás embarazada o hay otro motivo serio, háblalo con el sacerdote.
Los siete pecados capitales se llaman así porque de ellos nacen otros pecados (CIC 1866). No son una lista de pecados mortales: son raíces. Ver cuál pesa más en ti ayuda a entender por qué tropiezas siempre con la misma piedra:
- Soberbia: ¿necesito tener siempre la razón y que todo gire alrededor de mí?
- Avaricia: ¿el dinero manda en mis decisiones y me cuesta compartir?
- Envidia: ¿me duele que a otros les vaya bien?
- Ira: ¿exploto, grito, rompo cosas, y luego culpo a los demás?
- Lujuria: ¿el placer sexual ocupa el lugar que le toca al amor?
- Gula: ¿como o tomo sin medida, para huir de algo?
- Pereza: ¿dejo para mañana mis deberes, a mi familia y a Dios?
Examen de conciencia para jóvenes
2 min de lecturaSi eres adolescente o joven, las preguntas de siempre pasan por otros lugares: la escuela, el celular, los amigos, el noviazgo.
Si eres adolescente o joven, las preguntas de siempre pasan por otros lugares: la escuela, el celular, los amigos, el noviazgo. Empieza por aquí:
- ¿Hablé con Dios esta semana porque quise, o solo cuando me tocaba?
- ¿Fui a Misa el domingo o me inventé un pretexto?
- ¿Les contesté mal a mis papás? ¿Les mentí sobre dónde estaba o con quién?
- ¿Copié en un examen o copié la tarea de otro, o dejé que el equipo hiciera mi parte?
- ¿Me burlé de alguien, lo hice a un lado o lo expuse en redes, o me reí mientras otros lo hacían?
- ¿Vi pornografía, o mandé o pedí fotos íntimas (nudes)?
- En el noviazgo, ¿respeté a la otra persona y me respeté a mí, o presioné y me dejé presionar?
- ¿Tomé, fumé, usé vape o alguna droga para encajar o para escaparme de algo?
- ¿Se me fue el tiempo en el celular a costa del estudio, del sueño, de mi familia y de mis amigos de verdad?
- ¿Ayudé a alguien que estaba solo, sin esperar nada a cambio?
Si te da vergüenza, piensa que el sacerdote ha escuchado esto mismo de muchos jóvenes y no se va a escandalizar. Está ahí para ayudarte a empezar de nuevo, no para regañarte.
Y si alguien te forzó, te amenazó o te expuso, eso no es pecado tuyo: la culpa es de quien lo hizo. Cuéntaselo a un adulto de confianza.
Examen de conciencia para niños: la primera confesión
2 min de lecturaLa Iglesia pide que los niños se confiesen por primera vez antes de su Primera Comunión (CIC 1457).
La Iglesia pide que los niños se confiesen por primera vez antes de su Primera Comunión (CIC 1457). Esto sucede cuando ya tienen uso de razón, que el Código de Derecho Canónico presume a partir de los siete años cumplidos (cánones 97 y 914). Para un niño, el examen tiene que ser corto, concreto y lleno de confianza: Jesús es su amigo y le gusta perdonar.
Lee las preguntas con él, despacio, y deja que conteste en su corazón:
- ¿Hablé con Jesús al despertarme y antes de dormir?
- ¿Obedecí a mi papá, a mi mamá y a mis maestros, o hice berrinche o pataleta y contesté mal?
- ¿Me peleé, le pegué o le dije groserías a mi hermano, a mi hermana o a mis compañeros?
- ¿Dije mentiras para que no me regañaran?
- ¿Agarré algo que no era mío sin pedir permiso?
- ¿Dejé solo a un compañero o me burlé de él para que los demás se rieran?
- ¿Me enojé con alguien y no quise hacer las paces?
- ¿Me puse a jugar o a distraer a otros en la Misa o a la hora de rezar?
Para papás y catequistas. Ayúdale a recordar, pero no le hagas la lista, y después no le preguntes qué le dijo al sacerdote: eso queda entre él y Dios. Háblale de la confesión como de un abrazo, nunca como de un castigo. Y, si puedes, que te vea a ti también ir a confesarte.
Cómo confesarse: qué decir, del saludo a la absolución
3 min de lectura
Los cinco pasos para una buena confesión. Son los que enseña el catecismo de toda la vida: revisa tu vida con el examen de conciencia; arrepiéntete de corazón, que es el dolor de los pecados; decide cambiar con la ayuda de Dios, que es el propósito de enmienda; di tus pecados al sacerdote; y cumple la penitencia que te ponga. Esta página te acompaña en los cinco.
La confesión sigue siempre el mismo orden: el sacerdote te recibe y te bendice, puede leer una palabra de Dios, dices tus pecados, recibes la penitencia, expresas tu arrepentimiento y recibes la absolución (CIC 1480). Es una conversación breve y el sacerdote te va guiando.
El saludo. En México y en otros países de habla hispana se conserva el saludo de siempre: «Ave María Purísima», al que se responde «Sin pecado concebida». Quién lo dice primero cambia según el lugar: en la guía de Desde la Fe, la revista de la Arquidiócesis de México, saluda el sacerdote y responde el penitente; en otras partes empieza el penitente. Si nadie lo dice, haz la señal de la cruz y empieza con sencillez: «Padre, me quiero confesar».
Cuánto tiempo hace. Dile cuándo fue tu última confesión, aunque sea más o menos: «hace como dos años», «desde mi Primera Comunión». Si te ayuda, dile también tu situación: casado, soltero, viudo, estudiante.
Tus pecados. Empieza por lo que más te pesa. Di qué hiciste y, en los pecados graves, cuántas veces más o menos: «unas tres veces», «casi cada semana». No hace falta contar toda la historia, ni dar más detalles que los necesarios para que el sacerdote entienda qué fue, ni hablar de lo que hicieron otros. Si te trabas, dilo tal cual: «Padre, me da vergüenza decir esto, pero…». Al terminar, avísale: «Eso es todo, padre».
El consejo y la penitencia. El sacerdote puede darte un consejo y te pone una penitencia: una oración, una lectura, una obra de caridad. Si no le entendiste, pregúntale.
El arrepentimiento. Te invita a expresar tu arrepentimiento: reza el acto de contrición que sepas. La guía de Desde la Fe menciona también el «Yo pecador» como una forma de acto de contrición. Si no recuerdas ninguna oración, dile con tus palabras que te arrepientes y que quieres cambiar.
La absolución. Después, el sacerdote reza la absolución: pide que Dios, Padre misericordioso, te conceda el perdón y la paz por el ministerio de la Iglesia, y te absuelve de tus pecados invocando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo (CIC 1449). Respondes «Amén» y él te despide en paz.
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Después de confesarte: la penitencia, la paz y los escrúpulos
2 min de lecturaSi es una oración, rézala antes de salir de la iglesia.
Cumple la penitencia pronto. Si es una oración, rézala antes de salir de la iglesia. Si se te olvidó cuál era, no te angusties: díselo al sacerdote en tu siguiente confesión. Y si tu pecado dañó a alguien, la absolución te perdona, pero la justicia pide reparar lo que se pueda, como devolver lo robado o limpiar la fama de alguien de quien hablaste mal (CIC 1459).
Quédate con la paz. A quien se confiesa con el corazón arrepentido, dice el Catecismo, le siguen “la paz y la tranquilidad de la conciencia” (CIC 1468). Lo que confesaste está perdonado de verdad: no hace falta volver a confesarlo ni darle vueltas al pasado. Dale gracias a Dios con un Padre nuestro o con una oración de agradecimiento.
Cuando la culpa no se va. A algunas personas les pasa: salen de confesarse y siguen inquietas, creen que no lo dijeron bien, vuelven a confesar lo que ya se les perdonó o les da miedo comulgar. Eso tiene nombre, escrúpulos, y es más común de lo que parece. No es santidad ni falta de fe: es una carga que necesita cuidado. Suele ayudar tener un confesor fijo y hacerle caso, aunque la angustia diga lo contrario. Si la ansiedad se apodera de tus días, un sacerdote y también un profesional de la salud pueden ayudarte, y buscar a los dos no es desconfiar de Dios. El papa Francisco lo escribió así: “Dios no se cansa nunca de perdonar” (Evangelii gaudium, 3).
En la app de AngelGuard, el examen de conciencia es guiado en audio, para rezarlo con audífonos o auriculares la noche antes de confesarte. Es parte de la suscripción, que puedes probar 7 días gratis y cancelar cuando quieras.
El examen de conciencia de cada noche
1 min de lecturaHay también un examen de conciencia diario, más breve, que no prepara una confesión: le entrega el día a Dios antes de dormir.
Hay también un examen de conciencia diario, más breve, que no prepara una confesión: le entrega el día a Dios antes de dormir. El Catecismo lo cuenta entre las formas de conversión de la vida cotidiana (CIC 1435). Cómo hacerlo en cinco minutos, paso a paso, está en la oración de la noche. Quien se examina cada noche llega a la confesión con la memoria y el corazón más preparados.
Preguntas
¿Cuáles son los pecados mortales?
No hay una lista cerrada. Un pecado es mortal cuando se juntan tres condiciones: materia grave, pleno conocimiento y consentimiento deliberado (CIC 1857). El Catecismo pone ejemplos de materia grave tomados de los mandamientos, como el asesinato, el adulterio, el robo y el falso testimonio (CIC 1858), y menciona también la blasfemia y el perjurio (CIC 1856). No los confundas con los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza no son “los pecados mortales”, sino las raíces de donde salen otros pecados, graves o leves (CIC 1866).
¿Tengo que confesar los pecados veniales?
No es obligatorio: la obligación es confesar todos los pecados graves de los que tengas conciencia después de examinarte bien (Código de Derecho Canónico, canon 988). Pero la Iglesia recomienda mucho confesar también los veniales, porque confesarse con frecuencia forma la conciencia y ayuda a vencer las caídas de siempre (CIC 1458). Fuera de la confesión, los pecados veniales se perdonan con el arrepentimiento sincero y también con la Eucaristía (CIC 1394).
¿Qué pasa si se me olvida un pecado al confesarme?
Tu confesión es válida y ese pecado también quedó perdonado. El Catecismo, citando al Concilio de Trento, enseña que, si dices con sinceridad todo lo que recuerdas, todos tus pecados quedan ante la misericordia de Dios, también los olvidados (CIC 1456). Si lo que olvidaste era grave, dilo en tu próxima confesión, con sencillez: «La vez pasada se me olvidó decir…» (canon 988). No tienes que repetir la confesión anterior. Otra cosa es callar a propósito un pecado grave por vergüenza: entonces esa confesión no te trae el perdón (CIC 1456). Lo que toca es sencillo: volver, decirle al sacerdote que callaste un pecado y contarlo todo; él te ayuda a rehacer lo que haga falta, sin espantarse.
¿Puedo comulgar si hace mucho que no me confieso?
Depende de si tienes conciencia de un pecado grave, no del tiempo. Quien sabe que está en pecado grave debe confesarse antes de comulgar, salvo que haya un motivo grave y no tenga cómo confesarse; en ese caso hace un acto de contrición perfecta y se confiesa en cuanto pueda (CIC 1457; canon 916). Los pecados veniales no impiden comulgar. Además, la Iglesia pide confesar cada año, como mínimo, los pecados graves (CIC 2042; canon 989). Si quieres crecer en la fe, te conviene confesarte más seguido, por ejemplo cada mes.
¿Cómo me confieso si hace muchos años que no lo hago?
Tal como estás. Díselo al sacerdote desde el principio: «Padre, hace muchos años que no me confieso y necesito que me ayude». Él te va a guiar con preguntas sencillas. No tienes que acordarte de cada detalle: di los pecados graves que recuerdes y, si no sabes cuántas veces, basta con un aproximado. Si tu vida hoy tiene una situación difícil de resolver, como una segunda unión, ve de todas formas y háblalo con el sacerdote: él te ayuda a ver el camino. Si te da mucho miedo, pídele al sacerdote un horario con calma, fuera de la fila. El papa Francisco les recordó a los sacerdotes que “el confesionario no debe ser una sala de torturas”: es el lugar donde la misericordia de Dios te espera (<em>Evangelii gaudium</em>, 44).
¿Puedo llevar mis pecados anotados en el celular?
Sí. Llevar unas palabras clave escritas para no quedarte en blanco no le quita nada a la confesión. Anota lo indispensable, de forma que solo tú lo entiendas, y bórralo o rompe el papel al terminar. Si usas el celular, ponlo en modo avión mientras te confiesas.
¿El sacerdote le puede contar a alguien lo que le confesé?
No. Todo sacerdote que confiesa debe callar para siempre lo que escuchó, bajo penas muy severas, y tampoco puede usar lo que supo en la confesión (CIC 1467). Se llama sigilo sacramental y no admite excepciones: ni ante tu familia, ni ante la policía, ni ante nadie.


