Oración al Sagrado Corazón de Jesús

Oración

Oración al Sagrado Corazón de Jesús: la consagración de Santa Margarita María

La consagración al Sagrado Corazón de Jesús de Santa Margarita María, frase por frase, la entronización en el hogar, los primeros viernes, junio y oraciones cortas para cada día

La oración al Sagrado Corazón de Jesús más conocida es la consagración que escribió Santa Margarita María Alacoque: con ella te entregas por entero, con tu vida, tus penas y tus alegrías, al amor de Cristo, representado en su Corazón traspasado. La Iglesia considera la consagración personal la principal práctica de esta devoción. En AngelGuard la tienes completa y explicada frase por frase, con la entronización del Sagrado Corazón en el hogar, los primeros viernes de mes y oraciones cortas para cada día.

Yo, N., me doy y me consagro al Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo,

con mi persona y mi vida, mis acciones, penas y sufrimientos,

para no querer servirme ya de ninguna parte de mi ser

sino para honrarlo, amarlo y glorificarlo.

Esta es mi voluntad irrevocable:

pertenecerle por completo y hacerlo todo por su amor,

renunciando de todo corazón a cuanto pudiera desagradarle.

Te tomo, pues, oh Sagrado Corazón,

como el único objeto de mi amor,

el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación,

el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia,

el reparador de todas las faltas de mi vida

y mi refugio seguro en la hora de mi muerte.

Sé, pues, oh Corazón de bondad, mi justificación ante Dios, tu Padre,

y aparta de mí los dardos de su justa ira.

Oh Corazón de amor, pongo toda mi confianza en ti,

porque de mi malicia y de mi debilidad lo temo todo,

pero de tu bondad lo espero todo.

Consume, pues, en mí todo lo que pueda desagradarte o resistirte.

Que tu amor puro se grabe tan hondo en mi corazón

que nunca pueda olvidarte ni separarme de ti.

Te suplico, por toda tu bondad, que mi nombre quede escrito en ti,

porque quiero poner toda mi felicidad y toda mi gloria

en vivir y morir como quien te pertenece por entero.

Amén.

Traducción AngelGuard de la consagración al Sagrado Corazón de Santa Margarita María Alacoque, sobre el texto francés que publica el Santuario del Sagrado Corazón de Paray-le-Monial.

Profundizar

La consagración al Sagrado Corazón de Santa Margarita María, frase por frase

3 min de lecturaLa oración de arriba es la consagración que escribió Santa Margarita María Alacoque, la religiosa a la que Jesús mostró su Corazón en Paray-le-Monial, Francia, entre 1673 y 1675.

La oración de arriba es la consagración que escribió Santa Margarita María Alacoque, la religiosa a la que Jesús mostró su Corazón en Paray-le-Monial, Francia, entre 1673 y 1675. Ella misma la copiaba a mano y la mandaba a otras religiosas junto con estampas del Sagrado Corazón; una de esas copias acompañó un envío de estampas del 15 de septiembre de 1686, y ese mismo año se imprimió por primera vez, en Dijon. Desde entonces se reza en todo el mundo. Aquí la tienes en una traducción de AngelGuard hecha sobre el texto francés de la santa.

“Yo, N., me doy y me consagro”. Consagrarse es entregarse a Dios por completo, como quien firma con su nombre. Por eso empieza con el tuyo. No es un trámite: el papa Pío XI la llamó “la piadosa y memorable consagración con que nos ofrecemos al Corazón divino de Jesús, con todas nuestras cosas” (Miserentissimus Redemptor, n. 4).

“Mis acciones, penas y sufrimientos”. No se entrega solo lo bueno. Lo que duele también se pone en sus manos, y deja de ser un peso sin sentido para unirse al de Cristo. Es el mismo espíritu del Ofrecimiento de la mañana que rezan millones de católicos.

“Te tomo, pues, oh Sagrado Corazón, como el único objeto de mi amor”. Aquí la oración cambia de tono: deja de hablar de Jesús y le habla a Él, de tú a tú. Le da siete nombres: objeto de mi amor, protector de mi vida, seguridad de mi salvación, remedio de mi fragilidad, reparador de mis faltas, refugio en la hora de la muerte y justificación ante el Padre. Cada uno se puede rezar despacio, como una letanía.

“Aparta de mí los dardos de su justa ira”. Es lenguaje de su siglo, y puede asustar a quien llega cargando culpas. Léelo así: no rezamos para calmar a un Dios enojado, sino para escondernos en el Corazón que ya cargó con nuestros pecados. Lo que esta frase confiesa es que Jesús es nuestra justificación: por su Corazón traspasado, el Padre nos perdona y nos hace nuevos.

“De mi malicia y de mi debilidad lo temo todo, pero de tu bondad lo espero todo”. Es quizá la línea más consoladora. No te pide que te sientas fuerte. Te pide que mires tu fragilidad sin miedo, porque la esperanza no está puesta en ti.

“Como quien te pertenece por entero”. La santa escribió “en calidad de tu esclava”: así se decía entonces el amor que no se guarda nada. Lo hemos traducido de modo que la oración la pueda rezar igual un hombre que una mujer, sin cambiar lo que dice: ser enteramente de Cristo.

¿Quién fue Santa Margarita María Alacoque?

2 min de lecturaSanta Margarita María Alacoque fue una religiosa francesa de la Orden de la Visitación, a quien Jesús mostró su Corazón en el monasterio de Paray-le-Monial entre 1673 y 1675.

Santa Margarita María Alacoque fue una religiosa francesa de la Orden de la Visitación, a quien Jesús mostró su Corazón en el monasterio de Paray-le-Monial entre 1673 y 1675. Por ella se difundió en todo el mundo la devoción al Sagrado Corazón tal como hoy la conocemos. La Iglesia la recuerda el 16 de octubre.

Nació el 22 de julio de 1647 en L’Hautecour, en Borgoña, y entró en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial en 1671, según la bula de su canonización. Allí, como cuenta el papa Francisco, “narró importantes apariciones entre finales de diciembre de 1673 y junio de 1675” (Dilexit nos, n. 119). Lo esencial de todas ellas cabe en las palabras que escuchó: «He ahí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor» (citado en Dilexit nos, n. 121).

No fue fácil: sus revelaciones encontraron dudas y oposición, y su gran apoyo fue el jesuita San Claudio de La Colombière, su director espiritual, que se convirtió en “su defensor y divulgador” (Dilexit nos, n. 125). Murió el 17 de octubre de 1690. Pío IX la beatificó en 1864 y Benedicto XV la canonizó el 13 de mayo de 1920.

La devoción, en realidad, es más antigua que ella. Nace del costado abierto de Cristo en la cruz, que el Evangelio cuenta así: «uno de los soldados con la lanza le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua» (Jn 19,34, en la traducción de Félix Torres Amat, Nuevo Testamento, tomo I, Madrid, 1823, p. 277). El Catecismo explica que Jesús “nos ha amado a todos con un corazón humano”, y que por eso su Corazón traspasado es “el principal indicador y símbolo” de su amor (CIC 478). Pío XII lo dijo con claridad: no puede decirse que este culto “deba su origen a revelaciones privadas” (Haurietis aquas, n. 26).

Por eso el papa Francisco recuerda que nadie está obligado a creer las visiones de los santos “como si fuera la Palabra de Dios”, aunque son “bellos estímulos” que pueden hacer mucho bien (Dilexit nos, n. 83). Lo que sí nos pide a todos es lo central: dejarnos amar por Cristo y responderle con amor.

La entronización del Sagrado Corazón en el hogar

4 min de lecturaLa entronización del Sagrado Corazón es la consagración de una familia a Cristo delante de su imagen, que se coloca en un lugar de honor de la casa como señal de que Él reina en ese hogar.

La entronización del Sagrado Corazón es la consagración de una familia a Cristo delante de su imagen, que se coloca en un lugar de honor de la casa como señal de que Él reina en ese hogar. Es una de las devociones más queridas de América Latina: en Colombia, en México y en tantos países, la imagen del Sagrado Corazón preside la sala de muchas casas, a veces con una vela o una lamparita encendida.

Quien la extendió por el mundo fue un sacerdote peruano, el P. Mateo Crawley-Boevey, de la Congregación de los Sagrados Corazones, nacido en Arequipa en 1875. En 1907, enfermo y agotado, rezó en la capilla de las apariciones de Paray-le-Monial y salió decidido a llevar el Sagrado Corazón a cada hogar. Hizo la primera entronización en Chile en 1908 y dedicó el resto de su vida a esa misión, hasta su muerte en 1960. En 1915 el papa Benedicto XV le escribió para alabar su obra, hecha para que, puesta la imagen del Sagrado Corazón en el lugar más digno de la casa, como en un trono, se viera a Cristo reinar de verdad dentro de los hogares católicos (carta Libenter tuas).

La Iglesia la cuenta entre las formas de esta devoción “explícitamente aprobadas y recomendadas” por la Santa Sede: “la consagración de la familia”, por la que el hogar se entrega al Señor “para que reine en el corazón de cada uno de sus miembros” (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 171). Y concede indulgencia plenaria, con las condiciones de costumbre, a los miembros de la familia el día en que se consagran por primera vez al Sagrado Corazón rezando ante su imagen una oración aprobada por la Iglesia, si es posible con un sacerdote o un diácono; en el aniversario, la indulgencia es parcial (Enchiridion indulgentiarum, 1999, concesión 1).

Cómo hacerla en casa. Busca una imagen o un cuadro del Sagrado Corazón y elige el lugar más visible de la casa. Si puedes, pide a tu parroquia que un sacerdote o un diácono venga a bendecir la imagen y a guiar la ceremonia; si no, la familia puede hacerla sola. Reúnanse todos, también los niños, recen un Credo, lean un pasaje del Evangelio, coloquen la imagen y digan juntos una consagración como esta:

Sagrado Corazón de Jesús,

hoy te recibimos en nuestra casa

y te reconocemos como Rey y Amigo de esta familia.

Te consagramos nuestro hogar y a cada uno de nosotros:

N., N. y N.,

los que están aquí, los que viven lejos

y los que ya partieron a tu presencia.

Quédate en nuestras alegrías y en nuestras penas,

en la mesa y en el trabajo, en la salud y en la enfermedad.

Enséñanos a perdonarnos y a querernos como Tú nos quieres.

Que nadie salga de esta casa sin tu bendición

ni vuelva a ella sin encontrar tu paz.

Sagrado Corazón de Jesús, en ti confiamos.

Amén.

Esta consagración familiar es un texto de AngelGuard y no es una de las fórmulas aprobadas que pide la indulgencia; si tu parroquia te da una, usa la de tu parroquia. Después, escriban la fecha y los nombres de la familia detrás del cuadro y renueven la consagración cada año, en el aniversario o en la fiesta del Sagrado Corazón.

Pueblos enteros hicieron lo mismo. Ecuador fue el primer país consagrado al Sagrado Corazón, el 25 de marzo de 1874. Colombia se consagró en 1902, en los últimos meses de la Guerra de los Mil Días, para pedir la paz, y como signo de esa promesa se levantó en Bogotá la iglesia del Voto Nacional; los obispos colombianos siguen renovando esa consagración cada año. México fue consagrado el 11 de enero de 1914 en la Catedral Metropolitana. Lo que un país hace en su catedral, una familia lo hace en su sala.

Los primeros viernes de mes y la gran promesa

3 min de lecturaLos primeros viernes de mes son la costumbre de confesarse y comulgar el primer viernes de cada mes en honor del Sagrado Corazón.

Los primeros viernes de mes son la costumbre de confesarse y comulgar el primer viernes de cada mes en honor del Sagrado Corazón. Quien lo hace nueve meses seguidos cumple los “nueve primeros viernes”, que nacen de una promesa que Santa Margarita María dijo haber recibido de Jesús.

Benedicto XV recogió esa promesa en la bula de su canonización. Traducida del latín, dice así: «Te prometo, en la misericordia desbordante de mi Corazón, que a quienes comulguen el primer viernes de cada mes durante nueve meses seguidos, el amor todopoderoso de mi Corazón les concederá la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia ni sin recibir los sacramentos, y en aquellos últimos momentos mi Corazón será para ellos un refugio seguro» (bula Ecclesiae consuetudo, 1920; traducción AngelGuard).

El papa Francisco explica por qué esta práctica hizo tanto bien: en una época en que mucha gente dejaba de comulgar porque “no confiaba en el perdón divino”, los primeros viernes ayudaron “a reconocer en la Eucaristía el amor gratuito y cercano del Corazón de Cristo”. Y añade que hoy también haría mucho bien, en medio de “los teléfonos y las redes sociales” (Dilexit nos, n. 84).

La Iglesia pide vivirla bien. El Directorio sobre la piedad popular advierte que no se debe poner en ella “una confianza que se convierta en una vana credulidad” que olvide la fe que obra y una vida conforme al Evangelio (n. 171). Los nueve viernes no son un boleto: son nueve encuentros con Cristo que van cambiando el corazón. Para comulgar hay que estar en gracia de Dios, y quien tiene conciencia de un pecado grave debe confesarse antes (CIC 1415).

Seguramente has visto circular “las doce promesas del Sagrado Corazón”. Son frases tomadas de las cartas de la santa, pero la lista numerada no la escribió ella: se armó en el siglo XIX y se difundió en estampas por todo el mundo. Puedes leerlas con cariño, como un resumen de lo que Jesús quiere dar. Lo que no debes hacer es angustiarte si un mes se te pasó el viernes: Jesús no lleva la cuenta para cerrarte la puerta. Empieza de nuevo. Y si alguien que amas murió de repente, sin alcanzar a recibir los sacramentos, esta promesa no te quita la esperanza: dice lo que el Corazón de Jesús quiere dar a quienes lo buscan, no le pone límites a su misericordia. A ese Corazón puedes confiarle a tu ser querido.

Junio, el mes del Sagrado Corazón, y su fiesta

2 min de lecturaLa Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús el viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés (Directorio sobre la piedad popular, n.

La Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús el viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés (Directorio sobre la piedad popular, n. 166), y dedica todo el mes de junio a esta devoción. En 2027 la solemnidad cae el viernes 4 de junio, y en Colombia el lunes siguiente es día festivo.

La fiesta tiene historia. Pío IX la extendió a toda la Iglesia por un decreto del 23 de agosto de 1856, como recuerda Pío XII en Haurietis aquas (n. 27). León XIII consagró todo el género humano al Sagrado Corazón el 11 de junio de 1899, como había anunciado en la encíclica Annum sacrum. Pío XII le dedicó en 1956, en el centenario de la fiesta, la encíclica Haurietis aquas, y el papa Francisco le dedicó la suya, Dilexit nos (“Nos amó”), el 24 de octubre de 2024.

El mes de junio se vive de muchas maneras: rezando cada día la consagración o una oración corta delante de la imagen, rezando en familia las Letanías del Sagrado Corazón, que la Iglesia aprobó para todos sus fieles, haciendo una hora santa los jueves, o renovando la entronización en la casa. El papa Francisco recuerda que nadie está obligado a hacer una hora de adoración los jueves, y enseguida pregunta: «Pero, ¿cómo no recomendarla?» (Dilexit nos, n. 85).

Oraciones cortas al Sagrado Corazón para cada día

2 min de lecturaLa oración corta más rezada es la jaculatoria «Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío», que muchas abuelas latinoamericanas aprendieron en la forma antigua: «Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío».

La oración corta más rezada es la jaculatoria «Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío», que muchas abuelas latinoamericanas aprendieron en la forma antigua: «Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío». La Iglesia la cuenta, en latín (Cor Iesu, in te confido), entre las invocaciones de uso común en su libro de indulgencias. Otra igual de antigua nace de las palabras en que Jesús se presenta a sí mismo como manso y humilde de corazón (cf. Mt 11,29): «Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo».

Se pueden decir en cualquier momento: al salir de casa, al pasar delante de una iglesia, al recibir una mala noticia, antes de dormir. El Catecismo dice que la oración de la Iglesia “venera y honra al Corazón de Jesús” (CIC 2669), y estas jaculatorias son la forma más sencilla de hacerlo.

Si te pesa algo que no puedes resolver, reza también con San Claudio de La Colombière, el confesor de Santa Margarita María. El papa Francisco cita su célebre oración de confianza, que empieza así: «Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de Ti todas las cosas…» (Dilexit nos, n. 126).

Y si quieres una oración de un minuto para cada día, puedes rezar esta:

Sagrado Corazón de Jesús,

Tú conoces lo que hoy llevo dentro,

lo que me alegra y lo que me pesa.

Lo pongo todo en tu Corazón abierto,

que nunca se cierra para nadie.

Dame un corazón manso y humilde como el tuyo,

paciente con los míos y compasivo con todos.

Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.

Amén.

Esta oración es un texto de AngelGuard, para rezarla en un minuto delante de la imagen de tu casa o en el camino. Termina con la jaculatoria de siempre; si la aprendiste en la forma antigua, dila como la aprendiste: «Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío».

¿Cuál es la oración al Sagrado Corazón más poderosa?

2 min de lecturaLa que reza una familia, con fe, delante de la imagen del Sagrado Corazón de su casa.

La que reza una familia, con fe, delante de la imagen del Sagrado Corazón de su casa. Y si hay que escoger una, la Iglesia ya lo hizo: entre todas las prácticas de esta devoción, la consagración personal “es sin duda la principal”, según Pío XI (citado en el Directorio sobre la piedad popular, n. 171). Por eso es la oración que encabeza esta página.

Quizá llegaste aquí buscando una oración al Sagrado Corazón “para casos difíciles”, “para un milagro urgente” o “que nunca falla”. El Corazón de Jesús recibe todos esos casos: no hay ninguno demasiado difícil ni demasiado pequeño para Él. Pero ninguna oración funciona por sus palabras ni por rezarla un número exacto de veces. El Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia de las oraciones “a la sola materialidad” de las palabras, sin las disposiciones del corazón (CIC 2111). Tampoco hace falta publicarla ni mandarla a nadie para que Jesús escuche.

Lo que sí sostiene la oración es la confianza. Por eso la jaculatoria de siempre no dice “hazme este favor”, sino “en ti confío”. Puedes pedirle lo que necesitas, con nombre y apellido, y dejarlo en un Corazón que, como dice la consagración, es “el remedio de mi fragilidad” y “mi refugio seguro”. Lo que Él responda vendrá de ese amor. Y si lo que te pesa es un pecado, el camino más corto a ese Corazón es la Confesión; el acto de contrición te ayuda a prepararla.

Preguntas

¿Cuál es la oración de consagración al Sagrado Corazón de Jesús?

La más conocida es la de Santa Margarita María Alacoque, que empieza “Yo, N., me doy y me consagro al Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo”. Con ella te entregas por entero a Cristo, con tu vida, tus acciones y tus penas. Está completa al principio de esta página.

¿Cuándo es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús?

El viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés, es decir, diecinueve días después de Pentecostés. En 2027 cae el 4 de junio. Todo el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón.

¿Qué son los nueve primeros viernes?

Es la práctica de confesarse y comulgar el primer viernes de nueve meses seguidos en honor del Sagrado Corazón. Nace de la “gran promesa” que recibió Santa Margarita María. La Iglesia la recomienda, pero pide vivirla con fe y conversión, no como una garantía automática (Directorio sobre la piedad popular, n. 171).

¿Cómo se hace la entronización del Sagrado Corazón en la casa?

Se coloca una imagen del Sagrado Corazón en un lugar de honor de la casa y la familia reunida se consagra a Él con una oración. Si es posible, la guía un sacerdote o un diácono, que bendice la imagen. Se renueva cada año en el aniversario.

¿Hay una oracion al sagrado corazon de jesus que nunca falla?

Ninguna oración funciona como una fórmula ni obliga a Dios: el Catecismo pide no atribuir su eficacia solo a las palabras (CIC 2111). Pero ninguna oración hecha con confianza se pierde: puedes presentarle al Sagrado Corazón cualquier necesidad, por difícil que sea, y dejar la respuesta en sus manos.