Oración por mi esposo

Oración

Oración por mi esposo: para ponerlo cada noche en manos de Dios

La oración por mi esposo pone en manos de Dios al hombre con quien te casaste: su salud, su trabajo y su fe.

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Así la reza la app: por el esposo a tu lado y por el que aún esperas. Donde dice «esta persona», di su nombre.

Señor, te presento esta noche a la persona que duerme a mi lado, o a la persona que quisiera tener a mi lado y todavía no llega.

Aprendí su respiración de tanto oírla en la oscuridad, y aun así no puedo entrar donde está esa persona: entra Tú.

En mi lecho eché de menos por la noche al que ama mi alma, dice el Cantar de los Cantares, y esta noche lo entiendo.

Cuida su cuerpo mientras duerme.

Sana lo que se pueda sanar, cuídale la salud, y si hay algo formándose en secreto, deténlo Tú, que yo no alcanzo ni a verlo.

Cuida su cabeza: las preocupaciones que se llevó a la cama, levántalas; lo que no me contó, Tú lo sabes, y no te lo pido para saberlo yo; el miedo que no admite por sentirse fuerte, cúbrelo Tú con Tu consuelo.

Cuida lo que hay entre los dos.

El matrimonio es difícil y la vida es difícil, y a veces nos herimos sin querer.

Si hoy herí a esta persona con una palabra, con un gesto o con no hacer nada, perdóname a mí primero.

Y si esta persona me hirió, concédeme la gracia de perdonar esta noche lo que se pueda perdonar esta noche; no me pidas decir que no pasó nada, solo no me dejes dormir armando la respuesta.

Que no se ponga el sol sobre nuestro enojo.

Fortalece lo que nos une, y que ninguna fuerza, ningún malentendido, ninguna tentación ni nada de afuera se meta entre lo que Tú has juntado.

Cuida su fe, que no la manejo yo: si está dudando, encuéntrala ahí; si está creciendo, avívala.

Bendice esta casa y haz de ella un lugar de paz.

Y si esta casa dejó de ser un lugar seguro, no me dejes confundir el aguante con la virtud: concédeme el valor de contárselo mañana a alguien de afuera.

Yo no puedo cambiar a nadie, Señor, y no vengo a pedirte que lo hagas por encargo mío; vengo a pedirte que estés donde yo no llego.

Quiero a esta persona más de lo que se me nota.

Esta noche, mientras duerme, quiérela Tú a través de mí, y mañana déjame quererla mejor que hoy.

En el nombre de Jesús.

Amén.

Texto AngelGuard: la oración por el esposo o por la esposa que se escucha en la app AngelGuard; el verso del Cantar de los Cantares (Cant 3,1) es de la traducción de Torres Amat.

Una oración corta: «Señor Jesús, te entrego a mi esposo. Acompáñalo hoy en el trabajo y tráelo con bien a la casa. Cuida su salud, guarda su corazón y que crezca en la fe. Amén.» Se reza por su bien y por el amor entre los dos, sin pedirle a Dios que lo cambie a tu gusto. En AngelGuard tienes la oración completa de la noche, que también puedes escuchar en la app y que un esposo puede rezar igual por su esposa, la oración de Tobías y Sara y qué hacer cuando hay crisis o miedo en casa.

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La oración por mi esposo, frase por frase

3 min de lecturaLa oración del inicio de esta página es una oración de la noche.

La oración del inicio de esta página es una oración de la noche. Se reza por la persona que duerme a tu lado, sin despertarla, o por quien todavía no llega a tu vida. A propósito no dice «esposo» ni «esposa»: la puede rezar la mujer por su marido o el marido por su mujer. Si quieres, donde dice «esta persona», di su nombre.

«Aprendí su respiración… entra Tú». Después de años de casados, a veces lo único que te llega del otro en la noche es cómo respira. Hay lugares de su corazón a los que no puedes entrar, por más que lo quieras. Rezar por él es pedirle a Dios que entre ahí. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) llama a esto intercesión: pedir por otro es «lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios» (CIC 2635).

«En mi lecho eché de menos por la noche al que ama mi alma». Es el Cantar de los Cantares (Cant 3,1), en la traducción de Félix Torres Amat. La Biblia tiene un libro entero dedicado al amor de los esposos, y en ese capítulo es la esposa la que no puede dormir y busca de noche a quien ama. Torres Amat le pone un título que dice mucho: «Desvelos de una alma que busca a su esposo Jesucristo». El amor humano y el amor de Dios se parecen, y uno lleva al otro.

«Perdóname a mí primero». La oración empieza el perdón por casa: primero lo que yo hice, después lo que me hicieron. Y le pone hora, como aconseja San Pablo: que el sol no se ponga mientras seguimos enojados (cf. Ef 4,26). El papa Francisco lo decía así: «nunca hay que terminar el día sin hacer las paces en la familia» (Amoris laetitia, 104). Pero perdonar no es fingir: «no me pidas decir que no pasó nada».

«Lo que Tú has juntado». Es el verbo de Jesús en el Evangelio: «No separe pues el hombre lo que Dios ha juntado» (Mc 10,9, en Torres Amat). Tu matrimonio no lo sostienen solo ustedes dos.

«Cuida su fe, que no la manejo yo». Nadie puede creer por otro, y la fe de tu esposo es, al final, un asunto entre él y Dios. Pero tu parte cuenta: San Pablo dice que el esposo que no cree queda santificado por su esposa creyente (cf. 1 Cor 7,14). Puedes rezar, dar ejemplo e invitar.

«No me dejes confundir el aguante con la virtud». Es la línea más importante para quien tiene miedo en su propia casa. Aguantar malos tratos no es santidad. La oración dice «mañana» porque se reza de noche; si el peligro es esta misma noche, no esperes: busca ya a alguien que te pueda proteger. Y si vives con miedo en casa, lee el apartado «Si tienes miedo de tu esposo», en esta misma página.

«Yo no puedo cambiar a nadie, Señor». Esta oración no busca que el otro haga lo que tú quieres. El papa Francisco lo dice sin rodeos: «nunca es posible superar una crisis esperando que sólo cambie el otro» (Amoris laetitia, 240). Le pedimos a Dios que esté donde nosotros no llegamos, y que nos enseñe a querer mejor mañana.

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Oración por mi esposo en la mañana: por su trabajo, su salud y su fe

2 min de lecturaCasi todas las esposas que rezan por su esposo piden lo mismo: que regrese con bien, que le vaya bien en el trabajo, que tenga salud, que no se aleje de Dios y que no se alejen el uno del otro.

Casi todas las esposas que rezan por su esposo piden lo mismo: que regrese con bien, que le vaya bien en el trabajo, que tenga salud, que no se aleje de Dios y que no se alejen el uno del otro. No es poca cosa: de eso está hecha la vida. Pídelo con su nombre y con detalle. No solo «bendice a mi esposo», sino la junta del jueves, el dolor de espalda, el hermano con el que no se habla, el trabajo que ya no aguanta. Dios ya lo sabe; decírselo es la manera de entregárselo.

Dale gracias por él también, con cosas concretas, y seguido. Y si alguna vez tu oración se vuelve una lista de lo que quieres que él cambie, date cuenta y dale la vuelta: pide lo que es bueno para él, y pregúntale a Dios qué tiene que cambiar en ti.

Para rezar en la mañana, cuando él sale de la casa, aunque sea en silencio:

Señor Jesús, te entrego a mi esposo.

Acompáñalo hoy en el camino y en el trabajo,

y tráelo de regreso con bien a la casa.

Bendice lo que haga con sus manos

y dale fuerzas cuando se sienta cansado.

Cuida su salud

y guarda su corazón de todo lo que lo aleje de Ti y de nosotros.

Que crezca en la fe,

y que yo sepa quererlo con paciencia.

San José, cuídalo.

Amén.

Esta oración es un texto nuestro. Si eres el esposo, cámbiala a «mi esposa» y «cuídala». Para cuando sale de viaje o maneja de noche, muchas familias rezan el Salmo 121, y para encomendarlo a quien cuidó de la Sagrada Familia, la oración a San José, esposo de la Virgen María.

Lo que enseña la Iglesia sobre el matrimonio: Efesios 5 y la gracia del sacramento

3 min de lecturaPara la Iglesia, el matrimonio entre dos bautizados no es solo un contrato ni solo un sentimiento: Cristo lo elevó «a la dignidad de sacramento entre bautizados» (CIC 1601).

Para la Iglesia, el matrimonio entre dos bautizados no es solo un contrato ni solo un sentimiento: Cristo lo elevó «a la dignidad de sacramento entre bautizados» (CIC 1601). Eso quiere decir que Dios mismo está metido en tu matrimonio y le da una gracia propia, «destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges», y por medio de ella los esposos «se ayudan mutuamente a santificarse» (CIC 1641).

Una gracia para levantarse. El Catecismo dice que Cristo se queda con los esposos y les da la fuerza «de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente» (CIC 1642). No promete un matrimonio sin caídas. Promete que no se levantan solos.

Si solo están casados por el civil, o viven juntos sin casarse. Esta oración también es para ti: Dios escucha a quien reza por la persona que ama. Y si un día quieren recibir el sacramento, en tu parroquia te ayudan a prepararlo, aunque lleven años juntos.

Efesios 5, leído como lo lee la Iglesia. Es el texto de San Pablo que más se cita sobre el matrimonio, y también el que más se ha usado mal. Empieza así: «subordinados unos a otros por el santo temor de Cristo» (Ef 5,21), es decir, el uno al otro, los dos. Luego vienen tres versículos que algunos usan contra las esposas (Ef 5,22-24). Dicen: «Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor», y llaman al marido «cabeza» de la mujer. El papa Francisco pide «evitar toda interpretación inadecuada» de ese texto: San Pablo habla con el lenguaje de su época, y lo que hay que recibir es el mensaje del pasaje entero. Francisco lo resume citando a San Juan Pablo II: es una «recíproca donación, que es también una mutua sumisión» (Amoris laetitia, 156). Por eso a los maridos San Pablo les pide lo más difícil: «Vosotros, maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su Iglesia y se sacrificó por ella» (Ef 5,25). En Mulieris dignitatem, su carta de 1988 sobre la mujer, el mismo Juan Pablo II explica que entre los esposos la «sumisión» «no es unilateral, sino recíproca» (n. 24). El marido es «cabeza» como Cristo lo es de la Iglesia: para entregarse por ella, no para dominarla. Nadie que use este texto para humillar o controlar a su esposa lo está leyendo como lo lee la Iglesia.

Un misterio grande. San Pablo termina diciendo: «Sacramento es este grande; mas yo hablo con respecto a Cristo y a la Iglesia» (Ef 5,32). El amor de dos esposos que se cuidan, se perdonan y se vuelven a escoger cada día es una imagen del amor de Cristo. El Catecismo reconoce que atarse a otra persona para toda la vida puede parecer difícil, y hasta imposible; por eso anuncia que Dios ama con un amor definitivo y que los esposos participan de ese amor (CIC 1648).

Las citas de la Biblia de esta página son de la traducción de Félix Torres Amat (Madrid, 1823–1825), con la ortografía de hoy.

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La oración de los esposos: Tobías y Sara

2 min de lecturaLa oración de esposos más conocida de la Biblia está en el libro de Tobías.

La oración de esposos más conocida de la Biblia está en el libro de Tobías. La noche de bodas, antes de vivir como esposos, Tobías le dice a su esposa: «Levántate, Sara, y hagamos oración a Dios hoy y mañana, y después de mañana». Tobías bendice a Dios, que creó a Eva como ayuda y compañera de Adán, y Sara termina con una petición que cualquier matrimonio puede hacer suya: «Ten misericordia de nosotros, oh Señor, ten misericordia de nosotros, y haz que ambos a dos lleguemos sanos a la vejez» (Tob 8,4 y 8,10 en Torres Amat, que traduce de la Vulgata latina; en las Biblias de hoy la oración de los esposos es Tob 8,4-8).

La Iglesia propone esta oración entre las lecturas de la Misa de bodas. La historia completa de Tobías y Sara, y de San Rafael que los ayudó a encontrarse, está en la oración a San Rafael Arcángel.

Lo que enseñan Tobías y Sara es sencillo: el matrimonio empieza mejor de rodillas, y vuelve a empezar igual. No hace falta esperar una crisis para rezar juntos. Si nunca lo han hecho, empiecen con unas palabras cortas en la noche, uno al lado del otro:

Señor, aquí estamos los dos, al final del día.

Gracias por lo bueno que nos diste hoy.

Lo que nos dijimos mal, perdónalo, y ayúdanos a perdonarlo.

Cuida a los que duermen en esta casa.

Ten misericordia de nosotros

y déjanos llegar juntos a la vejez.

Amén.

Esta oración es un texto nuestro; las dos últimas líneas hacen eco de la petición de Sara. Si tu esposo o tu esposa no quiere rezar contigo, rézala tú, en voz baja, por los dos: tu oración también cuenta. Un Padre nuestro dicho juntos antes de dormir ya es un buen comienzo.

Oración por mi matrimonio en crisis o cuando mi esposo se alejó de Dios

3 min de lecturaPleitos que se repiten, silencios que pesan, una infidelidad, deudas, la llegada de los hijos, la salida de los hijos, una enfermedad.

Pleitos que se repiten, silencios que pesan, una infidelidad, deudas, la llegada de los hijos, la salida de los hijos, una enfermedad. Hay temporadas en que el otro parece un extraño que duerme en la misma cama. Rezar en esos días no lo arregla todo de golpe, pero te cambia la mirada: ya no es «yo contra ti», sino «los dos delante de Dios».

¿Una oración para que vuelva, para que me ame, para que cambie? Mucha gente busca eso, y hay que decirlo con cariño y con claridad: ninguna oración doblega la voluntad de otra persona. Rezar es pedir el bien del otro, no controlarlo. Los «amarres», las veladoras «preparadas» y los rituales para «atraer» a alguien son magia, aunque usen la imagen de un santo: la Iglesia rechaza toda práctica con la que se pretende «obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo» (CIC 2117), y atribuirle a unas palabras una fuerza mágica es superstición (CIC 2111). Lo que sí puedes pedir: que Dios lo cuide, que le toque el corazón, que los dos tengan la humildad de hablar, y que a ti te dé paz para lo que no depende de ti. Si él se fue de la casa, reza por su bien y por tu paz. La Iglesia no te deja sola: entre quienes más necesitan acompañamiento nombra a los «abandonados» (Amoris laetitia, 242).

Rezar y buscar ayuda. Una cosa no quita la otra. El papa Francisco pide que a los matrimonios se les acompañe también con consejos prácticos y «orientaciones psicológicas» (Amoris laetitia, 211). Acércate al padre de tu parroquia, a la pastoral familiar, a un grupo de matrimonios o a un terapeuta de pareja. Pedir ayuda a tiempo evita muchas heridas. Y si tú también lastimaste, en la Confesión puedes empezar de nuevo.

Cuando tu esposo está lejos de Dios. Santa Mónica esperó durante años, con paciencia, con oración y con el ejemplo de su vida, la conversión de su esposo, Patricio, y su hijo San Agustín cuenta que, ya al final de la vida de su padre, ella lo ganó para Dios (Confesiones, IX, 9). Lo que hay que aprender de ella es la constancia en la oración, no el aguante: si en tu casa hay maltrato, lee el apartado siguiente. Reza por él sin convertir la oración en reclamo, vive tu fe con alegría, invítalo sin presionar, y deja el resto en manos de Dios.

Después de una infidelidad. El perdón es posible y un matrimonio puede volver a nacer, pero perdonar no es hacer como que nada pasó. Lleva tiempo, pide verdad de los dos y casi siempre ayuda de afuera. Para los días en que todo parece perdido, esta oración:

Señor Jesús, nuestro matrimonio está pasando por un tiempo difícil.

Tú sabes lo que pasó y lo que carga cada uno.

No dejes que el orgullo ni el rencor decidan por nosotros.

Danos valor para hablar con la verdad

y humildad para pedir ayuda.

Lo que yo rompí, ayúdame a repararlo;

lo que me rompieron, ayúdame a dejarlo en Tus manos.

Virgen María, que en Caná te diste cuenta de que faltaba el vino,

dile a tu Hijo que a nosotros también nos falta.

Amén.

Esta oración es un texto nuestro; Caná es la boda donde María le dijo a Jesús «no tienen vino» (cf. Jn 2,3). Muchas esposas le rezan también a Santa Rita por un matrimonio herido, o hacen la novena a la Virgen Desatanudos. Para preparar la Confesión, el examen de conciencia ayuda.

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Si tienes miedo de tu esposo

2 min de lecturaRezar por tu esposo nunca te pide quedarte en peligro.

Rezar por tu esposo nunca te pide quedarte en peligro. Golpes, amenazas, humillaciones de todos los días, que te controle el dinero o a quién ves, que te obligue a tener relaciones: nada de eso es una cruz que Dios te pida cargar en silencio. Y tampoco lo es si eres tú el esposo que tiene miedo en su casa.

La Iglesia lo dice con claridad. En Amoris laetitia, el papa Francisco recoge lo que dijeron los obispos del Sínodo: hay casos en que la separación es inevitable, y a veces «puede llegar a ser incluso moralmente necesaria», para proteger de la violencia a la parte más frágil o a los hijos (n. 241). El Catecismo acepta que los esposos se separen físicamente cuando vivir juntos se ha vuelto prácticamente imposible (CIC 1649). Y la Iglesia pide acompañar a quienes «se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge» (Amoris laetitia, 242). Perdonar no es volver al peligro: se puede perdonar de lejos.

Busca ayuda hoy. Si tú o tus hijos corren peligro, cuéntaselo a alguien que te pueda proteger: un familiar o una amiga de confianza, las autoridades de tu ciudad. Habla también con el padre de tu parroquia: la comunidad está para acompañarte, no para pedirte que aguantes. Protegerte a ti y a tus hijos, aunque eso signifique salir de la casa o pedir a las autoridades una orden de protección, no es falta de fe: es cuidar la vida que Dios te dio. Si no sabes cómo empezar, esta oración te puede dar el primer empujón:

Señor, Tú sabes lo que vivo en esta casa,

aunque nadie más lo sepa.

No quiero confundir el miedo con la paciencia.

Cuídame a mí y cuida a mis hijos.

Dame el valor de hablar con alguien hoy

y la claridad para decidir lo que nos proteja.

Lo que no es culpa mía, quítamelo de encima.

Virgen María, quédate conmigo.

Amén.

Esta oración es un texto nuestro. Puedes seguir rezando por tu esposo desde lejos, para que Dios lo sane y lo convierta; rezar por alguien no te obliga a vivir con él. La oración por la familia tiene también una oración por la familia desunida.

Preguntas

¿Cómo rezar por mi esposo según la Biblia?

Con su nombre, con detalle y con gratitud. La Biblia pide rezar por los demás y dar gracias en todo (cf. 1 Tim 2,1; 1 Tes 5,18), y tiene sus propias oraciones de esposos, como la de Tobías y Sara la noche de bodas (Tob 8). Pide por su cuerpo, su trabajo, su fe y el amor entre los dos, como en la oración de esta página. San Pablo pide a los esposos vivir el uno para el otro, como Cristo se entregó por su Iglesia (cf. Ef 5,21-25): rezar por él es una manera de hacerlo.

¿Qué salmo le puedo dedicar a mi esposo?

El Salmo 128 (127 en la numeración antigua) es el salmo de la casa: bendice al que respeta al Señor y vive de su trabajo, y compara a la esposa con una vid fecunda y a los hijos con brotes de olivo alrededor de la mesa (cf. Sal 128,1-3). Para pedir que Dios lo cuide en el camino, muchos rezan el Salmo 121, y para la protección en la noche, el Salmo 91.

¿Cuál es la oración de los esposos?

La más conocida es la de Tobías y Sara en su noche de bodas: bendicen a Dios y le piden misericordia y llegar juntos a la vejez (Tob 8). Una forma corta para rezar juntos antes de dormir: «Señor, aquí estamos los dos, al final del día. Gracias por lo bueno que nos diste hoy. Ten misericordia de nosotros y déjanos llegar juntos a la vejez. Amén.»

¿Hay una oración para que mi esposo cambie o me vuelva a amar?

Ninguna oración obliga a otra persona a cambiar o a amar: el amor es libre, y los amarres y rituales para atraer a alguien son magia que la Iglesia rechaza (Catecismo, n. 2117). Puedes pedirle a Dios que lo cuide, que le toque el corazón y que a los dos les dé humildad para hablar, y pedir también lo que tiene que cambiar en ti. Si hay crisis, pide ayuda a tiempo: al padre de tu parroquia, a la pastoral familiar o a un terapeuta de pareja. Y si te maltrata, no es tu culpa ni se arregla aguantando: ninguna oración te pide quedarte en peligro. Cuéntaselo hoy a alguien que te pueda proteger y pide apoyo en tu parroquia.

¿Qué oración puedo rezar por mi novio?

La oración de esta página la puedes rezar por tu novio: empieza pidiendo por «la persona que quisiera tener a mi lado». Pide por su bien, por su fe y por que los dos sepan si Dios los quiere juntos, sin pedir que se fuerce su corazón. A San Rafael y a San Antonio se les reza mucho por los novios y por quien busca con quién casarse.

¿Puedo rezar esta oración por mi esposa?

Sí. La oración de la noche de esta página no dice «esposo» ni «esposa»: habla de «esta persona», para que la rece una esposa por su esposo o un esposo por su esposa. En la oración de la mañana basta con decir «mi esposa» y «cuídala».

¿A qué santo le rezo por mi esposo?

A San José, esposo de la Virgen María y protector de las familias. Muchas esposas le rezan a Santa Mónica, que esperó durante años, con paciencia y oración, la conversión de su esposo, y a Santa Rita de Casia por los matrimonios difíciles. Los esposos Luis Martin y Celia Guérin, papás de Santa Teresita, fueron canonizados juntos por el papa Francisco el 18 de octubre de 2015.

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