Un hombre arrodillado en la oscuridad, de espaldas y descalzo sobre un suelo de piedra, alza el rostro hacia Cristo, que desciende con los brazos abiertos en una columna de luz dorada.

Oración

Oración de renuncia: cómo renovar las promesas del Bautismo y cerrar una puerta con Cristo

Una oración de renuncia católica renueva, en primera persona, las promesas del Bautismo: renuncio a un pecado concreto y me uno a Cristo

Una oración de renuncia católica es la renovación, en primera persona, de las promesas del Bautismo: delante de Jesucristo renuncias a Satanás y a un pecado concreto de tu propia vida, tres veces, y después te unes a Cristo.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,

por el Bautismo yo te pertenezco,

y hoy renuevo delante de Ti lo que se prometió aquel día:

renuncio a Satanás, a todas sus obras y a todas sus seducciones.

Delante de Ti nombro la puerta que yo abrí (di cuál, con palabras sencillas)

Renuncio a esto.

Renuncio a esto.

Renuncio a esto.

Y lo que sigue no lo hago yo, Señor: te lo pido.

Acoge esta renuncia y mi corazón arrepentido.

Corta Tú el dominio que esto ganó sobre mi vida.

Cierra Tú la puerta que yo abrí.

Llena Tú con tu Espíritu Santo el lugar que quedó vacío.

Toma, Señor, y recibe todo lo que es mío, porque el Señor eres Tú, y no yo.

Perdóname y llévame a una buena confesión.

Y a Ti me uno, Cristo. A Ti solo. Ahora y para siempre.

Y a Ti me uno, Cristo. A Ti solo. Ahora y para siempre.

Y a Ti me uno, Cristo. A Ti solo. Ahora y para siempre.

María, refugio de los pecadores, ruega por mí.

San Miguel Arcángel, defiéndeme en la lucha.

Amén.

Texto AngelGuard: una renovación de las promesas del Bautismo, en primera persona, con peticiones a Jesucristo y la intercesión de la Virgen María y de san Miguel.

Se dirige a Dios, no a los espíritus, y no es un exorcismo, que la Iglesia reserva al sacerdote autorizado por el obispo. Una forma breve es: “Señor Jesús, renuncio a esto que nombro delante de Ti. Cierra Tú la puerta que yo abrí. Y a Ti me uno, Cristo. A Ti solo. Amén.” En esta página de AngelGuard tienes la oración completa, cómo rezarla paso a paso, lo que un laico puede y no puede hacer, y por qué la Confesión es la puerta de regreso.

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Qué es renunciar: las promesas bautismales

2 min de lecturaLa renuncia no la inventaron los predicadores modernos.

La renuncia no la inventaron los predicadores modernos. Está en el centro del Bautismo. El Catecismo recuerda que el Bautismo significa la liberación del pecado y del diablo, y que en él el candidato renuncia expresamente a Satanás antes de profesar la fe (CIC 1237). Por eso toda oración de renuncia católica es, en el fondo, volver a ese día y renovar las promesas bautismales.

El antiguo ritual romano hacía tres preguntas, y a cada una el catecúmeno respondía con una sola palabra: Abrenuntias Satanae? Abrenuntio. Et omnibus operibus eius? Abrenuntio. Et omnibus pompis eius? Abrenuntio. En español: “¿Renuncias a Satanás? Renuncio. ¿Y a todas sus obras? Renuncio. ¿Y a todas sus pompas? Renuncio.” En el rito actual las preguntas cambiaron de forma, no de contenido: renunciar al pecado, a lo que arrastra al mal y a Satanás, y después decir “creo”. Cada año, en la Vigilia Pascual, toda la Iglesia renueva esas promesas.

Dos movimientos, siempre juntos. Los Padres de la Iglesia hablaban de dos gestos. Primero, apartarse: en el siglo IV, san Cirilo de Jerusalén les recordaba a los recién bautizados que, mirando hacia el occidente, habían renunciado a Satanás como si estuviera ahí delante; después se volvían hacia el oriente, hacia Cristo (Catequesis mistagógica I, 2 y 9). En el rito bizantino, todavía hoy, el candidato renuncia tres veces y tres veces declara que se une a Cristo.

Jesús explicó por qué el segundo gesto no puede faltar. En la parábola de la casa barrida y vacía, el espíritu que salió vuelve con otros siete peores, porque encontró el lugar desocupado (Mt 12,43-45). Renunciar sin unirse a Cristo es dejar la casa vacía. Por eso la oración del inicio de la página nunca termina en “renuncio”: termina en “y a Ti me uno, Cristo”.

Lo que un laico puede y lo que no puede hacer

2 min de lecturaLa renuncia de un laico tiene límites claros, y esos límites te protegen.

La renuncia de un laico tiene límites claros, y esos límites te protegen. La enseñanza de AngelGuard sobre la renuncia lo resume así: la primera persona es el límite. Yo renuncio, sobre mi propia vida, a las puertas que yo abrí, y le pido a Dios que actúe.

A qué puedes renunciar, en tu propio nombre:

  • pecados personales que consentiste;
  • prácticas ocultas: lectura de cartas, brujería, amarres, limpias, santería, consultas a espíritus, que el Catecismo trata como pecados contra el primer mandamiento (CIC 2116-2117);
  • costumbres de pecado sexual que aceptaste;
  • costumbres y heridas que vienen de la familia, en lo que tocan tu propia vida (la culpa de los padres no pasa a los hijos, Ez 18,20);
  • palabras dichas contra ti mismo, como “yo no tengo remedio” o “Dios me abandonó”;
  • la falta de perdón, con el nombre de la persona.

Lo que un laico no hace:

  • no les habla a los demonios, no les da órdenes, no los ata, no les pregunta el nombre;
  • no renuncia en lugar de otro adulto: cada uno retira su propio consentimiento;
  • no dirige “sesiones de liberación” sobre otra persona, ni siquiera cuando ella lo pide;
  • no usa el exorcismo de León XIII ni otras fórmulas de exorcismo. En 1985 la Congregación para la Doctrina de la Fe les pidió a los obispos que los fieles no usaran esa fórmula y que personas sin autorización no dirigieran reuniones con oraciones que les hablan directamente a los demonios o intentan saber su nombre (carta Inde ab aliquot annis, 29/09/1985).

Eso no le impide a nadie rezar por los demás. Pedirle a Dios por un hijo, un esposo o una amiga siempre se puede, aunque la persona no lo sepa: mira la oración de protección por ti y por los tuyos. También puedes pedir la bendición de Dios sobre tu propia casa. Lo que no le toca al laico es actuar con autoridad sobre la vida espiritual de otro adulto.

Cómo rezar la oración de renuncia, paso a paso

2 min de lectura

La oración dura pocos minutos. El trabajo más importante viene antes: saber exactamente a qué vas a renunciar.

1. Escoge una sola puerta. Una renuncia vaga no dice nada. “Renuncio al pecado” es demasiado general. “Renuncio a la consulta que hice con una lectora de cartas en 2019” o “renuncio a la pornografía que acepté desde la adolescencia” es concreto. Di qué fue y cuándo, si lo sabes. Hoy una puerta; mañana, si hace falta, otra. Un examen de conciencia te ayuda a encontrarla.

2. Guarda silencio y haz la señal de la cruz. Si tienes agua bendita, úsala. Silencia las notificaciones del celular.

3. Renueva las promesas del Bautismo. Las primeras líneas de la oración le dicen a Jesús de qué lado estás.

4. Nombra la puerta y di tres veces “Renuncio a esto”. Tres veces, como las tres preguntas del Bautismo. No es una fórmula mágica: la repetición ayuda a que la voluntad diga por entero lo que dice la boca. Si puedes, reza en voz alta y despacio.

5. Pídele a Cristo que actúe. La parte central es una petición: “Corta Tú… Cierra Tú… Llena Tú…”. El que corta, cierra y llena es el Señor. Tú no decretas nada: ya renunciaste, y ahora pides.

6. Únete a Cristo tres veces. “Y a Ti me uno, Cristo. A Ti solo. Ahora y para siempre.” No acortes esta parte: es la que llena la casa.

7. Lleva lo mismo a la Confesión. Lo explicamos en la sección siguiente.

Sentir algo o no sentir nada no mide la oración. Lo que cuenta es que le dijiste a Dios, con sinceridad, que dejas aquello y escoges a Cristo. Cuando ya renunciaste a una puerta y la llevaste a la Confesión, no tienes que renunciar a ella una y otra vez por miedo: ya está en manos de Dios. Muchos católicos renuevan la renuncia por la noche, después de repasar el día, junto con la oración de la noche.

La Confesión es la puerta

1 min de lecturaLa oración de renuncia le dice a Dios lo que quieres dejar.

La oración de renuncia le dice a Dios lo que quieres dejar. La Confesión es donde Cristo responde. Por el sacramento de la Penitencia el pecado se perdona y la persona vuelve a la gracia de Dios y a su amistad (CIC 1468). Por eso la oración pide: “llévame a una buena confesión”. La renuncia no reemplaza el sacramento; prepara el camino hacia él.

En la práctica. Si la puerta que nombraste es un pecado grave, por ejemplo una práctica oculta o un pecado sexual consentido, hay que confesarlo (CIC 1457). Si no estás seguro de si fue grave, llévalo de todos modos: el sacerdote te ayuda a discernir. Lleva a la Confesión, esta misma semana, aquello a lo que acabas de renunciar. No tienes que contarle al sacerdote la oración que rezaste: basta con confesar el pecado con sinceridad, con arrepentimiento y propósito de cambiar. El acto de contrición se puede rezar antes de entrar al confesionario.

También los pecados que no son graves se pueden llevar a la Confesión, y la Iglesia lo recomienda (CIC 1458). Quien se confiesa con frecuencia descubre que muchas puertas se cierran ahí, sin ruido, por la misericordia de Dios.

Cuándo buscar a un sacerdote

2 min de lecturaLa oración de renuncia es para el combate espiritual ordinario, el de todo cristiano.

La oración de renuncia es para el combate espiritual ordinario, el de todo cristiano. Si algo no cede, aun después de la renuncia y de la Confesión, o si lo que vives va mucho más allá de la tentación común, busca a un sacerdote católico, de preferencia el de tu parroquia. Él sabe escuchar, discernir y, si hace falta, hablar con el exorcista de la diócesis.

No saques conclusiones por tu cuenta. Haber pecado, haber ido con una lectora de cartas o sentir miedo no quiere decir que estés poseído. La posesión es rara, y quien la discierne es la Iglesia, por medio de un sacerdote, no la propia persona ni un video en internet. Para casi todos, el camino es este: renunciar, confesarse y volver a la oración de cada día.

El exorcismo es otra cosa. El Catecismo explica que el exorcismo es una petición que la Iglesia hace públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, para que una persona o un objeto sea protegido contra el Maligno y sustraído a su dominio. En forma sencilla ya forma parte del Bautismo; el exorcismo solemne solo puede hacerlo un sacerdote con permiso del obispo (CIC 1673; Código de Derecho Canónico, c. 1172). Ninguna oración de un laico, de esta página o de otra, hace el papel del exorcista.

Cuerpo y alma. El mismo número del Catecismo pide prudencia: antes de pensar en una acción del Maligno, hay que asegurarse de que no se trata de una enfermedad, sobre todo psíquica, que le toca tratar a la medicina (CIC 1673). Ir al médico no es falta de fe.

Sin obsesión. La renuncia es una parte de la vida católica, no el todo. La Misa, la Confesión, el Rosario, las obras de misericordia y la oración de cada día también protegen el alma. Desconfía de quien cobra por liberar, de quien ve demonios en todo o de quien dice que una oración tiene que repetirse cada vez más larga y más fuerte para que valga.

Preguntas

¿Qué es una oración de renuncia?

Es una oración en la que la persona, delante de Jesucristo, renueva las promesas del Bautismo y renuncia a un pecado o a una práctica concreta de su propia vida, normalmente tres veces, y después se une a Cristo. En la forma católica se dirige a Dios y le pide que actúe; no les habla a los espíritus ni les da órdenes.

¿Un laico puede hacer una oración de renuncia?

Sí, en su propio nombre y sobre su propia vida. Todo bautizado renunció a Satanás en el Bautismo (CIC 1237) y puede renovar esa renuncia en cualquier momento. Lo que el laico no hace es renunciar en lugar de otro adulto, darles órdenes a los demonios ni usar fórmulas de exorcismo, como pidió la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1985.

¿La oración de renuncia y liberación es lo mismo que un exorcismo?

No. En la renuncia tú mismo retiras tu consentimiento a un pecado y le pides a Cristo que cierre la puerta que abriste; pedirle a Dios que te libre del mal es una oración que cualquiera puede rezar. El exorcismo es un acto público de la Iglesia, hecho con autoridad en nombre de Jesucristo contra el Maligno; el exorcismo solemne está reservado al sacerdote con permiso del obispo (CIC 1673; c. 1172).

¿Cómo se renuevan las promesas bautismales?

La Iglesia las renueva cada año en la Vigilia Pascual: se renuncia al pecado y a Satanás y se profesa la fe. En privado puedes hacerlo con la oración de esta página, que empieza justamente renovando esas promesas delante de Cristo, y después rezando el Credo.

¿Por qué se dice “renuncio” tres veces?

Porque así es en el Bautismo: el rito hace tres preguntas, y a cada una se responde “renuncio”. En el rito bizantino el candidato también renuncia tres veces y tres veces declara que se une a Cristo. La repetición no es una fórmula mágica; ayuda a decir por entero, con la voluntad, lo que se dice con la boca.

¿Puedo hacer la oración de renuncia por otra persona?

No en su lugar: cada adulto renuncia por sí mismo. Pero siempre puedes rezar por ella, pidiéndole a Dios que la libre del mal y la traiga de regreso, aunque ella no lo sepa. Los papás pueden rezar por sus hijos y pedir la bendición de Dios sobre su propia casa.

¿Tengo que confesarme después de la oración de renuncia?

Si aquello a lo que renunciaste es pecado grave, sí: la Confesión es donde Cristo perdona y devuelve la gracia (CIC 1457, 1468). La renuncia prepara; el sacramento perdona. Lo mejor es llevar a la Confesión, esa misma semana, lo que nombraste en la oración.