Salmo 35 — Dios, defensor del que es perseguido

Salmo

Salmo 35: pedir a Dios justicia sin desear el mal

El salmo del inocente perseguido, en la traducción católica de Torres Amat (1825): qué significa, cómo lee la Iglesia sus palabras duras y cómo rezarlo sin odio.

El Salmo 35 —el 34 en la numeración de la Vulgata— es la oración de un inocente perseguido que le pide a Dios que defienda su causa: “Juzga, oh Señor, a los que me dañan”. Tiene palabras duras contra sus enemigos, y la Iglesia lo reza como un clamor de justicia puesto en manos de Dios, nunca como una maldición contra nadie. En AngelGuard tienes el texto completo en la traducción católica de Félix Torres Amat, su sentido verso a verso y cómo rezarlo como cristiano.

1Salmo del mismo David. Juzga, oh Señor, a los que me dañan: bate a los que pelean contra mí.

2Ármate y embraza el escudo, y sal a defenderme.

3Desenvaina la espada, y cierra con los que me persiguen: dile a mi alma: Yo soy tu Salvador.

4Queden cubiertos de confusión y vergüenza los que atentan a mi vida. Sean puestos en fuga y en desorden los que maquinan contra mí.

5Vengan a ser como el polvo que arrebata el viento; y estréchelos el ángel del Señor.

6Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ángel del Señor vaya persiguiéndolos;

7ya que sin causa me armaron ocultamente el lazo de muerte, y ultrajaron injustamente mi alma.

8Caiga [mi enemigo] en un lazo impensado, y atrápele la trampa que él puso en celada, y quede cogido en su mismo lazo.

9Entretanto mi alma se regocijará en el Señor, y se deleitará en su Salvador.

10De todas las coyunturas de mis huesos saldrán voces que digan: Oh Señor, ¿quién hay semejante a ti, que libras al desvalido de las manos de los que pueden más que él: al necesitado y al pobre de los que le despojaban?

11Levantándose testigos falsos, me interrogaban de cosas que yo ignoraba.

12Retornábanme males por bienes, [procurando] quitarme la vida.

13Pero yo, mientras ellos me afligían, me cubría de cilicio: humillaba mi alma con el ayuno, no cesando de orar en mi corazón.

14Con el amor que a un íntimo amigo, y como a un hermano mío así los trataba: como quien está de luto y en tristeza, así me humillaba.

15Mas ellos hacían fiesta, y se aunaron contra mí, descargaron sobre mí azotes a porfía, sin saber yo [la causa].

16Quedaron disipados, mas no arrepentidos; tentáronme, insultáronme con escarnio; rechinaron contra mí sus dientes.

17Oh Señor, ¿cuándo volverás tus ojos? Libra mi alma de la malignidad de estos hombres, [libra] de estos leones al alma mía.

18Yo te glorificaré en una iglesia [o congregación] grande: en medio de un pueblo numeroso cantaré tus alabanzas.

19No tengan el placer de triunfar de mí mis inicuos contrarios: los que sin causa me aborrecen, y con sus ojos muestran complacencia.

20Pues conmigo ciertamente hablaban palabras de paz; mas en medio de su indignación, [fija en] tierra [su vista], trazaban engaños.

21Y abrían contra mí tanta boca, diciendo: Ea, ea, nuestros ojos lo han visto.

22Oh, Señor, tú lo has visto, no guardes más tiempo silencio: Señor, no te alejes de mí.

23Levántate, y entiende en mi juicio, [ocúpate] en mi causa, oh mi Dios y Señor mío.

24Júzgame según tu justicia, oh Señor, mi Dios, y no triunfen ellos de mí.

25No digan en sus corazones: Albricias, bien va para nosotros. Ni digan tampoco: Le hemos devorado.

26Queden, [Señor], todos ellos llenos de confusión y vergüenza, los que se congratulan por mis males. Cubiertos sean de ignominia y sonrojados los que se jactan contra mí.

27Triunfen y regocíjense los que están a favor de mi justa causa; y digan siempre los que desean la paz de su siervo: Glorificado sea el Señor.

28Y publicará mi lengua tu justicia, [y celebrará] todo el día tus alabanzas.

Traducción de Félix Torres Amat (1772–1847), de la Vulgata latina, donde este es el Salmo 34 (Madrid, 1825, tomo IV, pp. 44-45). Ortografía actualizada, sin cambiar ninguna palabra; entre corchetes, las palabras que el traductor añadió en cursiva. Texto en dominio público.

Texto original (grafía de 1825)

1Salmo del mismo David. Juzga, ó Señor, á los que me dañan: bate á los que pelean contra mí.

2Armate y embraza el escudo, y sal á defenderme.

3Desenvaina la espada, y cierra con los que me persiguen: dile á mi alma: Yo soy tu Salvador.

4Queden cubiertos de confusion y vergüenza los que atentan á mi vida. Sean puestos en fuga y en desórden los que maquinan contra mí.

5Vengan á ser como el polvo que arrebata el viento; y estréchelos el ángel del Señor.

6Sea su camino tenebroso y resvaladizo, y el ángel del Señor vaya persiguiéndolos;

7ya que sin causa me armaron ocultamente el lazo de muerte, y ultrajaron injustamente mi alma.

8Caiga [mi enemigo] en un lazo impensado, y atrápele la trampa que él puso en celada, y quede cogido en su mismo lazo.

9Entretanto mi alma se regocijará en el Señor, y se deleitará en su Salvador.

10De todas las coyunturas de mis huesos saldrán voces que digan: O Señor, ¿quién hay semejante á tí, que libras al desvalido de las manos de los que pueden mas que él: al necesitado y al pobre de los que le despojaban?

11Levantándose testigos falsos, me interrogaban de cosas que yo ignoraba.

12Retornábanme males por bienes, [procurando] quitarme la vida.

13Pero yo, mientras ellos me afligian, me cubria de cilicio: humillaba mi alma con el ayuno, no cesando de orar en mi corazon.

14Con el amor que á un íntimo amigo, y como á un hermano mio asi los trataba: como quien está de luto y en tristeza, asi me humillaba.

15Mas ellos hacian fiesta, y se aunaron contra mí, descargaron sobre mí azotes á porfia, sin saber yo [la causa].

16Quedaron disipados, mas no arrepentidos; tentáronme, insultáronme con escarnio; rechinaron contra mí sus dientes.

17O Señor, ¿cuándo volverás tus ojos? Libra mi alma de la malignidad de estos hombres, [libra] de estos leones al alma mia.

18Yo te glorificaré en una iglesia [ó congregacion] grande: en medio de un pueblo numeroso cantaré tus alabanzas.

19No tengan el placer de triunfar de mí mis inícuos contrarios: los que sin causa me aborrecen, y con sus ojos muestran complacencia.

20Pues conmigo ciertamente hablaban palabras de paz; mas en medio de su indignacion, [fija en] tierra [su vista], trazaban engaños.

21Y abrian contra mí tanta boca, diciendo: Ea, ea, nuestros ojos lo han visto.

22O, Señor, tú lo has visto, no guardes mas tiempo silencio: Señor, no te alejes de mí.

23Levántate, y entiende en mi juicio, [ocúpate] en mi causa, ó mi Dios y Señor mio.

24Júzgame segun tu justicia, ó Señor, mi Dios, y no triunfen ellos de mí.

25No digan en sus corazones: Albricias, bien va para nosotros. Ni digan tampoco: Le hemos devorado.

26Queden, [Señor], todos ellos llenos de confusion y vergüenza, los que se congratulan por mis males. Cubiertos sean de ignominia y sonrojados los que se jactan contra mí.

27Triunfen y regocíjense los que están á favor de mi justa causa; y digan siempre los que desean la paz de su siervo: Glorificado sea el Señor.

28Y publicará mi lengua tu justicia, [y celebrará] todo el dia tus alabanzas.

Entre corchetes, las palabras impresas en cursiva.

La Sagrada Biblia nuevamente traducida de la Vulgata latina al español, por Don Félix Torres Amat. Tomo IV. Madrid: Imprenta de Don León Amarita, 1825, pp. 44-45 (Salmo XXXIV).

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Qué dice el Salmo 35: significado verso a verso

3 min de lecturaEl Salmo 35 es la súplica de un hombre justo al que pagan el bien con el mal: personas a las que trató como a hermanos se vuelven contra él, lo acusan con testigos falsos y se burlan de su desgracia.

El Salmo 35 es la súplica de un hombre justo al que pagan el bien con el mal: personas a las que trató como a hermanos se vuelven contra él, lo acusan con testigos falsos y se burlan de su desgracia. Él no toma la justicia por su mano: se la pide a Dios. Torres Amat lo resume en el encabezado que pone sobre el salmo: “Implora David en sus persecuciones el socorro de Dios.”

Versos 1–3: Dios como defensor. “Juzga, oh Señor, a los que me dañan: bate a los que pelean contra mí.” El salmista usa imágenes de tribunal y de combate: Dios es el juez y el guerrero que toma el escudo y la espada. Pero lo que más desea está al final del verso 3: “dile a mi alma: Yo soy tu Salvador”. Más que ver caer a sus enemigos, quiere oír de Dios una palabra de salvación.

Versos 4–8: las palabras duras. Aquí están las imprecaciones: que los que atentan contra su vida queden confundidos, que sean como el polvo que arrebata el viento, que el ángel del Señor los persiga, que el perseguidor caiga en la trampa que él mismo preparó. Son deseos fuertes, nacidos de una injusticia sufrida “sin causa” (v. 7). En el verso 8 el salmista no inventa un mal nuevo para su enemigo: pide que el lazo que él tendió se vuelva contra él. Más abajo verás cómo lee la Iglesia estos versos.

Versos 9–10: la alegría del que confía. “De todas las coyunturas de mis huesos saldrán voces que digan: Oh Señor, ¿quién hay semejante a ti, que libras al desvalido de las manos de los que pueden más que él?” Es el corazón del salmo: Dios está del lado del débil, del pobre, del que no tiene quién lo defienda.

Versos 11–16: la traición. Se levantan testigos falsos y le devuelven “males por bienes”. Lo más doloroso es su propia respuesta: mientras lo afligían, él hacía penitencia, ayunaba y rezaba, y los trataba “como a un hermano” (vv. 13-14). Ellos, en cambio, hicieron fiesta con su caída (v. 15).

Versos 17–21: “¿cuándo volverás tus ojos?”. El salmista se atreve a preguntarle a Dios hasta cuándo va a esperar, y le promete alabarlo “en una iglesia o congregación grande”. Sus enemigos lo miran con burla y dicen: “Ea, ea, nuestros ojos lo han visto.”

Versos 22–28: “tú lo has visto”. A los que dicen “lo hemos visto”, el salmista responde: “Oh, Señor, tú lo has visto, no guardes más tiempo silencio.” Y pide: “Júzgame según tu justicia”. Se pone él mismo bajo el juicio de Dios, y el salmo termina en alabanza: “Y publicará mi lengua tu justicia”.

Señor, juez justo, Tú ves lo que otros no ven. Cuando me acusen sin razón o me devuelvan mal por bien, no dejes que el rencor me gane. Defiende mi causa según tu justicia y dile a mi alma: Yo soy tu Salvador. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

¿Se puede pedir a Dios que castigue a los enemigos? El Salmo 35 y los salmos imprecatorios

3 min de lecturaUn cristiano puede rezar el Salmo 35 como un clamor a Dios para que haga justicia y proteja al inocente, pero no como una maldición contra personas concretas.

Un cristiano puede rezar el Salmo 35 como un clamor a Dios para que haga justicia y proteja al inocente, pero no como una maldición contra personas concretas. Se llaman “imprecatorios” los salmos, o los versos, en los que el orante pide a Dios el castigo de sus enemigos; en el Salmo 35 son, sobre todo, los versos 4 a 8 y 26. Leídos con prisa pueden parecer contrarios al Evangelio; leídos con la Iglesia, enseñan algo importante.

El salmista no se venga: se lo entrega a Dios. El salmo empieza con “Juzga, oh Señor” y llega a su punto más alto en “Júzgame según tu justicia” (v. 24). Quien reza así renuncia a hacerse justicia por su mano. Un boletín del Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Colombia lo explica con sencillez: el orante de los salmos no toma la justicia por sus propias manos, sino que la deja en manos de Dios. Es la actitud que el Nuevo Testamento pide al cristiano: no devolver mal por mal y dejar el juicio a Dios (Rom 12,17-21), como Cristo, que en su pasión no respondía con amenazas y se ponía en manos del que juzga con justicia (cf. 1 Pe 2,23).

La revelación es progresiva. Benedicto XVI, en la exhortación Verbum Domini (n. 42), habla de las páginas “oscuras” de la Biblia y recuerda que el plan de Dios se manifiesta progresivamente: Dios eligió un pueblo y lo fue educando con paciencia. Para leer esos textos, la clave es “el Evangelio y el mandamiento nuevo de Jesucristo, cumplido en el misterio pascual”. Jesús nos pidió amar a los enemigos y rezar por los que nos persiguen (Mt 5,44), y Él mismo rezó por los que lo crucificaban (Lc 23,34).

Odiar no es rezar. El Catecismo es claro: desear deliberadamente un mal al prójimo es pecado, y es pecado grave si se le desea un daño grave (CIC 2303). Por eso no cabe usar el Salmo 35 “contra” alguien, y mucho menos como fórmula para hacerle daño: las prácticas con las que se busca un poder oculto sobre el prójimo son gravemente contrarias a la virtud de la religión, y más todavía cuando buscan dañar a otro (CIC 2117). La oración cristiana, en cambio, llega hasta el perdón de los enemigos (CIC 2844).

Pero el clamor por la justicia sigue siendo cristiano. Nada de esto vuelve indiferente al cristiano ante la injusticia. En el Apocalipsis, los mártires claman a Dios preguntando hasta cuándo tardará en hacer justicia (Ap 6,10). El Catecismo reconoce que en los salmos el creyente se enfrenta “con una multitud de enemigos y de tentaciones” y, aun así, mantiene la certeza del amor de Dios (CIC 2589). Pedir que el mal no triunfe, que la mentira quede al descubierto y que el inocente sea defendido es justo; desear la ruina de quien te hizo daño, no.

¿Y el enemigo de fondo? San Pablo recuerda que nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso (Ef 6,12). Por eso, cuando reces los versos duros de este salmo, puedes ponerles delante el pecado, la mentira y el mal que destruyen la vida, nunca el nombre de una persona para desearle daño.

Señor Jesús, que en la cruz rezaste por los que te crucificaban, toma Tú mi causa. Que no busque la ruina de nadie, sino la verdad y la justicia; dame la gracia de rezar por quienes me han hecho daño y de dejar en tus manos lo que yo no puedo arreglar. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Cómo reza la Iglesia el Salmo 35 en la Liturgia de las Horas

2 min de lecturaLa Iglesia reza el Salmo 35 (el 34 en sus libros) en la Liturgia de las Horas, pero sin los versos de imprecación.

La Iglesia reza el Salmo 35 (el 34 en sus libros) en la Liturgia de las Horas, pero sin los versos de imprecación. Al promulgar el Oficio renovado después del Concilio Vaticano II, Pablo VI explicó en la constitución apostólica Laudis canticum (1970) que en la nueva distribución del Salterio “han sido omitidos unos pocos salmos y algunos versículos que contenían expresiones de cierta dureza”, teniendo presentes las dificultades que pueden encontrarse, sobre todo al rezarlos en la lengua de cada pueblo (n. 4).

Así, el salmo se reza en el Oficio de lectura del viernes de la primera semana del Salterio, dividido en tres partes, y quedan fuera los versos 4 a 8, 20-21 y 25-26, además de algunas frases de los versos 3 y 24. Lo que queda es la súplica, la confianza, el dolor por la traición y la alabanza final. Esa elección no corrige a la Biblia: el salmo completo sigue siendo Palabra de Dios, y por eso aquí lo tienes entero. Lo que hace es enseñar cómo rezarlo: con el corazón puesto en la justicia de Dios, no en el castigo del otro.

La voz de Cristo. Los cristianos han leído este salmo a la luz de la pasión de Jesús. Torres Amat lo dice en su encabezado: “Según muchos de los Santos Padres es este Salmo una imagen de la mansedumbre del Salvador.” Jesús aplicó a sí mismo el lamento de los que “sin causa” lo aborrecían (Jn 15,25, que Torres Amat señala en nota al verso 19), y en su juicio se presentaron testigos falsos contra Él (Mt 26,59-61), como en el verso 11. El Catecismo enseña que los salmos, rezados por Cristo y cumplidos en Él, son parte esencial y permanente de la oración de la Iglesia (CIC 2586, 2597). Rezado desde Cristo, el Salmo 35 es la oración del inocente que sufre y que, aun así, no responde con odio.

Para qué sirve el Salmo 35 y cuándo rezarlo

2 min de lecturaEl Salmo 35 sirve para presentar a Dios una injusticia que estás sufriendo y pedirle que defienda tu causa, sin dejar que el rencor te gane.

El Salmo 35 sirve para presentar a Dios una injusticia que estás sufriendo y pedirle que defienda tu causa, sin dejar que el rencor te gane. Es un salmo para rezar:

Cuando te acusan sin razón o hablan mal de ti a tus espaldas (vv. 11 y 20-21). Cuando alguien a quien ayudaste te paga con mal (vv. 12-14): el salmista conoce esa herida. Cuando te sientes sin defensa frente a quien tiene más poder que tú (v. 10). Por los que sufren persecución por su fe o por defender la verdad, poniéndolos a ellos ante Dios. En un conflicto en el trabajo, en la familia o en la comunidad, para no responder con la misma moneda.

Si estás viviendo un maltrato, un acoso o una injusticia que te pesa, este salmo no te pide callar ni aguantar en silencio. Pedir justicia a Dios va de la mano con hablarlo con personas de confianza, con un sacerdote o con alguien de tu parroquia, y con defender lo que es justo por caminos legítimos. Dios suele defender al débil también a través de otros.

No hay un número de veces ni una hora que lo hagan “más eficaz”: el Catecismo llama superstición a atribuir la eficacia a la sola materialidad de las oraciones (CIC 2111). Lo que cuenta es el corazón con que lo rezas.

Dios de los pobres, Tú libras al desvalido de las manos del más fuerte. Te presento esta injusticia que me duele; defiende la verdad, protege a los que no tienen quién los defienda y no permitas que el mal tenga la última palabra. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Cómo rezar el Salmo 35 sin desear el mal

1 min de lectura1.

1. Nombra ante Dios lo que pasa. Antes de empezar, dile con sencillez qué injusticia estás viviendo y cómo te sientes. Los salmos enseñan que el enojo también se le puede contar a Dios.

2. Reza el salmo entero, despacio. Cuando llegues a los versos duros, no los saltes ni los conviertas en un deseo contra alguien: entrégale a Dios tu dolor y tu deseo de justicia, y deja en sus manos lo que Él haga.

3. Detente en el verso 24. “Júzgame según tu justicia, oh Señor, mi Dios.” Pide que Dios te juzgue también a ti: que te muestre si tienes alguna parte de culpa y que te guarde de responder con la misma moneda.

4. Reza por quien te hizo daño. Aunque sea con pocas palabras y sin ganas, como pide Jesús (Mt 5,44). El perdón no niega la injusticia; libera tu corazón de ella. El Catecismo lo llama la cumbre de la oración cristiana (CIC 2844).

5. Termina con la alabanza. Los versos 27 y 28 cierran el salmo con una alabanza que dura “todo el día”. Agradece a Dios que te ve y que no te deja solo.

Salmo 35 o Salmo 34: la numeración y la traducción de Torres Amat

2 min de lecturaEn las Biblias que siguen la numeración hebrea —la mayoría de las modernas y casi todas las búsquedas en internet— este es el Salmo 35.

En las Biblias que siguen la numeración hebrea —la mayoría de las modernas y casi todas las búsquedas en internet— este es el Salmo 35. En la antigua versión griega y en la Vulgata latina es el Salmo 34, porque esas versiones unen en uno los salmos hebreos 9 y 10: la edición de Torres Amat lo anota dentro de su Salmo IX, en la “segunda parte, que es el Salmo X según los hebreos”. Los libros litúrgicos usan la numeración latina, y por eso en la Liturgia de las Horas aparece como Salmo 34.

Ojo con la confusión contraria: si tu Biblia sigue la numeración latina, su “Salmo 35” es otro, el que en hebreo es el 36.

El texto de esta página es el de Félix Torres Amat (1772–1847), que tradujo la Biblia de la Vulgata y la publicó en Madrid entre 1823 y 1825, con notas tomadas de los Santos Padres; en la portada del tomo de los Salmos firma como dignidad de sacrista de la catedral de Barcelona. Las palabras que él añadió para aclarar el sentido, impresas en cursiva en su edición, aparecen aquí entre corchetes. Presentamos el texto en ortografía actual, sin cambiar ninguna palabra (por ejemplo, “resbaladizo” donde el impreso dice “resvaladizo”); debajo del salmo puedes ver la grafía original de 1825.

Preguntas

¿Qué dice el Salmo 35?

Es la oración de un inocente perseguido: pide a Dios que defienda su causa (“Juzga, oh Señor, a los que me dañan”), cuenta cómo le devolvieron mal por bien y cómo se levantaron testigos falsos contra él, y termina alabando a Dios, que “libra al desvalido de las manos de los que pueden más que él”.

¿Para qué sirve el Salmo 35?

Para presentar a Dios una injusticia, una calumnia o una traición y pedirle que defienda la verdad, sin tomar la justicia por tu mano. También sirve para rezar por quienes sufren persecución. No es una fórmula que funcione por repetirla: lo que cuenta es la confianza en Dios con que se reza.

¿Es pecado rezar el Salmo 35 contra mis enemigos?

Rezarlo para pedir a Dios justicia y protección no es pecado. Usarlo para desearle un mal a una persona concreta sí lo es: el Catecismo enseña que desear deliberadamente un mal al prójimo es pecado (CIC 2303), y Jesús pide rezar por los que nos persiguen (Mt 5,44). Deja el juicio en manos de Dios y pide también por quien te hizo daño.

¿El Salmo 35 es una oración de guerra espiritual?

Muchos lo buscan así, pero en la tradición católica es una súplica a Dios, no una orden ni una declaración contra nadie. El cristiano lucha contra el pecado y el mal, no contra personas (Ef 6,12), y su arma es la oración humilde, los sacramentos y la confianza en Dios. Si buscas la protección de Dios ante el mal, puedes rezar también la oración a San Miguel Arcángel, que pide esa protección a Dios por intercesión del Arcángel.

¿Por qué en algunas Biblias católicas el Salmo 35 es el 34?

Porque la Vulgata latina, que siguen la traducción de Torres Amat y los libros litúrgicos, une en uno los salmos hebreos 9 y 10, y a partir de ahí cuenta uno menos. Es el mismo salmo. Si tu Biblia sigue la numeración latina, el “Salmo 35” que encuentres ahí será otro.